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Dueño de tienda a nivel dios - Capítulo 432

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  3. Capítulo 432 - Capítulo 432: Capítulo 431: La sensación de crisis de Yao Ziyan
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Capítulo 432: Capítulo 431: La sensación de crisis de Yao Ziyan

—Lo digo en serio —declaró Yue Ling, tomando una decisión en el acto—. ¡Voy a la Tienda de Origen!

Como buena amiga suya, Liu Rumei conocía demasiado bien ese carácter.

Una vez que Yue Ling decidía algo, intentar convencerla de lo contrario era una pérdida de tiempo.

Al final, solo pudo suspirar.

—De acuerdo. Iremos juntas a la Tienda de Origen. Pero cuando lleguemos allí, no armes ningún escándalo.

—¡Je, je! Sabía que eras la mejor, Rumei.

Tan contenta estaba que, sin pensárselo, se lanzó sobre Liu Rumei y le plantó un beso bien sonoro en la mejilla.

Liu Rumei la apartó con expresión resignada.

Era buena en casi todo.

Solo que, en ciertos aspectos, su forma de ser resultaba demasiado libre.

Pero, precisamente por eso, la relación entre ellas también había acabado volviéndose tan cercana.

Justo entonces, Liu Ruyu recordó algo y habló deprisa:

—Ah, cierto. Hermana Yue Ling, hay algo más que deberías tener en cuenta.

—¿Mm? ¿Qué pasa? —preguntó Yue Ling, curiosa.

Liu Ruyu bajó un poco la voz y adoptó un aire misterioso.

—La relación entre la hermana Ziyan y el jefe… no es precisamente normal.

Yue Ling se quedó callada un instante.

Luego apretó su pequeño puño con expresión firme.

—No me voy a rendir.

Ya fuera por aquellas ideas tan fuera de lo común, por el misterioso jefe de la Tienda de Origen o por esos productos imposibles…

tenía que ir sí o sí.

Al mismo tiempo, en la Tienda de Origen.

Yao Ziyan, que estaba detrás del mostrador, frunció de pronto el ceño.

Una sensación inexplicable de inquietud le cruzó el corazón sin previo aviso.

No era miedo.

No exactamente.

Más bien se parecía a una especie de alarma instintiva, como si algo fuera a romper de pronto la calma que había mantenido durante esos días.

—Qué raro… —murmuró en voz baja—. ¿Habrá sido una ilusión?

—¿Qué pasa?

La voz de Luo Chuan sonó no muy lejos.

Su tono seguía siendo tan tranquilo como siempre, pero en el fondo de sus ojos había un leve rastro de atención.

Yao Ziyan levantó la vista y, en cuanto lo vio, aquella sensación extraña se disipó un poco.

Sí.

Con el jefe allí, ¿qué clase de problema podía llegar realmente a ocurrir?

Pensándolo así, hasta la propia alarma le pareció absurda.

Yao Ziyan sonrió y negó con la cabeza.

—Nada, jefe. No es nada.

Luo Chuan la observó un momento y luego asintió.

—Entonces está bien.

—Ahora no hay clientes. Vamos a practicar un poco.

—Vale —respondió Yao Ziyan con una sonrisa.

En los últimos días, Luo Chuan había estado librando combates una y otra vez dentro de la Torre de prueba. Más exactamente, en el modo desafío contra la Hierba Espada de Nueve Hojas.

Y, después de tantos intercambios, por fin empezaba a sentir un progreso bastante claro.

Aunque todavía no podía derrotarla por completo, ya había dejado atrás la etapa en la que apenas conseguía defenderse.

Ahora, al menos, podía intercambiar golpes con ella.

Eso, para Luo Chuan, ya era una mejora bastante satisfactoria.

Los dos se pusieron el casco holográfico inmersivo y entraron en la arena.

El entorno seguía siendo el mismo de siempre.

Una gran plataforma de piedra, amplia y vacía.

Nada más.

Frente a él, Yao Ziyan ya había adoptado una expresión seria.

En cuanto el combate comenzó, activó de inmediato una de las habilidades innatas del Zorro del Cielo Púrpura:

encarcelamiento.

Una presión invisible descendió sobre Luo Chuan desde todas direcciones.

Era como si el espacio a su alrededor se hubiera solidificado en un instante, formando una jaula sin forma.

Aunque el efecto sobre él ya no era tan grande como antes, seguía siendo una molestia real en pleno combate.

Pero Luo Chuan no dudó.

Su figura se lanzó hacia delante como una flecha que abandona la cuerda.

Rápido.

Directo.

Sin el menor movimiento innecesario.

La espada larga en su mano se convirtió en una línea fría que avanzó recta hacia Yao Ziyan, como si quisiera atravesarlo todo.

Los ojos de Yao Ziyan brillaron.

No esquivó.

Tampoco retrocedió.

Al contrario, se adelantó de frente y blandió su propia espada celestial para interceptarlo.

¡Clang!

El sonido del choque metálico resonó limpio en toda la arena.

La energía espiritual estalló hacia afuera en forma de oleadas violentas.

Después del primer intercambio, ambos retrocedieron unos pasos casi al mismo tiempo.

Y, sin necesidad de hablar, volvieron a lanzarse el uno contra el otro.

La luz de espada llenó el aire.

La energía cortante se cruzó en todas direcciones.

Sobre la plataforma de piedra comenzaron a aparecer marcas una tras otra, profundas, desordenadas y cada vez más densas.

Yao Ziyan no tardó en notar algo.

La comprensión de Luo Chuan sobre el camino de la espada se había vuelto claramente más afilada que antes.

No era una simple mejora en velocidad o fuerza.

Era otra cosa.

Un cambio más profundo.

Sus movimientos parecían cada vez más naturales, como si la espada hubiera dejado de ser una herramienta para convertirse en parte de él.

Aquella sensación le resultó bastante extraña.

Porque el progreso de Luo Chuan era, sencillamente, demasiado rápido.

La espada de Yao Ziyan trazó una media luna púrpura en el aire, obligando a Luo Chuan a desviar la suya para bloquear.

El impacto hizo vibrar ambos brazos.

Pero Luo Chuan apenas tardó una fracción de instante en ajustar el ángulo y devolver el golpe.

Yao Ziyan tuvo que girar el cuerpo para esquivarlo por un pelo.

Una hebra de su cabello violeta se cortó y cayó despacio.

Sus pupilas se contrajeron ligeramente.

Sí.

No había sido una ilusión.

El jefe realmente estaba mejorando a una velocidad visible incluso dentro del propio combate.

Mientras intercambiaban golpes, Yao Ziyan no pudo evitar llenarse de sorpresa.

Aquella clase de velocidad de progreso resultaba casi aterradora.

Pero la sorpresa no duró demasiado.

Porque, después de pensarlo un momento, terminó calmándose por su cuenta.

Bueno.

Era el jefe.

Si algo así le ocurría a Luo Chuan, entonces tampoco tenía nada de raro.

Desde cierto punto de vista, si el jefe dejara de hacer cosas absurdamente exageradas…

eso sí sería de verdad extraño.

Con ese pensamiento, la inquietud que antes había sentido en la tienda terminó de disiparse por completo.

La espada de Yao Ziyan volvió a alzarse, y una luz púrpura floreció a su alrededor como una marea silenciosa.

Enfrente, Luo Chuan sujetó con firmeza la espada y la miró directamente a los ojos.

En la arena, el combate continuó.

Y el sonido metálico de las espadas volvió a extenderse una vez más por la plataforma de piedra

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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