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Dueño de tienda a nivel dios - Capítulo 81

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81: Capítulo 81: La burla de Bu Lige 81: Capítulo 81: La burla de Bu Lige Rodeada por las Serpientes Coronadas Doradas, la figura de Yao Ziyan se movía como un destello entre las sombras.

Aquellas serpientes no solo tenían un cuerpo resistente y una fuerza física aterradora; además, sus colmillos escondían un veneno letal.

Bastaba una sola herida para convertir el combate en una pesadilla.

Pero el rostro de Yao Ziyan seguía tranquilo.

Cada paso, cada giro, cada esquiva… era exacto.

No había un solo movimiento innecesario.

Su técnica corporal había alcanzado un nivel tan refinado que parecía rozar lo imposible.

Gu Yunxi y Jiang Ruochang se quedaron mirando la pantalla, completamente absortas.

En su opinión, muchas de aquellas esquivas no tenían salida posible.

Y, aun así, Yao Ziyan encontraba siempre el único hueco.

Como si abriera un camino donde no lo había.

Las dos se quedaron sin palabras.

La admiración en sus ojos se hizo todavía más evidente.

—Ni siquiera nuestros instructores podrían hacerlo así, ¿verdad?

—murmuró Gu Yunxi.

Jiang Ruochang asintió lentamente.

En las condiciones de la Torre de prueba, Yao Ziyan estaba luchando en el mismo nivel que aquellas serpientes.

Y aun así podía moverse con una soltura tan escandalosa… Eso solo demostraba una cosa: su dominio del combate estaba en otro nivel.

—Ahora sí me dieron ganas de intentarlo otra vez —dijo Jiang Ruochang, con una chispa de guerra en los ojos.

—Ya llegaron.

La voz de Luo Chuan sonó desde detrás de ellas.

Las dos se sobresaltaron ligeramente y giraron la cabeza.

Luo Chuan ya se había quitado el casco sin que ellas lo notaran.

—Jefe, queremos entrar a la Torre de prueba —dijeron Gu Yunxi y Jiang Ruochang al mismo tiempo.

Luo Chuan asintió.

Cobró los cristales espirituales con total naturalidad y las dejó pasar.

Por supuesto, antes de eso, no olvidaron llevarse un vaso de fideos instantáneos cada una.

El efecto de multiplicar por diez la velocidad de cultivo seguía funcionando también dentro de la Torre de prueba.

Después de eso, Luo Chuan volvió detrás del mostrador.

Por un momento, daba la impresión de que por fin recordaba que él era el dueño de la tienda.

Aunque, en realidad, había otra razón.

Seguía pensando en los cincuenta mil cristales espirituales que Ji Wuhui había prometido como compensación la noche anterior.

En principio, a Luo Chuan no le interesaban demasiado los cristales espirituales.

Pero también entendía que, si no aceptaba nada, Ji Wuhui probablemente no se quedaría tranquilo.

Después de todo, el corazón de un emperador siempre era sospechoso.

Luo Chuan miró hacia la entrada.

Ya va siendo hora de que manden el dinero… No pasó mucho antes de que se oyeran pasos en el callejón.

Cuando Luo Chuan vio quiénes entraban, la ligera expectativa que había sentido desapareció sin dejar rastro.

Los recién llegados eran Bu Shiyi, Bu Lige y Jiang Shengjun.

Apenas cruzó la puerta, Jiang Shengjun se quedó mirando el interior con curiosidad.

—De verdad cambiaron la tienda… Sus ojos se detuvieron sobre la fila de asientos nuevos y los cascos colocados junto a cada uno.

—Así que esto es lo que puede ayudar a mejorar el cultivo… —murmuró—.

Es bastante raro.

Bu Lige, en cambio, fue directo al asunto.

—Jefe, dame dos vasos de fideos instantáneos.

Hoy voy a entrar a la Torre de prueba otra vez.

—Ve a tomarlos tú mismo.

Luego me pagas —respondió Luo Chuan con total calma.

Jiang Shengjun lo siguió, todavía lleno de curiosidad.

—¿Qué tienen que ver los fideos instantáneos con la Torre de prueba?

Bu Lige alzó la barbilla, orgulloso de ser el que ya “sabía”.

—Los fideos instantáneos aumentan diez veces la velocidad de cultivo durante una hora.

Y la Torre de prueba ya hace que entrenes mucho más rápido que afuera.

Si juntas ambas cosas… Los ojos de Jiang Shengjun se iluminaron.

—¡Entonces una hora dentro equivale a ochenta horas de entrenamiento!

Hubo un segundo de silencio.

Luo Chuan y Bu Shiyi lo miraron al mismo tiempo.

Esa escena les resultó demasiado familiar.

Bu Lige puso cara de desprecio.

—Eso es suma, no multiplicación —dijo, con tono burlón—.

Ochenta veces… claro, y ya de paso te conviertes en Santo mañana.

Estás soñando demasiado.

Ni por un instante pareció recordar que el día anterior el que había hecho exactamente el mismo cálculo absurdo había sido él.

Jiang Shengjun tosió un par de veces para disimular la vergüenza.

En la ciudad de Jiuyao, siempre se había dicho que Jiang Shengjun era inteligente y talentoso.

Pero ahora, al lado de Bu Lige… esa fama empezaba a tambalearse un poco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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