Dulce Mamá, Papá Rico: 8 Hijos Adorables - Capítulo 139
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- Capítulo 139 - 139 Charlotte fue secuestrada
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139: Charlotte fue secuestrada 139: Charlotte fue secuestrada «Charlotte también ha venido a El Banquete con sus hijos y su madre palurda».
Al darse cuenta de su presencia, Hazel apretó los puños.
Charlotte le había respondido con insolencia cuando, en el pasado, se burló de ella por haber dado a luz a ocho hijos.
Además, ahora era amiga de Lily, a quien obviamente también parecía caerle mal Charlotte.
Así que se acercó a Yolanda.
—¿Por qué está aquí, tía Yolanda?
¿Sabe qué clase de lugar es El Banquete?
¡Solo pueden entrar los que tienen cierto estatus!
Yolanda sacó pecho.
—¿Crees que no tengo estatus para entrar?
—«¿Me tomas el pelo?
¡Robert Stewart es mi futuro yerno!».
Los ojos de Hazel mostraban una mirada de burla.
—Tía Yolanda, tengo que advertirle que solo se pondrá en ridículo cuando la echen.
Antes de que Yolanda pudiera responder, Charlotte espetó con desdén: —¿Por qué no te preocupas primero por ti misma?
—¡He venido con Lily, así que cómo iban a echarme!
¡Lily es una princesa rica y es un honor para El Banquete contar con su presencia!
—replicó Hazel de inmediato, con aire de suficiencia.
—Las princesas no necesitan trabajar desde que nacen —intervino Octavia—, pero yo vi una foto de la Srta.
Johnson.
Iba al campo a cosechar arroz cuando era niña.
Lily se quedó sin palabras.
Odiaba que la gente mencionara su infancia.
«¡Cosechar arroz es algo que solo hacen los paletos!
¡Yo ahora soy gente rica de ciudad!».
Charlotte sonrió al ver la expresión sombría en el rostro de Lily.
«¡Mi niña es increíble!
¡Su comentario realmente dio en el clavo!
¡Ha aprendido bien de mí!».
Lily le lanzó una mirada fría a Octavia.
—No importa lo que hiciera de niña.
¡Lo que importa es que tú y tu Mamá harán el ridículo cuando las echen más tarde!
Luego, miró a Hazel.
—Entremos.
Hazel puso los ojos en blanco hacia Charlotte y su familia antes de entrar del brazo de Lily.
Entonces, Lily mostró el comprobante de su reserva.
Cuando Charlotte estaba a punto de sacar el vale que había ganado, las acomodadoras de la puerta saludaron con entusiasmo: —¡Bienvenida a El Banquete, Srta.
Johnson!
¡Por favor, entre!
Como acomodadoras, ya habían visto la foto de Charlotte y sabían que había sido invitada personalmente por el dueño de El Banquete.
Charlotte se sorprendió.
«¡Vaya!
¡Parece que este premio que gané es increíble!
Las acomodadoras me han reconocido sin que les enseñara el vale».
Charlotte estaba más contenta que unas castañuelas por su buena suerte.
Mientras tanto, Lily y Hazel, que esperaban ver a Charlotte hacer el ridículo, se quedaron perplejas al ver lo que ocurrió.
Se quedaron mudas.
Al cabo de un rato, a Lily le dio un vuelco el corazón al ocurrírsele una idea.
«¡Es imposible que Charlotte pueda entrar en El Banquete sin un comprobante de reserva!
¿Podría ser por Henry?
¿Va a quedar mi tapadera al descubierto?».
Lily se sintió inquieta.
Después de que la llevaron a su asiento, fingió ir al baño para poder llamar al mayordomo y confirmar su sospecha.
Pero antes de que se fuera, Hazel dijo de repente: —¡Lily, es imposible que esa palurda de Charlotte pueda entrar!
Lily apretó los dientes y respondió: —¡El personal de El Banquete debe de haber pensado que venían con nosotras, y por eso las dejaron entrar!
Hazel por fin entendió la razón.
«¡Así que era eso!
¡Con razón Charlotte puede venir a un lugar tan elegante!».
…
—¡Charlotte es tan descarada que se ha metido detrás de nosotras!
¡Voy a echarlos ahora mismo!
¡Espérame aquí, Lily!
—dijo Hazel.
—Olvídalo, no hace falta que hagas eso —la detuvo Lily—.
Somos del mismo pueblo.
No hay por qué ser tan crueles con ellos.
—Lily, eres demasiado bondadosa —comentó Hazel.
Lily no quería perder el tiempo charlando con Hazel, así que se alejó a toda prisa.
En la mesa de Charlotte, a Primo le entraron de repente ganas de beber yogures líquidos.
—¡Quiero yogur líquido!
¡Yogur líquido!
—daba saltos Primo.
Yolanda le tocó la cabeza.
—Sé bueno y pórtate bien.
Este es un restaurante grande, así que no hay yogures líquidos.
—No.
Quiero yogur líquido —insistió Primo.
Charlotte se levantó con una sonrisa.
—No pasa nada.
Saldré a comprarle uno.
«No puedo decir que no a lo que piden mis hijos, ¿a que no?».
Charlotte salió de El Banquete.
Las acomodadoras entraron en pánico al instante al ver que salía tan rápido, así que le preguntaron si no estaba satisfecha con el lugar.
Después de todo, había sido invitada por su jefe, así que no querían ofenderla.
Cuando Charlotte les dijo que había salido a comprar algo, respiraron aliviadas y se ofrecieron a ayudarla a comprarlo.
—No, no, está bien —las rechazó Charlotte.
«Vi en internet que el personal de El Banquete es muy arrogante, pero no me lo parece en absoluto.
Son muy entusiastas.
Parece que no me puedo fiar de todo lo que hay en internet».
En una tienda de conveniencia cercana, Charlotte compró ocho botellitas de yogur líquido, ya que quería que cada uno de sus hijos tuviera una.
Mientras volvía a El Banquete, sintió que algo iba mal, ya que parecía que alguien la estaba siguiendo.
Se puso en guardia al instante.
Justo cuando estaba a punto de echar a correr, alguien se abalanzó sobre ella y le cubrió la nariz y la boca con un paño.
Un olor acre llenó sus fosas nasales y se desmayó en un instante.
Al segundo siguiente, fue arrastrada a un coche que se alejó a toda velocidad.
Durante la ausencia de Lily, Hazel no dejaba de oír a Yolanda y a los niños, que estaban sentados en
la mesa de al lado, reír y charlar alegremente.
Hazel estaba contrariada.
«Lily me invita a El Banquete.
¿Cómo pueden seguirnos Charlotte y su familia de palurdos?».
Hazel se puso en pie.
«Aunque Lily ha dicho que no los eche, supongo que al menos puedo burlarme de ellos».
Hazel se acercó con elegancia, ya que estar en un lugar como El Banquete le hizo abandonar su habitual andar poco femenino.
En la mesa, Hazel no vio a Charlotte, así que le dijo a Yolanda: —Tía Yolanda, ¿cómo puede seguir tan contenta aquí cuando debería estar avergonzada?
¡Es vergonzoso que se cuele aquí siguiendo a otros!
Yolanda puso cara larga.
—¿Qué tontería es esa de seguir a otros?
¡Es mi hija la que nos ha traído!
—¡Ja, ja!
—se burló Hazel—.
¡Es obvio que ha seguido a Lily hasta aquí!
¡Está disfrutando de la gloria reflejada de Lily!
Yolanda se puso morada de rabia.
—¿Seguirla?
¡Menuda sarta de gilipolleces!
¡Estoy disfrutando de la gloria reflejada de mi hija!
¡Deja de decir tonterías o te vas a enterar!
Su réplica hizo que Hazel montara en cólera.
Estaba consternada por el descarado intento de Yolanda de guardar las apariencias después de haber hecho algo tan ruin.
En un arrebato de ira, Hazel olvidó lo que Lily le había dicho y se decidió a conseguir que los echaran.
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