DULCE VENENO - Capítulo 107
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107: Anillo loto 107: Anillo loto La puerta principal se abrió.
Lansky estaba allí, de pie en el umbral, con su abrigo oscuro y una mirada que la buscó de inmediato, encontrándola a través de la distancia del salón.
En sus ojos no había duda, solo una posesividad absoluta y una promesa.
Stefanny sonrió, una sonrisa verdadera que llegó a sus ojos.
Los nervios no habían desaparecido, pero ahora se mezclaban con una determinación feroz.
Estaba lista.
Lista para él, y para todo lo que viniera después.
La puerta principal se abrió con una fluidez silenciosa, y la figura de Lansky llenó el marco.
Cualquier resto de nerviosismo en Stefanny se congeló y luego se evaporó al verlo.
Él era una declaración.
Una explosión controlada de elegancia y audacia.
El traje rojo intenso, de un corte impecable, se ceñía a su figura con una confianza absoluta.
La camisa y corbata negras creaban una base sofisticada que hacía que el rojo cantara con aún más fuerza.
El pisa corbatas dorado y el pendiente plateado eran detalles calculados de un hombre que jugaba con las reglas pero nunca estaba sujeto a ellas.
Y luego estaba la rosa blanca en la solapa, un eco puro y deliberado del ramo que llevaba en sus manos.
Qué ramo.
Un conjunto de rosas blancas inmaculadas, suaves como el terciopelo, rodeadas por la nube etérea de la gipsofilia.
Pero era la envoltura lo que capturaba la esencia de todo: el papel negro con bordes blancos.
Un contraste perfecto, como ellos.
Pureza y oscuridad, todo envuelto en una elegancia impactante.
Sus ojos se encontraron a través del salón.
En los de Lansky no había pregunta, solo una certeza profunda y una calma posesiva.
No estaba pidiendo permiso; estaba reclamando lo que ya era suyo.
Cruzó la distancia entre ellos con pasos seguros, el abrigo negro colgando con despreocupación de sus hombros como una capa.
Al detenerse frente a ella, el aroma de las rosas, limpio y dulce, se mezcló con su propia fragancia, amaderada y sensual.
Lansky: (Su voz era baja, solo para ella, cargada de un significado que iba más allá de las palabras) Buenos días, Stefanny.
(Extendió el ramo hacia ella, el negro del papel haciendo que el blanco de las flores y su vestido crema brillaran aún más).
Para la mujer que convirtió mi oscuridad en la noche más brillante.
Stefanny tomó el ramo con manos que ya no temblaban.
Sus dedos se cerraron alrededor del papel negro, sintiendo el contraste bajo sus yemas.
Stefanny: (Su voz era un susurro lleno de asombro) Lansky…
es perfecto.
Como anoche.
Como tú.
Él sonrió, una expresión lenta y cargada de promesas.
Su mirada bajó hasta la rosa blanca en su solapa y luego volvió a sus ojos.
Lansky: La pureza no está reñida con la intensidad, mi amor.
(Alargó una mano y acarició suavemente uno de los pétalos de una rosa del ramo que ella sostenía).
Y yo te prometo una intensidad que durará para siempre.
En ese momento, bajo la atenta mirada de los retratos familiares y la posible desaprobación que colgaba en el aire, no importó nada más.
Él había llegado, no como un pretendiente, sino como un igual.
Y ella, con su ramo de luz y oscuridad en las manos, estaba lista para seguirle.
El momento íntimo entre Lansky y Stefanny se vio interrumpido por un leve crujido en la escalera principal.
Todos los ojos se volvieron hacia allí.
Milagros descendía con la gracia estudiada de una reina saliendo de sus aposentos.
Su conjunto era una declaración de elegancia lúgubre y poder femenino.
El corsé blanco adornado con perlas ceñía su torso como una armadura de lujo, contrastando dramáticamente con la falda y blusa de seda negra que fluían a su alrededor.
El sombrero negro, ligeramente inclinado, proyectaba una sombra sobre su rostro, pero no podía ocultar la intensidad de su mirada, ni el fuego de su cabello rojo ondeando sobre sus hombros.
Las perlas del collar y los zapatos brillaban con cada paso, enfatizando una riqueza que era a la vez heredada y calculada.
Y a su lado, como su sombra y su guardián, estaba Cristhian.
Su traje, impecable y oscuro, era la encarnación del poder tradicional.
Mientras Milagros irradiaba una elegancia vintage y peligrosa, él emanaba una autoridad fría y contemporánea.
Su brazo estaba firmemente enlazado al de ella, un recordatorio físico de su posesión.
La atmósfera en el salón se espesó de inmediato.
Lansky, sin soltar la mirada de Stefanny por completo, giró lentamente la cabeza hacia los recién llegados, su expresión serena pero alerta, como un lobo que evalúa a otro depredador en su territorio.
Stefanny, con el ramo de rosas blancas y negras aún entre sus manos, sintió un escalofrío.
La elegancia de Milagros era intimidante, y la presencia de Cristhian era como una nube de tormenta a punto de descargar.
El contraste no podía ser mayor: la pareja que acababa de prometerse un futuro intenso y la pareja atrapada en una jaula de oro y control, enfrentándose en el salón de la mansión que era testigo de sus secretos.
El silencio en el salón era absoluto, cargado con el peso de dos parejas cuyos amores eran polos opuestos de la misma moneda oscura.
Bajo la mirada gélida de Cristhian y la observación intensa de Milagros, Lansky hizo un movimiento que paralizó el tiempo.
Sin apartar sus ojos de los de Stefanny, con una calma que era más poderosa que cualquier dramatismo, Lansky se arrodilló en el suelo de mármol pulido.
El traje rojo intenso formó un vibrante contraste contra la frialdad del piso.
De su bolsillo interno sacó un pequeño estuche de terciopelo negro.
Al abrirlo, la luz del salón se reflejó en una explosión de fuegos blancos y azules.
Allí, descansando sobre la seda, estaba el anillo.
No era una pieza tradicional.
Era una flor de loto en plena floración, forjada en plata o platino, cada pétalo incrustado con diminutos diamantes que centelleaban como lágrimas de estrellas.
En su corazón, un profundo zafiro azul, tallado para capturar y refractar cada haz de luz, brillaba con una intensidad que rivalizaba con la mirada del propio Lansky.
Lansky: (Su voz, grave y clara, no necesitó alzar el tono para llenar la habitación.
Era una vibración que resonaba en los huesos) Stefanny.
Te doy este anillo no como una promesa, sino como una verdad.
Es la muestra de un amor que nació en la oscuridad y que solo brilla para ti.
Su mano, firme y segura, tomó la de ella.
Ella sentía el leve temblor de su propia emoción, pero su mirada estaba fija en él, hechizada.
Lansky: (Mientras deslizaba el anillo en su dedo, ajustándose a la perfección, su voz se volvió un susurro cargado de un poder absoluto) Este zafiro es el color de la lealtad que te juro.
Estos diamantes, la fortaleza de mi obsesión.
Y esta flor…
es el loto que florece en el fango, como nuestro amor, bello e inquebrantable en medio de este mundo podrido.
Hizo una pausa, sus ojos oscuros clavados en los de ella, sellando un pacto.
Lansky: No quiero que lo quites nunca.
Que sea una parte de ti, como yo lo seré.
Un recordatorio constante de que eres mía.
Completamente.
Para siempre.
Al deslizarse el anillo en su lugar, Stefanny sintió que algo se cerraba y se abría al mismo tiempo.
Era una posesión, sí, pero también era un hogar.
Una unión tan intensa y peligrosa como el hombre que se arrodillaba ante ella, y que, ante los ojos incrédulos de su familia, la reclamaba como su destino.
Mientras Lansky se arrodillaba y la luz centelleaba en el anillo de loto que ahora adornaba la mano de Stefanny, Cristhian no miraba a la pareja.
Su mirada, afilada como un puñal, estaba clavada en Milagros.
Y la vio calmada.
No solo calmada.
Había una leve, casi imperceptible curva en sus labios.
Una sombra de sonrisa serena, de aceptación.
Sus ojos, que momentos antes podían
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