DULCE VENENO - Capítulo 112
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- Capítulo 112 - 112 Café en una Callejuela de París
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112: Café en una Callejuela de París 112: Café en una Callejuela de París (El aire en la habitación aún espeso por la pasión reciente, Milagros se convierte en la depredadora.
Con un movimiento fluido y lleno de intención, cruza sus piernas alrededor de la cintura de Cristhian, atrapándolo, asegurándolo contra ella.
Sus brazos se enroscan alrededor de su cuello, no en un abrazo suave, sino en una cadena de seda y voluntad.) Luego, inclina la cabeza y hunde sus dientes con suave ferocidad en la manzana de Adán de Cristhian.
No es un mordisco que lastime, sino uno que marca, que reclama.
Una posesión física que responde a la psicológica que él siempre ejerce.
Cristhian emite un gruñido gutural, una mezcla de sorpresa y un placer oscuro que recorre su espina dorsal.
Milagros separa sus labios solo lo suficiente para que sus palabras sean un aliento caliente contra la piel húmeda de su garganta.
Milagros: (Voz un susurro ronco, cargado de lujuria y un desafío velado) ¿Qué te parece…
si nos vamos de viaje?
Solo los dos.
Cristhian la mira, sus ojos oscuros son pozos de deseo y asombro.
Esta no es la esposa sumisa que intenta calmar sus celos.
Esta es una mujer que exige, que propone, que lo muerde para luego ofrecerle el mundo.
La propuesta, en este contexto, no es un escape.
Es una reafirmación.
“Solo los dos”.
La frase más dulce y a la vez más peligrosa en su diccionario personal.
Cristhian: (Sus manos agarran sus caderas, sus dedos se hunden en su carne a través de la sábana delgada que los separa.
Su voz es áspera, dominante, pero hay una chispa de algo más, de una emoción cruda que ella ha logrado excavar).
¿Un viaje?
(Repite, como saboreando la palabra).
¿Y qué crees que pasaría lejos de aquí, Milagros?
(Su mirada se oscurece, llena de promesas y advertencias).
Lejos de todas las distracciones…
de todos los “amigos”.
Milagros: (Frota su nariz contra la marca de sus dientes en su cuello, un gesto a la vez tierno y posesivo) Pasaría…
que no tendría ojos más que para ti.
Y tú…
(aprieta sus piernas alrededor de su cintura) no tendrías distracciones para evitar mirarme a mí.
Es un jaque mate en su juego de poder.
Ella usa su propia lujuria y su deseo de posesión absoluta como moneda de cambio.
Cristhian siente una sonrisa lenta y peligrosa extenderse en sus labios.
La idea de tenerla solo para él, en un lugar donde nada ni nadie pudiera interponerse, es un elixir demasiado potente.
Cristhian: (Captura sus labios en un beso que es una respuesta y una promesa.
Cuando se separa, su respiración está entrecortada).
Empaca, entonces.
(Su tono es una orden, pero sus ojos brillan con una intensidad febril).
Pero recuerda, mi amor…
dondequiera que vayamos, sigues siendo mía.
Y este viaje…
(su mano se desliza por su espalda) solo servirá para demostrarte hasta qué punto.
(La majestuosa escalera de la mansión Tantalean se convierte en la pasarela para una declaración de estilo y unidad.
Cristhian y Milagros descienden juntos, y su imagen es tan poderosa que el mismo aire parece contener la respiración.) Él, en un traje blanco impecable de corte moderno, la camiseta verde lima bajo la chaqueta es un toque de audacia controlada, un guiño a la juventud que ella parece encarnar.
Las zapatillas blancas y el collar dorado completan la imagen de un hombre que reescribe las reglas de la elegancia a su antojo.
Ella es su eco perfecto y su contraste.
El vestido largo verde lima se envuelve alrededor de su cuerpo como una segunda piel, la abertura lateral una promesa de movimiento y sensualidad.
Las perlas en los tirantes, la diadema de flores en su cabello y los tacones que comparten su tono crean una silueta de diosa moderna, etérea y terrenal a la vez.
Son la pareja perfecta.
Peligrosamente perfecta.
Las sirvientas, con los ojos bajos, llevan las maletas de lujo hacia la entrada.
Stefanny observa desde un rincón del vestíbulo, una mezcla de alivio y aprensión en su rostro.
Milagros: (Su voz es clara, dirigida a Stefanny, pero su mirada no se despega de Cristhian.
Hay una chispa de triunfo en sus ojos, la de una reina que ha ganado una batalla crucial) Ya nos vamos de viaje.
Tú te quedas a cargo de todo, Stefanny.
Es una orden, no una petición.
Una transferencia de responsabilidad dentro de la jaula dorada.
Cristhian: (Coloca una mano posesiva en la espalda baja de Milagros, su anillo reluciente contra el verde de su vestido.
Su tono es frío, práctico, el del hombre que mueve los hilos del mundo).
De la empresa no te preocupes.
Mi secretario se encargará de eso.
No hay lugar para el error, para la duda.
Cada detalle ha sido controlado.
Él suelta las riendas de su imperio, pero las riendas de Milagros…
esas las mantiene más apretadas que nunca.
Milagros gira la cabeza hacia él, una sonrisa en sus labios que solo él puede descifrar.
No es la sonrisa de una esposa sumisa, sino la de una cómplice.
Ella quería el viaje, lo consiguió.
Él quería el control absoluto sobre ella durante ese viaje, y lo tendrá.
Cristhian responde a su sonrisa con una leve inclinación de cabeza.
El mensaje es claro: donde quiera que vayan, su mundo los seguirá.
Porque su mundo es el uno para el otro, una burbuja de oscura pasión, lujos y una posesión que no conoce fronteras.
Y este viaje es solo el siguiente capítulo en su interminable danza de dominación y entrega.
El sol de la tarde se filtraba por el toldo a rayas del café, iluminando la mesa donde Stefanny y Marilu se sentaban.
El contraste entre sus atuendos era tan marcado como sus personalidades: Marilu, con su blusa crema y pantalones beige de corte floral, emanaba una elegancia bohemia y sofisticada.
Stefanny, enfundada en su abrigo de cuero negro y falda asimétrica a cuadros, proyectaba una actitud audaz y moderna, aunque sus ojos detrás de los lentes amarillos delataban una mezcla de emoción e incredulidad.
Marilu: (Sorbiendo su café con una sonrisa picara) Bueno, bueno.
El abrigo de cuero es nuevo.
Y ese anillo…
(Sus ojos se clavaron en la flor de loto azul y diamantes en la mano de Stefanny) no lo había visto antes.
Cuéntame, ¿es tan intenso como parece?
Stefanny: (Se sonrojó, jugueteando con el borde de su taza.
Bajó la mirada al anillo y una sonrisa involuntaria asomó en sus labios) Intenso no es suficiente palabra, Marilu.
Es…
abrumador.
Una tormenta constante.
Pero de esas que no quieres que cesen.
Marilu: (Inclinándose un poco, bajando la voz) ¿Y cómo fue?
¿La declaración?
Por los dioses, debe haber sido toda una escena de película con ese hombre.
Stefanny: (Sacudió la cabeza, como si aún no lo pudiera creer) Fue en el salón de mi casa.
Después de la fiesta de Halloween.
Se arrodilló, con ese traje rojo que parecía sangre seca…
(Hizo una pausa, recordando).
Y me dio este anillo.
Dijo…
(Su voz se quebró levemente) dijo que no quería que me lo quitara nunca.
Que era una parte de mí, como él lo sería.
Marilu: (Sus ojos se abrieron un poco, captando la profundidad de la declaración) Vaya.
Eso no es una propuesta, Stef.
Es una…
reclamación.
Una muy sexy, pero una reclamación al fin.
(Su tono se volvió un poco más serio).
¿Y estás bien con eso?
¿Con esa…
intensidad?
Stefanny: (Dejó de jugar con la taza y miró directamente a Marilu, con una determinación que antes no tenía) Eso me asustaba antes.
Ahora…
(Respiró hondo) ahora siento que por fin alguien me ve.
No a la hija de Cristhian, no a la niña bien.
Me ve a mí.
Con todos mis miedos y mis locuras.
Y en lugar de huir, quiere poseer cada parte.
Es aterrador…
pero también es la cosa más liberadora que he sentido.
Marilu: (Sonrió, una sonrisa genuina y de apoyo) Entonces es amor.
El verdadero.
El que duele un poco y
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