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DULCE VENENO - Capítulo 113

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  4. Capítulo 113 - 113 Oficina de Lansky
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113: Oficina de Lansky 113: Oficina de Lansky El que duele un poco y te vuelve un poco loca.

(Alzó su taza en un brindis).

Por ti, Stef.

Y por tu tormenta personal.

Solo recuerda, (añadió con un guiño), incluso en medio del huracán, no pierdas de vista quién eres tú.

Stefanny: (Chocó su taza contra la de Marilu, sonriendo) No lo haré.

De hecho, creo que con él…

estoy descubriendo partes de mí que ni siquiera sabía que existían.

Y en ese café parisino, entre el aroma a espresso y el murmullo de la ciudad, Stefanny compartió el peso y la luz de un amor que prometía ser tan complejo y fascinante como el hombre que había elegido.

La charla amena dio un giro cuando Marilu, con su curiosidad innata, clavó los ojos en Stefanny con una mirada más penetrante.

Marilu: (Inclinándose sobre la mesa, bajando la voz a un susurro conspirativo) Oye, y hablando de tu torbellino personal…

¿Lansky?

Es un nombre que suena a poder, pero ¿de dónde sale?

¿Cuál es su apellido?

¿A qué se dedica exactamente, aparte de cautivarte y comprar joyas deslumbrantes?

Stefanny: (La sonrisa se congeló un instante en sus labios.

Jugueteó con el anillo de loto, sintiendo el frío del zafiro bajo sus dedos).

La verdad, Marilu…

no lo sé.

Marilu: (Parpadeó, incredulidad) ¿No lo sabes?

¿En serio?

Stefanny, ¡ese hombre te acaba de dar un anillo que probablemente cuesta más que mi auto!

Stefanny: (Se encogió de hombros, una mezcla de vergüenza y fascinación en su rostro) Lo sé, lo sé.

Suena a locura.

Pero es que…

con Lansky no se habla de eso.

No se habla del pasado.

Es como si solo existiera desde el momento en que entró en mi vida.

(Su voz se volvió más baja, soñadora).

Solo sé su nombre.

Y sé cómo me mira, como si pudiera ver cada pensamiento que cruza mi mente.

Sé el sonido de su risa, baja y peligrosa.

Sé la seguridad con la que me sostiene, como si el mundo entero pudiera desmoronarse y él no soltaría mi mano.

Marilu: (La observó, preocupación mezclada con fascinación en sus ojos) Stef…

eso es…

increíblemente romántico y aterradoramente misterioso.

Es como estar con un fantasma hermoso y picaro.

¿No te da miedo no saber con quién estás realmente?

Stefanny: (Una sonrisa tímida pero llena de convicción le iluminó el rostro) ¿Miedo?

Al principio, todo el tiempo.

Pero ahora…

(Sus dedos se cerraron alrededor del anillo).

Su misterio es parte de su picardía, ¿sabes?

Es como un libro con las páginas en blanco, y yo tengo el privilegio de escribir la historia con él.

Es adictivo, Mari.

No saberlo todo…

hace que cada sonrisa, cada gesto, sea un descubrimiento.

Marilu se recostó en su silla, sorbiendo su café lentamente.

No estaba del todo convencida, pero veía la felicidad genuina en los ojos de su amiga.

Marilu: (Suspirando, con una sonrisa resignada) Está bien, está bien.

No presionaré.

Pero prométeme una cosa, Alicia en el País de las Maravillas Oscuro: si en algún momento ese conejo blanco te lleva por una madriguera demasiado profunda, me gritas.

Yo iré a sacarte, incluso si tengo que enfrentarme a tu enigmático y hermoso Sombrerero Loco personal.

Stefanny rió, un sonido ligero y genuino.

Sabía que su historia con Lansky era un riesgo, un vuelo a ciegas.

Pero por ahora, la emoción de lo desconocido era más dulce que cualquier certeza.

El lujo severo de la oficina de Lansky era un santuario de poder.

La luz del atardecer se filtraba a través del ventanal panorámico, iluminando motas de polvo en el aire quieto.

Lansky, de espaldas a la ciudad, giraba lentamente un vaso de whisky en su mano.

Su secretario, una silueta imperturbable, esperaba frente al escritorio de ébano.

Lansky: (Su voz rompió el silencio, fría y deliberada) La charla que tuvimos sobre los activos en el este…

está bien.

Es un asunto cerrado.

Ahora hay algo más.

Algo prioritario.

El secretario asintió, sacando su tableta.

Secretario: Por supuesto, señor.

¿Sobre qué sector necesita la información?

Lansky giró su silla lentamente hasta enfrentar a su subordinado.

Sus ojos, usualmente impasibles, ardían con una intensidad que el secretario reconocía raramente: el fuego de una obsesión naciente.

Lansky: No es un sector.

Es una persona.

Stefanny.

La declaración cayó en la habitación con el peso de una losa.

El secretario no mostró sorpresa, pero sus dedos se inmovilizaron sobre la pantalla.

Lansky: (Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio, entrelazando los dedos) Quiero saberlo todo.

Absolutamente todo.

Desde su comida favorita hasta sus miedos más profundos.

Sus amistades, sus rutinas, los libros que lee, la música que escucha cuando cree que nadie la oye.

(Hizo una pausa, su mirada se volvió aún más penetrante).

Quiero un informe de cada hombre con el que haya salido, por insignificante que fuera.

De cada suspiro que haya robado.

Secretario: (Asintiendo, ya tomando notas mentales) Entendido, señor.

Profundidad estándar de nivel uno: antecedentes financieros, familiares, educativos…

Lansky: (Cortó el aire con un gesto de su mano) No.

Nivel tres.

Nivel de origen.

El secretario contuvo la respiración.

El “nivel de origen” era un término interno.

Significaba desenterrar lo que estaba enterrado, lo que la persona misma podía haber olvidado o intentado ocultar.

Era un nivel de intrusión reservado para enemigos o adquisiciones extremadamente delicadas.

Lansky: (Su voz se suavizó, pero no perdió su filo) Ella es…

diferente.

No es un objetivo.

Es una inversión.

La inversión más importante.

Para poseer algo verdaderamente, para protegerlo de cualquier amenaza, incluso de sus propios demonios…

primero debes conocer cada grieta, cada sombra en su alma.

(Sus ojos se perdieron por un momento en el zafiro de su propio anillo, un hermano del que llevaba Stefanny).

No quiero sorpresas.

No quiero puntos ciegos.

Secretario: (Finalmente, asintió con comprensión) No habrá puntos ciegos, señor Lansky.

Tendrá un dosier completo.

Desde su primer llanto hasta el latido de su corazón anoche.

Lansky: (Una sonrisa fría y satisfecha se dibujó en sus labios) Excelente.

Que empiece la cacería.

Pero recuerde…

(Su voz se volvió un susurro peligroso) discreción absoluta.

Ella no debe sospechar nada.

El jardín debe parecer intacto mientras estudiamos cada flor.

El secretario se inclinó ligeramente y se retiró, dejando a Lansky solo con el crepúsculo y el vasto, minucioso plan que acababa de poner en marcha.

Para el mundo, cortejaba a una mujer.

En la sombra, estaba desmontándola pieza por pieza, preparándose para poseer no solo su presente, sino cada hilo de su pasado y cada hilo de su futuro.

El secretario entraba de nuevo en la oficina, esta vez con un dosier delgado pero denso en su mano.

Lansky, que observaba la ciudad ya iluminada por las luces nocturnas, giró lentamente hacia él.

Secretario: (Colocando el dosier sobre el escritorio) El informe, señor.

Es…

inusual.

Lansky tomó la carpeta, abriéndola con una calma que contrastaba con la anticipación que ardía en sus venas.

Sus ojos escanearon las páginas rápidamente, absorbiendo cada detalle.

Lansky: (Sin levantar la vista) “Nada extraño”…

(murmuró, y una chispa de algo parecido al triunfo brilló en sus ojos).

Sin novios.

Amistades limitadas, predecibles.

Su padre…

Cristhian.

Un hombre con sus propios demonios, pero eso lo sabemos.

(Hizo una pausa al llegar a un punto específico, y su voz se suavizó casi hasta convertirse en un susurro).

Y su madre…

se fue demasiado pronto.

Siguió leyendo, y con cada línea que confirmaba la ausencia de amores pasados, de influencias masculinas, de un pasado sentimental complicado, una emoción rara y profunda comenzó a crecer en su pecho.

No era solo satisfacción.

Era algo más visceral.

Lansky: (Cerró el dosier lentamente y alzó la mirada hacia el secretario.

Una sonrisa amplia, genuina y peligrosamente posesiva se extendió por su rostro).

Está…

intacta.

La palabra resonó en la lujosa oficina.

Intacta.

No se refería a su inocencia de una manera puritana, sino a su corazón, a su lealtad, a su capacidad de amar.

No había fantasmas de otros hombres acech

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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