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DULCE VENENO - Capítulo 114

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  4. Capítulo 114 - 114 Restaurante de Lujo
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114: Restaurante de Lujo 114: Restaurante de Lujo No había fantasmas de otros hombres acechándola, no había comparaciones que hacer, no había cicatrices emocionales de las que él no fuera el responsable.

Lansky: (Se levantó, caminando hacia la ventana con un nuevo aire de dominio) Ella nunca se ha enamorado.

(Pronunció las palabras como si fueran un hechizo).

Su primer amor.

Su único amor.

Su primer y último suspiro.

(Giró hacia su secretario, y la emoción en sus ojos era tan intensa que casi resultaba aterradora).

Todo lo que ella llegue a ser, todo el amor que llegue a sentir, todo el fuego que despierte en su interior…

será mío.

Será por mí.

No había encontrado un pasado complicado que limpiar, sino una página en blanco sobre la cual escribir su propia historia.

Y para un hombre como Lansky, obsesivo y controlador, eso era más valioso que cualquier tesoro.

La emoción que sentía no era solo por haberla encontrado, sino por el poder absoluto de moldearla, de ser la única y definitiva influencia en el paisaje emocional de Stefanny.

Era la posesión máxima.

La luz tenue de las lámparas de cristal centelleaba en la cristalería y en los cubiertos de plata.

Stefanny, envuelta en un aura de satén rosa pálido y la capa blanca que le daba un aire de princesa de cuento, miraba el menú con ojos brillantes.

Lansky, a su lado, era la imagen de la elegancia oscura y serena con su abrigo negro y el traje crema, pero su mirada, fija en ella, había perdido su frialdad habitual.

Stefanny: (Susurrando, como si compartiera un secreto muy grande) Todo se ve tan hermoso…

No sé por dónde empezar.

¿Probamos el foie gras?

Nunca lo he probado.

Lansky: (Sonriendo, una expresión genuina y relajada que le suavizaba los rasgos) Entonces lo probamos.

Y el risotto de trufa negra.

Y la sopa de langosta.

(Su mano, sobre el mantel, se acercó para cubrir la de ella).

Ordenamos todo lo que desees.

Quiero ver tu cara al probar cada bocado por primera vez.

Era como ver a dos niños que hubieran descubierto una tienda de dulces.

La solemnidad del lugar se desvanecía ante su compartida emoción.

Stefanny: (Ríe bajito, sonrojándose) ¡Nos van a tener que sacar en carretilla!

Pero…

(su sonrisa se vuelve traviesa) ¿y si pedimos ese pastel de chocolate que tiene oro comestible?

Lansky: (Su risa es un eco grave y cálido) Con oro, sin oro, con diamantes si lo tuvieran.

Si quieres el pastel, lo tendrás.

(La mira con una ternura que solo ella ve).

Ver la curiosidad en tus ojos es el mejor manjar de todos.

Cuando llega la comida, es un espectáculo en sí mismo.

Stefanny cierra los ojos al probar el foie gras, y un pequeño “mmm” de deleite escapa de sus labios.

Lansky no prueba el suyo; prefiere observarla a ella.

Lansky: (Inclinándose un poco) Dime.

¿A qué sabe?

Stefanny: (Abre los ojos, deslumhrada) A…

lujo.

Y a mantequilla.

Y a algo que no sé describir.

Es increíble.

(Toma su cuchara y extiende un poco hacia él).

¡Tienes que probarlo!

Él acepta el bocado de su cuchara, un gesto íntimo y doméstico que contrasta con la opulencia del entorno.

Asiente, pero su mirada dice claramente que el sabor real está en ver su felicidad.

Stefanny: (Bajando la voz, como confesando) A veces siento que estoy soñando.

Que todo esto, este lugar, este vestido…

tú…

va a desvanecerse.

Lansky: (Su sonrisa se vuelve más posesiva, pero suave) No es un sueño, mi amor.

Es el comienzo.

Y prometo que cada día a tu lado tendrá un sabor nuevo que descubrir juntos.

(Alza su copa de champán).

Por todos los primeros veces que nos quedan por vivir.

Ella choca su copa contra la de él, la mirada llena de una promesa compartida.

En ese momento, no son el magnate oscuro y la heredera.

Son solo dos almas, enamoradas y un poco aturdidas, saboreando la dulzura de un nuevo amor como si fuera el postre más exquisito.

La cena había sido perfecta, la atmósfera íntima, la conexión palpable.

Pero una pequeña sombra comenzó a formarse en la mente de Stefanny.

Con el postre frente a ellos, un delicado soufflé que ahora parecía menos dulce, ella apoyó los codos en la mesa, mirándolo con una mezcla de curiosidad y una punta de frustración.

Stefanny: (Su voz era suave, pero con una determinación nueva) Lansky…

Esta noche ha sido maravillosa.

Pero siento que solo yo estoy abriendo mi mundo.

Cuéntame de ti.

De verdad.

¿Quién es Lansky cuando no está sentado aquí conmigo?

Lansky: (Esbozó una sonrisa suave, evasiva.

Tomó un sorbo de su vino).

Soy un hombre que construyó un imperio desde la nada.

Un empresario.

Muy, muy rico, como puedes ver.

(Hizo un gesto leve con la mano, abarcando la opulencia que los rodeaba).

Y tengo la compañía más hermosa esta noche.

Eso es lo único que importa.

Stefanny: (Su sonrisa se desvaneció.

Frunció el ceño ligeramente) Eso no es una respuesta.

Es…

una descripción de un catálogo.

¿Qué empresa?

¿De qué?

¿Dónde creciste?

¿Tienes familia?

Quiero saber sobre ti, no sobre tu cuenta bancaria.

Lansky: (Su sonrisa se tensó, volviéndose más fría, más distante.

Un muro bajaba).

Algunas historias son mejor dejarlas en el pasado, Stefanny.

Mi vida antes de ti no es relevante.

Lo que importa es el presente.

Nuestro presente.

Stefanny: (La frustración burbujeó dentro de ella, calentándole las mejillas.

Bajó la cuchara con un pequeño clic).

¿No es relevante?

¡Claro que lo es!

¿Cómo puedo…

cómo puedo confiar en esto, en lo que sentimos, si no sé nada de ti?

¡Ni siquiera sé tu nombre completo!

Lansky: (Sus ojos se endurecieron.

La ternura de antes había sido reemplazada por una firmeza inquebrantable).

Mi nombre es Lansky.

Es el único nombre que necesitas conocer.

Y mi vida es mía, Stefanny.

Algunos jardines tienen cercas por una razón.

Respetalas.

Stefanny: (Se recostó en su silla, cruzando los brazos.

Sus ojos brillaban con rabia y desilusión).

No son cercas, son muros.

Y no es justo.

Yo te he dado todo de mí, mis miedos, mis sueños…

y tú me das…

misterio y evasivas.

¿Qué estás escondiendo?

Lansky: (La miró fijamente, y por un segundo, en la profundidad de sus ojos, ella creyó ver un destello de algo…

peligroso, una advertencia).

No todo lo que está oculto es por maldad, preciosa.

A veces es por protección.

Protección para ti.

Confía en mí en esto.

Pero la palabra “confía” sonó hueca después de la negativa.

El hechizo de la noche se había roto.

La mesa, que antes era un oasis de complicidad, ahora estaba dividida por la frustración de ella y el hermetismo de él.

Stefanny miró su soufflé, que ya no le apetecía.

El silencio entre ellos era más elocuente que cualquier discusión.

La tensión en la mesa era espesa.

La frustración de Stefanny hervía a fuego lento, y la evasiva calma de Lansky comenzaba a agrietarse.

Ella no cedía, sus ojos, antes llenos de admiración, ahora lo desafiaban.

Stefanny: (Con la voz temblorosa por la emoción contenida) No puedo hacer esto, Lansky.

No puedo amar a una sombra.

Si no confías en mí lo suficiente para contarme quién eres…

No terminó la frase.

Un sonido seco y cristalino cortó el aire.

La copa de vino de Lansky, que sostenía con una fuerza que no era necesaria, se quebró en su mano.

Los fragmentos de cristal cayeron sobre el mantel blanco inmaculado, y una mancha carmesí, como sangre, comenzó a extenderse desde sus dedos.

Stefanny contuvo un grito, paralizada.

No por los fragmentos, sino por la expresión en el rostro de Lansky.

No era de dolor, sino de un dolor antiguo y profundo que rompía a través de su fachada de hierro.

Sus ojos, clavados en el vino derramado, parecían ver otra escena, otro tiempo.

Lansky: (Su voz era áspera, un susurro ronco que cargaba el peso de años de silencio) Mis padres…

murieron en un accidente.

Teníamos nueve años.

Stefanny sintió

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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