DULCE VENENO - Capítulo 115
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- Capítulo 115 - 115 Frente a la Mansión - Noche
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115: Frente a la Mansión – Noche 115: Frente a la Mansión – Noche Stefanny sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
La rabia se desvaneció al instante, reemplazada por un dolor punzante y empatía.
Lansky: (Sin mirarla, hablando hacia la mancha de vino) No quedamos solos.
Nos criaron…
tres ancianos.
Poderosos.
Fríos.
Nos enseñaron que el mundo era un juego de ajedrez y que el sentimiento era un lujo que no podíamos permitirnos.
Que la familia era un lujo.
(Apretó el puño, ignorando los fragmentos que podían estar clavándose en su piel).
Nos criaron para ser armas, no para ser…
niños.
Hizo una pausa larga y temblorosa.
El silencio era más elocuente que cualquier detalle.
Lansky: (Finalmente, alzó la mirada hacia ella.
Su dolor era tan palpable que ella pudo sentirlo como un frío en su propio pecho) Eso es todo lo que hay, Stefanny.
Un accidente.
Y una infancia que no fue tal.
El resto…
el resto son cicatrices que prefiero no mostrar.
¿Es suficiente?
¿O necesitas hurgar en esas heridas también?
Su tono no era un reto, era una rendición dolorosa.
Le había dado un fragmento de su oscuridad, el más profundo que poseía, y lo había hecho de la manera más violenta y visceral posible.
Stefanny extendió la mano lentamente, cubriendo su puño herido con el suyo, ignorando el vino y el posible cristal.
Las lágrimas asomaban en sus ojos.
Stefanny: (Susurrando) Lo siento.
Lo siento mucho, Lansky.
Es suficiente.
Por ahora, es más que suficiente.
Él no dijo nada, solo inclinó la cabeza, permitiendo que su mano descansara bajo la de ella.
El misterio permanecía, pero ahora tenía un contorno definido: el de un dolor infantil tan inmenso que había forjado al hombre impenetrable que tenía frente a ella.
Y por primera vez, Stefanny sintió que no solo amaba la luz que él proyectaba sobre ella, sino que también empezaba a amar las sombras que lo habitaban.
La tensión se había disipado, reemplazada por una frágil y nueva capa de intimidad.
Un camarero había limpiado discretamente los fragmentos de cristal y traído una nueva copa.
La mano de Lansky estaba vendada con un paño limpio.
Stefanny lo observaba, su corazón aún latiendo con fuerza por la cruda revelación.
Fue Lansky quien rompió el silencio, su voz más suave ahora, como si el compartir ese fragmento de su pasado le hubiera permitido bajar una guardia.
Lansky: (Girando su nueva copa de vino con los dedos de la mano sana) Esa amiga tuya…
Marilu.
La veo a tu lado a menudo.
Parece…
leal.
Stefanny: (Una sonrisa genuina, cálida y llena de cariño, iluminó su rostro al instante.
Era un tema seguro, feliz).
Lo es.
Es mi persona.
Nos conocimos en la escuela, a los diez años.
(Su mirada se perdió en la distancia, recordando).
Ella era la nueva, con un lazo demasiado grande en el pelo y sin miedo a nada.
Yo era la niña callada.
Por alguna razón, decidió que éramos amigas.
Lansky: (Observándola, estudiando la luz en sus ojos cuando hablaba de su amiga) Y desde entonces…
Stefanny: (Asintiendo, con un deje de nostalgia) Desde entonces, todo.
Las crisis de la adolescencia, los primeros amores…
bueno, los suyos, principalmente.
(Se rió un poco).
Las peleas tontas, los sueños más grandes.
Ella es la única persona con la que no tengo…
filtro.
No hay ningún secreto entre nosotras.
La frase salió con naturalidad, pero al decirlo, Stefanny sintió un pequeño y agridulce pinchazo.
Porque ahora sí tenía un secreto.
Tenía el secreto.
Tenía la historia de los padres de Lansky, el accidente, los tres ancianos.
Un secreto que sentía pesado y valioso en su pecho, y que sabía que Marilu no conocería.
Al menos, no por ahora.
Lansky: (Una ceja se alzó levemente, como si pudiera leer el conflicto momentáneo en ella.
Su sonrisa fue casi imperceptible).
“Ningún secreto”…
Eso es un lujo raro.
Guárdala cerca, Stefanny.
Las alianzas así son más valiosas que cualquier negocio.
Sus palabras tenían un doble filo.
Por un lado, un genuino reconocimiento del valor de esa amistad.
Por otro, una sutil advertencia, un recordatorio de que el mundo en el que él se movía estaba lleno de traiciones y que un vínculo tan puro era un tesoro a proteger…
o una debilidad a explotar.
Stefanny asintió, sintiendo el peso de su nuevo secreto y la complejidad del hombre que tenía al frente.
Su mundo, una vez simple, se estaba llenando de sombras y matices, y Marilu, su faro de luz constante, parecía de repente pertenecer a una vida que se sentía muy distante.
El carro negro se detuvo suavemente frente a la imponente entrada de la mansión.
El motor zumbaba en un susurro contenido, como el latido de la noche misma.
En el interior, la luz del tablero iluminaba débilmente sus rostros.
Lansky: (Apagando el motor, el silencio se hizo absoluto.
Se volvió hacia ella, su mirada perdiendo la dureza del restaurante, bañada ahora por la penumbra y la intimidad del auto).
¿Segura que no quiero que te acompañe hasta la puerta?
Stefanny: (Negó con la cabeza, una sonrisa tímida en sus labios) Mejor no.
Con mi padre…
ya sabes.
(Su voz era un susurro).
Esta noche fue…
intensa.
Lansky: (Asintió lentamente, su mano encontrando la de ella en la oscuridad.
Sus dedos se entrelazaron, un contacto familiar y electrizante a la vez).
Intensa y necesaria.
Salieron del coche.
El aire frío de la noche los envolvió, pero ninguno lo sintió.
Caminaron los pocos pasos hasta la gran puerta de madera, iluminada por una luz tenue.
Se dieron la vuelta, quedando frente a frente.
Stefanny: (Mirándolo a los ojos, buscando en ellos al hombre herido y al hombre fuerte) Gracias…
por confiar en mí.
Con lo de…
tus padres.
Lansky: (Alzó su mano vendada y le acarició la mejilla con los nudillos, un gesto sorprendentemente tierno) Fue…
inevitable.
Contigo, parece que muchas de mis reglas se rompen.
(Una sonrisa fugaz cruzó su rostro).
Como las copas.
Ella sonrió, un poco triste, un poco aliviada.
Él se inclinó lentamente.
No fue un beso apasionado y devorador como el de la Torre Eiffel.
Este era lento, profundo, lleno de un significado nuevo.
Era un beso que sabía a verdad recién compartida, a dolor aceptado, a un “estoy aquí” silencioso.
Sus labios se encontraron con una dulzura que hacía arder, prometiendo que, a pesar de las sombras, lo que sentían era luminoso y real.
Cuando se separaron, el aliento de ambos formaba nubes en el aire frío.
Lansky: (Susurró, su frente apoyada contra la de ella) Buenas noches, mi amor.
Stefanny: (Con el corazón latiéndole con fuerza) Buenas noches, Lansky.
Él le dio un último y suave beso en la frente, luego giró y volvió al coche.
Stefanny se quedó en la puerta, viendo cómo los faros traseros se alejaban por la avenida, tragándose la oscuridad.
Se tocó los labios, que aún conservaban el calor del suyo, y supo, con una certeza que le llenó el pecho, que estaba perdidamente y irrevocablemente enamorada de ese hombre de pasado fracturado y besos que prometían un futuro eterno.
Stefanny cerró suavemente la puerta de su habitación, apoyando la espalda contra la madera sólida.
El silencio de la mansión era absoluto, un contraste brutal con el torbellino de emociones que rugía en su interior.
Se deslizó por la puerta hasta quedar sentada en el suelo, abrazando sus rodillas.
La fina capa de seda de su vestido de dormir era un roce suave contra su piel, pero no podía calmar la electricidad que la recorría.
Stefanny: (Susurrando para sí, en la oscuridad) Dios mío…
Cerró los ojos y las imágenes del día comenzaron a desfilar.
La elegancia del restaurante.
La luz centelleando en la cristalería.
Su mano sobre la de él.
Stefanny: (Sacudiendo la cabeza, como si no pudiera creerlo) Fue tan…
perfecto.
Hasta que no lo fue.
El interrogatorio.
Su frustración creciendo.
La evasiva de él.
La tensión en la mesa.
Stefanny: (Apretando los brazos alrededor de sus piernas) Me enojé tanto.
Quería…
necesitaba
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