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DULCE VENENO - Capítulo 116

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  4. Capítulo 116 - 116 L'Auberge du Vieux Puits - 805 PM
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116: L’Auberge du Vieux Puits – 8:05 PM 116: L’Auberge du Vieux Puits – 8:05 PM Quería…

necesitaba saber.

Sentí que me estaba ahogando en su misterio.

Y entonces, la imagen más vívida, nítida y aterradora: El sonido seco de la copa quebrandose.

El vino rojo, como sangre, sobre el mantel blanco.

La expresión de dolor absoluto en sus ojos, ese muro derrumbándose de la manera más violenta posible.

Stefanny: (Una lágrima caliente rodó por su mejilla) Sus padres…

un accidente.

Solo nueve años.

Criado por ancianos fríos, como armas…

(Trago saliva, el dolor ajeno un nudo en su garganta).

Le dolió tanto contarlo que…

se rompió la copa con la mano.

Con su propia mano.

Se llevó los dedos a los labios, recordando el beso final.

Stefanny: (Su susurro se volvió más suave, lleno de asombro) Y después…

después de todo eso, su beso fue tan…

tierno.

No fue de pasión.

Fue de…

entrega.

Como si al mostrarme esa herida, me estuviera dando la llave de algo.

Se levantó del suelo y se acercó a la ventana, mirando la noche por la que su carro había desaparecido.

Stefanny: (Hablando ahora con más fuerza, con una determinación que nacía de la compasión y el amor) No es solo el hombre poderoso.

No es solo la obsesión y la pasión.

Es…

él.

El niño que perdió todo.

El hombre que aprendió a no sentir.

(Se tocó el anillo de loto, sintiendo el frío del zafiro).

Y me eligió a mí para sentir.

Una sonrisa temblorosa, pero llena de certeza, se dibujó en su rostro.

Stefanny: Tiene razón.

Algunos jardines tienen cercas.

Y las suyas están llenas de espinas y dolor.

Pero…

(su voz se firmó) quiero aprender a caminar por ese jardín.

Quiero ser quien le enseñe que no todas las flores se marchitan.

Suspiró, y por primera vez desde que llegó a casa, la confusión se disipó.

Había caos, sí.

Había dolor y misterio.

Pero en medio de todo, había una verdad simple y abrumadora: ella amaba a Lansky.

A todo él.

Incluyendo las partes rotas.

Y esa revelación, en la quietud de su habitación, era a la vez la más aterradora y la más hermosa de todas.

La luz del día entraba a raudales por el ventanal panorámico, pero Lansky permanecía sentado en su sillón de cuero, sumido en sus pensamientos.

La revelación de la noche anterior había abierto una compuerta, no solo hacia su propio pasado, sino hacia una necesidad obsesiva de controlar todo lo que rodeaba a Stefanny.

Y eso incluía a las personas más cercanas a ella.

Presionó un botón en su intercomunicador.

Lansky: (Voz fría y clara) Necesito que entre.

El secretario apareció en la puerta, impecable y discreto como siempre.

Lansky: (Sin preámbulos, girando su silla hacia la ventana) Marilu.

La amiga de Stefanny.

Quiero un dosier.

Todo.

No me importa lo insignificante que parezca.

Secretario: (Asintiendo) Inmediatamente, señor.

Horas más tarde, el secretario regresaba con otra carpeta, esta vez más delgada.

Lansky la abrió, escaneando la información con sus ojos ávidos.

Secretario: (Mientras Lansky leía) Marilu Vásquez.

No hay antecedentes penales.

Trabaja como analista financiera junior en Brossard & Cie.

Estudió Administración de Empresas en la Universidad de París.

Sus notas fueron sobresalientes.

Lansky pasaba las páginas, buscando el meollo, la grieta, el punto débil.

Entonces, sus ojos se detuvieron en un párrafo.

Una línea escueta, casi burocrática, que escondía una tragedia.

Secretario: (Continuando, su tono neutral) Sus padres biológicos, Javier y Elena Vásquez, fallecieron en un asalto a una joyería cuando ella tenía siete años.

No había otros familiares directos.

Pasó los siguientes once años en el orfanato “Sagrado Corazón”, hasta su mayoría de edad.

Lansky dejó la carpeta sobre el escritorio.

Una sonrisa lenta, fría y calculadora, se dibujó en sus labios.

No era una sonrisa de alegría, sino de comprensión.

De encontrar una pieza clave del rompecabezas.

Lansky: (Para sí mismo, en un murmullo casi inaudible) Un orfanato…

Interesante.

Levantó la mirada hacia su secretario.

Lansky: Buen trabajo.

Eso será todo.

Cuando el secretario salió, Lansky se acercó de nuevo a la ventana.

La imagen de Marilu, la amiga alegre y despreocupada, ahora tenía una nueva capa.

Una huérfana.

Una sobreviviente.

Alguien que, al igual que él y Milagros, entendía la pérdida y había tenido que luchar por lo que tenía.

Esa información no era para dañarla.

Al menos, no directamente.

Era poder.

Comprender los resortes que movían a Marilu le daba un control inmenso.

Sabía cómo acercarse a ella, cómo ganarse su lealtad…

o cómo neutralizarla si, en algún momento, se interponía entre él y Stefanny.

En el juego oscuro del amor y la posesión, Lansky acababa de conseguir una ficha muy valiosa.

La luz del día entraba a raudales por el ventanal panorámico, pero Lansky permanecía sentado en su sillón de cuero, sumido en sus pensamientos.

La revelación de la noche anterior había abierto una compuerta, no solo hacia su propio pasado, sino hacia una necesidad obsesiva de controlar todo lo que rodeaba a Stefanny.

Y eso incluía a las personas más cercanas a ella.

Presionó un botón en su intercomunicador.

Lansky: (Voz fría y clara) Necesito que entre.

El secretario apareció en la puerta, impecable y discreto como siempre.

Lansky: (Sin preámbulos, girando su silla hacia la ventana) Marilu.

La amiga de Stefanny.

Quiero un dosier.

Todo.

No me importa lo insignificante que parezca.

Secretario: (Asintiendo) Inmediatamente, señor.

Horas más tarde, el secretario regresaba con otra carpeta, esta vez más delgada.

Lansky la abrió, escaneando la información con sus ojos ávidos.

Secretario: (Mientras Lansky leía) Marilu Vásquez.

No hay antecedentes penales.

Trabaja como analista financiera junior en Brossard & Cie.

Estudió Administración de Empresas en la Universidad de París.

Sus notas fueron sobresalientes.

Lansky pasaba las páginas, buscando el meollo, la grieta, el punto débil.

Entonces, sus ojos se detuvieron en un párrafo.

Una línea escueta, casi burocrática, que escondía una tragedia.

Secretario: (Continuando, su tono neutral) Sus padres biológicos, Javier y Elena Vásquez, fallecieron en un asalto a una joyería cuando ella tenía siete años.

No había otros familiares directos.

Pasó los siguientes once años en el orfanato “Sagrado Corazón”, hasta su mayoría de edad.

Lansky dejó la carpeta sobre el escritorio.

Una sonrisa lenta, fría y calculadora, se dibujó en sus labios.

No era una sonrisa de alegría, sino de comprensión.

De encontrar una pieza clave del rompecabezas.

Lansky: (Para sí mismo, en un murmullo casi inaudible) Un orfanato…

Interesante.

Levantó la mirada hacia su secretario.

Lansky: Buen trabajo.

Eso será todo.

Cuando el secretario salió, Lansky se acercó de nuevo a la ventana.

La imagen de Marilu, la amiga alegre y despreocupada, ahora tenía una nueva capa.

Una huérfana.

Una sobreviviente.

Alguien que, al igual que él y Milagros, entendía la pérdida y había tenido que luchar por lo que tenía.

Esa información no era para dañarla.

Al menos, no directamente.

Era poder.

Comprender los resortes que movían a Marilu le daba un control inmenso.

Sabía cómo acercarse a ella, cómo ganarse su lealtad…

o cómo neutralizarla si, en algún momento, se interponía entre él y Stefanny.

En el juego oscuro del amor y la posesión, Lansky acababa de conseguir una ficha muy valiosa.

El restaurante era un santuario de lujo discreto, con paredes de piedra, vigas de madera oscura y mesas amplias separadas por suficiente distancia para garantizar conversaciones privadas.

Lansky ya estaba en la mesa, una ubicación estratégica en un rincón con vista a la sala pero lo suficientemente apartada.

Su figura, enfundada en el traje negro brillante que parecía absorber la luz tenue de las velas, era imposible de ignorar.

La camisa negra desabrochada añadía un toque de peligrosa informalidad a su elegancia severa.

No estaba leyendo la carta; simplemente observaba la entrada, sus dedos jugueteando con la base de su copa de agua.

A las 8:05 en punto, Marilu apareció en la entrada.

El maître la guio hacia la mesa.

Su paso era seguro, pero sus ojos, siempre alertas, escanearon la sala con rapidez, captando cada detalle.

Su atuendo de blazer y vestido a

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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