DULCE VENENO - Capítulo 117
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117: Postre 117: Postre Su atuendo de blazer y vestido a rayas azul marino era impecable, profesional y audaz a la vez, una armadura perfecta para una cena tan inesperada como intrigante.
Lansky se puso de pie con una fluidez felina cuando ella se acercó.
Lansky: (Con una sonrisa cortés que no llegaba a sus ojos) Marilu.
Gracias por aceptar mi invitación con tan poca antelación.
Marilu: (Devolviendo la sonrisa con una igualmente cortés y calculada) Lansky.
Cuando uno recibe una llamada tan directa, es difícil decir que no.
(Se sentó, colocando su bolso tote negro sobre la silla vacía a su lado).
Especialmente con una advertencia tan…
intrigante sobre la discreción.
Sus miradas se encontraron sobre la vela centelleante.
No era el encuentro de dos amigos.
Era el reconocimiento mutuo de dos jugadores que sabían que estaban en una partida.
Él, el hombre poderoso que quería algo.
Ella, la amiga leal que intentaba descifrar cuál era el precio de esa invitación y, sobre todo, qué papel representaba Stefanny en todo aquello.
La cena había comenzado, y el primer movimiento ya estaba hecho.
La cena transcurría con una cortesía glacial.
Los platos, obras de arte culinarias, eran apenas probados.
El verdadero banquete era el duelo de miradas y palabras meditadas entre ellos.
Lansky: (Tomando un sorbo de vino tinto, sus ojos fijos en ella) La administración de empresas.
Una carrera pragmática para una mujer con…
tanto carácter.
Denota ambición.
O, quizás, la necesidad de construir algo desde cero.
Era un guante lanzado con elegancia.
Una alusión velada a su pasado en el orfanato.
Marilu: (Sonriendo, cortando un trozo de pescado con precisión) La estabilidad es una elección inteligente.
Algunos prefieren heredar imperios, otros prefieren forjar los suyos, por pequeños que sean.
(Alzó la mirada, desafiante).
La pregunta es qué impulsa a cada uno.
¿La ambición…
o la necesidad de control?
Le devolvía el guante, cuestionando sus motivos, su obsesión por el control, especialmente sobre Stefanny.
Lansky: (Una sonrisa fría se dibujó en sus labios) El control es solo una ilusión, querida Marilu.
Lo único real es el poder.
Y el poder no se hereda, se toma.
Se defiende.
(Hizo una pausa deliberada).
A veces, de las ruinas más inesperadas.
Sus palabras eran un eco siniestro de la tragedia de sus padres.
Ella no se inmutó, pero sus dedos se apretaron levemente alrededor del cuchillo.
Marilu: (Dejando el cubierto, lo miró fijamente) Las ruinas enseñan lecciones que los palacios nunca podrán.
Enseñan a discernir entre quienes te tienden una mano y quienes te ofrecen una cadena dorada.
(Inclinó ligeramente la cabeza).
Stefanny valora la libertad por encima de todo.
Sería una lástima que alguien confundiera su luz con una posesión.
Era una advertencia directa.
No permitiría que convirtiera a su amiga en un trofeo.
Lansky: (Su sonrisa se ensanchó, mostrando los dientes.
Era la sonrisa de un lobo).
La luz más brillante a menudo elige arder en la oscuridad más profunda.
No es posesión, es…
simbiosis.
(Su tono se volvió un susurro cargado de intención).
Todos escondemos nuestras propias sombras, Marilu.
Algunas son más fáciles de adivinar que otras.
Era una amenaza velada.
Sabía algo de ella, y ella lo sabía.
Marilu: (Se recostó en su silla, una sonrisa igual de fría en sus labios) Por supuesto.
Pero algunas sombras están tan bien guardadas que ni siquiera sus dueños recuerdan dónde las dejaron.
Es curioso cómo el pasado puede…
resurgir cuando menos se espera.
No cedía.
Le recordaba que él también tenía secretos, un pasado del que no hablaba.
La cena continuó en ese tenso equilibrio.
Ninguno dio su brazo a torcer.
Ninguno reveló nada sustancial, pero ambos midieron la profundidad y la fuerza del otro.
Era un empate táctico.
Lansky confirmó que Marilu era una adversaria inteligente y leal, no una peón fácil de manipular.
Y Marilu entendió que el hombre al que su mejor amiga amaba era tan peligroso como fascinante, y que su juego de poder apenas comenzaba.
La tensión en la mesa era tan palpable como el aroma del café recién servido.
Marilu, decidida a no ser la única bajo el microscopio, lanzó su primer ataque directo.
Marilu: (Con una sonrisa dulce y un tono casual) Tu…
empresa.
Es curioso, pero por más que pregunté, nadie parece saber a qué se dedica exactamente el “Imperial Group”.
Es como un fantasma corporativo.
¿Importación?
¿Tecnología?
Debes ser extremadamente discreto.
Sus palabras eran un dardo envenenado.
Le estaba diciendo, sin decirlo, que lo había investigado y no había encontrado nada.
Lansky: (Mantuvo la calma, aunque un músculo en su mandíbula se tensó levemente.
Sonrió, un gesto frío y evasivo) El éxito a menudo reside en la oscuridad, Marilu.
Mis negocios son…
diversos.
Y prefiero que lo sean.
La curiosidad, ya sabes, mató al gato.
La respuesta era un callejón sin salida.
Un claro “no es asunto tuyo”.
Marilu: (No se inmutó.
Tomó un sorbo de agua y luego clavó sus ojos en los de él, cambiando de flanco) Hablando de gatos…
¿conoces a Milagros?
La esposa de Cristhian.
Es una mujer…
intrigante.
Tan elegante, pero hay una tristeza en sus ojos que no logro descifrar.
Como si cargara un peso enorme.
La mención de Milagros, y sobre todo la conexión directa con Cristhian, fue como un golpe bajo.
Por una fracción de segundo, los ojos de Lansky se abrieron ligeramente, una chispa de pánico instintivo ante la posibilidad de que su secreto más guardado estuviera en peligro.
Su cuerpo se irguió casi imperceptiblemente en la silla.
Fue un microsegundo de vulnerabilidad, pero Marilu, con su aguda inteligencia, lo captó.
Él recuperó el control al instante, demasiado rápido para alguien que no estuviera entrenado.
Su expresión se suavizó en una máscara de indiferencia.
Lansky: (Con un tono deliberadamente despreocupado, mientras jugueteaba con su cuchara de postre) El círculo de Cristhian es pequeño.
He coincidido con ella en alguna que otra función.
Como dices, una mujer muy…
reservada.
(Desvió la mirada hacia su plato, fingiendo interés en el postre, y luego lanzó su propia contraofensiva, mirándola fijamente).
Pero tú…
una huérfana que se abre camino en el mundo financiero de París.
Eso sí que denota un carácter excepcional.
Debe haber sido muy duro.
Cambió el foco de la conversación de golpe, usando la información que tenía sobre ella para ponerla a la defensiva y recordarle que él también tenía sus recursos.
Era un jaque.
Los dos se quedaron mirándose, un silencio cargado de significados entre ellos.
Ninguno había conseguido la información que buscaba, pero la partida había revelado sus cartas: ambos eran jugadores peligrosos, ambos escondían algo, y la relación de Lansky con Milagros era, sin duda, un punto sensible que Marilu no olvidaría.
La cena había terminado, pero la guerra de inteligencia entre la mejor amiga y el amante oscuro acababa de declararse.
La tensión no cedía.
Marilu no soltaría el hueso.
La reacción de Lansky, por breve que fuera, había sido demasiado reveladora.
Marilu: (Dejando su servilleta junto al plato, con una calma estudiada) Es curioso.
Dices haber coincidido con ella en “alguna que otra función”, pero cada vez que os veo en la misma habitación…
hay una corriente.
Un reconocimiento.
(Fijó sus ojos en los de él, sin pestañear).
No es la cortesía distante que se profesa a la esposa de un conocido.
Es algo más…
familiar.
Lansky mantuvo su expresión impasible, pero una frialdad gélida se instaló en su mirada.
Negar rotundamente podría sonar falso, demasiado defensivo.
Lansky: (Con un tono deliberadamente neutro, como si analizara un dato aburrido) Milagros es una mujer que vive bajo una lupa constante.
Cristhian no es un hombre que tolere…
familiaridades.
Quizás lo que percibes es la cautela de quien está siempre siendo observada.
O la empatía de quien entiende lo que es vivir bajo presión.
Era una explicación plausible, incluso astuta.
Se colocaba a sí mismo como un mero observador empático.
Marilu: (Una sonrisa leve y escéptica jugó en sus labios) ¿Empatía?
Quizás.
(Se inclinó ligeramente hacia adelante, bajando la voz).
P
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