DULCE VENENO - Capítulo 121
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121: USB 121: USB (Una sombra de sorpresa cruza por los ojos del Señor, seguida de una oscuridad más profunda.
Sus dedos se detienen.) Señor: (Con un tono gélido, cargado de significado) Localízalo.
Que regrese de inmediato.
Quiero una explicación personalmente.
(El Secretario asiente ligeramente, desvaneciéndose rápidamente en la penumbra.
El Señor clava la mirada en el símbolo rojo en el suelo, mientras la luz azul sobre su cabeza parpadea débilmente, como el presagio de una tormenta.) (La escena cambia por completo.
Ahora estamos en una habitación personal, iluminada solo por la suave luz de la luna que se filtra por la ventana.
MARILÚ, una joven de rostro sereno pero con una determinación oculta en los ojos, observa el satélite plateado en la noche.
De repente, un tono de llamada estridente rompe el silencio.
Al responder, una voz grave y mecánicamente distorsionada llena la habitación).
VOZ DISTORSIONADA: Señorita Marilú.
Su presencia es requerida en la Base.
El Jefe mismo la reclama.
(Marilú no se sobresalta, pero un escalofrío casi imperceptible recorre su espina dorsal.
Su agarre en el teléfono se tensa por un segundo.
Cuando responde, su voz es fría y clara, cargada de una resignación profesional).
MARILÚ: Entendido.
Tomaré el primer vuelo disponible.
Estaré allí.
(Cuelga.
Su reflejo pálido en el cristal de la ventana la mira fijamente.
La luna ya no parece un consuelo, sino un testigo mudo.
Sin perder un segundo, gira sobre sus talones y se dirige hacia su armario, donde un equipaje siempre está listo.
La misión, después de todo, no espera).
(El jet privado aterriza con suavidad en una pista iluminada por las luces de la noche.
La puerta se abre y aparece MARILÚ, recortada contra la luz interior.
Su silueta, enfundada en el impecable traje burdeos, desciende con una elegancia letal.
La tela de amplio corte se mueve con la brisa, creando un efecto dramático.
Los detalles dorados de su reloj y pendientes captan tenuemente la luz, brillando como los únicos faros de su presencia).
(Al pie de la escalerilla, espera un automóvil negro, largo y de líneas imponentes.
Es evidente que es un vehículo blindado, una fortaleza sobre ruedas.
La puerta trasera se abre sin que ella tenga que tocarla).
(Marilú se desliza en el interior, acomodándose en los asientos de cuero oscuro.
El ambiente dentro del coche es frío y silencioso, impregnado del olor a limpieza y lujo impersonal.
El CHÓFER, un hombre de espaldas rígidas y perfil anónimo, no se vuelve, no pronuncia una palabra de bienvenida.
Ni un solo gesto de reconocimiento).
(El portazo suena sordo y hermético.
Un instante después, el motor ruge con un sonido ahogado y el coche negro se pone en movimiento, deslizándose por la pista como una sombra.
A través de la ventana polarizada, Marilú observa cómo el aeropuerto se desvanece a su paso, absorbido por la oscuridad.
No hace preguntas.
Sabe que el silencio del chófer es la única respuesta que necesita.
El viaje hacia la Base, y hacia lo que el Jefe le tenga preparado, ha comenzado).
(El coche negro se detiene sin ruido frente a una estructura austera y sin identificación.
La puerta se abre y el mismo hombre que la recibió en la pista, ahora reconocemos su rostro impasible, le indica con un gesto cortante que le siga.
Cruzan pasillos de cemento pulido, iluminados por luces frías empotradas en el techo.
El aire huele a esterilizado y a silencio.
Finalmente, se detienen frente a una puerta metálica pesada.
El hombre introduce un código y un clic sordo anuncia que está abierta.
Al entrar, la atmósfera cambia.
Es la sala de antes, el núcleo del poder.
Los tonos rojos y negras dominan, las pantallas proyectan sus mapas de fuego.
Y en el centro, en el trono bañado por esa luz azul gélida, está EL SEÑOR.
A cada lado, ligeramente detrás y en sillas más bajas, dos hombres de rostros severos y trajes oscuros permanecen sentados, sus miradas fijas en ella.
Son siluetas guardianas, consejeros o verdugos.
El Señor levanta la vista lentamente.
La luz azul acentúa la calva de su cráneo y la profundidad de sus cuencas oculares.
No dice nada.
Su sola presencia es una pregunta y una acusación.
Marilú se detiene a una distancia prudencial, erguida en su traje burdeos, una mancha de color elegante y vulnerable en aquel lugar diseñado para la opresión).
SEÑOR: (Su voz es calmada, pero corta el aire como un cuchillo) Marilu .
Nos debe un informe.
(La luz azul sobre el trono parece volverse más intensa, helada.
El Señor inclina ligeramente la cabeza, y su silencio es más aterrador que un grito.
Las figuras a sus lados no se inmutan, pero la atención que proyectan sobre Marilú se vuelve tangible, como un peso físico).
SEÑOR: (Su voz es un hilillo de veneno gélido) Marilú.Dime por qué no hay un informe sobre el objetivo que te asigné.
Tú…
que eres mi mejor oficial.
Mi herramienta más afilada.
Explícame esta…
negligencia.
(Marilú mantiene la postura erguida, pero un microtemblor recorre sus manos entrelazadas.
Su voz, sin embargo, no se quiebra).
MARILÚ: Lo lamento,señor.
Usted lo sabe.
De todas las personas que ha enviado tras mí, siempre he cerrado el caso.
Rápido y limpio.
Pero este…
este objetivo es diferente.
Es escurridizo.
Es como atrapar humo con las manos.
(El Señor se reclina lentamente en su trono.
Una sonrisa cruel y sin humor se estira en sus labios.
No es una sonrisa de alegría, sino de desprecio furioso).
SEÑOR: (Una risa seca y cortante)Jajaja…
¿Me estás diciendo…
que tú no puedes con esto?
¿Mi prodigio?
¿La infalible?
¿Me estás tomando el pelo?
(Su voz se eleva de repente, un latigazo que rebota en las paredes metálicas).
SEÑOR: ¡Nada ha sido imposible para ti!¡Nunca!
¿Acaso crees que tu elegante traje y tus éxitos pasados te dan derecho a fallarme?
¡Aquí solo hay una cosa imposible, Marilú, y es DEFRAUDARME!
(El eco de sus palabras permanece en la sala, un desafío y una condena en el aire enrarecido).
(La luz azul parpadea, como si la propia sala reaccionara a la furia del Señor.
Él se levanta de su trono, y su sombra se proyecta sobre Marilú, engulfiéndola.
Sus palabras no son un grito, sino un serrado susurro cargado de una violencia contenida que resulta más aterradora).
SEÑOR: (Voz baja, pero cada sílaba es un golpe) ¿Crees que esto es un juego de salón?¿Una discusión teórica?
¡Esto es la CIA!
¡La Agencia Central de Inteligencia!
No somos académicos que debatimos principios de ciberseguridad en una pizarra.
Somos el bisturí que corta el cáncer, la mano en la sombra que sostiene o rompe naciones.
Recopilamos, procesamos y actuamos.
Y la información que no se puede obtener, se extrae.
La persona que no se puede encontrar, se caza.
(Da un paso hacia ella, y el aire se vuelve irrespirable).
SEÑOR: Tu trabajo no es venir a contarme lo difícil que es.Tu trabajo es entregarme a Lansky, o su cabeza en una bandeja de plata.
“No tiene pasado”…
¡Entonces inventa uno que lo entierre!
¡Si lo oculta, es porque hay algo que vale la pena ocultar!
¡ENCUÉNTRALO!
(Se inclina, su rostro a solo centímetros del de ella, su voz un veneno mortal).
SEÑOR: No acepto excusas,Marilú.
Solo resultados.
Y tu valor para esta organización se mide por un solo parámetro: tu próximo éxito…
o tu último fracaso.
Elige sabiamente cuál será.
La puerta está detrás de ti.
No vuelvas a cruzarla sin lo que te pedí.
(La tensión en la sala es tan densa que parece un cristal a punto de quebrarse.
Marilú, bajo la sombra del Señor, no retrocede.
En lugar de mostrar más temor, su postura se endurece.
Saca una memoria USB del bolsillo interior de su chaqueta burdeos y la sostiene en alto, donde la luz azul la hace brillar).
MARILÚ: (Voz clara, desafiando la presión) No he venido con las manos vacías,señor.
He venido con una advertencia.
Lansky no es un objeti
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