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DULCE VENENO - Capítulo 126

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126: Parque 126: Parque Las luces del lobby se encendieron, brillando sobre el mármol pulido, haciendo que se sintiera aún más expuesta, como un insecto bajo un microscopio.

Cada minuto que pasaba era una gota que erosionaba su esperanza.

Había entregado todo—sus regalos, su dignidad—y solo recibía silencio.

El eco de sus propios latidos resonaba en sus oídos, un tambor fúnebre para su amor.

Lansky observaba la pantalla de su tableta, dividida en varias ventanas que mostraban las feed de las cámaras de seguridad.

En una de ellas, la figura solitaria y desgastada de Stefanny era un punto de quietud en el flujo constante de empleados que salían por el día.

La veía cruzar los brazos, frotarse los brazos por el frío que empezaba a filtrarse, mirar hacia los ascensores con una esperanza que se desvanecía.

Una sonrisa de profunda y retorcida satisfacción curvó sus labios.

El espectáculo de su devoción y sufrimiento era más embriagador que el coñac más añejo.

Lansky: (Sin apartar los ojos de la pantalla, hablando hacia el intercomunicador) Ya es suficiente.

Un momento después, su secretario entraba en la oficina.

Lansky: (Finalmente, alzó la mirada, sus ojos fríos y serenos) Baja y dile a la Señorita Stefanny que lamento informarle que no podré recibirla.

(Hizo una pausa deliberada, saboreando las palabras).

Mis disculpas, pero estoy…

demasiado ocupado.

La elección de las palabras era un arma perfecta.

“Demasiado ocupado”.

No era un “no” rotundo, sino un rechazo que la colocaba en una escala de prioridades…

y ella estaba en el fondo.

Secretario: (Asintiendo con comprensión) Como ordene, señor.

Cuando el secretario apareció de nuevo, caminando con su paso preciso hacia ella, el corazón de Stefanny dio un vuelco de frágil esperanza.

Quizás…

quizás ahora…

Secretario: (Deteniéndose frente a ella, con una frialdad profesional que era más cruel que cualquier grosería) Señorita Stefanny, el Sr.

Lansky le transmite sus más sinceras disculpas.

Lamentablemente, se encuentra inmerso en asuntos urgentes que no pueden posponerse y no podrá recibirla.

(La miró directamente, entregando el golpe final).

Le agradece nuevamente los…

obsequios.

Las palabras atravesaron a Stefanny como cuchillas de hielo.

“Demasiado ocupado”.

“No podrá recibirla”.

“Le agradece los obsequios”.

No era solo un rechazo.

Era una indiferencia absoluta.

Había esperado cinco horas, había suplicado con sus regalos, y él ni siquiera consideró que valiera la pena interrumpir su “ocupado” día por ella.

El mundo pareció inclinarse.

Un calor de pura humillación le subió por el cuello hasta las mejillas, seguido de un frío glacial que le heló el alma.

Sin decir una palabra, con la vista nublada por las lágrimas que se negaba a derramar allí, dio media vuelta y salió tambaleándose del lobby, sintiendo que cada mirada a su espalda era un latigazo.

En su oficina, Lansky observó en su tableta cómo se alejaba, la figura derrotada fundiéndose con las sombras del anochecer.

La sonrisa no abandonó su rostro.

Ahora, sabía, estaba quebrada.

Y un vaso quebrado era mucho más fácil de volver a pegar…

a su imagen y semejanza.

Stefanny estaba sentada en una mesa en un rincón, pero no veía el café que tenía enfriándose frente a ella.

Sus dedos tamborileaban sobre la mesa con un ritmo nervioso y espasmódico.

Llevaba el mismo suéter desde hacía dos días y su cabello, antes impecable, estaba recogido de cualquier manera.

Sus ojos, rodeados por oscuras sombras, recorrían sin cesar la calle a través del cristal, como esperando, ansiando, ver la figura familiar del Bentley negro o la silueta alta y segura de Lansky.

Stefanny: (Murmurando para sí, una y otra vez, como un mantra enloquecedor) Tiene que estar aquí…

en algún lado.

La empresa…

el restaurante…

el parque…

Cada intento por encontrarlo había sido un callejón sin salida.

En Imperial Group, el nuevo recepcionista (¿o era el mismo?

Ya no podía distinguir) le repetía la misma frase vacía: “El Sr.

Lansky no está disponible”.

Sus llamadas iban directo al buzón de voz.

Sus mensajes se perdían en un abismo de silencio.

La ansiedad era una serpiente que se enroscaba en su estómago, apretando, apretando.

No era solo tristeza; era una necesidad física, una adicción en abstinencia.

Lansky se había convertido en su droga, y él, el proveedor, había cortado el suministro de golpe.

Stefanny: (Se llevó las manos a la cabeza, apretándose los temples) ¿Qué hice mal?

¿Fue por presionarlo?

¿Por preguntar?

(Su respiración se volvió entrecortada).

Dios, necesito verlo.

Solo un minuto.

Solo…

saber que aún existe.

Tomó su teléfono por enésima vez y abrió su chat con Lansky.

El último mensaje era de ella, enviado hacía tres días: “Por favor, Lansky.

Hablemos.” Debajo, solo el check azul de leído.

Nada más.

La vista de ese check azul solitario desencadenó una oleada de pánico.

Le estaba leyendo.

Sabía de su agonía y elegía no responder.

La estaba observando hundirse desde lejos, con la misma frialdad con la que observaba las cámaras de seguridad.

Un sollozo seco y desgarrador escapó de su garganta.

La gente en el café empezó a mirarla.

Ella ni se inmutó.

El mundo exterior se había desdibujado.

Solo existía el vacío abrasador que Lansky había dejado y la loca, desesperada necesidad de llenarlo.

Se levantó tan bruscamente que la silla chirrió contra el piso.

Tiró unos billetes sobre la mesa sin contar y salió a la calle, caminando sin rumbo, sus ojos escaneando cada rostro, cada coche, cada sombra, en una búsqueda inútil y compulsiva.

La chica elegante y segura de sí misma había desaparecido.

En su lugar, solo quedaba un fantasma ansioso, atrapado en el bucle de su propia obsesión, buscando a un hombre que había decidido convertirse en la misma niebla de París: omnipresente e imposible de atrapar.

Stefanny estaba sentada en una banca fría, hundida en su propia miseria, cuando las voces alegres y despreocupadas de un grupo de chicas en la banca de al lado irrumpieron en su conciencia.

Al principio, fueron solo ruido de fondo, otro recordatorio de una normalidad que ya no sentía suya.

Pero entonces, una frase captó su atención, aguda como un cuchillo.

Chica 1: (Con voz quejumbrosa) …y ya lleva dos semanas sin hablarme.

No sé qué hacer para que me perdone.

Chica 2: (Con tono juguetón y un poco escandalizado) Vamos, no me digas que…

¿le diste tu virginidad para que volviera?

¡Eso nunca funciona!

Stefanny se sobresaltó, como si la hubieran salpicado con agua fría.

Su propio cuerpo, tenso y descuidado, se puso rígido.

Esa pregunta, tan cruda y directa, resonó en el vacío que Lansky había dejado.

Chica 1: (Ríe, un sonido claro que corta el aire gris) ¡Claro que no, estúpida!

Stefanny, casi sin darse cuenta, giró la cabeza ligeramente.

Vio a la chica abrirse la chaqueta y levantar la parte inferior de su blusa, justo por encajo del pecho.

Chica 1: (Con una sonrisa de orgullo y locura juvenil) Me hice esto.

Stefanny no pudo ver el detalle, pero la chica señaló un punto cerca de su corazón.

Chica 1: Me tatué su nombre.

Aquí.

En mi corazón.

(Su voz se llenó de convicción).

Así, cuando me vio, supo que lo amo de verdad.

Que es para siempre.

Y me perdonó.

La declaración, tan radical y visceral, cayó sobre Stefanny como una revelación distorsionada.

No era solo un gesto; era una prueba.

Una prueba de fuego, de dolor, de posesión eterna.

Chica 2: (Sacudiendo la cabeza, pero riendo) Estás completamente loca, ¿lo sabes?

Bueno, ¡vamos!

Tengo hambre, vámonos a un restaurante.

Las chicas se levantaron, riendo y empujándose, y se alejaron por el sendero, su alegría contrastando brutalmente con la quietud mortal que había invadido a Stefanny.

Ella se quedó sentada, paralizada.

El parque, los árboles, el cielo…

todo desapareció.

Solo existía esa idea, absurda y peligrosa, que ahora ardía en su mente con la intensidad de un faro en su noche personal.

“Me tatué su nombre.

En mi corazón.

Así supo que lo amo de verdad.” Sus propios intentos—los regalos lujosos, las esperas humillantes, los mensajes suplicantes—le parecieron de repente

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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