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DULCE VENENO - Capítulo 129

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  4. Capítulo 129 - 129 Verdad
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129: Verdad 129: Verdad Pero son demasiados, y esta vez vienen preparados.

Uno de ellos blande una porra extensible y logra golpearla en el hombro, haciendo que suelte el cuchillo.

Otro aprovecha para sujetarla por detrás.) MARILÚ: (Jadeando, forcejeando) ¡Suéltenme!

(La lucha se prolonga.

Marilú da todo de sí, derribando a otro más con una patada giratoria, pero la fatiga y la desventaja numérica pasan factura.

Después de lo que parecen interminables minutos de forcejeo, uno de los hombres logra inmovilizarla los brazos a la fuerza mientras otro le coloca unas esposas de acero en las muñecas.

Ella se resiste con furia, pero es inútil.) LÍDER DE LOS HOMBRES: (Voz áspera, mientras sujeta su brazo con fuerza) Bastante problema para una sola mujer.

¡Ya se acabó el juego!

(La empujan brutalmente hacia la parte trasera de una furgoneta que se ha acercado sigilosamente.

La puerta se cierra, sumiéndola en una oscuridad casi total.

El viaje es corto pero desorientador.

Cuando la puerta se abre de nuevo, está frente a un almacén antiguo y abandonado, con olor a sal, óxido y podredumbre.

Los hombres la sacan a rastras y la arrastran hacia el interior del edificio, donde las sombras ocultan lo que sea que Lansky tenga preparado para ella.) (La pesada puerta del almacén cruje al abrirse.

LANKSY, con un traje impecable de color oscuro y una corbata que parece absorber la poca luz, avanza con pasos medidos.

Sus zapatos resuenan sobre el suelo de cemento, rompiendo el silencio lúgubre.

Se detiene frente a Marilú, quien cuelga de las cadenas, su cuerpo un arco de tensión y dolor.

Su rostro, sin embargo, muestra una sonrisa burlona y desafiante).

LANKSY: (Voz suave, cargada de una ironía gélida) Vaya,vaya…

La tan buscada Marilú.

¿Dónde te habías metido?

Creyendo que un cambio de continente te haría invisible.

(Marilú levanta la cabeza con esfuerzo.

Un hilo de sangre seca marca su sien, pero sus ojos brillan con una lucidez cortante.

Su sonrisa se ensancha, un gesto de puro desafío).

MARILÚ: (Una risa ronca, que eco en el almacén vacío) Jajaja…Solo fui de viaje.

Un asunto pendiente.

Pero dime, Lansky…

¿por qué tanta pompa para recibirme?

¿No deberías estar…

digamos, disfrutando de la compañía de Stefanny?

¿O acaso…

ocurrió algo entre ustedes?

(La mención del nombre “Stefanny” actúa como un interruptor.

La máscara de seriedad imperturbable de Lansky se quiebra por una fracción de segundo.

Un tic nervioso recorre su párpado.

Su puño se aprieta, casi imperceptiblemente, dentro del bolsillo de su traje.

El silencio que sigue es más elocuente que cualquier confesión).

(El ambiente en el almacén se vuelve eléctrico.

La sonrisa de Lansky se transforma en una mueca de arrogancia fría.

Da un paso más cerca, hasta que solo unos centímetros separan su impecable traje del cuerpo suspendido de Marilú).

LANSKY: (Voz baja, cargada de desprecio) Me pides que sea sincero sobre mi vida,Marilú.

Que te revele mis secretos.

Qué…

irónico.

Porque tú guardas los tuyos igual que yo.

Jugamos el mismo juego, solo que en bandos opuestos.

MARILÚ: (Mantiene la mirada fija, aunque un destello de alarma cruza sus ojos) No sé de qué estás hablando.Yo no oculto nada.

(Lansky emite una risa breve y seca.

Sin apartar la vista de ella, hace un gesto a uno de sus hombres, quien le acerca una tablet delgada.

Lansky la enciende y desliza unas fotografías en la pantalla, acercándosela a la cara a Marilú).

LANSKY: ¿No?

Entonces explícame esto.

¿Una simple ejecutiva de una empresa de biotecnología necesita aterrizar en jets privados en pistas restringidas?

¿Y entra y sale de una instalación que, para cualquier ojo entrenado, grita “Agencia Central de Inteligencia” a gritos?

(Las fotografías son claras y contundentes: Marilu bajando del jet, Marilu siendo recibida por el hombre de rostro impasible en la base, la puerta pesada cerrándose detrás de ella).

LANSKY: (Su voz gana intensidad, un susurro triunfal y venenoso) Sabes…me tomó completamente por sorpresa.

Pensé que eras una rival corporativa más, quizá una agente de otra agencia…

pero no.

Eres de la CIA.

El halcón favorito que enviaron a cazarme.

Y mírate ahora…

colgando de unas cadenas, desenmascarada por el mismo hombre al que querías destruir.

La arrogancia no era solo mía, Marilú.

También creíste que eras más lista que todos.

(La risa de Lansky se corta de golpe.

Su rostro se oscurece, la máscara de elegancia cae para revelar el núcleo de amenaza que hay debajo.

Se acerca tanto a Marilú que su aliento golpea su rostro).

LANSKY: (Voz convertida en un susurro áspero y cargado de odio) Basta.Deja de hurgar en mi pasado.

Deja de meter tus sucias narices donde no te llaman.

¿Crees que esto es un juego?

Es tu vida.

Retírate.

Vive tu miserable vida y olvida que existo.

Es tu única advertencia.

(Marilú, a pesar del dolor y la posición vulnerable, levanta la mirada con ferocidad).

MARILÚ: (Escupe las palabras con desdén) No…no voy a dejarte escapar.

Te atraparé.

Aunque sea lo último que haga.

(Una sonrisa amplia y siniestra se dibuja en el rostro de Lansky.

Se endereza, ajustándose los puños de la camisa con un gesto de suprema arrogancia).

LANSKY: ¿Ah, sí?

¿Confías en ese “éxito” que le diste a tu querido Señor?

¿El USB?

(Marilú guarda silencio, pero sus ojos se abren ligeramente, una grieta en su armadura.

Lansky lo ve y saborea el momento).

LANSKY: Era un regalo.

Un virus muy especial.

En el momento en que lo insertó, me dio una puerta trasera a todos sus sistemas.

A sus archivos, sus redes, sus preciados secretos.

Mientras tú estabas aquí jugando a la espía, yo ya estaba dentro del corazón de la bestia.

(La sorpresa y el horror se pintan nítidamente en el rostro de Marilú.

Ella lucha contra las cadenas, un gruñido de rabia impotente escapando de sus labios).

LANSKY: (Da la vuelta y comienza a alejarse, su voz flotando en la penumbra) Disfruta de tu victoria,agente.

Se está desvaneciendo tan rápido como tú.

(La pesada puerta del almacén se cierra con un golpe sordo, dejando a Marilú sola en la oscuridad, con el eco de la traición y el peso de un fracaso catastrófico resonando en su mente).

El rugido del motor de Lansky se desvaneció en el silencio opulento de la noche, una señal para la mansión de cristal y sombras de que su dueño había llegado.

La puerta principal cedió con un susurro, y Lansky, con la impaciencia grabada en cada línea de su mandíbula cincelada, no perdió un segundo en buscar a Stefanny.

Sus pasos resonaron con una mezcla de urgencia y anticipación por los pasillos alfombrados, el aire cargado con el perfume dulce de las flores nocturnas del jardín.

La luz tenue que se filtraba bajo la puerta de la habitación de Stefanny lo guio.

Sin vacilación, abrió, y el mundo pareció detenerse.

Stefanny emergía del baño, envuelta solo en una bata de seda que apenas contenía las curvas prometedoras de su cuerpo.

El vapor aún se aferraba a su piel como un sudor perlado, sus cabellos castaños, ahora más oscuros por la humedad, caían en cascada sobre sus hombros.

Sus ojos, grandes y curiosos, se abrieron de par en par al verlo.

Lansky no esperó.

La distancia entre ellos se evaporó en un suspiro.

Sus brazos se cerraron alrededor de ella con una fuerza posesiva, atrayéndola contra su pecho duro.

El beso fue un torbellino, una descarga eléctrica que encendió la piel de Stefanny.

Sus labios buscaron los de ella con una avidez salvaje, devorando su aliento, susurrando promesas sin palabras mientras sus manos expertas desataban el nudo de su bata.

La seda se deslizó al suelo como una segunda piel, revelando la perfección desnuda que Lansky había anhelado.

Con un gruñido bajo, la levantó en sus brazos, sus propios pantalones y camisa cayendo en un desorden olvidado a sus pies.

La llevó a la cama, un santuario de sábanas de seda y almohadas mullidas, y la depositó

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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