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DULCE VENENO - Capítulo 131

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  4. Capítulo 131 - 131 Mañana
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131: Mañana 131: Mañana Su respiración era regular, pero él sabía que detrás de esa calma se escondían las secuelas del dolor y la ansiedad que él mismo había cultivado.

Una sonrisa fría, apenas un esbozo en sus labios, apareció en su rostro.

El video del tatuaje seguía ardiendo en su mente, un trofeo digital de sumisión absoluta.

Pero para un hombre como él, la posesión nunca era completa.

Siempre había otro nivel de control que alcanzar.

Se puso la bata de seda negra sin hacer ruido y tomó su teléfono.

Marcó un número.

El teléfono sonó varias veces antes de que una voz somnolienta y confusa respondiera al otro lado.

Secretario: (Voz ronca, adormilada) Jefe…

es…

es muy tarde.

¿Qué desea de mí?

La voz de Lansky no tenía rastro de sueño.

Era clara, fría y cargada de una calma aterradora.

Lansky: El sueño es para las ovejas.

Escúchame con atención.

Mañana, antes del amanecer, antes de que Stefanny se despierte, quiero a un hombre aquí.

Alguien discreto, un especialista.

Secretario: (Se le notaba el esfuerzo por despejarse) ¿Un especialista, jefe?

¿Para…?

Lansky: (Lo interrumpió, su tono se volvió un filo de hielo) Para colocar dispositivos de rastreo GPS.

En su ropa.

En sus bolsos.

En sus zapatos.

En cualquier objeto personal que use con frecuencia.

(Hizo una pausa, dejando que la orden se asimilara).

Quiero poder abrir mi teléfono y saber exactamente dónde está en todo momento.

Cada cafetería, cada tienda, cada parque.

Cada latido de su vida fuera de esta habitación.

La petición era una violación grotesca, un salto a un territorio de vigilancia psicópata.

Pero el secretario, entrenado para no cuestionar, solo asintió al otro lado de la línea.

Secretario: Entendido, jefe.

Se hará.

¿Algún…

lugar en específico para los dispositivos?

Lansky: (Su mirada recorrió la figura dormida de Stefanny) Sé creativo.

Que sea imposible de detectar.

(Su voz bajó a un susurro sádico y posesivo).

Ahora que me pertenece en la piel, quiero poseer cada uno de sus pasos.

No quiero perderla de vista…

nunca más.

Colgó sin esperar respuesta.

Se acercó a la cama y, con el dorso de los dedos, acarició la lámina sobre el tatuaje.

Stefanny se agitó levemente en sueños.

Lansky: (Para sí mismo, en un murmullo apenas audible) Duerme, mi amor.

Mientras yo me aseguro de que tu mundo se vuelva tan pequeño…

que el único lugar al que puedas escapar, sea directamente a mis brazos.

La sonrisa en sus labios era la de un carcelero satisfecho, planeando los barrotes invisibles de una jaula perfecta.

La mansión estaba sumida en un silencio profundo, solo roto por el tenue crujir de la madera bajo los pies sigilosos del secretario y el técnico—un hombre de aspecto anodino con una maleta llena de equipo de vigilancia de alta gama.

Lansky los esperaba en el vestidor de Stefanny, de pie como un fantasma en la penumbra, observando los vestidos y accesorios que ahora consideraba extensiones de su propiedad.

Lansky: (Sin volverse, su voz un susurro cortante en la quietud) Rápido.

Y silencioso.

Ella no debe sospechar nada.

El técnico, un profesional bien pagado para no hacer preguntas, asintió y se puso a trabajar con eficiencia mecánica.

Mientras, Lansky se acercó a la mesita de noche donde descansaba el teléfono de Stefanny.

Lansky: (Tomando el dispositivo) Esto es lo primero.

Quiero acceso total a su ubicación en tiempo real.

Vinculado a mi dispositivo.

El técnico terminó de colocar un minúsculo rastreador en la hebilla de un cinturón y se acercó.

Técnico: (Extendiendo la mano por el teléfono) Puedo instalar una aplicación oculta.

No aparecerá en su lista de apps.

Consumirá mínima batería.

Usted podrá ver cada movimiento desde su propio celular.

Lansky: (Entregándole el teléneo, una chispa de satisfacción en sus ojos) Exactamente lo que quiero.

(Mira al secretario).

Asegúrate de que sus joyas, especialmente ese collar de osito, tengan los dispositivos más pequeños.

Quiero saber si se lo quita, aunque sea para bañarse.

Mientras el técnico trabajaba en el teléfono, Lansky recorrió la habitación con la mirada de un arquitecto del control.

Lansky: (Señalando puntos estratégicos en el techo y las paredes) Cámaras.

Deben ser indetectables.

Audio también.

Quiero oírla cuando esté sola.

Quiero saber lo que susurra cuando cree que nadie la escucha.

Técnico: (Asintiendo, ya abriendo un compartimento secreto en el marco de un cuadro) Tendrá cobertura total.

Ángulo de 360 grados en las áreas principales.

El audio será claro.

Lansky: (Paseando los dedos por la seda de un camisón de Stefanny, su voz se volvió un susurro cargado de posesión obscena) Perfecto.

Ahora, cada respiro, cada paso, cada pensamiento de soledad…

serán míos.

(Giró hacia los dos hombres, su expresión era gélida y absoluta).

Cuando despierte, su jaula estará lista.

Y ni siquiera lo sabrá.

El técnico terminó y devolvió el teléfono a su lugar exacto.

El secretario hizo una última verificación.

La habitación parecía idéntica, pero ahora estaba impregnada de la presencia invisible de Lansky.

Él sonrió, una expresión fría y triunfante.

El juego había alcanzado una nueva y siniestra dimensión.

Stefanny era ahora un pájaro cuyas alas, sin saberlo, habían sido cargadas con rastreadores, y su mundo privado se había convertido en el espectáculo personal de un hombre que creía que el amor y el control total eran la misma cosa.

La luz de la mañana se filtraba suavemente por las ventanas, iluminando el dormitorio.

Stefanny estaba acurrucada entre las sábanas de seda, pero estaba completamente despierta.

Una sonrisa tonta, radiante y privada, jugaba en sus labios.

Sus dedos recorrían suavemente la lámina protectora sobre el tatuaje en su pecho, un recordatorio punzante pero ahora mezclado con una ola de felicidad embriagadora.

Stefanny: (Susurrando para sí, con asombro) Wow…

Cerró los ojos, sumergiéndose en los recuerdos de la noche anterior.

No había sido solo sexo.

Había sido una ceremonia.

Una consumación de toda la tensión, el dolor, la obsesión y la locura que habían compartido.

Stefanny: (Sonrojándose, enterrando su rostro en la almohada) Dios mío…

la manera en que me miraba…

como si fuera lo único en el mundo.

Su mano se deslizó de su pecho a sus labios, tocándolos suavemente, reviviendo la sensación de sus besos.

No habían sido suaves; habían sido posesivos, devoradores, como si estuviera reclamando cada centímetro de su ser.

Y ella lo había permitido, lo había deseado con una intensidad que la había sorprendido.

Stefanny: (Abriendo los ojos, mirando el techo, una sonrisa aún más amplia) Nunca…

nunca pensé que podría sentirse así.

(Se estremeció, recordando).

Duele un poco…

pero duele de la manera más increíble.

Recordó la forma en que sus manos, tan fuertes y seguras, habían explorado su cuerpo, no con prisa, sino con una lenta y deliberada intención de memorizarla.

Cómo le había susurrado cosas en la oscuridad—palabras crudas, posesivas, que en boca de cualquier otro hombre la habrían asustado, pero que en la de él la habían hecho sentir…

adorada.

Potente.

Suya.

Stefanny: (Se sentó en la cama, abrazando sus rodillas, la felicidad burbujeando dentro de ella como champán) Es mío.

Realmente es mío.

Y yo soy suya.

Miró el anillo de loto en su dedo y luego tocó el tatuaje en su pecho.

El dolor del tatuaje, el éxtasis de la noche…

todo se fusionaba en una sola verdad abrumadora: había cruzado un umbral.

Había entregado su cuerpo y su piel a Lansky, y él había aceptado la ofrenda con una pasión que había superado todas sus fantasías.

Se levantó y caminó hacia el espejo, mirando su reflejo.

Sus ojos brillaban, su piel estaba sonrojada.

Se veía…

diferente.

Ya no era una niña.

Era una mujer.

La mujer de Lansky.

Stefanny: (Sonriendo a su reflejo, con lágrimas de pura emoción en los ojos) Lo logramos.

A pesar de todo…

lo logramos.

En su felicidad, ignoraba por completo los minúsculos ojos electrónicos que ahora la observaban desde las sombras de su propia habitación, registrando cada sonrisa, cada suspiro, cada momento de su íntima alegría para el hombre que había orquestado esta

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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