DULCE VENENO - Capítulo 132
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132: Playa de Biarritz 132: Playa de Biarritz esta realidad.
Para ella, era el comienzo de un hermoso y loco amor.
Para Lansky, era la culminación exitosa de una campaña de posesión total.
La luz de la tarde bañaba el lujoso salón donde Marilu y Stefanny se encontraban.
Marilu, con su impecable estilo en blanco y negro y su abrigo de pata de gallo, irradiaba una elegancia clásica y segura.
Stefanny, en cambio, era una visión de drama romántico y oscuro con su blazer asimétrico y su falda de tul bordado, una elección que reflejaba la intensidad de su nuevo mundo.
Marilu: (Girando sobre sus tacones para mostrar su atuendo con una sonrisa juguetona) Bien, ¿y tú?
Lista para arrasar.
Pero este salón es muy aburrido.
(Se acerca a la ventana, mirando el cielo).
Tengo una idea mejor.
Vámonos a la playa.
A Biarritz.
El Cantábrico, el surf, un poco de sol…
¿Qué dices?
Stefanny, que acariciaba distraídamente el borde de su blazer, se quedó quieta.
Biarritz.
Playas abiertas, gente, sol…
La idea, que antes le habría encantado, ahora le producía una inexplicable sensación de opresión.
Su mundo se había reducido drásticamente a la órbita de Lansky.
Stefanny: (Con una sonrisa tensa, evitando la mirada directa de Marilu) Oh, Marilu…
suena increíble, de verdad.
Pero…
no sé.
Es un viaje tan largo.
Y con tan poca planificación…
Marilu: (La mira, detectando la evasión inmediatamente.
Su tono se suaviza, volviéndose más inquisitivo) ¿Planificación?
Stef, desde cuando necesitamos planificar un viaje espontáneo a la playa?
(Se acerca, observándola con más atención).
¿Pasa algo?
Te noto…
diferente.
Stefanny: (Se lleva la mano inconscientemente al pecho, donde bajo la tela descansaba el tatuaje.
Su sonrisa se vuelve más brillante, pero también más forzada).
¡No!
Para nada.
Al contrario.
Las cosas con Lansky…
(Se sonroja, incapaz de contener un destello de genuina felicidad al mencionarlo) son…
maravillosas.
Marilu: (Cruza los brazos, sin apartar los ojos de ella.
No está convencida) Maravillosas.
Ya.
¿Y eso incluye aislarte de tus amigos y cancelar todos los planes que no giren alrededor de él?
Stefanny: (La sonrisa se le congela en los labios.
Se siente acorralada).
No me estoy aislando.
Es solo que…
ahora tenemos nuestra propia dinámica.
Es…
intensa.
Y él prefiere que…
que estemos cerca.
Las palabras son suyas, pero el eco es de Lansky.
“Prefiere que estemos cerca”.
Era la versión suavizada de “quiero saber dónde estás en todo momento”.
Marilu: (Suelta un suspiro, una mezcla de preocupación y frustración) Stefanny, mira tu outfit.
Pareces una reina gótica de una ópera romántica.
Es precioso, pero no es tú.
O…
no eras tú.
(Su voz se vuelve más firme).
El Stefanny que conocía habría agarrado su bolso y habría dicho “¿Qué esperamos?” ante la idea de Biarritz.
¿Dónde está esa chica?
Stefanny mira hacia abajo, a su falda de tul.
Marilu tenía razón.
Era un disfraz de la persona en la que se estaba convirtiendo: alguien que vivía para la oscura admiración de un hombre, incluso si eso significaba renunciar a los simples placeres de una tarde de playa con su mejor amiga.
El viaje a Biarritz no era solo un viaje a la playa; era un viaje de regreso a sí misma.
Y en ese momento, asustada y enamorada, no estaba segura de querer emprenderlo.
La tensión se palpaba en el aire.
Marilu no cedía.
Podía ver la lucha interna en los ojos de Stefanny, la chispa de la chica aventurera que solía ser, ahogada por la nueva y oscura devoción.
Marilu: (Acercándose y tomando las manos de Stefanny, su voz se vuelve suave pero persuasiva) Stef, escúchame.
No te estoy pidiendo que lo dejes.
Solo una tarde.
(Sujeta sus manos con firmeza).
¿Recuerdas la última vez que surfamos en Biarritz?
Cómo te reíste cuando esa ola te volteó y tragaste medio mar Cantábrico.
Un destello de nostalgia genuina cruza el rostro de Stefanny.
Una sonrisa tímida asoma.
Stefanny: (Ríe, un sonido breve pero real) Me dolió la nariz por una semana…
Marilu: (Aprovecha el momento, su tono se llena de energía) ¡Exacto!
Y después nos comimos ese helado gigante mientras nos secábamos al sol.
(Su mirada se vuelve intensa y sincera).
Necesito a mi amiga, Stef.
No a la novia perfecta y etérea de Lansky.
Te necesito a ti.
Solo por unas horas.
Para reírnos, para surfear aunque seamos un desastre, para sentir el sol en la piel y no…
no estas cuatro paredes.
Las palabras de Marilu golpean un lugar profundo en Stefanny.
La idea de la libertad, del sol, de la sal en su piel…
suena como un recuerdo de otra vida.
Una vida que extraña.
Stefanny: (Mira su falda de tul, luego a Marilu.
La lucha es visible en su rostro).
Pero…
Lansky…
Marilu: (Niega con la cabeza, cortante pero no cruel) Lansky es un hombre grande.
Puede sobrevivir unas horas sin su obra de arte.
(Inclina la cabeza, desafiante).
¿O es que le tienes que pedir permiso?
La pregunta actúa como un desafío directo al orgullo que Stefanny aún conserva.
Sus ojos se endurecen un poco.
Stefanny: (Enderezándose, soltando las manos de Marilu) No le tengo que pedir permiso a nadie.
Marilu: (Sonríe, sabiendo que ha ganado) ¡Perfecto!
Entonces, ¿qué esperamos?
Ve y cámbiate de esa falda de museo por un bikini y una short.
El Cantábrico nos espera.
Y te prometo que te hará sentir más viva que…
bueno, que cualquier cosa.
Stefanny la mira por un momento más, la tentación y el anhelo ganando la batalla final a la sombra de Lansky.
Una sonrisa amplia y verdadera, la primera en semanas que no está teñida de obsesión, ilumina su rostro.
Stefanny: (Resopla, fingiendo fastidio) Está bien, está bien.
Pero si me ahogo, te culpo a ti.
Marilu: (Ríe, aliviada y victoriosa) ¡Trato hecho!
¡Ahora ve!
¡El surf no espera a nadie!
Stefanny sale corriendo escaleras arriba para cambiarse, su corazón latiendo con una emoción que no sentía desde hacía tiempo.
Por unas horas, sería solo suya.
Sin rastreadores, sin miradas vigilantes.
Solo el mar, el sol y su mejor amiga.
El sol brillaba sobre el mar Cantábrico, pintando las olas de plata.
El sonido del mar y las risas de otros bañistas llenaban el aire.
La puerta del vestuario se abrió y Marilu y Stefanny emergieron, transformadas.
Stefanny caminaba con una timidez renovada, sintiendo el aire salado en su piel expuesta.
Su bikini negro, elegante y atrevido, contrastaba marcadamente con su pálida tez, un recordatorio de sus semanas de reclusión.
Sus dedos se elevaron inconscientemente hacia el tatuaje en su pecho, ahora oculto solo por la fina tela del top halter.
Por un momento, se sintió vulnerable, expuesta.
Marilu, a su lado, era la encarnación de la elegancia playera relajada.
Su bikini blanco de textura de panal y el ligero cárdigan a juego fluían con la brisa.
Se ajustó el pareo con la flor de plumeria y lanzó una sonrisa amplia y alentadora a su amiga.
Marilu: (Extendiendo los brazos hacia el océano) ¡Ves?
¡Aire libre!
No muerde.
(Su mirada se posa en la postura ligeramente tensa de Stefanny).
Bueno, el agua quizás un poco, está fría, pero ¡vale la pena!
Stefanny: (Se frota los brazos, pero una pequeña sonrisa se asoma a sus labios) Es…
diferente.
Me había olvidado de lo que se siente.
Marilu: (Se acerca y le da un suave codazo) Y esto es solo el comienzo.
La primera regla de Biarritz: hay que mojarse los pies antes de surfear.
¡Vamos!
Marilu, llena de energía, comenzó a correr hacia la orilla, su cárdigan blanco ondeando detrás de ella como las alas de una gaviota.
Stefanny la observó por un momento, la imagen de su amiga corriendo libre hacia el mar chocando con la opresiva sombra de Lansky que aún sentía sobre sus hombros.
Pero entonces, una ráfaga de viento salado le golpeó el rostro, y el sonido de las olas rompiendo pareció lavar un poco de esa niebla.
Con una determinación repentina, Stefanny se sacudió la tensión de los hombros y
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