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DULCE VENENO - Capítulo 136

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  4. Capítulo 136 - 136 Sueño
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136: Sueño 136: Sueño Yo sí.

(Su mano se cerró con más fuerza alrededor de su cintura, casi dolorosamente).

Y cada mirada que se posa en ti, en mi propiedad, es un robo.

Esa piel…

(su otro pulgar acarició la piel desnuda de su espalda baja, justo por encima de la braguita) …esa sonrisa que le diste al mar…

todo debería ser solo mío.

Stefanny: (Una sensación fría, que no tenía que ver con el agua del mar, le recorrió la espalda.

Intentó echarse atrás, pero sus brazos eran una jaula).

No soy una propiedad, Lansky.

Estaba surfeando, divirtiéndome…

Lansky: (La interrumpió, su voz perdiendo por un segundo su falsa calma, mostrando el filo de la locura beneath) ¡La diversión la decides yo!

(Inhaló profundamente, recuperando el control, y su sonrisa sádica regresó, aún más perturbadora).

Pero no te preocupes.

No estarás usando esto por mucho más tiempo.

Su mirada fue tan intensa y llena de intención que Stefanny sintió un escalofrío.

No era una amenaza vacía.

Era una promesa.

La felicidad salvaje y libre que había sentido minutos antes surfeando se desvaneció, reemplazada por la opresiva y familiar sombra de su posesión.

Él no había venido a unirse a su diversión.

Había venido a reclamarla, a envolverla de nuevo en la oscuridad, y el bikini negro se había convertido, a sus ojos lunáticos, en un símbolo de su efímera y ahora castigada independencia.

La tensión entre Lansky y Marilu era palpable, un campo de fuerza silencioso que envolvía el abrazo posesivo que aún mantenía con Stefanny.

Finalmente, Lansky giró ligeramente la cabeza, sus ojos, ahora vacíos de la furia asesina pero aún gélidos, se posaron en Marilu.

Lansky: (Su voz era clara, cortante y desprovista de toda emoción, como un decreto) Marilu.

Ya puedes irte.

(No era una sugerencia).

Asegúrate de llegar a salvo a tu casa.

Era un despido.

Una orden de desalojo de su propia tarde, de su amistad.

Marilu lo miró, y luego miró a Stefanny, cuya expresión era una mezcla de confusión, culpa y esa adicción residual hacia el hombre que la sostenía.

Supo que luchar en ese momento sería inútil y potencialmente peligroso.

Marilu: (Con una frialdad que igualaba a la de él, dirigiendo sus palabras a Stefanny, ignorándolo a él) Está bien, Stef.

Hablamos luego.

(Su mirada decía “Llámame cuando estés a salvo”, pero no lo pronunció en voz alta).

Sin otra palabra, Marilu recogió su tabla y su bolso, dio media vuelta y comenzó a caminar por la playa, alejándose de la figura opresiva de Lansky y de la amiga que, una vez más, había sido absorbida por su órbita.

En el instante en que Marilu se fue, Lansky volvió toda su atención a Stefanny.

Su agarre se suavizó, transformándose en algo que pretendía ser protector, pero que seguía siendo inescapable.

Lansky: (Susurrando cerca de su oído, su tono ahora era más suave, pero no menos controlador) Se está haciendo tarde, preciosa.

Y estás temblando.

(Era cierto, ella temblaba, pero no solo por el frío).

Vamos, te llevaré a casa.

La palabra “casa” sonó como un eufemismo siniestro.

No se refería a la mansión de su padre.

Se refería a su espacio, a su dominio, donde las reglas eran suyas y la libertad de la playa era solo un recuerdo lejano.

Al decir “es muy tarde”, no hablaba de la hora.

Hablaba del fin de su pequeño experimento de independencia.

La noche, su elemento, había llegado para reclamarla.

Stefanny estaba en su habitación después de un largo día en la playa.

El sol se escondía en el horizonte y el cielo se teñía de colores cálidos.

La arena aún parecía estar pegada en su piel, y el sonido de las olas aún resonaba en su mente.

Se recostó en su cama, sintiendo la suavidad de las sábanas.

Pronto, sus ojos se cerraron y se dejó llevar por el sueño.

En su sueño, apareció Lansky, su novio.

Era un joven de sonrisa encantadora y mirada profunda.

Estaba en una playa paradisíaca, riendo y jugando en las olas.

Sin embargo, el ambiente cambió de repente.

Desde la distancia, Stefanny vio a Lansky correr hacia ella, pero algo la inquietaba.

Mientras se acercaba, sus ojos se posaron sobre otra mujer, una mujer hermosa con un vestido blanco ondeando con el viento.

Stefanny sintió un nudo en su estómago mientras Lansky abrazaba a la mujer y le sonreía.

La mujer se dio la vuelta lentamente, y el corazón de Stefanny se paralizó al reconocerla.

Era Milagros, la esposa de su papá y también su amiga.

Ella siempre había sido una figura cariñosa en su vida, pero la imagen que ahora veía la llenaba de confusión.

Lansky separó su rostro del de Milagros y comenzó a besarla con pasión.

Las emociones inundaron a Stefanny.

No podía creer lo que veían sus ojos.

La sensación de sudor cubriendo su frente era cada vez más intensa, y comenzó a moverse inquieta en su sueño.

Las olas del mar ahora parecían convertirse en gritos de angustia.

En ese momento, Stefanny sintió que caía.

El suelo desapareció bajo sus pies y se encontró en una especie de laberinto oscuro.

Las paredes estaban cubiertas de espejos que reflejaban su desasosiego.

Vio diferentes versiones de ella misma, unas sonrientes, otras tristes, pero todas tenían el mismo miedo en sus ojos.

Intentó gritar, pero no salía sonido.

Solo podía escuchar el eco de las risas de Lansky y Milagros.

Desesperada, Stefanny corrió por los pasillos del laberinto, buscando una salida.

Cada espejo que tocaba se rompía, creando un ruido ensordecedor y fragmentos voladores a su alrededor.

En su mente, la imagen de Lansky y Milagros continuaba repitiéndose, como una película que no podía detener.

En un espejo, vio una versión de sí misma sonriendo, pero cuando se acercó, se dio cuenta de que había lágrimas en sus ojos.

La angustia de Stefanny aumentaba con cada segundo.

De repente, se detuvo frente a un espejo que parecía más claro que los demás.

En él, vio a Lansky una vez más, pero esta vez sosteniendo una carta en la mano.

La carta tenía su nombre, pero no podía leer lo que decía.

A medida que trataba de acercarse, el caprichoso laberinto comenzó a desmoronarse y a desvanecerse, llevándola de vuelta a la playa.

Stefanny sintió un tirón en su corazón.

Justo antes de despertar, vio a Milagros mirándola con ternura, como si supiera lo que estaba sucediendo en su sueño.

Era un momento lleno de misterio, un instante en el que el amor y la traición danzaban juntos.

De repente, Stefanny se despertó de su sueño, jadeando.

La luz de la habitación era suave y tranquilizadora.

Se dio cuenta de que solo había sido un sueño, pero el sudor en su frente y el latido acelerado de su corazón le decían lo contrario.

Se levantó rápidamente y miró a su alrededor, buscando respuestas en su lujosa habitación, un refugio que había construido con esfuerzo y pasión.

No podía dejar de pensar en lo que había visto.

¿Fue solo un sueño o había algo más profundo detrás de esas imágenes?

Se preguntó si realmente tenía que hablar con Lansky o con Milagros.

La ansiedad comenzó a tomar control, y en su mente, las imágenes de la playa y el laberinto continuaron girando sin parar.

Decidió que necesitaba desenredar este misterio.

Tomó su teléfono y envió un mensaje a Lansky, pidiéndole que se encontrara con ella.

En su mente, sabía que tenía que aclarar lo que había sentido.

Mientras esperaba su respuesta, la incertidumbre la rodeaba como una niebla espesa.

Poco después, su teléfono vibró.

Era Lansky diciendo que podía pasar por su casa esa tarde.

Stefanny sintió una mezcla de nerviosismo y emoción.

¿Qué le diría?

La ansiedad le hizo palpitar el corazón.

Sabía que no podría ocultar lo que había soñado.

Con determinación, se preparó y salió de su habitación.

La idea de enfrentar la realidad de su sueño la llenaba de fuerza.

Era hora de descubrir

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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