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DULCE VENENO - Capítulo 137

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137: Furia 137: Furia Era hora de descubrir la verdad detrás de aquella imagen inquietante.

¿Sería solo un sueño o algo más?

Con esa duda en su corazón, Stefanny se encaminó hacia la puerta, lista para desvelar el misterio que había empezado en su mente y que ahora se sentía muy real.

Las puertas de vidrio automáticas se deslizaron con un susurro, y por un momento, el ajetreo habitual del vestíbulo del Imperial Group se detuvo.

Todos los ojos, desde los recepcionistas hasta los ejecutivos que esperaban el ascensor, se volvieron hacia la entrada.

Stefanny hizo su entrada.

Era una visión de elegancia gélida y poderosa.

El vestido de satén azul marino, largo y ajustado, se movía con ella como una segunda piel, el lazo dramático en un hombro añadiendo un toque de teatro a su silueta.

La estola de piel negra descansaba sobre sus brazos, y los guantes de encaje azul le daban un aire de misterio vintage.

Cada detalle, desde los zapatos de charol hasta el bolso Birkin de piel de cocodrilo y la gargantilla de diamantes, gritaba un linaje y un estilo impecables.

El aroma discreto pero distintivo de Byredo “De Los Santos” la precedía como un aura.

Caminó directamente hacia los ascensores ejecutivos, su tacones haciendo un clic-clic decisivo y claro sobre el mármol pulido.

No miró a derecha ni a izquierda.

Su postura era recta, su mirada fija al frente.

No era la chica ansiosa y desesperada de hace semanas.

Esta era una mujer que reclamaba su espacio en el universo de Lansky, no como una suplicante, sino como una igual.

O, al menos, con la fachada perfecta de una.

Los recepcionistas, reconociéndola de sus visitas anteriores—las de esperas humillantes y rechazos—esta vez no intentaron detenerla.

Algo en su porte, en la frialdad de su elegancia, les dijo que esta visita era diferente.

Que ella era diferente.

Presionó el botón del ascensor privado.

Las puertas se abrieron de inmediato, como si el propio edificio cediera a su presencia.

Al entrar y girarse para enfrentar las puertas que se cerraban, su mirada, serena e impasible, barrió por última vez el vestíbulo antes de quedar encerrada en el ascenso silencioso hacia el piso de Lansky.

No iba a suplicar.

Iba a confrontar.

Y lo haría vistiendo la armadura más formidable que poseía: la de su propia herencia y un estilo impecable que rivalizaba con el de él.

Las puertas del ascensor se abrieron directamente a la suite ejecutiva.

Stefanny entró con la misma elegancia glacial con la que había atravesado el vestíbulo.

Lansky estaba sentado tras su escritorio de ébano, inmerso en la firma de una pila de documentos, la pluma estilográfica moviéndose con rapidez segura.

Al oírla entrar, alzó la vista.

Una sonrisa de bienvenida, calculada y serena, apareció en sus labios.

Pero sus ojos, agudos como los de un halcón, captaron algo en su expresión que no era la adoración sumisa habitual.

Lansky: (Dejando la pluma) Mi amor.

Qué grata sorpresa.

Ese vestido es…

imponente.

Mientras hablaba, con una fluidez que apenas era perceptible, su mano izquierda deslizó un par de documentos de la parte superior de una carpeta abierta y los cubrió rápidamente con otros papeles más genéricos.

Fue un movimiento limpio, practicado, pero la mirada de Stefanny, agudizada por la ansiedad, lo captó.

Stefanny: (Se detuvo frente al escritorio, sin sentarse.

Su voz era tensa, evitando el comentario sobre su vestido) Soñé contigo anoche, Lansky.

Lansky: (Una ceja se alzó levemente, intrigado.

Su sonrisa se tornó un poco más picara) ¿Oh?

Eso suena prometedor.

¿Y qué hacíamos en este sueño?

Stefanny: (Apretó el bolso Birkin con sus guantes.

Tragó saliva).

No éramos “nosotros”.

Eras tú…

y Milagros.

El aire en la oficina pareció espesarse al instante.

La sonrisa de Lansky no se desvaneció, sino que se congeló en su rostro, volviéndose una máscara rígida.

Stefanny: (Su voz tembló ligeramente, la imagen onírica aún nítida en su mente) La tenías en tus brazos.

Y la besabas…

no como me besas a mí.

Era…

diferente.

Más tierno.

Más…

real.

Lansky: (Se levantó lentamente, apoyando las palmas de sus manos sobre el escritorio.

Su tono era frío, cortante).

Los sueños son residuos del subconsciente, Stefanny.

Fantasías sin sentido.

Te dije que lo que haya entre Milagros y yo no es asunto tuyo.

Stefanny: (Su mirada se desvió hacia la pila de documentos donde él había ocultado los otros.

La desconfianza, alimentada por el sueño y su acción furtiva, estalló).

¿Y qué escondes, Lansky?

¿Qué fue lo que acabaste de esconder debajo de esos papeles cuando entré?

Los ojos de Lansky se estrecharon.

Un destello de peligro, rápido como el relámpago, cruzó su mirada.

No estaba acostumbrado a que lo confrontaran así, y menos a que lo pillaran en una mentira.

Lansky: (Su voz se volvió un susurro venenoso) Estás viendo fantasmas donde no los hay, preciosa.

Cuidado con dejar que tus…

inseguridades oníricas…

nublen tu juicio.

Stefanny: (Dio un paso al frente, desafiante, su elegancia ahora una armadura contra su frialdad).

¿Son inseguridades, Lansky?

¿O es mi instinto diciéndome que hay algo que no me cuentas?

Algo sobre ti y la esposa de mi padre.

Se hizo un silencio pesado.

La oficina, con su lujo severo, se convirtió en un campo de batalla silencioso.

El sueño de Stefanny había tocado una verdad que él guardaba bajo llave, y su acción de esconder los documentos—que podían ser cualquier cosa, desde un informe comercial hasta algo relacionado con Milagros—había avivado el fuego de la desconfianza.

Lansky ya no tenía el control total de la narrativa, y eso lo ponía más peligroso que nunca.

La tensión entre Lansky y Stefanny era palpable, un duelo de miradas cargado de acusaciones y secretos.

De repente, sin apartar los ojos de Stefanny, Lansky presionó un botón casi imperceptible bajo el borde de su escritorio.

En cuestión de segundos, la puerta de la oficina se abrió y el secretario apareció, imperturbable como siempre.

Secretario: (Con una leve inclinación de cabeza) Señor.

Señorita Stefanny.

Lansky: (Finalmente rompiendo el contacto visual con Stefanny, gira su cabeza lentamente hacia su secretario.

Su voz es fría y profesional, una orden clara).

Por favor, acompaña a la Señorita Stefanny a la sala de conferencias principal.

La atenderé allí en breve.

La instrucción era un claro destierro.

No la recibiría en el santuario de su oficina privada, el lugar de sus intimidades y sus confesiones a medias.

La sala de conferencias era territorio neutral, frío e impersonal.

Un espacio para negocios, no para pasiones ni sueños inquietantes.

El secretario, comprendiendo perfectamente, se dirigió a Stefanny con una cortesía impasible.

Secretario: Por aquí, por favor, señorita.

Stefanny lanzó una última mirada a Lansky, una mezcla de furia y herida dignidad.

Sabía que era un movimiento para ganar tiempo, para reafirmar su control.

Sin decir una palabra, giró sobre sus tacones, el vestido azul marino moviéndose con un susurro de satén, y siguió al secretario fuera de la oficina, dejando a Lansky solo con sus documentos ocultos y la perturbadora verdad que el sueño de Stefanny había rozado.

Las puertas apenas se cerraron tras la salida de Stefanny y el secretario cuando la máscara de serenidad de Lansky se hizo añicos.

Giró bruscamente, su rostro, un instante antes compuesto, estaba ahora distorsionado por una furia silenciosa y gélida.

El secretario, que había regresado tras dejar a Stefanny en la sala de conferencias, se detuvo a una distancia prudencial, sintiendo el cambio en la atmósfera.

Lansky: (Su voz no era un grito, sino un hiloconstantelado de acero venenoso, cada palabra cargada de peligro) ¿En qué momento exacto, se te ocurrió que no era necesario informarme de su llegada?

El secretario mantuvo la compostura, pero una leve tensión recorrió su espalda.

Secretario: Señor, llegó directamente al ascensor ejecutivo.

Los recepcionistas no tuvieron tiempo de…

Lansky: (Cortó el aire con un gesto brusco de su mano) ¡No me interesan las excusas de los recepcionistas!

¡Te pagamos para que anticipes este tipo de situaciones!

(Avanzó un

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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