DULCE VENENO - Capítulo 144
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144: Misterio 144: Misterio Pero la falta de respuesta sobre el reloj que le había enviado a Lansky creaba una inquietud que los pétalos perfectos no podían calmar.
Stefanny: (Susurrando para sí, mientras su pulgar acariciaba el frío metal del anillo de loto) Nada…
¿No le gustó?
¿O está tan ocupado que ni siquiera lo ha visto?
Era un contraste desgarrador: la mujer poderosa y sensual vestida de cuero y encaje, reducida a la chica ansiosa que revisaba su teléneo en busca de la validación de un hombre.
Los documentos sobre la mesa hablaban de herencias y responsabilidades, pero su mente estaba en otra parte, atrapada en el juego psicológico de Lansky, donde cada gesto de amor venía con una dosis calculada de incertidumbre.
La cruz plateada en su cuello parecía pesar más de lo que debería, un símbolo de una fe puesta en algo, o alguien, profundamente volátil.
El mayordomo anunció con voz grave: “Una señorita Isaura para verla, madame.” Antes de que Stephanny pudiera procesar el nombre o preguntar quién era esa mujer, Isaura cruzó el umbral de la mansión como si la habitación entera le perteneciera.
No era una entrada, era una toma de posesión.
Su silueta, envuelta en un luto elegante y agresivo, se recortó contra la luz del vestíbulo.
El vestido negro, largo y severo, era una declaración de intenciones.
La parte superior, de corte bardot, dejaba sus hombros al descubierto, fríos y pálidos, rodeados por un halo de plumas negras que se agitaban con su movimiento.
Las mangas largas y ajustadas, de un tejido transparente, dejaban adivinar la línea de sus brazos, mientras que la cintura estaba definida por una insinuación de transparencia.
Pero era la falda, una cascada de volantes que caían en una coreografía perfecta, la que le confería ese aire de ola oscura y letal avanzando imparable.
El taconeo de sus zapatos, adornados con brillantes que destellaban como ojos en la penumbra, marcó un ritmo seguro sobre el mármol.
No esperó una invitación.
Su mirada, fría y calculadora, barrió la estancia con desdén antes de clavar sus ojos en una Stephanny paralizada.
Sin una palabra, Isaura se dirigió al sillón más grande y opulento del salón, un trono de terciopelo carmesí que siempre ocupaba Stephanny.
Se dejó caer en él con una languidez estudiada, cruzando los tobillos con elegancia.
El vestido se arremolinó a sus pies como una mancha de tinta.
Solo entonces, apoyó el brazo en el reposabrazos, dejando a la vista el reloj de alta complejidad que coronaba su muñeca, y las pulseras que lo acompañaban, una de ellas con la forma audaz de una pantera.
El bolso de piel de cocodrilo descansó a su lado, un objeto más de esta armadura de lujo y poder.
Desde ese sillón, que ahora era suyo, finalmente alzó la vista hacia Stephanny.
Una sonrisa leve, casi imperceptible, jugueteó en sus labios.
No era una sonrisa de alegría, sino la sonrisa de un depredador que acaba de marcar su territorio.
“Debes preguntarte quién soy,” dijo por fin, su voz un hilo de seda envenenada.
“Y, sobre todo, por qué estoy aquí.” Su mano, adornada con anillos, acarició suavemente el collar con el medallón de pantera que descansaba en su base del cuello.
“Tranquila, Stephanny.
Ahora mismo, todo lo que necesitas saber es que soy el mensaje… y la consecuencia.” La atmósfera en el lujoso salón se volvió densa, cargada de una electricidad silenciosa.
Isaura, instalada en el sillón como si fuera su trono, mantuvo su mirada fija en Stephanny, quien seguía de pie, tratando de no mostrar la incomodidad que la invadía.
Isaura: (Con una voz serena pero cargada de autoridad) No me interesan los preámbulos, Stephanny.
He venido a ver a mi amiga, Milagros.
Dile que baje.
Stephanny, recuperando un ápice de su orgullo, cruzó los brazos.
El tono de Isaura no admitía réplicas, pero ella no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente en su propio hogar.
Stephanny: (Fría, conteniendo la sorpresa) Milagros no está.
Se fue de viaje con Cristhian, mi padre.
Hizo una pausa deliberada, clavando los ojos en la mujer envuelta en negro que se había adueñado de su espacio.
La pregunta le ardía en la garganta, mezclada con un profundo recelo.
Stephanny: ¿Y cómo es que conoces a mi amiga?
Milagros nunca te ha mencionado.
Isaura no se inmutó.
Una sonrisa leve, casi condescendiente, se dibujó en sus labios.
Jugueteó con el medallón de pantera de su collar, como si acariciara un arma.
Isaura: (Con suavidad gélida) Hay muchos lazos, querida Stephanny, que se tejen lejos de la vista de…
los demás.
La amistad que Milagros y yo compartimos es de esas.
Íntima.
Valiosa.
Su mirada recorrió el salón con desdén antes de regresar a Stephanny.
Isaura: Un viaje con Cristhian…
Qué oportuno.
O quizá no.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, y las plumas de su escote parecieron erizarse.
Isaura: Cuando hables con ella —y sé que lo harás— le dirás que Isaura estuvo aquí.
Que pregunté por ella.
Su tono perdió por un instante su falsa dulzura, dejando al descubierto el filo de su verdadera intención.
Isaura: Y que nuestro reencuentro es inevitable.
Solo es cuestión de tiempo.
(La elegancia de Isaura funciona como un muro de hielo, impasible.
Stephanny, en cambio, empieza a resquebrajarse.
Su rostro se congestiona, y el puño que aprieta contra su falda revela la furia que hierve bajo la superficie.) Stephanny: (La voz temblorosa de rabia) No me vengas con rodeos.
¡Te he preguntado cómo conoces a Milagros!
¡Contesta!
(Isaura deja escapar un suspiro leve, casi de aburrimiento, y arregla una pluma de su hombro.) Isaura: Algunas historias no son para ser contadas en salones ajenos, Stephany.
Sobre todo, cuando hay oídos que no están preparados para escucharlas.
Stephanny: (Estallando, da un paso al frente) ¡Stefanny!
¡Con “F”!
¿Entiendes?
Mi nombre es STEFANNY.
No te confundas, ni te atrevas a familiarizarte conmigo.
(Por primera vez, Isaura alza la mirada para enfrentarla directamente.
Una sonrisa fría y cortante como el cristal se dibuja en sus labios.) Isaura: Oh, lo siento.
Stefanny.
(Pronuncia el nombre con una lentitud exagerada,como si lo estuviera saboreando y despreciando a la vez).
Isaura:Pero dime, ¿crees que la ortografía de tu nombre importa lo más mínimo cuando ignoras por completo los secretos que duermen bajo tu propio techo?
(Stefanny se queda sin aliento, la ira dándole un tinte escarlata en el cuello.) Stefanny: ¿A qué te refieres?
¿Qué secretos?
¡Habla claro de una vez!
Isaura: (Se incorpora con languidez, recogiendo su bolso de piel de cocodrilo) No soy un libro abierto para que tú hojees, Stefanny.
Solo un consejo, de una dama a otra…
preocúpate menos por cómo me llamas y más por lo que tu querida “amiga” Milagros no te ha contado.
(Sin esperar respuesta, Isaura se dirige hacia la salida, sus tacones resonando con firmeza.
Se detiene un instante en el umbral, sin volverse.) Isaura: Cuando hables con ella…
pregúntale si recuerda la playa de Acapulco.
Y el nombre de Isaura.
Verás qué cara pone.
(Su voz gotea una dulzura venenosa).
Isaura:Ah, y la próxima vez que venga, espero que la recepción sea más…
cálida.
Adiós.
(Sale, dejando a una Stefanny furiosa, confundida y con una semilla de duda plantada en lo más profundo de su ser.) La puerta principal aún resonaba con el eco del portazo cuando Stefanny, con el rostro encendido y las manos temblorosas, giró sobre sus tacones y subió la escalera de mármol con pasos rápidos y furiosos.
No podía soportar la insolencia de esa mujer, su aura de superioridad, y sobre todo, esos misterios que insinuaba sobre Milagros.
Entró en su habitación, una suite decorada en tonos crema y oro, y cerró la puerta de un golpe.
Se apoyó contra la madera un momento, respirando hondo, tratando de calmar el torbellino de ira y confusión que sentía.
Los ojos negros y las plumas de Isaura parecían danzar aún en su mente.
Con determinación, se dirigió a su buró y cogió
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