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DULCE VENENO - Capítulo 146

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  4. Capítulo 146 - 146 Intrigada
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146: Intrigada 146: Intrigada Hay una…

una señora aquí abajo.

Dice llamarse Isaura.

Exige ver al señor Lansky de inmediato.

Robert: (Frunce el ceño, consulta la agenda digital) Isaura?

No hay ninguna Isaura en la agenda de hoy.

Ni en la de esta semana.

¿Tiene cita?

Ana: (Cuchicheando, casi sin aliento) No, no tiene cita concertada con nosotros, pero…

Robert, ella no pregunta.

Ordena.

He intentado explicárselo y…

Dios, su actitud.

No es normal.

Le he dicho que debo comunicarme con usted y ha dicho “No es ‘comunico’, es ‘anuncia'”.

Robert: (Seco, impaciente) Ana, por favor.

No tenemos tiempo para divas.

Si no tiene cita, se le indica amablemente que solicite una a través de los canales oficiales y se le pide que desocupe el vestíbulo.

Fácil.

Ana: (La voz se quiebra, al borde del pánico) ¡No entiendes, Robert!

¡No se irá!

Se ha plantado en medio del vestíbulo como si fuera suya.

El guardia intentó acercarse y lo despidió con una mirada.

Le he dicho que el señor Lansky está muy ocupado y me ha respondido…

(Imita una voz glacial) “Mi presencia aquí es la cita”.

Robert, te lo juro, esta mujer…

no va a moverse de aquí.

Y si llamo a seguridad para sacarla a la fuerza, tengo miedo de…

no sé, de que pueda convertirse en un escándalo.

O algo peor.

(Breve pausa.

Del otro lado de la línea, Robert guarda silencio.

Puede oírse el leve tecleo de su ordenador, buscando infructuosamente cualquier referencia a “Isaura”).

Robert: (Su voz ha perdido parte de su seguridad inicial.

Ahora suena cautelosa) ¿Describe su aspecto?

Ana: (Exhalando, abrumada) Un vestido azul oscuro, como de noche, con detalles dorados.

Un hombro al descubierto…

Se ve…

increíblemente lujoso y poderoso.

Y sus modales…

Robert, no es la típica persona enfadada.

Es como si nosotros fuéramos los intrusos en su espacio.

Te digo que no se irá.

Si quieres que salga de aquí, tendrás que bajar tú personalmente con un escuadrón antidisturbios, y ni siquiera estoy segura de que eso funcionara.

(Se escucha un suspiro profundo de Robert, de frustración y creciente inquietud).

Robert: (Resignado, molesto) Está bien.

Está bien.

Quédate donde estás.

No hagas nada.

No la confrontes.

Voy a…

voy a informar al señor Lansky.

Pero esto no me gusta nada, Ana.

Nada.

Ana: (En un suspiro de alivio mezclado con terror) Gracias, Robert.

Rápido, por favor.

Robert: Señor Lansky, disculpe la interrupción.

Hay una…

situación en recepción.

Lansky: (Sin levantar la vista de sus documentos, voz seca) ¿Situación?

¿De qué habla, Robert?

Arreglelo.

Robert: Es una mujer, señor.

No tiene cita.

Se presenta exigiendo verlo.

La recepción le ha indicado el protocolo y se ha negado a irse.

Lansky: (Suelta un bolígrafo con fastidio) ¿Y?

¿La seguridad está de adorno?

Que la retiren.

No voy a recibir a nadie sin cita previa.

Robert: Es que…

no es tan simple, señor.

La recepción informa que su actitud es…

particular.

Muy arrogante.

Viste de manera…

llamativa.

Un vestido azul oscuro, asimétrico, con detalles dorados.

Lleva un anillo dorado muy distintivo.

Insiste en que su presencia aquí es la cita.

(Lansky se congela.

Lentamente, levanta la cabeza.

Sus ojos, antes impacientes, ahora se estrechan, enfocados con intensidad en Robert.

El rostro se le congestiona.) Lansky: (La voz es un hilo grave y peligroso) Descríbame ese anillo.

Robert: (Sorprendido por la pregunta específica) Eh…

No estoy seguro, señor.

Ana, la recepcionista, solo dijo que era dorado y…

llamativo.

Lansky: (Se pone de pie de un golpe, las manos apoyadas con fuerza sobre el escritorio.

Su cuerpo vibra de furia contenida.) ¿Y el vestido?

¿Azul noche?

¿Un hombro al descubierto, con esos malditos adornos dorados?

Robert: (Retrocede un paso, alarmado) S-sí, señor.

Así es.

Lansky: (Golpea el escritorio con la palma de la mano.

El sonido retumba en la oficina.) ¡ISAURA!

Robert: (Se estremece) ¿La…

la conoce, señor?

Lansky: (Ignora la pregunta.

Su respiración es profunda y rabiosa.

Señala la puerta con un dedo tembloroso.) ¡Que salga de mi empresa!

¡Ahora!

¡No importa cómo!

¡Que la arrastre la seguridad si es necesario!

¡No quiero verla ni un segundo más en mi vestíbulo!

¿Me entiende?

¡FUERA!

Robert: (Asiente con rapidez, aterrado) S-sí, señor.

Inmediatamente.

(Robert gira y sale casi corriendo de la oficina, mientras Lansky se deja caer de nuevo en su sillón, el rostro desencajado por una mezcla de ira y…

algo más.

Algo que se parece mucho al miedo.) La puerta de la oficina de Lansky queda entreabierta tras la salida abrupta de Robert.

Un silencio pesado llena la habitación.

De pronto, la puerta se desliza un centímetro más sin hacer ruido e Isaura se desprende de las sombras del pasillo, entrando con la fluidez sigilosa de una pantera.

Se desliza dentro y cierra la puerta con un clic suave.

Lansky, que miraba fijamente su escritorio con el ceño fruncido, alza la vista lentamente.

Al verla, no parece sorprendido.

Solo exhala un resoplido cargado de una familiaridad resignada.

Isaura: (Con una voz suave como la seda, pero con un filo oculto) Qué hombre tan grosero se ha vuelto.

Dejar a una amiga esperando en el vestíbulo como si fuera una…

¿solicitante cualquiera?

(Ella avanza, el vestido azul oscuro susurrando contra el suelo.

Se detiene frente a su escritorio, inclinándose ligeramente, sus dedos con el anillo dorado rozando la superficie pulida de madera.) Lansky: (Una risa baja, ronca, sin un ápice de humor) Amiga.

Siempre usas esa palabra.

Y siempre, siempre que apareces, el cielo se llena de nubes negras, Isaura.

Isaura: (Esboza una sonrisa de complicidad, juguetea con el anillo) ¿Yo?

Yo solo paso a saludar.

A ver cómo está un viejo…

socio.

Lansky: (La mira fijamente, con astucia) ¿Socio?

¿O querrás decir “cómplice”?

No.

No voy a morder el anzuelo.

Milagros no está.

Isaura: (Finge un leve desinterés, examinando una uña) ¿Milagros?

¿Quién ha dicho que vengo por ella?

Tal vez solo extrañaba tu…

encantadora personalidad, lansky .

Lansky: (Sacude la cabeza, con una sonrisa cansada y cínica) Deja el teatro, Isaura.

La conozco desde que eras una niña con las rodillas raspadas en Acapulco.

Sé que detrás de cada una de tus sonrisas hay una daga.

Y sé que cuando tú estás aquí, Milagros no puede estar muy lejos.

O pronto lo estará.

(Isaura guarda silencio un momento, su sonrisa se congela, pero sus ojos brillan con una luz peligrosa.

Lansky no ha cedido.

Y ella lo sabe.) Isaura: (Da un paso lento alrededor del escritorio, sus ojos fijos en Lansky) Hay una pregunta que me carcome, lansky .

¿Cómo pudiste permitirlo?

¿Cómo dejaste que tu preciosa hermanita, Milagros, se casara con Cristhian?

Un hombre…

tan común.

Tan ajeno a nuestro mundo.

Lansky: (La sigue con la mirada, tenso) Milagros es una mujer adulta.

Toma sus propias decisiones.

Yo solo quiero su felicidad.

Isaura: (Se detiene, una sonrisa fría se dibuja en sus labios) ¿Felicidad?

¿O es comodidad?

¿Es más fácil tenerla lejos, casada, creyendo que su hermano mayor no quiere entrometerse en su vida idílica?

Lansky: (Aprieta los puños sobre las rodillas) Es más complicado que eso y lo sabes.

Isaura: (Inclina la cabeza, su voz se vuelve un susurro cortante) Ah, pero hay algo aún más delicado, ¿verdad?

La pequeña Stefanny…

¿Sabe?

¿Sabe que su amada “amiga” Milagros es en realidad su tía?

¿Sabe que compartes sangre con la mujer que duerme al lado de su padre?

Lansky: (Se levanta de un salto, su rostro palidece) ¡Eso no es asunto tuyo, Isaura!

¡Y no!

Stefanny no sabe nada.

Y debe permanecer así.

Es un secreto.

Isaura: (Arquea una ceja, disfrutando visiblemente su reacción) “Debe permanecer así”…

Qué frágil es ese castillo de naipes que has construido, lansky .

Un secreto familiar tan jugoso…

Solo yo sé lo unidos que eran tú y Milagros de niños.

Antes de que los separaran.

Antes de que ella terminara conmigo en Acapulco y tú…

aquí, construyendo tu imperio y escondiendo a tu propia familia.

Lansky: (Se acerca, su voz es un rugido contenido) Te advierto, Isaura.

No te

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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