DULCE VENENO - Capítulo 147
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147: Le Cinq 147: Le Cinq No te atrevas a acercarte a Stefanny.
No le digas nada.
Si destruyes la paz de mi hermana .
Isaura: (Lo mira fijamente, sin pestañear, su arrogancia intacta) La paz, querido Victor, es una ilusión.
Y los secretos…
siempre encuentran la manera de salir a la luz.
Yo solo soy…
una espectadora.
Por ahora.
(La tensión en la oficina se mantiene, pero el foco del conflicto ha cambiado.
Isaura mira a Lansky con una calma desafiante.) Isaura: Relájate, lansky .
No he venido a jugar a los detectives familiares.
Tu relación con Stefanny es tu problema.
Yo solo quería ver a Milagros.
Como no está…
bueno, tal vez me quede un tiempo en la ciudad.
Un descanso merecido.
(Lansky la observa con desconfianza, pero un punto de tensión parece ceder en sus hombros.) Lansky: (Con un tono ligeramente menos hostil) Mientras mantengas tu nariz fuera de mis asuntos y de los de mi hermana , puedes quedarte en el infierno si quieres.
No es asunto mío.
(Hace una pausa breve, sus ojos escudriñándola con suspicacia.) Lansky: Dime una cosa…
¿Ella vino contigo?
(Una sonrisa amplia y genuina, pero no menos fría, se dibuja en el rostro de Isaura.
Sacude la cabeza lentamente.) Isaura: (Ríe suavemente) ¿Ella?
No, no.
Para nada.
Está muy lejos de aquí.
En Rusia, de hecho.
Disfrutando del frío que tanto le gusta.
He viajado sola.
Una mujer necesita sus…
aventuras en solitario de vez en cuando, ¿no crees?
(Lansky asiente lentamente, sin apartar la mirada de ella.
No está completamente convencido, pero la información parece darle un respiro temporal.
El juego entre ellos continúa, pero la pieza más peligrosa, por ahora, no está en el tablero.) El ambiente en Le Cinq era de una elegancia sublime, un murmullo discreto y el tintineo de cristalería fina.
Marilu, sentada en una lujosa banqueta, era la imagen de la sofisticación clásica.
Su top negro y falda midi con destellos dorados armonizaban con el lujo discreto del lugar.
Sus accesorios de Chanel brillaban bajo la luz tenue.
La llegada de Stefanny fue imposible de ignorar.
Mientras el maître la guiaba entre las mesas, su atuendo era un vendaval de drama y contradicción.
El top negro con su cascada de volantes de organza y la falda con volantes en cascada creaban una silueta etérea y poderosa a la vez.
Los zapatos blancos con lazos y el bolso a juego eran un guiño de inocencia que chocaba con la sensualidad del conjunto y la dureza de su mirada.
Los pendientes de lazo con diamantes titilaban como lágrimas congeladas.
Se sentó frente a Marilu.
Un silencio incómodo se extendió por un momento, tan palpable como el aroma del caviar que pasaba en una bandeja de plata.
Marilu: (Observándola con una mezcla de preocupación y admiración forzada) Stef…
Vaya outfit.
Pareces salida de un ballet de luto moderno.
(Su tono se suaviza).
¿Estás bien?
Stefanny: (Esboza una sonrisa tensa, jugueteando con el borde de su copa de agua.
Evita la mirada directa).
¿Preocupada por mí o por mi elección de ropa?
Estoy perfectamente.
(Su voz suena un poco demasiado aguda).
Lansky me envió rosas.
Blancas.
Un ramo enorme.
Marilu: (No muerde el anzuelo.
Clava sus ojos en los de su amiga).
Las rosas son hermosas, Stef.
Pero no responden a la pregunta que te hice en la playa.
¿Estás bien?
De verdad.
Después de…
todo.
La palabra “todo” abarcaba el beso posesivo, la mirada asesina de Lansky hacia ella, la forma en que se lo llevaron.
Stefanny: (La sonrisa se desvanece.
Mira su anillo de loto).
Es…
complicado, Mari.
Es intenso.
A veces duele, pero…
(Busca las palabras, su voz se quiebra) …pero cuando está conmigo, siento que es el único lugar donde debo estar.
Es como…
una adicción.
Marilu: (Suspira, dejando su copa.
Su expresión es seria).
Una adicción a alguien que te aísla, que controla tus pasos, que te mira como si fueras de su propiedad…
Stef, eso no es amor.
Es obsesión.
Es peligroso.
Stefanny: (Sus ojos se llenan de un brillo defensivo).
¡Tú no lo entiendes!
Nadie lo hace.
Es diferente.
Él es diferente.
(Su mano va inconscientemente al lugar sobre su pecho donde está el tatuaje, oculto bajo la organza).
Me eligió a mí.
Marilu: (La mira con tristeza, viendo la profundidad de su enredo).
No, Stefanny.
Lo que temo es que tú te estés eligiendo a él.
Y te estés perdiendo a ti misma en el proceso.
La chica que surfeaba hoy…
¿dónde está?
Stefanny no responde.
Baja la mirada a su plato vacío, la elegancia dramática de su vestuario pareciendo una armadura vacía.
En el restaurante más lujoso de París, rodeada de opulencia, se siente más sola que nunca, atrapada entre la lealtad a su amiga y la devoción tóxica por un hombre que había reescrito la definición de amor en su mente, convirtiéndola en algo oscuro, posesivo y aterradoramente adictivo.
La tensión entre las amigas se corta con la vibración estridente del teléfono de Stefanny en la mesa de mármol.
La pantalla iluminaba el nombre: LANSKY.
Stefanny se sobresalta, un rubor mezcla de ansiedad y emoción tiñe sus mejillas.
Marilu congela su expresión, observando cada microgesto.
Stefanny: (Contesta rápidamente, llevando el teléfono a su oído con una mano temblorosa) ¿Hola, amor?
La voz de Lansky surge del auricular, tan clara y cortante que Marilu puede oír el eco desde su asiento.
No hay saludo.
No hay preliminares.
Lansky: (Voz fría, imperativa) Ven a la empresa.
Ahora.
Stefanny: (Parpadea, desconcertada.
Mira a Marilu fugazmente) Pero, Lansky, yo…
estoy con Marilu.
Estamos cenando.
Lansky: (Su tono no cambia, pero la presión aumenta.
Es una orden, no una petición) No me interesa lo que estés haciendo.
Lo dejes y vengas.
Ahora.
Stefanny se muerde el labio.
La mirada de Marilu es un peso sobre ella, cargada de advertencia silenciosa.
Stefanny: (Su voz es un hilo débil, intentando negociar sin desafiar) Es que…
es muy tarde y…
Lansky: (La interrumpe, su voz se vuelve un susurro peligrosamente calmado, la esencia misma de la manipulación) Stefanny.
No estoy pidiéndotelo.
Estoy diciéndotelo.
Cuelga.
Sal del restaurante.
Y ven.
¿Está claro?
Es el tono que ella conoce demasiado bien.
El que no admite réplica.
El que la hace sentir simultáneamente deseada y completamente anulada.
Stefanny: (Cierra los ojos, derrotada.
Su voz es apenas un suspiro) Sí.
Está claro.
Ahí voy.
La llamada se corta.
Stefanny baja el teléfono, evitando la mirada acusadora de Marilu.
El silencio entre ellas es ahora más elocuente que cualquier discusión.
Stefanny: (Se levanta, tomando su bolso blanco con movimientos torpes) Yo…
tengo que irme.
Marilu no dice nada.
Solo la mira, su expresión es una mezcla de dolor, impotencia y una profunda decepción.
No necesita preguntar.
La llamada lo dijo todo.
Observa cómo Stefanny, con su vestido de volantes dramáticos y su corazón encadenado, se aleja entre las mesas del lujoso restaurante, obedeciendo una vez más la llamada del hombre que había convertido su vida en una jaula de oro.
Marilu observa la espalda de Stefanny alejarse, la silueta dramática de volantes negros fundiéndose con la oscuridad más allá de las puertas del restaurante.
El champán en su copa ha perdido sus burbujas.
Un frío recorre su espina dorsal, pero no es por el aire acondicionado.
En su mente, las imágenes se suceden con claridad aterradora.
Él es un titiritero.
Un maestro frío y calculador.
Y ella…
Dios mío, ella es su marioneta favorita.
Ve los hilos invisibles.
El hilo de la lujuria, que él tira cada vez que ella muestra un destello de independencia, arrastrándola de vuelta a sus brazos con una llamada o un encuentro intenso.
El hilo del miedo, que tensa con sus silencios y sus miradas asesinas, haciéndola dudar de todo y de todos, especialmente de mí.
El hilo de la devoción, que ha logrado enredar tan profundamente en su corazón que ella confunde esta obsesión con amor.
Y el más cruel de todos, piensa Marilu, con un nudo en el estómago, el hilo
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