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DULCE VENENO - Capítulo 149

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  4. Capítulo 149 - 149 Mesa del Restaurante
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149: Mesa del Restaurante 149: Mesa del Restaurante Los “asuntos” pueden esperar.

Tengo hambre.

Y quiero ir al Rouge Barre.

Ahora.

(Hizo una pausa, y su mirada desafiante no se inmutó).

Contigo.

Dejó claro que no se iría sola.

Era una demanda, no una sugerencia.

Estaba usando su propia arma en su contra: la exigencia inmediata.

Estaba forzándolo a elegir entre su autoridad y ceder a su “capricho” delante de Isaura.

El silencio se extendió.

Lansky evaluaba la situación.

Podía obligarla a subir, pero la escena potencial y la ruptura de su fachada de control no valían la pena.

Además, este nuevo lado desafiante de Stefanny…

era intrigante.

Finalmente, esbozó una sonrisa estrecha, un gesto de aceptación que no llegaba a sus ojos.

Lansky: (Se volvió ligeramente hacia Isaura, sin darle mayor importancia) Isaura, disculpa el cambio de planes.

Un asunto urgente.

Luego, volvió su atención a Stefanny, ofreciéndole el brazo de nuevo, pero esta vez con una actitud diferente: no de dueño, sino de un contrincante que acepta una jugada inesperada.

Lansky: De acuerdo, preciosa.

Al Rouge Barre.

Después de todo, (añadió, su voz un susurro solo para ella), incluso los pájaros de fuego más rebeldes necesitan comer.

Stefanny ignoró su brazo una vez más y comenzó a caminar hacia donde estaba estacionado su coche, dejando claro que ella llevaría el control de este viaje.

La batalla silenciosa por el poder en su relación acababa de escalar, e Isaura había sido reducida a un mero espectador en el juego de voluntades entre Lansky y su “pájaro de fuego” cada vez más indómito.

La puerta se cerró con un golpe sordo, encapsulando el silencio más tenso que Stefanny había experimentado.

El espacioso asiento trasero del lujoso sedán se sentía como un ring de boxeo.

Ella a un lado, mirando fijamente el perfil de París que pasaba por la ventana.

Isaura en el otro, incómoda pero manteniendo una compostura serena.

Y en el medio, Lansky, como un rey en su trono móvil, imperturbable, disfrutando del conflicto que había creado.

Stefanny no miraba a ninguno de los dos.

Su rostro, reflejado en el cristal oscurecido, era una máscara de calma.

Pero por dentro, su mente era un torbellino de rabia, humillación y una pregunta que se repetía con la fuerza de un martillazo.

Stefanny (en sus pensamientos): (Sus dedos se aferraban a su propio muslo, a través de la mezclilla adornada) ¿En qué momento…

en qué maldito momento permití que otra mujer subiera a su carro?

A nuestro espacio.

¿Cómo es que está sentada ahí, a centímetros de él, oliendo el mismo aire?

Cada curva que tomaba el auto hacía que el brazo de Lansky rozara el de Isaura.

Cada suspiro de la otra mujer era un aguijón.

Stefanny (en sus pensamientos): (Su mirada se clavaba en el reflejo de sus propios pendientes de mariposa, que ahora le parecían tristes y ridículos) Él me tiene aquí, a mí, con su nombre tatuado sobre el corazón…

y a ella, quien sea que sea, a su otro lado.

¿Soy tan…

prescindible?

¿Es este otro de sus juegos?

¿Castigarme por haberme atrevido a desafiarlo?

Sentía el peso del anillo de loto en su dedo.

Era un recordatorio de una promesa de exclusividad que, en ese momento, sentía completamente unilateral.

Stefanny (en sus pensamientos): (Una ola de calor de pura rabia la recorrió) No.

Esto no puede quedar así.

No puede permitir que esto pase.

Si soy su “pájaro de fuego”, entonces que arda.

Pero no seré la que se consuma en silencio mientras él entretiene a otra en mi propia jaula.

Su mirada, aún fija en la ventana, se endureció.

La calma que mostraba ya no era de derrota, sino la calma glacial que precede a una tormenta.

Lansky podía pensar que tenía el control de este viaje, pero Stefanny acababa de decidir que la noche en el Rouge Barre no sería sobre romanticismo.

Sería sobre guerra.

Y ella no tenía intención de perderla.

El auto se detuvo suavemente frente a la discreta y elegante fachada del Rouge Barre.

Isaura fue la primera en bajar, con una sonrisa cortés pero un poco tensa, alejándose unos pasos para darles espacio.

Lansky salió después.

En lugar de dirigirse directamente al restaurante, se acercó a la puerta de Stefanny y la abrió.

Extendió su mano hacia ella, no como una sugerencia, sino como una expectativa.

Stefanny, con su máscara de hielo aún en su lugar, lo miró por un momento antes de colocar su mano en la suya.

Pero al salir, cuando sus pies con los tacones de pedrería tocaron la acera, la mano de Lansky no se retiró.

Se deslizó con firmeza y posesión a la parte baja de su espalda, justo por encima de la cintura de sus pantalones de mezclilla adornados.

Fue un gesto íntimo, territorial, diseñado para dos audiencias: para Isaura, que observaba discretamente, era un claro mensaje de “ella está conmigo”.

Y para Stefanny, era una reafirmación brutal de su control, un recordatorio físico de que, a pesar de su desafío, su cuerpo y su presencia aún le pertenecían.

Stefanny contuvo la respiración.

El contacto, que en otro contexto hubiera sido electrizante, ahora se sentía como una marca de hierro caliente.

No era una caricia; era un grillete.

Con su mano aún firmemente plantada en su espalda, guiándola—o más bien, dirigiéndola—Lansky comenzó a caminar hacia la entrada del restaurante, pasando por delante de una ligeramente sorprendida Isaura.

Lansky: (Susurrando cerca del oído de Stefanny, su voz un zumbido bajo y dominante) Ahora, mi pájaro de fuego, comportarse.

Recuerda para quién brillas esta noche.

Era una orden.

Él estaba reclamando la narrativa.

Su pequeño desafío en el auto había terminado.

Ahora estaban en su territorio, jugando con sus reglas.

Y la mano en su espalda era su recordatorio constante de que, aunque ella pudiera intentar volar, él siempre sostenía la cuerda.

Stefanny: (Con los dedos apretando la base de su copa de agua) No voy a dar rodeos, Isaura.

¿Qué familiaridad tienes tú con Lansky?

Isaura: (Mantiene una sonrisa impasible.

Sus ojos, llenos de diversión, observan a Stefanny sin pestañear.

No contesta.

Simplemente deja que el silencio cargue de más peso la pregunta).

Stefanny: (La incomodidad la carcome) ¿Es algo del pasado?

¿Un negocio?

Dime algo.

(Antes de que Isaura pueda decidir si contestar, el mesero se acerca con elegancia).

Mesero: Buenas noches, señoritas.

¿Listas para ordenar?

Isaura: (Desvía su atención hacia el mesero con la naturalidad de quien siempre está a cargo) Sí, querido.

Tráiganos los menús, por favor.

Y para empezar…

una botella de su mejor vino tinto.

Algo que realmente valga la pena.

(El mesero asiente con una sonrisa profesional y se retira.

Isaura vuelve su mirada hacia Stefanny, que la observa con una mezcla de frustración y fascinación).

Isaura: (Toma su copa de agua, jugando con el tallo) Tantras preguntas, Stefanny.

Tan poca paciencia.

Lansky y yo…

tenemos una historia que se remonta a cuando los dos éramos solo un par de niños con las rodillas sucias.

Amigos de la infancia.

De esos que conocen todos tus secretos…

y todos tus puntos débiles.

(Stefanny se queda inmóvil, procesando la información.

“Amigos de la infancia”.

Las palabras, en boca de Isaura, suenan más a advertencia que a nostalgia).

La mesa era íntima, la luz baja creaba un ambiente cargado que contrastaba brutalmente con la tensión entre sus ocupantes.

Lansky se había sentado deliberadamente al lado de Stefanny, no frente a ella, reafirmando su proximidad y control.

Su brazo descansaba sobre el respaldo de su silla, rozando su espalda cubierta de plumas, un recordatorio constante y silencioso.

Él no decía nada.

Solo observaba el ambiente con una calma impenetrable, sus ojos escaneando la sala como si fuera su propio salón, dejando que el silencio incómodo hiciera su trabajo.

El mesero se acercó con la botella de vino, mostrándosela a Lansky con una reverencia.

Con un gesto sutil, Lansky indicó que se la mostrara a Isaura.

El mesero, un poco confundido pero profesional, sirvió una pequeña cantidad e

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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