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DULCE VENENO - Capítulo 150

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  4. Capítulo 150 - 150 Le Carmen
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150: Le Carmen 150: Le Carmen El mesero, un poco confundido pero profesional, sirvió una pequeña cantidad en la copa de Isaura.

Ella, con naturalidad, tomó la copa, la hizo girar suavemente, observó las lágrimas que caían por el cristal, y luego tomó un sorbo, saboreándolo con los ojos cerrados por un instante.

Isaura: (Abriendo los ojos, con una sonrisa de genuino aprecio) Un Bordeaux.

De la región de Saint-Julien, si no me equivoco.

(Hizo una pausa, concentrándose en el sabor).

Tiene…

un tanino firme pero sedoso.

Notas de cassis y un toque de cedro.

Un año bueno, muy bueno.

¿2009?

El mesero no pudo evitar una sonrisa de asombro y respeto.

Mesero: Exactamente, madame.

Château Léoville Las Cases, 2009.

Un paladar excepcional.

Isaura asintió con modestia, dejando la copa.

Todo el intercambio fue impecable, sofisticado, un despliegue de un mundo de conocimiento y experiencia del que Stefanny se sentía completamente excluida.

Stefanny observaba, inmóvil, con una copa de agua frente a ella.

Su corazón latía con fuerza contra sus costillas.

No era solo la demostración de conocimiento lo que la hería, era la naturalidad con la que Lansky había dirigido la atención hacia Isaura, convirtiéndola en el centro, en la experta, mientras ella, Stefanny, con su atuendo de “pájaro de fuego”, se sentaba allí como un adorno mudo y furioso.

Él no necesitaba decir nada.

Su acción había hablado por él: “Mira a esta mujer.

Mira lo que sabe, lo que es.

Y mira tu lugar aquí.” Era un golpe maestro de manipulación psicológica.

Y en el silencio que siguió, el sabor del vino en los labios de Isaura era tan amargo en la boca de Stefanny como el veneno de la humillación.

El restaurante Rouge Barre.

La tensión entre Stefanny e Isaura es tan espesa como la mantequilla sobre la mesa.

El mesero acaba de dejar los menús y se retira discretamente.

Stefanny: (Con los nudillos blancos apretando el borde de la mesa) No voy a jugar a las adivinanzas, Isaura.

Quiero una respuesta clara.

¿Qué tipo de relación tienes con Lansky?

(Isaura sostiene la mirada de Stefanny, un esbozo de sonrisa burlona en sus labios.

Justo en ese momento, Lansky llega a la mesa con paso calmado.

Se desliza en la silla junto a Stefanny y toma suavemente su mano tensa, colocando un beso en sus nudillos.) Lansky: (Con voz suave, pero con la mirada fija en Isaura) Perdón por el retraso, cariño.

¿Ya pidieron?

(Stefanny abre la boca para insistir, pero Isaura habla primero, su voz un hilo de seda fría que corta el aire.) Isaura: (Sin apartar los ojos de Lansky, como si Stefanny ya no existiera) Estábamos justo en eso…

y tu novia estaba muy interesada en conocer la naturaleza de nuestra…

relación.

(Lansky sostiene la mirada de Isaura, un duelo silencioso que dura un segundo eterno.

Luego, se vuelve hacia Stefanny, y su expresión se suaviza, forzadamente.) Lansky: Isaura y yo nos conocemos de toda la vida, Stefanny.

Somos…

amigos de la infancia.

(La frase cae sobre la mesa con el peso de una losa.

“Amigos de la infancia”.

Stefanny mira a Lansky, luego a Isaura, que ahora sí la mira directamente, con una sonrisa triunfal y desafiante.

Esas dos palabras, en ese contexto, no explican nada…

y al mismo tiempo, lo explican todo.) (La sonrisa de Isaura se ensancha, afilada como una daga.

Su mirada se clava en Lansky con una intimidad que resulta obscena en esa mesa para tres.) Isaura: (Con tono de complicidad burlona) Ah, pero recuerdo lo más peculiar…

Sus gustos tan simples.

¿Recuerdas, Lansky?

Te encantaba robar duraznos del jardín de la vecina.

Y esos arándanos que te traía mi madre…

los devorabas como un niño hambriento.

Pero tu debilidad siempre fue la tuna…

esa fruta peruana, espinosa por fuera, dulce por dentro.

Como tú, quizás.

(Stefanny siente un golpe de calor en el rostro.

Sus dedos se aprietan con fuerza bajo la mesa, hasta que los nudillos le duelen.

Nunca le ha visto probar ninguna de esas cosas.

Llevan solo unas semanas juntos.

Él le dijo que odia la fruta demasiado dulce.) Isaura: (Toma un sorbito de agua, disfrutando cada segundo) Y el vino…

siempre fuiste de tomar poco, ¿no?

Un trago por compromiso.

Tu alma siempre fue más de whisky.

Solo, fuerte y directo.

Como tú.

Y ni hablar de los antros…

(Ríe, un sonido como cristal quebrado) Siempre dijiste que eran un refugio para almas perdidas sin propósito.

Preferías mil veces el silencio de una biblioteca o la intensidad de una sala de juntas.

(Cada palabra de Isaura es un pequeño martillazo que clava a Stefanny en su lugar: el de la recién llegada, la extraña, la que no conoce al hombre que tiene al lado.

Sin embargo, Stefanny respira hondo y levanta la barbilla.

Su mirada, al dirigirse a Lansky, es de una tranquilidad forzada pero impresionante.) Stefanny: (Con una sonrisa serena) Qué interesante.

Apenas estamos descubriendo nuestros gustos.

Es lo bonito de empezar, ¿no crees?

Conocer las capas de la persona que…

elegiste.

(Su respuesta no es para Isaura.

Es para Lansky.

Una suave pero firme reclamación de su lugar en el presente, frente a un pasado que lo conoce de una manera que ella aún no.) (La cena transcurre en una incómoda calma tensa.

Las palabras de Isaura flotan en el aire como un aroma pesado, envenenando cada bocado.

Finalmente, Lansky paga la cuenta con un gesto seco.) Al salir del restaurante, el coche y el chófer esperan.

Lansky se gira hacia Stefanny.

Lansky: (Voz suave pero firme) Manuel te llevará a casa.

Yo debo…

conversar con Isaura sobre un asunto importante.

Stefanny: (Lo toma del brazo, su voz un susurro urgente) ¿Ahora?

Lansky, por favor…

vente conmigo.

Lo que sea que sea, puede esperar.

Lansky: (Niega, con una mirada que no admite réplica) No puede.

Son asuntos pendientes.

Te llamo luego.

(Antes de que Stefanny pueda protestar, Isaura se acerca.

Con una sonrisa de falsa dulzura, abre los brazos y la envuelve en un abrazo que a Stefanny se le antoja de víbora.

Se acerca a su oído y susurra, con un hilo de voz que solo ella puede oír:) Isaura: ” Voy Cuidarlo muy bien esta noche, cariño.

Parece que voy a necesitar que me preste toda su…

atención.” (Stefanny se queda helada.

Un puñal de celos y rabia le atraviesa el pecho.

Aprieta el bolso con tanta fuerza que siente que las uñas se le clavan en las palmas.

Sin poder decir nada, ve cómo Lansky levanta un brazo para detener un taxi.) (Isaura se desliza en el asiento trasero primero, con la fluidez de una sombra.

Lansky se vuelve una última vez hacia Stefanny, una mirada breve e indescifrable, antes de seguir a Isaura.

La puerta del taxi se cierra.) (Stefanny se queda en la acera, mirando cómo las luces traseras del taxi se mezclan con el tráfico y desaparecen en la noche.

El abrazo frío de Isaura y sus palabras maliciosas resuenan en su mente, mientras el celo y la desconfianza se enroscan en su estómago como serpientes.) El taxi se detuvo frente a una fachada discreta pero cargada de historia en el corazón de Pigalle.

Le Carmen no se anunciaba con luces estridentes, sino con la soberbia callada de quien sabe que su leyenda lo precede.

Al traspasar sus puertas, el tiempo parecía doblarse.

El ambiente era íntimo, un boudoir de terciopeto carmesí, espejos velados y lámparas de cristal que proyectaban destellos dorados sobre la madera oscura.

En el aire, flotaba una mezcla de jazmín, tabaco fino y el eco lejano de que, en algún rincón de esta misma casa, Georges Bizet había concebido la pasión trágica de Carmen.

Lansky siguió a Isaura, que se movía como si cada centímetro del lugar le perteneciera.

Se deslizó en una de las mesas bajas, un diván profundo en un rincón semiprivado.

Un camarero con chaleco de brocado se acercó con una inclinación silenciosa.

Isaura: (Sin mirar la carta) Deux Negronis.

Et apportez-no

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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