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DULCE VENENO - Capítulo 151

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  4. Capítulo 151 - 151 Amenaza
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151: Amenaza 151: Amenaza Et apportez-nous la bouteille de Glenfiddich 21 ans.

Gardez le verre de whisky propre, sans glace.

El camarero asintió y se desvaneció en la penumbra.

La música, un jazz manouche lánguido y sensual, se enredaba en sus silencios.

Lansky la observaba, la mandíbula apretada.

Lansky: (Voz grave, contenida) ¿Y bien?

¿A qué juegas, Isaura?

¿Por qué ese espectáculo con Stefanny?

Ella tomó su copa cuando llegó, girando el líquido ámbar contra la luz.

Isaura: (Con una sonrisa de complicidad peligrosa) ¿Espectáculo?

Solo le mostré a tu…

novia…

que hay capítulos de tu vida que ella ni siquiera ha hojeado.

Los duraznos robados, el whisky que bebes en la oscuridad cuando crees que nadie te ve…

Cosas que yo sé.

Que siempre he sabido.

Lansky: (Aprieta su vaso de whisky) Eso fue hace una vida.

Ya no soy ese niño.

Isaura: (Se inclina hacia adelante, los ojos brillando con la intensidad de quien desentierra un secreto) Pero yo sí soy esa niña, lansky .

La que recuerda.

La que no olvida.

Y hay una razón por la que vine, más allá de molestarte.

La música cambió a un bolero lento y desgarrado.

Ella bajó la voz hasta convertirla en un susurro que solo él podía captar entre los compases.

(La música de jazz manouche sigue sonando de fondo, pero el aire en su rincón se ha vuelto gélido.

La copa de whisky de Lansky queda suspendida a medio camino hacia sus labios.) Lansky: (Voz baja, pero cargada de acero) Me mentiste.

Dijiste que estaba en Rusia.

Isaura: (Una risa suave y burlona escapa de sus labios) No fue una mentira, fue una…

actualización retrasada.

Estuvo en Rusia.

Luego tomó un vuelo a Brasil.

Negocios, ya sabes.

Algo sobre una subasta de esmeraldas en Río.

(Ella observa cómo la tensión recorre los hombros de Lansky, y su sonrisa se amplía.) Isaura: ¿Qué pasa, lansky ?

¿Tienes miedo de que ella regrese?

Lansky: (Deja la copa sobre la mesa con un golpe seco) No es miedo.

Es que no me gusta la gente metiéndose donde no la llaman.

Y a ella menos que a nadie.

Isaura: (Hace un gesto despreocupado con la mano, haciendo brillar su anillo en la penumbra) Ah, entonces despreocúpate.

No vendrá a arruinarte tu idilio francés.

El negocio en Brasil es…

complejo.

Y muy, muy lucrativo.

Se quedará allí un buen tiempo.

Tiempo más que suficiente para ti.

(Su tono es dulce como la cicuta, y sus palabras, aunque parecen una tranquilidad, suenan más a una condena.

Le están concediendo un plazo.

Un tiempo prestado antes de que la tormenta, inevitablemente, llegue.) (La sonrisa de Isaura se curva, adoptando un tinte cruel y afilado.

Se inclina hacia adelante, cruzando los brazos sobre la mesa, y su voz baja hasta convertirse en un susurro venenoso.) Isaura: Dime, Lansky…

¿Tu amado cuñado, el intachable Cristhian?

¿Sospecha siquiera lo que se esconde detrás de los dulces ojos de tu hermana?

(Lansky guarda silencio, pero una línea tensa se forma en su mandíbula.

Isaura no necesita una respuesta para continuar.) Isaura: Porque, verás, me tomé la molestia de…

indagar un poco.

De observar.

Y es fascinante.

La forma en que se ha construido esta fachada de mujer sumisa, tan dócil, tan fácil de manejar…

Es una obra de arte de la manipulación.

Cristhian debe sentirse tan poderoso, creyendo que es él quien lleva las riendas.

(Lansky la mira fijamente, su expresión es una máscara de piedra, pero sus ojos delatan una furia helada.) Lansky: (La voz es un rumor grave y peligroso) No.

Cristhian no sabe nada.

Y no lo sabrá.

Isaura: (Se recuesta en el diván, disfrutando visiblemente de su reacción) ¿Oh?

¿Y por qué no?

¿Porque la pequeña Milagros quiere seguir jugando a ser la princesita indefensa en su castillo?

Es patético, Lansky .

Ella y yo sabemos la verdad.

Que es una loba.

Una loba que usa piel de cordero para cazar.

Es incluso más fría que yo.

Yo al menos no finjo ser algo que no soy.

(La revelación cuelga en el aire entre ellos, un secreto familiar envenenado que Isaura maneja con deleite sádico.

Ella no solo conoce el pasado de Lansky, sino los demonios que su propia hermana esconde.) (El rostro de Lansky se transforma.

La furia contenida se congela en una máscara de hielo puro, sus ojos, antes llenos de fastidio, ahora brillan con una luz oscura y absolutamente serena.

Se inclina hacia adelante, y su voz no supera un susurro, pero cada palabra cae como un fragmento de cristal en el silencio entre ellos.) Lansky: Escúchame bien, Isaura.

Y escucha con cuidado, porque solo lo diré una vez.

(Isaura, por primera vez, siente que el aire se enrarece.

La sonrisa burlona se congela en sus labios.) Lansky: Tú crees que esto es un juego.

Un intercambio de secretos y amenazas veladas.

Te equivocas.

Milagros no es un peón en tu teatro.

Es mi línea roja.

Señala su copa de whisky, el líquido ámbar inmóvil.

Lansky: Si tú, en tu demencia psicópata, crees que puedes acercarte a ella, o a Cristhian, o soltar una sola de las palabras envenenadas que guardas en esa cabeza lunática…

no te mandaré a matar.

Eso sería un final demasiado rápido, demasiado misericordioso para ti.

(Su voz se vuelve aún más baja, más íntima y por eso más aterradora.) Lansky: Destruiré cada hilo del que estás colgada.

Tu nombre, tu reputación, los fondos opacos que te mantienen a flote…

todo se convertirá en polvo.

Te dejaré viva, Isaura.

Pero te dejaré tan vacía, tan expuesta y tan absolutamente nadie, que mirarás al espejo y ni siquiera el recuerdo de quien fuiste podrás encontrar.

Serás un fantasma que vaga por las ruinas que ella misma construyó.

(Se levanta, dejando el whisky intacto.

La mira desde la altura, con un desprecio absoluto.) Lansky: Disfruta tu estancia en Francia.

Porque será la última vez que respires este aire como una persona completa.

Un solo movimiento hacia mi hermana, y cumpliré cada una de mis palabras.

Y créeme, lo haré con una sonrisa.

(Da la vuelta y sale de Le Carmen sin mirar atrás, dejando a Isaura sola en el diván, con la amenaza más fría y real que haya recibido jamás resonando en sus oídos.

Por un instante, ni siquiera ella puede disimular el escalofrío que recorre su espina dorsal.) (Isaura permanece inmóvil en el diván de terciopeto rojo, como una estatua cuyas facciones empiezan a resquebrajarse.

La copa del Negroni, antes una extensión de su elegancia, ahora es un peso frío entre sus dedos entumecidos.

El tintineo del hielo delata el temblor incontrolable que recorre su mano.) Isaura: (En un susurro ronco, para sí misma) No…

Él no…

no se atrevería…

(Pero la voz de Lansky aún retumba en su cráneo, clara y letal como una daga de hielo.

Cierra los ojos con fuerza.

Detrás de sus párpados, no hay oscuridad, sino un torbellino de imágenes, una película acelerada de su propia vida.) Isaura: (Respiración entrecortada) Los años…

los años rogando, sometiéndome, trepando sobre vidas rotas…

Cada sonrisa falsa, cada mentira perfecta, cada noche en vela…

(Un sudor frío perlaba su frente, empapando los finos cabellos en sus sienes.

Ve las caras de todos a los que usó, traicionó, dejó atrás.

Ve los hilos de su imperio de apariencias, tan intricados, tan fuertes…

y tan terriblemente frágiles.) Isaura: (Abre los ojos, con el pánico brillando en ellos) Todo…

Todo lo que soy…

Lo que construí…

No fue suerte.

Fue mi fuerza.

Mi ingenio.

(La mano que sostiene la copa se crispa.

El vidrio cruje bajo la presión.

La realidad de la amenaza de Lansky se cierne sobre ella: no era la muerte, era algo infinitamente peor.

La aniquilación total de su identidad, la reducción a la nada.) Isaura: (Con un jadeo seco) Podría perderlo…

Todo.

En un instante.

En un cerrar de ojos…

por su culpa.

¡Por esa…

esa princesita de pacotilla y su hermano lunático!

(La rabia regresa entonces, un torrente calient

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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