DULCE VENENO - Capítulo 156
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- Capítulo 156 - 156 La reina del techno oscuro
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156: La reina del techno oscuro 156: La reina del techno oscuro El grito que estalla en la multitud es catártico, visceral, liberador.
No es un grito cualquiera; es el rugido colectivo de miles de almas que han estado esperando exactamente este momento.
Stefanny, Marilú y Milagros saltan al unísono, liberando toda esa tensión expectante en un salto puro de éxtasis.
Los brazos se disparan hacia el cielo.
Y en el escenario, Armin van Buuren, maestro de ceremonias de esta explosión emocional, rompe en una sonrisa amplia, genuina y luminosa.
Mira al mar de gente que salta y canta, siente la ola de energía que regresa hacia él.
Lentamente, con una solemnidad gozosa, levanta ambos brazos al cielo, abarcando con su gesto toda la inmensidad del valle, la montaña y su gente.
No necesita decir una palabra.
Su música lo dice todo.
Su sonrisa lo confirma.
Y sus brazos en alto son la bienvenida a un viaje sonoro que promete ser legendario.
La Tierra del Mañana, bajo el invierno, acaba de encontrar su pulso trance, y late con una fuerza imparable.
(Han pasado horas.
El viaje trance de Armin van Buuren ha sido una montaña rusa de emociones, llevando a la multitud desde profundos valles melódicos hasta cumbres sonoras que hicieron llorar a más de uno.
Finalmente, con un último himno glorioso que se funde en un eco interminable, Armin junta sus manos frente a su corazón, hace una reverencia profunda hacia la audiencia y desaparece entre los humos del escenario, dejando un silencio cargado de gratitud y agotamiento dichoso).
Pero el silencio esta vez es diferente.
No es de expectación contenida, sino de tensión.
El aire parece espesarse, volverse más frío y eléctrico.
Las luces del escenario se apagan por completo, sumergiendo “The Crystal Garden” en una oscuridad casi total, solo rota por el tenue brillo de la luna en la nieve y las lucecillas distantes de las cabañas en la montaña.
Un zumbido grave, casi imperceptible al principio, empieza a emanar de los altavoces.
Es un sonido orgánico, industrial, como el de una máquina gigante despertando en las entrañas de la tierra.
El suelo de nieve compactada parece vibrar.
Stefanny: (Jadeando aún por la última canción, pero con los sentidos alerta.
Le susurra a Milagros, agarrando su brazo) “Algo…
algo viene.” Milagros: (Asintiendo, su elegancia negra ahora parece mimetizarse con la oscuridad.
Su instinto la pone en guardia) “Se siente diferente.
Como una tormenta.” Marilú: (Su romanticismo bohemio da paso a una excitación nerviosa) “Es ella…
¿verdad?
Tiene que ser ella.” De repente, un solo haz de luz blanca, fría y quirúrgica, corta la oscuridad.
Ilumina las consolas.
Y allí, de pie, no caminando sino plantada con una presencia inmutable, está CHARLOTTE DE WITTE.
Su figura es una silueta poderosa contra la luz.
Lleva su clásico look: pelo recogido, una mirada intensa y concentrada que ni siquiera parpadea al recibir el haz de luz.
No saluda.
No sonríe.
Solo observa.
Su presencia es un campo de gravedad que atrae toda la atención.
El zumbido crece.
Se convierte en un ritmo.
Un kick seco, penetrante y sin concesiones estalla, golpeando el pecho con la fuerza de un martillo neumático.
No hay melodía.
No hay acordes alegres.
Solo un ritmo implacable, un bajo subterráneo que resuena en los huesos y un hi-hat afilado que corta el aire como una cuchilla.
Es el sonido del techno oscuro, puro y ascético.
Charlotte no levanta los brazos para animar.
En su lugar, alza un dedo índice hacia el cielo, un gesto mesurado pero de un poder hipnótico.
Con la otra mano, manipula los controles con precisión de cirujana, añadiendo capas de percusión, efectos distorsionados, un sonido que es a la vez minimalista y abrumadoramente denso.
La multitud no salta de alegría.
Se sumerge.
Los cuerpos se doblan ligeramente hacia adelante, atrapados en el ritmo hipnótico.
Los brazos se mueven con pulsos controlados, como si todos fueran parte de la misma máquina.
Los gritos son guturales, de aprobación y entrega a la oscuridad controlada.
Stefanny, Marilú y Milagros son absorbidas por el vortex.
Ya no son tres mujeres bailando; son tres engranajes más en el mecanismo perfecto que Charlotte dirige.
Stefanny cierra los ojos, dejando que el ritmo la posea.
Marilú mueve la cabeza al compás, una expresión de concentración extática en su rostro.
Milagros, con una sonrisa seria y asintiente, sigue el compás con un movimiento preciso de hombros.
Charlotte de Witte por fin permite que una pequeña y fugaz sonrisa cruce sus labios.
No es una sonrisa de alegría, sino de satisfacción.
La satisfacción de un artesano que ve su creación funcionando a la perfección.
La Reina ha llegado a su reino nevado, y con un dedo alzado y un beat implacable, ha sumido a Tomorrowland Winter en la más gloriosa y poderosa de las oscuridades.
La noche acaba de adquirir profundidad, ritmo y alma de acero.
(La música de Charlotte De Witte es una fuerza de la naturaleza.
Un muro de sonido techno, preciso, oscuro e hipnótico, que no permite conversación, solo inmersión.
Las tres están atrapadas en su vortex, moviéndose como un solo organismo.
Pero durante un breve breakdown, donde el ritmo se reduce a un bajo pulsante y un susurro atmosférico, logran intercambiar unas palabras entre jadeos).
Stefanny: (Gritando, acercándose al oído de Marilú, con los ojos muy abiertos por la adrenalina) ¡¡ES INHUMANA!
¡¡PARECE QUE ESTÁ CONDUCIENDO UN TREN A TRAVÉS DE LA MONTAÑA Y NOSOTROS VAMOS ADENTRO!!
Marilú: (Asintiendo con fuerza, su falda crema ondeando.
Grita hacia Milagros) ¡¡TENÍA RAZÓN!
¡¡ES OTRO NIVEL!
¡NO BAILAS, TE RINDES!
¡¡MI CORAZÓN ESTÁ LATIENDO CON EL KICK DRUM!!
Milagros: (Con una expresión de profunda concentración y respeto, su elegancia intacta a pesar del sudor en su sien.
Se inclina hacia ambas, su voz es más grave pero clara) ¡No es solo música!
¡Es ingeniería!
¡Cada transición, cada corte, es perfecto!
¡Esa mujer no está tocando, está dando órdenes a nuestro sistema nervioso!
(Un golpe seco anuncia el regreso del ritmo completo.
Charlotte, en el escenario, lanza un brazo al aire con decisión militar.
El sonido vuelve a estallar, más denso que antes).
Stefanny: (Volviendo a bailar, pero ahora con más intensidad, como si hubiera entendido algo) ¡¡ES QUE NO HAY ERROR!
¡¡TODO ES FRÍO, DURO…
PERO TE LLENA!!
Marilú: (Cerrando los ojos, gritando hacia el cielo) ¡¡ME SIENTO PODEROSA!
¡¡COMO SI PUDIERA ROMPER UNA PARED CON SOLO MIRARLA!!
Milagros: (Observando a Charlotte en el escenario con admiración profesional) ¡Es la reina por una razón!
¡Mírala!
¡Ni una sonrisa de más, ni un movimiento superfluo!
¡Pura eficiencia y poder!
¡Esto no es un espectáculo, es una demostración de fuerza!
(Otro momento de respiro, un loop repetitivo que permite respirar).
Stefanny: (A Milagros, con una sonrisa de complicidad) ¡¿Ves?!
¡Por esto valía la pena que llegaras!
¡Para ver esto con nosotras!
Milagros: (Sonríe, por fin un gesto cálido en medio de la oscuridad sonora) ¡No me lo habría perdido por nada del mundo!
¡Esto es historia, queridas!
¡Estamos presenciando a una maestra en la cima de su juego!
Marilú: (Uniendo sus manos con las de ellas brevemente) ¡LAS TRES, EN EL FRENTE, VIENDO A LA REINA!
¡ESTO ES DE PELÍCULA!
(Charlotte De Witte introduce un sonido agudo, estridente y perfectamente colocado que hace gritar a toda la multitud de éxtasis y dolor placenteros.
Las tres miran al escenario, unidas en su asombro).
Stefanny: (Resumiendo el sentimiento de todas, grita con el corazón) ¡¡DIOS, QUÉ BUENA ES!!!
Y vuelven a sumergirse, ya no solo en la música, sino en la experiencia compartida de reconocer la genialidad.
El frío de la noche, el calor de los cuerpos, y el techno implacable de Charlotte De Witte tejían un recuerdo imborrable para las tres.
(Es el momento cumbre del set.
Charlotte de Witte ha construido una tensión insoportable.
Durante lo que parece una eternidad, ha ido despojando la música capa por capa.
Primero desaparecieron las líneas de sintetizador distorsionadas, luego los hi-hats veloces, después las percusiones secundarias.
Solo queda el latido fantasma del bajo, un
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