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DULCE VENENO - Capítulo 166

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  4. Capítulo 166 - 166 Chantaje emocional
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166: Chantaje emocional 166: Chantaje emocional ¿Estuvo para ti cuando tomabas decisiones que te perjudicaban?

¿O simplemente te acompañaba en el desastre, porque era divertido?

(Su tono se vuelve más íntimo, peligrosamente persuasivo).

Mira, cielo, yo te conozco.

Sé que tienes un corazón enorme, leal.

Eso es una de las cosas que más admiro de ti.

Pero esa lealtad…

a veces te ciega.

Te hace aferrarte a cosas…

a personas…

que ya no te convienen.

Stefanny: (Sacude la cabeza, incrédula) ¿Que no me conviene?

¡Es mi mejor amiga!

¡Ella no me ha hecho nada!

Lansky: (Suspira, como si fuera un padre paciente explicándole algo difícil a un niño.

Se sienta a su lado en el sofá, demasiado cerca).

No se trata de que te “haga” algo, mi amor.

Se trata de la energía.

La influencia.

(Toma su mano con una suavidad que contrasta con sus palabras).

Tú y yo…

estamos construyendo algo.

Algo serio, estable.

Nuestro mundo.

Un mundo de responsabilidades, de futuro.

¿Y qué representa Marilú?

Fiestas espontáneas, viajes a festivales sin avisar, esa…

bohemia despreocupada.

(Aprieta su mano ligeramente).

No es maldad, Stefanny.

Es…

inmadurez.

Y esa inmadurez te arrastra hacia atrás.

Te distrae de lo que es importante.

De nosotros.

Stefanny: (Retira su mano, sintiendo un nudo de angustia en el estómago) No es justo.

Ella no es una distracción.

Es parte de mi vida.

Lansky: (Su expresión se oscurece un poco.

Su voz baja, pero cada palabra pesa como plomo) ¿Tu vida?

¿O la vida que tenías antes de mí?

(Pausa dramática).

Stefanny, yo te ofrezco todo.

Seguridad, amor, un futuro.

Pero necesito saber que estás completamente conmigo.

Que tus lealtades están aquí.

(Su mirada se vuelve penetrante, cargada de una emoción que podría ser amor o podría ser control).

Ver cómo te alejas con ella, a esos lugares…

me duele.

Me hace sentir que no soy suficiente para ti.

Que necesitas ese caos, esa fuga, para ser feliz.

Stefanny: (Se siente atrapada.

Sus argumentos parecen desmoronarse ante la lógica retorcida y el chantaje emocional.

Su voz tiembla) No es eso, Lansky…

Tú eres muy importante para mí.

Pero Marilú también…

Lansky: (Interrumpe, suave pero firme) No puede haber un “también” en esto, preciosa.

No si quieres que lo nuestro funcione.

(Le acaricia la mejilla, un gesto tierno que ahora se siente como una trampa).

No te pido que la borres de tu vida.

Solo…

un poco de distancia.

Que priorices nuestro tiempo.

Nuestra paz.

Por favor.

Hazlo por mí.

Por lo que tenemos.

¿Vas a elegir el fantasma de tu pasado sobre nuestro futuro?

Stefanny lo mira, sus ojos brillan con la confusión y el dolor de sentirse dividida.

La presión es abrumadora.

La amenaza no es gritada, está susurrada en el lenguaje del amor y la preocupación, haciéndola sentir ingrata y desleal por querer conservar una amistad.

El lujoso abrigo que lleva, el reloj rosado en su muñeca, todo lo que representa el mundo de Lansky, de repente se siente como el precio de una libertad que le están pidiendo que pague.

Se queda en silencio, incapaz de responder, su amistad con Marilú bajo el cuchillo perfectamente afilado del chantaje emocional.

El silencio en la oficina se vuelve denso, cargado.

Las palabras de Stefanny han caído como una sentencia inesperada.

Lansky no responde de inmediato.

La mira fijamente, como si no pudiera procesar lo que acaba de oír.

Luego, su expresión de autoridad fracturada y control comienza a desmoronarse, pero de una manera calculadamente teatral.

Lansky: (Su voz sale quebrada, apenas un susurro cargado de dolor) ¿No…?

¿En serio, Stefanny?

¿Después de todo lo que te he dado, de todo lo que significamos…

eliges a ella?

(Sus ojos, que hace un instante eran fríos y evaluadores, comienzan a brillar con un vidrioso manto de lágrimas.

No llora a gritos; es un llanto silencioso, más devastador.

Una lágrima solitaria traza un camino perfecto por su mejilla, seguida por otra.) Lansky: (Deja escapar un sollozo ahogado, llevándose ambas manos a su rostro, hundiendo la cabeza.

Sus hombros se estremecen ligeramente) ¡No lo entiendo!

¡Lo doy todo por ti!

Mi tiempo, mi devoción, mi…

mi paz.

Y tú…

no puedes darme esto.

Esta única cosa que te pido para sentirme seguro, para sentir que soy primero en tu vida.

(Desde detrás de sus manos, donde Stefanny no puede ver, la expresión de Lansky es completamente diferente.

Los ojos, entre los dedos, están secos y fríos como el acero.

La boca, levemente visible, no tiene el temblor del llanto, sino una línea delgada y dura.

Es la mirada de un jugador que ha subido la apuesta, fría, calculadora y, en efecto, asesina en su determinación de ganar.

Pero su voz sigue siendo un torrente de dolor manipulado).

Lansky: (Bajando las manos, revelando un rostro marcado por las supuestas lágrimas, los ojos enrojecidos.

Su voz es un hilito de angustia) ¿Es que no valgo lo suficiente?

¿Todo lo que construimos no significa nada comparado con…

con unas risas y unos recuerdos de la infancia?

(Otra lágrima cae, esta vez dejada caer con precisión dramática).

Me destroza, Stefanny.

Me destroza pensar que puedo perderte, que no soy capaz de darte la seguridad que necesitas para confiar en mí completamente.

Stefanny está paralizada.

Verlo llorar, a él, el hombre siempre seguro y en control, la desconcierta por completo.

El conflicto se intensifica diez veces.

Su corazón se parte entre la lealtad a Marilú y el dolor aparente del hombre que ama.

La manipulación es maestra: sus lágrimas son un arma que desarma todas sus defensas racionales, haciéndola sentir la villana de la historia.

Stefanny: (Su voz tiembla, llena de angustia genuina) Lansky, no…

no es así.

Por favor, no llores.

Tú significas muchísimo para mí…

Lansky: (Aprovecha la apertura, alzándole la barbilla con suavidad, sus ojos llorosos buscando los suyos) Entonces, ¿por qué me haces esto?

¿Por qué me obligas a competir?

Mi amor por ti no tiene condiciones…

pero mi paz sí.

Y no la tendré mientras sienta que hay una parte de ti que prefiere escaparse con ella, a lugares donde yo no puedo protegerte, donde no puedo llegar.

Es desgarradora y repulsiva a la vez.

Las lágrimas de Lansky son sal líquida en la herida de la lealtad de Stefanny.

Detrás de la máscara del dolor, sin embargo, la mirada que brevemente dirige a un punto por encima de su hombro, cuando ella baja la vista abrumada, es pura y fría determinación.

No está llorando por dolor; está inundando el campo de batalla para ganar la guerra.

Y en este momento, está ganando.

El quebranto de Lansky parece intensificarse.

No es un llanto ruidoso, sino ese silencio desgarrador interrumpido por respiraciones entrecortadas y el temblor convulsivo de sus hombros.

Es el espectáculo del hombre más fuerte que ella conoce, reducido a ruinas por su “deslealtad”.

Cada sollozo silencioso es un martillazo en la ya resquebrajada resistencia de Stefanny.

Stefanny lo mira, y su propio corazón se desgarra en dos.

La imagen de su amiga, de su infancia, de risas libres y complicidad, choca contra la imagen de este hombre destrozado a sus pies, un hombre que, repite en su mente, lo da todo por ella.

La culpa, pesada y tóxica, inunda cada rincón de su ser.

¿Cómo puede ser ella la causa de tanto dolor?

¿Cómo puede priorizar una amistad sobre el amor que le ofrece una vida entera?

Stefanny: (Su voz es apenas un susurro roto, ahogado por sus propias lágrimas que ahora comienzan a caer) Basta…

por favor, Lansky, basta.

No puedo…

no puedo verte así.

Lansky: (Alza la vista, sus ojos inundados y rojos la miran con una vulnerabilidad que parece mortal) ¿Entonces…

me entiendes?

¿Ves lo que me haces?

Stefanny cierra los ojos, como si al no ver pudiera escapar de la agonía de la decisión.

Un último suspiro tembloroso escapa de sus labios antes de que las palabras, pesadas como losas, salgan de su boca.

Stefanny: (Abriendo los ojos, llenos de una tristeza resignada) Está bie

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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