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DULCE VENENO - Capítulo 176

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176: Teatro 176: Teatro Toma la bolsa de evidencia, la abre con cuidado usando guantes nuevos, y extrae el teléfono.

Lo conecta a un cable especial que a su vez va a su potente laptop, abriendo un software especializado de desbloqueo y extracción forense.

Lucas: (Tecleando rápidamente) Modelo común.

El cifrado puede ser un problema, pero tengo algunas herramientas que pueden funcionar sin borrar los datos si no tiene una contraseña de 20 caracteres.

(Mira la pantalla de su laptop, donde comienzan a aparecer líneas de código y barras de progreso).

Empezamos.

A ver qué secretos esconde este chisme.

La pantalla de la laptop brilla, reflejándose en los rostros expectantes de los dos agentes.

El teléfono de Isaura, ahora un objeto silencioso y dañado, está a punto de revelar su contenido, quizás iluminando el camino hacia Milagros y el mundo de sombras que ella habita.

La carrera contrarreloj para encontrar al responsable acaba de entrar en su fase digital.

El laboratorio está en silencio, solo el zumbido de los equipos y el rápido clic del teclado de Lucas.

La pantalla de su laptop refleja la interfaz desbloqueada del teléfono de Isaura.

Lucas: (Desplazándose) Desbloqueado.

Vamos a ver…

Galería.

(Hace una mueca al ver algunas fotos íntimas).

Fotos personales, algunas…

explícitas.

Nada relevante de otros individuos.

Llamadas…

(Señala una lista).

Muy pocos contactos recurrentes.

Dos nombres destacan: “Milagros” y “Lansky”.

Varias llamadas perdidas de y hacia ambos en los últimos días.

Policía (mujer): (Señalando la pantalla) Lansky…

¿El mismo del que habló la víctima en sus delirios?

Tiene que estar conectado.

Saca capturas de todo.

Lucas: Asiente y abre Instagram.

El perfil de Isaura es público, con una estética cuidada pero con pocas publicaciones recientes.

Tiene una cantidad considerable de seguidores, muchos de ellos con perfiles anónimos o de dudosa procedencia.

“Mucho ruido y pocas nueces”, murmura Lucas.

Luego, abre WhatsApp.

El chat más reciente, y el único con actividad en las últimas 24 horas, es con “M” (una foto de perfil elegante y borrosa, sin rostro visible).

Lucas lo abre.

Policía (hombre): (Se inclina) Ahí está.

Lee.

Lucas desplaza el chat.

Aparece el intercambio breve y tenso: [M]: Restaurant Guy Savoy.

Mañana.

1:30 PM.

Pregunta por mi reserva.

[Isaura]: Ahí la veré.

La hora del último mensaje de “M” coincide casi exactamente con la hora estimada en que el coche negro dejó a Isaura en el hospital.

Policía (mujera): (Sus ojos brillan con intensidad) Esa es nuestra persona.

“M”.

Tiene que ser la mujer de la foto.

Y el lugar…

Guy Savoy.

Un sitio carísimo, discreto.

Esto fue planeado.

En ese momento, el otro oficial que habían dejado abajo sube corriendo las escaleras, con una carpeta delgada en la mano.

Su rostro es una mezcla de asombro y frustración.

Oficial (con la carpeta): (Jadeando un poco) Tengo el expediente preliminar de la identificación.

La mujer de la foto…

se llama Milagros .

Casada con Cristhian Tantalean , el empresario.

Viven en la zona más exclusiva.

Y…

(abre la carpeta, leyendo) no tiene nada.

Cero antecedentes.

Cero problemas.

Las verificaciones salen limpias como un espejo.

Policía (hombre): (Desconcertado) ¿Nada?

¿Ni una multa de tráfico?

Oficial: Nada.

Según los registros financieros y sociales, es una filántropa.

Donaciones cuantiosas a orfanatos, asociaciones de arte, galas benéficas.

En las pocas fotos públicas que hay, siempre sonriente, elegante, al lado de su marido.

(Hace una pausa, incómodo).

Los vecinos, los pocos que han hablado, la describen como “reservada pero amable”, “un ángel”.

La prensa económica la llama “la musa discreta” de Alcántara.

Policía (mujer): (Mira fijamente la pantalla del chat de WhatsApp, luego la foto de Milagros en el expediente.

Su voz es un susurro lleno de certeza) Un ángel que quedo para almorzar en un restaurante de tres estrellas Michelin a la 1:30, y a las 2:05, su “amiga” de la infancia aparece con la cara cortada y las manos perforadas frente a un hospital.

(Golpea suavemente la mesa).

Eso no es un ángel.

Eso es un demonio con muy buena coartada.

Se hace un silencio pesado en la sala.

La contradicción es abismal.

Por un lado, la evidencia digital apunta directamente a Milagros con una claridad escalofriante.

Por el otro, su vida pública es una obra maestra de respetabilidad y caridad intachables.

Policía (hombre): (Resopla) Tenemos un mensaje de WhatsApp y una coincidencia de hora.

Contra un muro de dinero, influencia y una reputación perfecta.

Y ella sabe que sabemos.

(Mira a su compañera).

Esto se va a poner feo.

Policía (mujer): (Asiente, su determinación intacta) Feo o no, tenemos a una víctima que necesita justicia.

Empecemos por lo que tenemos: solicitemos las cámaras de seguridad del Guy Savoy y de las calles aledañas para la hora de la reserva.

A ver si nuestro “ángel” aparece en algún fotograma.

Y preparemos una solicitud formal para interrogar a la Sra.

Milagros.

Como “testigo”, por ahora.

A ver qué dice esa “sonrisa de ángel” cuando le preguntemos por su amiga de la infancia.

La investigación acaba de chocar de frente con el poder real.

La batalla entre la evidencia cruda y la fachada impoluta de Milagros ha comenzado.

Recepción del Restaurant Guy Savoy, al día siguiente.

Los mismos dos agentes se presentan con una orden judicial.

El ambiente es de tensión educada.

El gerente, un hombre impecablemente vestido y de modales pulidos pero con los ojos ligeramente nerviosos, los recibe.

Tras revisar la orden, accede con una inclinación de cabeza.

Gerente: “Por supuesto, agentes.

Siganme a la sala de seguridad.” Sala de seguridad, un cuarto pequeño con una pared de monitores en blanco y negro y una consola de grabación.

Un técnico del restaurante, bajo la atenta mirada del gerente, busca las grabaciones del día y hora indicados: alrededor de la 1:30 PM.

Encuentra los archivos y los reproduce en un monitor principal.

Lo que aparece en la pantalla es una secuencia impecable, pero profundamente inquietante para los policías.

Se ve a Milagros y a Isaura sentadas en una mesa del comedor principal.

Ambas están sonriendo.

La conversación parece animada, incluso amistosa.

Milagros luce su elegancia habitual; Isaura parece un poco nerviosa, pero no asustada.

En un momento dado, comparten lo que parece ser un postre.

No hay señales de tensión, ni mucho menos de violencia.

Luego, se ve cómo ambas se levantan.

Intercambian lo que parece una frase, sonríen nuevamente (la sonrisa de Isaura parece forzada, pero en la granja calidad de la cámara, podría pasar por timidez o incomodidad).

Se despiden con un leve movimiento de cabeza.

Milagros se dirige hacia la salida principal del restaurante, sola.

Unos segundos después, Isaura sale por la misma puerta.

En la toma de la cámara exterior, se la ve parada en la acera, mirando su teléfono.

En ese momento, un sedán negro discreto (no el mismo que describió la enfermera, este parece más lujoso) se detiene.

La puerta trasera se abre desde dentro.

Isaura mira hacia el auto, parece dudar un instante, pero luego sube voluntariamente.

El auto se aleja con fluidez.

Policía (mujer): (Frunce el ceño, señalando la pantalla) Esperen.

Rebobinen eso.

¿Ella subió…

por su propia voluntad?

El técnico rebobina y reproduce de nuevo.

No hay señales de coacción visible.

Isaura sube al auto sin que nadie la empuje o la agarre.

Policía (hombre): (Cruza los brazos, frustrado) Están sonriendo.

Se despiden.

Ella se va en un coche diferente.

Esto…

esto no cuadra con una secuestro y tortura en el restaurante.

Policía (mujera): (Su instinto le dice que algo está profundamente mal.

Se acerca a la pantalla, su voz es baja pero intensa) Oiga.

¿Está seguro de que esta es la grabación correcta?

¿Del comedor principal?

¿A esa hora exacta?

El Jefe del Restaurante, que ha permanecido en silencio, se acerca.

Su rostro es una máscara de profesionalismo impenetrable.

Jefe del Restaurante: “Completamente seguro, agente.

Puede ver la marca de tiempo aquí abajo.” (Señala la esquina inferior de la pantalla, donde los números parpadean: 13:28 – 14:07).

“Fue un almuerzo breve

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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