DULCE VENENO - Capítulo 177
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177: Salón 177: Salón “Fue un almuerzo breve pero aparentemente cordial entre dos damas.
La Sra.
Milagros es una clienta muy valiosa.
Lamentamos mucho lo que le haya sucedido a su acompañante después, pero aquí, dentro de nuestro establecimiento, solo podemos atestiguar lo que las cámaras muestran: una despedida civilizada.” Sus palabras son cuidadosas, definitivas.
Ofrecen una narrativa limpia y legal que exculpa por completo al restaurante y, por implicación, a Milagros de cualquier acto dentro de sus instalaciones.
Policía (mujera): (Mira fijamente la pantalla, luego al jefe.
Sabe que está frente a una farsa perfectamente coreografiada, pero sin pruebas para refutarla aquí y ahora).
Está bien.
Gracias por su cooperación.
Necesitamos una copia de esta grabación.
Jefe del Restaurante: “Por supuesto.
Se la prepararemos de inmediato.” Al salir del restaurante, el aire frío de París golpea a los agentes.
Policía (hombre): (Susurra) Esto fue un montaje.
Un puto teatro.
Pero es impecable.
Ella sabía que habría cámaras.
Todo fue para la grabación.
Policía (mujera): (Asiente, su ira ahora es fría y concentrada) Sí.
Lo que pasó, pasó después.
En ese coche, o en otro lugar.
Pero ella cubrió sus pasos aquí perfectamente.
“Una clienta muy valiosa”…
(repite las palabras con desprecio).
Eso significa que el dinero y la influencia de Milagros ya han presionado este lugar.
Las cámaras del comedor muestran eso.
¿Y las de la cocina?
¿Las de la entrada de servicio?
¿Las de la calle de atrás?
(Mira hacia el edificio).
No las pidieron.
Y es probable que ya hayan “tenido un fallo técnico” esa misma tarde.
La evidencia más obvia se ha convertido en un callejón sin salida.
Tienen a Milagros en el lugar y la hora, pero la grabación la muestra como una anfitriona perfecta.
La investigación acaba de toparse con el primer muro de la arquitectura de impunidad de Milagros: una mentira respaldada por imágenes y protegida por el miedo al poder.
Ahora, tendrán que ser más inteligentes, o buscar una grieta en esa fachada perfecta.
Milagros está sumergida en un jacuzzi al aire libre en la terraza privada, con vistas a los tejados de París.
El agua burbujea suavemente alrededor de ella.
En una mano sostiene una copa de cristal fino con un vino tinto oscuro.
Su teléfono, en un estuche a prueba de agua, está sobre el borde.
El teléfono vibra con una llamada.
Un nombre genérico aparece en la pantalla: “Gerente – GS”.
Ella contesta sin prisas, llevándose la copa a los labios.
Milagros: (Su voz es relajada, casi soñolienta, como si la llamada fuera una molestia menor) Dime.
Gerente (voz al teléfono): Suena tenso, conteniendo el pánico.
“Señora Valdez.
Son los policías.
Acaban de irse.
Mostraron una orden.
Revisaron las cámaras de seguridad del comedor principal, como usted…
anticipó.” Milagros: (Toma un sorbo lento de su vino, sin alterarse en absoluto) ¿Y?
Gerente: “Se llevaron una copia de la grabación.
La…
la secuencia que usted pidió que dejáramos disponible.
Preguntaron por la hora, la veracidad…
todo como usted dijo que harían.” Su voz tiembla ligeramente.
“Fue muy convincente, señora.
Pero fue…
intenso.” Milagros: (Una sonrisa fría se dibuja en sus labios, invisible para el gerente) Lo bueno siempre lo es.
Me alegra oír que el servicio fue impecable, como siempre.
Gerente: Hay un silencio incómodo al otro lado de la línea.
Luego, con voz aún más baja: “Señora…
el técnico que…
ajustó las otras cámaras…
y yo…
estamos un poco…
nerviosos.” Milagros: (Su tono se vuelve ligeramente más frío, aunque aún calmado) Los nervios son naturales.
Pero la discreción es un arte que se paga bien.
(Hace una pausa, dejando que el peso de sus palabras caiga).
Ya he transferido el agradecimiento por vuestra exquisita discreción a vuestras cuentas.
Diez millones de euros.
Dividido de manera apropiada, por supuesto.
Gerente: (Al otro lado, se escucha un suspiro ahogado, una mezcla de alivio, avaricia y miedo.
La cifra es astronómica).
“D-diez millones…
Señora, usted es…
muy generosa.” Milagros: (Su voz recupera su suavidad aterciopelada, pero es una orden disfrazada) La generosidad premia la lealtad y el silencio.
Y castiga su ausencia.
Disfrutad del pago.
Y olvidad que esta conversación, y todo lo relacionado con esa tarde, alguna vez ocurrió.
¿Entendido?
Gerente: (La voz ahora es firme, decidida por el dinero y el miedo) “Completamente, señora milagros .
No hubo ninguna conversación.
El restaurante solo brindó un servicio estándar a una clienta distinguida.
Nada más que reportar.” Milagros: “Excelente.
Que tenga una buena noche.” Corta la llamada sin esperar respuesta.
Deja el teléfono a un lado y toma otro sorgo largo de vino, contemplando el horizonte parisino que se tiñe de naranja y púrpura.
La transacción está completa.
El silencio del Restaurant Guy Savoy ha sido comprado por un precio que pocos podrían rechazar, y asegurado con una amenida que nadie en su sano juicio osaría desafiar.
La farsa de las cámaras es ahora una “verdad” oficial, respaldada por el miedo y el dinero.
Milagros cierra los ojos, un susurro casi inaudible escapando de sus labios.
Milagros: (Para sí misma) Barato, considerando el precio de la libertad…
o de una celda.
El sonido burbujeante del jacuzzi y el último resplandor del sol son los únicos testigos de su triunfo absoluto.
La investigación policial acaba de ser saboteada desde dentro, con la elegancia despiadada que la caracteriza.
Gran salón de la mansión Tantalean.
Luz matutina filtrada por altos ventanales.
Los dos policías, fuera de lugar en su ropa informal junto a la opulencia del lugar, esperan de pie.
Un suave crujido en la escalera de mármol anuncia su llegada.
Milagros desciende con una lentitud deliberada, cada paso una declaración de poder y elegancia.
Su vestido burdeos de cuero brillante se ciñe a su figura como una segunda piel, el adorno de plumas en el escote ondeando levemente.
Los guantes a juego, el collar de perlas, el bolso Birkin negro colgado del antebrazo y los botines de tacón afilado completan una imagen de lujo impecable y control absoluto.
Su cabello rojo con ondas suaves enmarca un rostro sereno.
Al llegar al pie de la escalera, los mira con una expresión de curiosidad educada, casi aburrida.
Milagros: (Su voz es suave, melodiosa, pero tiene una cualidad que congela el aire) Buenos días.
Qué los trae por aquí, agentes…
a una hora tan temprana?
Espero que no sea por una infracción de tráfico de alguno de mis conductores.
Su tono es ligero, casi juguetón, desarmando por completo la solemnidad de su visita.
Policía (mujer): (Se adelanta un paso, manteniendo contacto visual.
Su profesionalismo es un escudo contra la atmósfera opresiva de lujo).
Buenas días, Sra.
Milagros.
Somos los investigadores asignados al ataque contra Isaura Mendes.
Venimos a hacerle unas preguntas, en calidad de testigo.
Seguro ya estará al tanto de lo sucedido.
Milagros: (Arquea una ceja ligeramente, una mueca de preocupación genuina que se dibuja perfectamente en su rostro.
Se lleva una mano enguantada al pecho) ¿Isaura?
¿Dios mío, qué le ha pasado?
No he hablado con ella en…
unos días.
(Su voz muestra una consternación perfectamente medida).
¿Está bien?
Policía (hombre): (Observándola de cerca, buscando cualquier grieta en la fachada) Fue encontrada gravemente herida anoche, Sra.
Milagros .
Con heridas muy específicas.
Nuestra investigación indica que usted fue una de las últimas personas en verla con vida…
bueno, consciente.
Concretamente, ayer al mediodía, en el Restaurant Guy Savoy.
Milagros: (Asiente lentamente, la preocupación en sus ojos se intensifica, pero no hay rastro de sorpresa o miedo.
Más bien, parece la tristeza de quien recibe malas noticias) Ah, sí…
nuestro almuerzo.
(Suspira).
Fue una reunión…
agridulce, la verdad.
Isaura y yo somos amigas de la infancia, pero los caminos de la vida nos han separado.
Quería verla, ponernos al día.
(Mira a los policías con franqueza).
Parecía un poco…
nerviosa, pero contenta de verme.
Nos despedimos cordialmente.
¿Dices que después de eso…?
¡Qué horror!
Su interpretación es magistral.
Coincide punto por punto con lo que las cámaras “muestran”.
La preocupa la noticia, pero no se inmuta ante la acusac
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