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DULCE VENENO - Capítulo 181

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181: Salvaje 181: Salvaje Cosas que se enredaron.

Pero hace meses que llegamos a un acuerdo, un pago final.

Creí que todo estaba cerrado.

(Mira fijamente a la policía mujer, su mirada ahora es intensa, casi suplicante).

Tienen que encontrar a quien hizo esto.

Isaura…

podía ser difícil, imprudente, pero no se merecía esto.

Nadie se merece esto.

Su actuación, si es una actuación, es magistral.

Ha pasado del empresario seguro a un hombre profundamente conmocionado y preocupado, negando cualquier implicación pero mostrando una emoción aparentemente genuina por la víctima.

Ha admitido un motivo potencial (dinero, un pasado complicado) pero lo ha colocado en el pasado y lo ha enmarcado como “resuelto”.

Para los policías, es una respuesta perfecta: lo suficientemente verosímil para ser creíble, lo suficientemente controlada para no incriminarse.

La sombra de la duda, una vez más, se cierne, pero no se posa directamente sobre él Después de la ola inicial de shock, Lansky parece recuperar el control de sí mismo, aunque una palidez residual y una tensión en su mandíbula delatan que la noticia lo ha afectado profundamente.

Asiente lentamente a las preguntas de los policías, sus respuestas son medidas, pensadas.

Policía (mujer): ¿Puede detallar la naturaleza de ese “acuerdo final”?

¿Hubo testigos, transferencias bancarias que podamos verificar?

Lansky: (Asiente, con aire de cooperación) Por supuesto.

Fue una transferencia bancaria.

Puedo facilitarles el comprobante de mi banco.

Fue hace tres meses.

La cantidad fue…

significativa, para liquidar deudas pasadas y asegurar un nuevo comienzo para ella.

Creí que con eso quedaba todo saldado.

No hubo testigos; fue un asunto privado entre adultos.

Policía (hombre): ¿Y desde entonces, ningún contacto?

Lansky: (Niega con la cabeza, una sombra de tristeza en los ojos) Ninguno.

Ella cumplió su palabra.

Yo cumplí la mía.

Pensé que era lo mejor para ambos.

(Hace una pausa).

Verán, Isaura…

tenía un talento para meterse en problemas, para atraer…

personajes complicados.

Siempre le dije que tuviera cuidado.

(Suspira, auténticamente abatido).

Tal vez no me escuchó.

Policía (mujer): (Observándolo de cerca) ¿”Personajes complicados”?

¿A quién se refiere?

Lansky: (Levanta las manos en un gesto de ignorancia) Gente de su círculo.

Artistas, vividores…

no conozco nombres.

Era su vida.

Yo me había distanciado.

Pero siempre tuve la impresión de que jugaba con fuego.

Desvía la sospecha con elegancia, sugiriendo un mundo alrededor de Isaura lleno de peligros potenciales, sin dar nombres ni detalles comprometedores.

Policía (hombre): (Hace una última pregunta de sondeo) Su nombre también aparece vinculado al de Milagros Valdez.

¿Cuál es su relación con ella?

Lansky: (No parpadea.

Su respuesta es fluida, natural) Milagros es una vieja amiga de la familia.

De la misma época que Isaura, de hecho.

Es la esposa de un socio comercial ocasional de mi empresa, Cristhian Alcántara.

Una mujer admirable, muy dedicada a su familia y a la caridad.

¿Por qué?

¿Está ella…

involucrada en esto de alguna manera?

Pregunta con genuina curiosidad, casi preocupación, mezclando perfectamente la verdad (son viejos conocidos) con la mentira (ocultando su verdadero vínculo).

Policía (mujer): (Evita responder directamente) Solo estamos recabando información en este momento, Sr.

Lansky.

(Saca una tarjeta de su bolsillo y la coloca sobre el escritorio de cristal).

Si recuerda cualquier cosa más, por pequeña que sea, o si Isaura intenta contactarlo, por favor, llámenos de inmediato.

Es de vital importancia.

Lansky: (Toma la tarjeta con dos dedos, examinándola con seriedad antes de colocarla junto a su teléfono) Por supuesto.

Haré lo que esté en mi mano para ayudar.

Encontrar al monstruo que hizo esto es una prioridad para mí también.

(Se levanta, indicando que la reunión ha terminado).

Les deseo mucha suerte en la investigación, agentes.

Espero que la justicia actúe con rapidez.

Acompaña a los policías hasta la puerta de su oficina con una cortesía fría.

Una vez que la puerta se cierra y se queda solo, la expresión de preocupación y conmoción se desvanece de su rostro como si nunca hubiera estado allí.

Camina de vuelta a su escritorio, toma la tarjeta de los policías entre el pulgar y el índice, como si fuera algo sucio.

Una sonrisa pequeña y fría se dibuja en sus labios.

Lansky: (Para sí mismo, en un susurro) “Personajes complicados”…

sí.

Uno muy en particular.

(Mira la tarjeta).

Y vosotros, tan amables entregándome vuestro número.

Como si fuera a llamarles para contarles cómo mi querida hermana arregla los problemas de familia.

Deja caer la tarjeta en un cajón y lo cierra con un clic suave.

La actuación ha sido impecable.

Ha sembrado dudas sobre el entorno de Isaura, ha presentado un motivo pasado pero resuelto, y ha mantenido una distancia plausible de Milagros.

Los policías se van con más preguntas que respuestas, pero sin nada concreto que lo ate a la escena del crimen.

Él, en cambio, sabe que el verdadero peligro, Milagros, actuó con una precisión que ni siquiera él conocía por completo hasta ahora.

Y eso, en cierto modo, lo llena de un perverso orgullo familiar.

Oficina de Lansky.

Silencio absoluto tras la partida de los policías.

La puerta se abre sin previo aviso, sin que la secretaria anuncie a nadie.

Milagros entra con la fluidez silenciosa de un felino.

Su atuendo es una obra maestra de elegancia desenfadada y poder sensual: el top blanco cruzado que deja su espalda al descubierto y se anuda en la cintura, la falda midi beige drapeada que se mueve con cada paso, las sandalias de tiras delgadas que alargan sus piernas.

El bolso blanco tejido y los pendientes de aro dorados completan un look que es a la vez veraniego, caro y desafiante.

Lansky, que estaba de pie junto a la ventana con la espalda a la puerta, se gira al sentir su presencia.

Al verla, toda la fachada de empresario controlado y preocupado se desmorona.

Su rostro se transforma.

No es con sorpresa, sino con una necesidad visceral, animal.

Un destello de alivio, de reconocimiento salvaje, ilumina sus ojos.

Sin mediar palabra, corre los pocos metros que los separan.

No camina, corre.

Es un movimiento impulsivo, posesivo.

Al llegar a ella, no la abraza suavemente.

La envuelve con sus brazos, levantándola ligeramente del suelo en un gesto de fuerza abrumadora.

Entierra su rostro en el cuello de ella, justo donde la piel desnuda se encuentra con la línea del cabello.

Inhala profundamente, como si su aroma fuera oxígeno puro después de la asfixia de la mentira y la tensión con la policía.

Lansky: (Su voz es un gruñido ronco, sofocado contra su piel) Milagros…

Milagros no se resiste.

Permanece inmóvil por un instante, luego sus brazos se enroscan alrededor de su espalda, aceptando, incluso alimentando, la intensidad del momento.

Lansky apega su cuerpo al de ella, eliminando cualquier espacio entre ellos.

Se puede sentir la tensión muscular de ambos, una energía eléctrica que es mitad alivio, mitad reafirmación de poder compartido.

Luego, una de sus manos se desliza sin pudor desde su espalda baja hasta su trasero, apretándolo con una posesividad brutal, afirmándola como suya, como un territorio reconquistado.

No es un gesto de deseo casual; es un acto de propiedad, una marca física.

Milagros: (Susurra cerca de su oído, su voz es un contrapunto de calma a su ferocidad) Tranquilo, hermanito.

Ya se fueron.

Los manipulaste perfectamente.

Lansky: (Aprieta más fuerte, su respiración aún agitada contra su cuello) Vieron la foto.

Saben que existes.

Pero no saben…

no saben nada.

Milagros: (Acaricia su cabello con una mano, un gesto a la vez maternal y conspirativo) Y no sabrán.

La “amiga filántropa” y el “empresario conmocionado” son personajes demasiado convincentes.

(Hace una pausa).

Pero Isaura…

está viva.

Eso es un problema que dejaste sin resolver.

Lansky: (Finalmente levanta la cabeza para mirarla a los ojos, su mirada es oscura, obsesiva) Tú la resolviste a tu manera.

Con tu…

firma artística.

(No hay reproche en su voz; hay admiración perversa).

¿Duele?

Milagros: (Una sonrisa pequeña y fría toca sus labios) Menos de lo que dolerá cuando intente sonreír de nuevo.

O hablar.

Se mira

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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