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DULCE VENENO - Capítulo 185

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185: Muda 185: Muda Milagros: (Su tono se vuelve dulce, razonable, pero con una amenida subyacente que hiela la sangre) Porque, querida, si alguna vez se te ocurre…

balbucear, escribir, hacer señas, insinuar algo a alguien…

a la policía, a un periodista, a un médico demasiado curioso…

(hace otra pausa dramática, y su sonrisa se desvanece, dejando solo frialdad)…

no quisieras que te haga coincidir otras cicatrices, ¿verdad?

Al mencionar “otras cicatrices”, su mirada desciende deliberadamente, por un instante, hacia el vendaje de las manos de Isaura, y luego hacia su cuello, expuesto y vulnerable.

La amenaza no es vaga.

Es específica, visual, y horriblemente creíble.

Isaura reacciona instantáneamente.

El miedo la paraliza por un segundo, y luego su cuerpo responde con una serie de movimientos espasmódicos y frenéticos.

Asiente con la cabeza una y otra vez, tan rápido y vehementemente como su cuello dolorido se lo permite.

No es un asentimiento calmado; es el asentimiento histérico, aterrorizado, de alguien que está siendo amenazado por un depredador dentro de su propia madriguera.

Sus ojos, enormes y llenos de pánico, no se despegan de Milagros, transmitiendo un mensaje claro de sumisión absoluta: No diré nada, no diré nada, por favor no me hagas más daño.

Milagros observa la reacción con una satisfacción silenciosa.

Es la confirmación que buscaba.

No necesita palabras de Isaura; su terror mudo es más elocuente que cualquier promesa.

Milagros: (Asiente a su vez, con una expresión que simula alivio) Muy bien.

Me alegra que entiendas.

Los entendimientos claros evitan…

malentendidos dolorosos.

(Da un paso atrás, tomando su bolso Coach).

Descansa, Isaura.

Recupérate.

Y recuerda…

el silencio es el mejor ungüento para las heridas.

Las viejas…

y las nuevas.

Le dirige una última sonrisa, pequeña y letal, antes de ponerse las gafas de sol de nuevo, girar sobre sus tacones y salir de la habitación con la misma elegancia con la que entró, dejando a Isaura sumida en un silencio aterrorizado, con el eco de la amenaza resonando en sus oídos mucho después de que la puerta se haya cerrado.

La jaula de su miedo acaba de ser reforzada, y el carcelero ha dejado claro que las consecuencias de intentar escapar serán más horribles que la prisión misma.

Pasillo del hospital, cerca de la salida.

Milagros camina con determinación, sus tacones de charol repiqueteando con un ritmo seguro.

Los dos guardias, a una distancia respetuosa pero alerta, la flanquean.

En ese momento, los mismos dos policías que la interrogaron en su mansión y revisaron las cámaras del Guy Savoy entran por la puerta principal.

Van directo, con una urgencia contenida, probablemente camino a interrogar a Isaura ahora que podría estar más consciente.

Se detienen en seco al verla.

Sus miradas se encuentran: la de ellos, cargada de sospecha renovada; la de ella, imperturbable detrás de las gafas de sol.

Los guardias de Milagros, percibiendo la tensión, se tensan apenas perceptiblemente, listos para intervenir.

Milagros, sin alterar su paso, levanta una mano con suavidad, un gesto discreto pero autoritario.

Los guardias se detienen inmediatamente, quedándose atrás pero vigilantes.

Ella se acerca a los policías con una sonrisa sociable, pero no cálida.

Policía (mujer): (Su voz es tensa, directa) Sra.

Tantalean .

¿Qué hace usted en el hospital?

Milagros: (Se quita las gafas de sol con lentitud, mostrando una expresión de sorpresa educada que rápidamente se torna a una leve irritación justificada) Buenos días, agentes.

(Hace una pausa, como si considerara si debe responder).

Estoy en el hospital, como puede ver.

Una institución médica.

(Su tono se vuelve ligeramente sardónico).

¿Acaso debo informar de todos mis movimientos personales y médicos a la policía ahora?

¿Se ha convertido París en un estado policial y no me he enterado?

Policía (hombre): (Cruza los brazos) Dada su conexión con una víctima de un ataque brutal que se encuentra internada aquí, consideramos pertinente preguntar.

Milagros: (Suelta un suspiro, como de fastidio ante lo obvio) Ah, entiendo.

La paranoia profesional.

(Se ajusta el bolso Coach en el hombro).

Pues bien, para satisfacer su…

curiosidad, he venido a realizarme unos análisis de sangre de rutina.

Mi médico me los ordenó.

(Hace otra pausa, más dramática, y luego añade con una sonrisa pequeña y falsamente tímida).

En concreto, para confirmar si estoy embarazada.

Mi esposo y yo estamos…

ilusionados con la posibilidad.

La revelación es un golpe maestro.

Es íntima, plausible (dada su vida de casada adinerada), y la sitúa en el hospital con una razón completamente inocente y ajena a Isaura.

Además, la menciona a Cristhian, su poderoso marido, como contexto.

Policía (mujer): (La mira fijamente, intentando detectar una mentira, pero la fachada de Milagros es impenetrable.

Su razón suena creíble, incluso conmovedora, en otro contexto).

Eso…

no invalida nuestra pregunta.

¿Sabe que Isaura Mendes está en este mismo hospital?

Milagros: (Arquea una ceja con genuina sorpresa, bien actuada) ¿En serio?

Qué coincidencia tan terrible.

(Su rostro muestra una preocupación apropiada).

¿En qué planta?

Quizás podría enviarle flores…

aunque supongo que no estará en condiciones de recibirlas, pobre alma.

Ella ha invertido la situación.

De sospechosa que merodea cerca de la víctima, pasa a ser una mujer con una razón médica personal legítima, que se entera por la policía de la presencia de su “amiga”, mostrando una preocupación social adecuada.

Es impecable.

Policía (hombre): (Frunce el cejo, incómodo.

No pueden retenerla.

No tienen ninguna prueba que la vincule al ataque dentro del hospital, solo su presencia).

No, no creo que sea apropiado.

Bueno…

que tenga un buen día, Sra.

Tantalean .

Y felicidades, en caso de que…

se confirme.

Milagros: (Vuelve a ponerse las gafas de sol, ocultando sus ojos.

Su sonrisa es amplia y victoriosa) Gracias, agente.

Les deseo mucha suerte en su investigación.

De verdad espero que encuentren al monstruo que hizo eso.

Da media vuelta y continúa su camino hacia la salida, sus guardias cerrándole el paso.

Los policías se quedan mirándola irse, con la molesta sensación de haber sido manipulaados de nuevo, de que la verdad se les escabulle entre los dedos disfrazada de análisis de embarazo y sonrisas de esposa feliz.

Milagros sale a la luz del día, habiendo burlado otra vez a la ley, protegida por su ingenio, su dinero y una mentira perfectamente creíble.

Habitación de Isaura.

Los policías entran, cerrando la puerta suavemente.

La atmósfera es la misma: silencio opresivo, el olor a antiséptico, el cuerpo inmóvil de Isaura bajo las sábanas.

La ven allí, con los ojos abiertos, mirando al techo.

Pero hay algo diferente: una tensión aún mayor, un miedo palpable que emana de ella como un campo de fuerza.

Sus ojos se desvían hacia ellos, pero no hay alivio, solo una cautela animal.

Policía (mujer): (Se acerca a la cama, manteniendo su voz baja y lo más calmada posible) Isaura.

Somos los agentes que hablamos antes.

Sabemos que no puedes hablar ni escribir.

Señalan sus manos vendadas.

Es una imagen desgarradora.

Policía (hombre): (Se coloca al otro lado de la cama, donde ella pueda verlo sin girar mucho la cabeza) Vamos a hacerte unas preguntas muy sencillas.

Solo necesitamos que asientas con la cabeza para SÍ, o la muevas de lado a lado para NO.

¿Entiendes?

Isaura los mira, sus ojos se mueven entre los dos.

Hay un destello de desesperación, de querer comunicarse, pero también…

hay miedo.

Un miedo profundo, fresco, que va más allá del dolor físico.

Asiente lentamente, una vez, para indicar que entiende las instrucciones.

Policía (mujer): (Toma una pequeña grabadora y la coloca sobre la mesita de noche, encendiéndola) Grabando, declaración de Isaura Mendes, mediante señas afirmativas/negativas.

Primera pregunta: ¿Reconoces a la persona que te hizo esto?

Isaura permanece completamente quieta.

Sus ojos se agrandan.

La pregunta ha activado algo.

Mira fijamente a la policía mujer, luego al hombre.

Su respiración, ya controlada por el dolor, se acelera levemente.

Pasan varios segundos.

No asiente.

No niega.

Se queda paralizada.

Policía (hombre): (Suavemente) Isaura, es importante.

¿Fue alguien que conocías?

Ella cierra los ojos con fuerza.

Un temblor recorre su cuerpo.

Cuando los abre,

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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