DULCE VENENO - Capítulo 190
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Capítulo 190: Pagos
Lansky y Milagros han intentado mantener separados chocan violentamente en el corazón de su hogar.
La tensión en el salón, ya palpable con la presencia de los policías y la furia contenida de Cristhian, alcanza un punto de ruptura absoluta con este nuevo giro.
La puerta principal, que aún no se había cerrado completamente tras los policías, se abre de nuevo. Esta vez, entra Lansky. Viste ropa de verano casual pero impecable: pantalones linos claros, una camisa de lino abierta sobre una camiseta, gafas de sol en la mano. Lleva una bolsa de playa. Parece la imagen de un hombre rico y relajado llegando a pasar el día, completamente ajeno al drama.
Lansky: (Entrando con una sonrisa despreocupada, su voz es clara y alegre) ¡Hola a todos! El tráfico era una locura, pero aquí… (Su frase muere en el aire al levantar la vista.)
Sus ojos se encuentran primero con los de Milagros. Hay un micro-parpadeo, un reconocimiento instantáneo y cargado que sólo ellos dos captan. Luego, su mirada salta a Cristhian, cuya expresión ha pasado de la furia a una peligrosa e inquisitiva calma. Finalmente, ve a los dos policías, cuyos rostros reflejan una sorpresa absoluta y una sospecha que se intensifica por segundos.
Policía (hombre): (Da un paso adelante, su voz es cortante, perdiendo por un momento su profesionalismo ante la coincidencia abrumadora) Sr. Lansky. ¿Qué hace usted aquí?
La pregunta cae como un ladrillo en el silencioso salón. Todos los ojos están puestos en Lansky.
Lansky abre la boca para responder, probablemente con otra mentira elaborada, pero antes de que pueda hacerlo, una voz joven, nerviosa y clara corta el aire.
Stefanny: (Desde el sofá, levantándose un poco, su voz sale más fuerte de lo que ella esperaba, llena de una mezcla de pánico y lealtad forzada) ¡Él es mi novio! (Todos los ojos se vuelven hacia ella. Ella se sonroja, pero continúa, señalando a Lansky). Vino… vino a verme. A pasar el día. ¿Eso es un crimen?
Su declaración es un salvavidas lanzado al mar tormentoso. Explica la presencia de Lansky de una manera que, en la superficie, es plausible: visitando a su novia, Stefanny, la hijastra de Cristhian y la “ahijada” de Milagros.
Cristhian gira lentamente la cabeza para mirar a Stefanny, luego a Lansky, luego de vuelta a Stefanny. Su expresión es inescrutable, pero la presión en la mandíbula es evidente. Milagros mantiene una calma de hielo, pero sus ojos evalúan rápidamente la situación.
Los policías se miran. La explicación es lógica, pero la coincidencia es demasiado grande. Tienen a su principal sospechoso (Milagros), a un personaje vinculado (Lansky, cuyo nombre salía en el teléfono de Isaura y a quien acaban de interrogar), y a la víctima conectada a ambos, todo reunido en la misma mansión, justo cuando ellos llegan. El tejido de casualidades se está volviendo irrisorio.
Policía (mujera): (Recuperando la compostura, mira a Lansky) ¿Es eso cierto, Sr. Lansky? ¿Vino a visitar a la Srita. Stefanny?
Lansky, aprovechando la apertura que Stefanny le ha dado, recupera su sonrisa, aunque ahora es un poco más tensa. Coloca la bolsa de playa en el suelo.
Lansky: Así es, agente. Stefanny y yo tenemos planes para la tarde. (Señala la bolsa). No esperaba… una reunión de trabajo aquí. (Mira a los policías, luego a Cristhian, con una sonrisa de disculpa). Cristhian, Milagros, lamento la intrusión en un momento… tan ocupado.
Ha logrado encajar, pero la atmósfera es ahora de suspicacia máxima. Los policías no creen en coincidencias. Cristhian claramente no está contento con esta sorpresa. Y Milagros sabe que la red de mentiras que los protege acaba de ser sacudida violentamente, y que todos, incluida la ingenua Stefanny, están ahora bajo un microscopio mucho más potente. La visita de la policía ya no era sólo para Milagros; de repente, es una investigación sobre toda la dinámica corrupta de la mansión Tantalean.
(Milagros, con la elegancia de una reina ofendida pero cooperativa, se separa suavemente de Cristhian y se dirige al sofá más grande y lujoso del salón. Se sienta con una postura impecable, su vestido iridiscente extendiéndose a su alrededor como un lago de lavanda. Cruza las piernas con lentitud y coloca sus manos sobre el regazo.)
Ella mira a los policías con una expresión de impaciencia educada, como si fueran vendedores que interrumpen una reunión importante. El calor, el enfado de Cristhian, la incómoda aparición de Lansky… todo lo barre con un gesto de cansancio mundano.
Milagros: (Su voz es clara, fría, y corta el aire cargado) Muy bien, agentes. Ya que han irrumpido en nuestra casa un día tan… sofocante, y con tanta… actividad familiar, (su mirada pasa fugazmente por Lansky y Stefanny) supongo que lo mejor es ser eficientes. Comiencen con sus preguntas.
Hace una pausa, dejando que su incomodidad (fingida) se registre.
Milagros: Como puede ver, estamos ocupados. (Un gesto vago abarca a Cristhian, aún de pie como una estatua de ira contenida, y a la atmósfera general de tensión). Y hace un calor insoportable. Así que, por favor, empiecen de una vez. Cuanto más rápido responda, más rápido podrán irse a hacer lo suyo, y nosotros podremos intentar refrescarnos de este… inferno.
Sus palabras son un maestro en el arte del desvío. No cuestiona su autoridad para estar allí (eso sería poco inteligente), pero establece claramente el tono: son una molestia en un momento inconveniente. Reduce su grave investigación a una trivialidad que está interrumpiendo los planes de una familia adinerada en un día caluroso. Al mencionar el calor y la ocupación, intenta crear una narrativa de contexto que justifique cualquier tensión o incomodidad que los policías puedan percibir.
También está enviando un mensaje a Cristhian y a los demás: Yo controlo esto. Yo los manejo. Se coloca a sí misma como la portavoz, la anfitriona que, a regañadientes, accede a una petición grosera. Es una demostración de poder frente a su marido furioso y frente a los agentes, reafirmando su papel como el centro imperturbable de este mundo, incluso cuando parece estar bajo asedio. Los policías ahora deben hacer sus preguntas no a una sospechosa nerviosa, sino a una dama de alta sociedad visiblemente irritada por la interrupción.
La sala se convierte en un campo de batalla de sutilezas. Los policías, conscientes de estar en territorio enemigo y bajo la mirada gélida de Cristhian, proceden con cautela pero determinación. Milagros es la imagen de la cooperación serena, pero cada respuesta es un muro pulido.
Policía (mujer): Sra. Valdez, profundizando en su declaración anterior. Usted dijo que su relación con Isaura Mendes era de viejas amigas, con una reunión nostálgica. ¿Puede detallar si hubo algún conflicto, algún tema de dinero, alguna promesa incumplida que haya surgido en esa conversación?
Milagros: (Con un suspiro de paciente condescendencia) Agente, como ya dije, fue una conversación nostálgica. Hablamos del pasado, de lo lejos que hemos llegado. Si hubiera habido un conflicto serio o una deuda, ¿cree que habría aceptado almorzar con ella? Yo soluciono mis asuntos de manera directa, no los endulzo con postres en el Guy Savoy. No hubo conflictos. Solo… melancolía.
Policía (hombre): Hemos revisado los registros financieros de la Srita. Mendes. Hay dos depósitos recientes de “Valdez Holdings” y “Alcántara Enterprises”. ¿Puede explicar la naturaleza de esos pagos?
Milagros: (Una sonrisa pequeña, como si la pregunta fuera ingenua) Por supuesto. “Valdez Holdings” es una de mis fundaciones. Isaura, en su momento, hizo algunos diseños gráficos para un evento benéfico hace unos meses. Un logotipo, unos folletos. El pago fue por ese trabajo. En cuanto a “Alcántara Enterprises”… (hace un gesto hacia Cristhian, que permanece inmóvil) mi marido es un hombre de negocios. A veces ofrece adelantos o pequeños proyectos a personas con talento que conocemos. Un gesto de apoyo. Nada más.
Explica los pagos como actos de caridad y patrocinio, inocuos y hasta nobles.
Policía (mujera): ¿Y por qué no mencionó estos… “encargos” cuando preguntamos por su relación? Es un vínculo profesional además de personal.
Milagros: (Arquea
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