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DULCE VENENO - Capítulo 192

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Capítulo 192: Apoyo

(Pronuncia el nombre con reverencia amarga). Eso significa recursos ilimitados, influencia en las altas esferas, y una capacidad para hacer desaparecer personas y papeles que ni siquiera podemos imaginar.

Policía (mujer): (Se frota la cara con las manos) Y tenemos una víctima que no puede hablar, un hermano cuya conexión real desconocemos, y una pared de silencio comprado con dinero y amenazas… pero de una familia que hace que el dinero y las amenazas de otros parezcan un juego de niños.

Se quedan en silencio otra vez, la magnitud de su derrota asentándose. No solo no tienen pruebas; toda su base de investigación acaba de ser invalidada. Han estado investigando a una sombra.

Policía (hombre): (Enciende el motor, el sonido rompe el ensimismamiento) ¿Y ahora qué? ¿Archivamos? ¿Decimos que “Milagros Valdez” no tenía nada que ver y nos lavamos las manos?

Policía (mujer): (Mira hacia la mansión, su expresión se endurece en una determinación feroz) No. Ahora trabajamos en silencio. Sin expedientes oficiales que puedan ser monitoreados. Sin preguntas directas. (Mira a su compañero). Empezamos desde cero. Pero esta vez, no buscamos a “Milagros Valdez”. Buscamos los agujeros en la historia de los Luchesse. Buscamos a la hermana desaparecida, al hermano fantasma. Buscamos lo que haya detrás del nombre Tantalean de Cristhian. Y sobre todo, buscamos una manera de llegar a Isaura sin que los sabuesos de los Luchesse lo sepan.

Es un plan desesperado, casi imposible. Pero es lo único que tienen. Con un último vistazo a la mansión que ahora saben que es la guarida de una fuerza mucho más oscura de lo que pensaban, el coche patrulla se aleja, dejando atrás los pedazos rotos de un caso que acaba de volverse infinitamente más profundo y peligroso. La cacería por “Milagros Valdez” ha terminado. La lucha por desentrañar a Milagros Luchesse acaba de comenzar.

Patio trasero y piscina infinita de la mansión Tantalean. El sol de la tarde es brutal, pero un enorme toldo blanco de lona, instalado a toda prisa por el personal, proyecta una sombra fría sobre la piscina y el área de descanso. El aire acondicionado exterior zumba suavemente, luchando contra el calor.

Milagros llega al borde de la piscina, donde el agua turquesa parece un espejo del cielo. Sin ceremonias, con la misma elegancia práctica que lo hace todo, se quita el vestido iridiscente lavanda. La tela cae a sus pies como un charco de cielo estrellado, revelando el bikini negro diminuto y audaz. La parte superior de triángulo con el aro blanco en el centro y la parte inferior de tanga con los aros a los costados la dejan casi completamente al descubierto, una exhibición de poder sensual y desprecio por la modestia.

Cristhian la sigue, su furia no se ha disipado con el cambio de escenario; solo se ha concentrado, fermentando en el silencio. Se quita la camisa y la arroja a una tumbona. Sus músculos están tensos.

Cuando Milagros se queda de pie al borde del agua, él se acerca por detrás. No es un abrazo tierno. La envuelve con sus brazos con fuerza, casi con rudeza, enterrando su rostro en el lado de su cuello. Pero sus labios no buscan placer; están apretados contra su piel. Es un gesto de posesión y de contención.

Cristhian: (Su voz es un gruñido ronco, sofocado contra su cuello, cargado de una ira que hierve) ¿Qué demonios fue eso, Milagros? “Luchesse”. ¿En mi casa? ¿Delante de esa policía de pacotilla? (Aprieta más fuerte). ¿Y ese patán, Lansky? ¿Apareciendo aquí como si fuera su día de campo?

Milagros: (Permanece quieta en su abrazo, su espalda contra su pecho. Su voz es calmada, pero tiene un filo) Fue una corrección necesaria, Cristhian. Estaban investigando a un fantasma. Les mostré la sombra real. Ahora saben con quién se meten. Es una lección que solo se da una vez.

Cristhian: (La gira bruscamente para enfrentarla, sus manos agarran sus brazos. Sus ojos son chips de obsidiana negra) ¡No me importa lo que sepan! ¡Esta es mi casa! ¡El nombre que importa aquí es Tantalean! (Su voz sube, un rugido contenido). ¡Y que esos hombres entren aquí, a mi santuario, husmeando, preguntando…! ¡Lansky mirándote como si…!

No termina la frase. El celos, la sospecha y la violación de su territorio se mezclan en su furia.

Cristhian: (Bajando la voz a un susurro venenoso) Dime, Milagros. Dime la verdad. ¿Qué hay entre tú y Lansky? ¿Y por qué la policía lo conoce a él y te busca a ti por una puta desaparecida? ¿Qué juego están jugando que ha traído la ley a mi puerta?

La pregunta es directa, peligrosa. Él sospecha que hay capas que no conoce, y su orgullo y su sentido de control están siendo desafiados en el mismo lugar donde debería reinar de forma absoluta. El agua de la piscina refleja su rostro furioso y el cuerpo casi desnudo de Milagros, creando una imagen de lujo, belleza y una tormenta a punto de estallar.

Milagros gira en sus brazos para enfrentarlo completamente. Su expresión es ahora una máscara de vulnerabilidad calculada. Sus ojos, que minutos antes despedían una amenaza sobrenatural, ahora se llenan de una lágrima bien colocada que brilla sin caer. Su voz pierde toda la frialdad anterior y se vuelve un susurro quebrado, de niña asustada.

Milagros: (Deja que un temblor recorra sus hombros) Cristhian, amor… no te lo quise decir… porque no es nada. Es decir, fue algo terrible, pero yo no tengo nada que ver. (Aprieta sus brazos, buscando consuelo). Mi amiga Isaura… sufrió un accidente horrible. Fuimos a cenar, al Guy Savoy, como te conté. Todo estaba bien, nos reímos… pero al salir… (hace una pausa, tragando saliva con dificultad aparente) la secuestraron. A plena luz del día.

Cristhian la mira fijamente, su furia ahora mezclada con incredulidad y una creciente preocupación por el giro de la historia.

Milagros: (Su voz se reduce a un hilo de horror) Le… le clavaron las manos. Y le cortaron el rostro. Le hicieron una… una sonrisa muy fea. (Se estremece, y esta vez la lágrima finalmente cae, trazando un camino por su mejilla). Es monstruoso.

Cristhian: (Su agarre en sus brazos se suaviza un poco, pero su tono sigue siendo duro) ¿Y por qué carajos la policía te busca a ti? ¿Porque cenaste con ella?

Milagros: (Asiente, con una expresión de inocencia lastimada) Sí. Porque fui la última en verla… sana. Y como soy tu esposa, y tenemos… cierta posición, supongo que piensan que pude tener un motivo. O que sé algo. (Niega, con vehemencia). Pero yo soy muy débil, Cristhian. Mira mis manos. (Le muestra sus manos delicadas, con las uñas perfectas). ¿Crees que yo podría hacerle algo así a alguien? No tengo la fuerza. Ni el corazón para eso. Ella era mi amiga.

Cristhian: (Su mirada se vuelve evaluadora. La lógica es defectuosa—el dinero puede comprar fuerza—pero la imagen que ella proyecta, la dama delicada, es convincente en su superficie). ¿Y Lansky? ¿Qué pinta él en todo esto?

Milagros: (Un suspiro de alivio, como si esa fuera la parte fácil de explicar) Lansky es solo un amigo. De la infancia. Él también conoce a Isaura. Cuando pasó todo esto… él vino a apoyarme, a ver si podía ayudar. Por eso estaba aquí hoy. Vino a ver cómo estaba yo, por la conmoción. (Baja la vista, jugando con el aro de su bikini). No te lo quise decir… para no preocuparte. Perdón, amor. Pensé que podía manejar este… este desagradable asunto yo sola, sin ensuciar nuestro mundo con algo tan grotesco.

Ha construido una narrativa perfecta: la víctima traumatizada por la brutalidad ajena, la dama vulnerable injustamente sospechosa, el amigo de la infancia como apoyo, y ella, protegiendo a su poderoso marido de las feas realidades del mundo. Es una mentira tejida con hilos de verdad (la cena, las heridas de Isaura) y una manipulación emocional magistral. Ahora, depende de si Cristhian elige creer la fachada de la esposa débil

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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