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DULCE VENENO - Capítulo 198

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Capítulo 198: Último

Cristhian y Milagros emite un calor residual, un vapor fantasmal que se eleva de sus cuerpos entrelazados.)

Milagros está sentada entre las piernas de Cristhian, su espalda desnuda apoyada contra su torso igualmente desnudo. Sus cabellos mojados gotean sobre sus hombros y sobre el pecho de él. El contacto piel con piel es total, eléctrico incluso en la calma. Los dedos de Cristhian no están quietos; trazan círculos hipnóticos en sus caderas, en su bajo vientre, posesivos incluso en el reposo.

Cristhian: (Inclina la cabeza y entierra su rostro en la curva de su cuello, inhalando profundamente. Su voz es un zumbido grave, vibrante contra su piel) Hueles a cloro… a noche… a mí. (Sus labios rozan la marca de un beso que él dejó allí antes). Es el perfume más adictivo del mundo.

Milagros: (Se deja llevar, un estremecimiento recorre su columna. Su voz es un susurro ronco) Y tú… me quemas. Por dentro y por fuera.

Cristhian: (Una sonrisa lenta y satisfecha se dibuja en sus labios. Sus manos se deslizan hacia arriba, palmeando su estómago, sus costillas, hasta cubrir sus pechos. No para excitarla, sino para poseer. Para recordarle el territorio conquistado). Esa es la idea, mi amor. Quemarte tanto que mi marca quede fundida en tus huesos. Que ningún otro calor te sepa a nada.

Ella arquea la espalda ligeramente, presionándose más contra él, una ofrenda silenciosa. Él responde apretándola más fuerte.

Cristhian: (Habla ahora en su oído, cada palabra es una caricia húmeda y peligrosa) Te observaba… bajo el agua. (Su voz se oscurece con el recuerdo). Tu cuerpo moviéndose, tu pelo flotando como algas oscuras… eras una sirena atrapada en mi océano. Y yo… solo quería ahogarme en ti. Una y otra vez.

Milagros: (Gira la cabeza lo suficiente para que sus mejillas se rocen). ¿Y no te da miedo? Ahogarte…

Cristhian: (La gira bruscamente para sentarla a horcajadas sobre él, ahora cara a cara. El agua les llega a la cintura. Sus ojos, en la penumbra, son dos pozos de oscura obsesión). Miedo? (Una risa baja y sin humor). El miedo es para los hombres con algo que perder. Yo… ya lo perdí todo el día que te vi. Solo tengo esto. Esta obsesión. Este deseo que es como un ácido, comiéndose todo lo que no eres tú. (Su mano se cierra en su nuca, acercándola). Así que, sí. Déjame ahogarme. Es la única manera en que sé que estoy vivo.

Y la besa, no con la ferocidad de antes, sino con una lenta, profunda, devoradora intensidad que promete que esta noche, como todas las demás, no terminará con el último orgasmo. Terminará solo cuando el agotamiento los venza, y aun entonces, en sueños, la posesión continuará.

Habitación de Stefanny en la mansión. Noche. La luz es tenue. Stefanny entra con paso cansado, los hombros caídos. El peso del día, de la confrontación con Marilú, de la tensión en la casa, la aplasta.

Al entrar, ve que no está sola. Lansky está sentado al borde de su cama, ya sin la ropa de verano casual. Viste pantalones oscuros y una camiseta, como si se hubiera instalado. No parece un visitante; parece alguien que pertenece allí. Su presencia llena el espacio íntimo de la habitación.

Stefanny: (Se detiene en la puerta, sorprendida, pero demasiado agotada para protestar) Lansky… ¿Qué haces aquí?

Lansky: (Sonríe, una sonrisa suave que no llega a sus ojos) Te esperaba, cielito. Sabía que hoy había sido difícil.

Stefanny: (Se deja caer en un sillón cerca de la puerta, evitando acercarse a la cama. Su voz es un suspiro roto) Fue… horrible. Le dije a Marilú que… que ya no podíamos ser amigas. Se enojó mucho. Gritó… me dijo cosas… (Traga saliva, las lágrimas asomando). Pero… lo hice. Lo que me pediste. Ya cumplí.

Lansky: (Se levanta de la cama y se acerca a ella con movimientos lentos, felinos. Se arrodilla frente al sillón, tomando sus manos entre las suyas. Su tono es de consuelo profundo) Lo sé, mi amor. Lo sé que fue difícil. Eres tan fuerte. Pero era necesario. Para nosotros. Para nuestro futuro.

Stefanny: (Las lágrimas comienzan a caer libremente ahora, el peso de la pérdida y la culpa la inundan) Pero era mi mejor amiga… desde siempre… y ahora… no tengo a nadie.

Lansky: (Es en este momento cuando la abraza, envolviéndola en sus brazos con fuerza, atrayéndola contra su pecho. Sobre su hombro, donde ella no puede ver, su rostro se relaja en una sonrisa amplia, profunda y abiertamente sádica. Es la expresión del triunfo absoluto, del cazador que ve a su presa finalmente aislada, vulnerable y completamente dependiente).

Lansky: (Susurra cerca de su oído, su voz es melosa, pero las palabras son cadenas) Shhh… no digas eso. No estás sola. Nunca lo estarás. Yo estoy aquí. Yo siempre estaré contigo. Marilú, el mundo… son distracciones. Pero yo… yo soy tu realidad. Tu roca. Tu único verdadero alguien.

Stefanny se derrite en el abrazo, su llanto se intensifica, pero ahora es un llanto de alivio intoxicado y dependencia. En su dolor, sus palabras suenan a salvación, no a una prisión. Él la mece suavemente, acariciando su cabello, disfrutando de cada temblor, cada sollozo que confirma su control.

Después de un largo momento, Lansky la levanta suavemente.

Lansky: Ven. Necesitas descansar. (La guía hacia la cama, donde él estaba sentado). Hoy ha sido un día muy largo para mi chica fuerte.

Stefanny, exhausta y emocionalmente quebrada, no resiste. Se deja llevar hasta la cama y se acuesta. Lansky se sienta de nuevo en el borde, mirándola, su sonrisa sádica se ha suavizado en una expresión de posesión satisfecha. Le acaricia la mejilla.

Lansky: Duerme, Stefanny. Yo me quedaré aquí. Para asegurarme de que no tengas pesadillas. (Su voz es una promesa y una orden). A partir de ahora, yo velo por tus sueños.

Stefanny cierra los ojos, agotada, enredada en la red de consuelo y control que Lansky ha tejido a su alrededor. Él se queda sentado en la oscuridad, vigilante, el arquitecto de su soledad y su único consuelo autoimpuesto. La habitación ya no es solo de Stefanny; es el territorio donde Lansky ha consolidado su victoria más importante.

(La habitación está en silencio, solo roto por la respiración cada vez más regular de Stefanny, que ha caído en un sueño agotado. Lansky ya no necesita fingir consuelo. Su rostro, iluminado por la tenue luz de la lámpara de noche, se transforma por completo.)

Se inclina sobre ella, muy cerca, pero sin tocarla. Sus ojos recorren cada detalle de su rostro dormido: las pestañas húmedas, la boca entreabierta, la ligera tensión incluso en el sueño.

Lansky: (Susurrando, un sonido apenas audible, cargado de una intensidad que raya en lo demencial) Mía… completamente mía ahora.

Extiende una mano y con la punta de un dedo, con una delicadeza aterradora, traza el contorno de su ceja, luego la línea de su mandíbula. Es un gesto de propiedad, como quien examina una posesión de valor incalculable.

Lansky: (Su voz es un hilo de obsesión pura) Tú no lo entiendes, ¿verdad? Lo que hiciste hoy… cortar ese último hilo… fue como quitarte el salvavidas en medio del océano. Y ahora, el único aire que te queda… soy yo. El único suelo bajo tus pies… soy yo. Cada pensamiento, cada suspiro, cada latido de miedo o de necesidad… será para mí.

Se sienta más erguido, pero su mirada no se despega de ella. Su sonrisa ya no es sádica; es serena, de una certeza absoluta y psicópata.

Lansky: Ellas te abandonarían. Marilú… con su vida desordenada. Milagros… con sus juegos de poder. Tu padre… ocupado con sus imperios. (Niega lentamente). Pero yo… yo nunca te abandonaré, Stefanny. Nunca. Incluso si tratas de alejarte… (su tono se vuelve ligeramente cantarín, como si compartiera un secreto perverso) …yo te encontraré. Te traeré de vuelta. A este lugar. A mi lado. Siempre.

Hace una pausa, observando cómo un pequeño sueño ha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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