DULCE VENENO - Capítulo 199
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Capítulo 199: Frágil
Sueño hace fruncir levemente su ceño.
Lansky: Porque no es solo que te quiera. Es que… eres necesaria. Como el aire que respiro. Como la sangre en mis venas. Sin ti, este mundo… este juego perfecto que he construido… carece de sentido. Eres el premio, la pieza central, la razón de todo.
Su voz baja aún más, convertida en un murmullo hipnótico y perturbador dirigido a ella, que no puede oírlo.
Lansky: Así que duerme, mi preciosa posesión. Recupera tus fuerzas. Porque mañana, y todos los días después, serás mía. En cada sonrisa que des, en cada lágrima que derrames, en cada paso que des… yo estaré allí. Dentro de tu mente, en tu corazón vaciado para mí. Para siempre.
Se queda sentado en la oscuridad, vigilante, como un dragón custodiando su tesoro más preciado. No hay amor en su mirada, solo una posesión obsesiva, psicótica y absoluta. Ha reemplazado a sus amigos, a su familia, y ahora se instala en el espacio más íntimo de su ser, no como un amante, sino como un dueño. La habitación se siente más pequeña, el aire más pesado. Stefanny duerme, inconsciente de la prisión de devoción enfermiza en la que acaba de encerrarse.
Apartamento de Marilú. Día nublado. El lugar, normalmente lleno de color, arte y desorden creativo, está oscuro y descuidado. Cortinas cerradas, ropa en el suelo, botellas de vino vacías sobre la mesa de centro.
Marilú está sentada en el suelo, apoyada contra el sofá. Viste la misma ropa de hace días. Su cabello está sin peinar, sus ojos hinchados y enrojecidos por el llanto y la falta de sueño. Tiene una botella de vino medio vacía en una mano. La otra mano aprieta un cojín hasta deformarlo.
Marilú: (Hablando sola, su voz es ronca por el desuso y el alcohol, cargada de una rabia amarga que hierve a fuego lento) Estúpida. Tan estúpida. (Se da un golpe suave en la frente con la botella). ¿Cómo no lo vi? ¿Cómo no vi la cadena que le ponía alrededor del cuello, eslabón por eslabón?
Toma un trago largo, directo de la botella. Deja escapar un eructo amargo.
Marilú: (Gritando repentinamente a la pared vacía) ¡¡PORQUE ERA OBVIO!! ¡¡EN SU MIRADA! ¡EN SU VOZ CONTROLADA! ¡EN CADA MALDITA EXCUSA PARA NO VERME! (Golpea el suelo con el talón). ¡Él la tenía programada! ¡Como un maldito robot! “Stefanny, haz esto. Stefanny, di aquello. Stefanny, córtate de tu mejor amiga porque yo lo digo.”
Se pone de pie de un salto, tambaleándose un poco. Señala con la botella un punto imaginario en el aire, como si Lansky estuviera allí.
Marilú: (Su voz se llena de un desprecio virulento) ¡Y ese mierda! ¡Ese hijueputa controlador, manipulador, PSICÓPATA de mierda! ¡LANSKY! (Escupe el nombre como si fuera veneno). ¿Qué te hizo? ¿Te lavó el cerebro? ¿Te susurró que el mundo es malo y solo él es bueno? ¡JA! ¡El es la definición de malo! ¡Es una serpiente con traje caro!
Camina de un lado a otro en el espacio reducido, la rabia dándole una energía nerviosa y destructiva.
Marilú: ¡Crees que la ama? ¡NO! ¡La posee! Como un objeto. Como uno de sus malditos relojes suizos. ¡La quiere en una vitrina, brillante, callada, y que solo le dé la hora a ÉL! ¡Y tú, idiota, le diste las llaves de la vitrina cuando te alejaste!
Se detiene frente a un espejo empañado y se mira. Su propio reflejo, demacrado y lleno de odio, la enfurece aún más.
Marilú: (A su reflejo, con lágrimas de rabia) ¿Y tú? ¿Qué hiciste? ¡NADA! ¡Dejaste que te echaran como a un perro! ¡Debí haberte dado una bofetada! ¡Debí haberla sacado a rastras de ese café y haberla llevado lejos! ¡Pero no! ¡Me fui llorando como una niña!
Lanza la botella vacía contra el sofá, donde rebota y cae en la alfombra sin romperse. Se desploma de nuevo en el suelo, la energía repentina se esfuma, dejando solo una tristeza profunda y un odio ardiente.
Marilú: (Susurrando ahora, pero con cada palabra cargada de veneno) Está bien, Lansky. Ganaste esta ronda. La tienes. Pero no por siempre. (Aprieta los puños). Porque yo no soy como ella. Yo no me rompo. Yo me pudro por dentro, me lleno de rabia, y esa rabia… eventualmente encuentra una salida. Y cuando la encuentre, te juro que te la voy a clavar en el corazón, tú y toda tu maldita farsa de amor.
Se queda allí, sentada en el suelo de su apartamento destrozado, alimentando el fuego de su ira. Ya no es solo dolor por la pérdida de su amiga; es el nacimiento de un rencor feroz y una determinación oscura. Lansky no solo le robó a Stefanny; creó, en Marilú, a una enemiga que no tiene nada que perder y cuyo odio es ahora el único alimento que la mantiene viva.
Habitación de Stefanny. La luz del atardecer se filtra por las cortinas. Stefanny se despierta lentamente, los ojos hinchados por el llanto y el sueño profundo. Al mover la cabeza, ve a Lansky.
No se ha movido. Sigue sentado en la misma silla junto a la cama, como un centinela. No está dormido. Está mirándola fijamente, con una expresión que no es de preocupación, sino de absorción total, como si estudiara cada cambio en su rostro al despertar.
Stefanny: (Su voz es áspera por el sueño y el llanto pasado) Lansky… ¿has estado aquí… todo el tiempo?
Lansky: (Asiente lentamente, una sonrisa suave y satisfecha tocando sus labios. Extiende una mano y acaricia suavemente su mejilla) Todo el tiempo, mi amor. No podía irme. No quería que despertaras sola. No después de un día tan duro.
Su toque es gentil, pero Stefanny siente una intensidad detrás que la hace contener la respiración por un segundo. No es desagradable, solo… abrumadora.
Stefanny: (Se incorpora un poco, apoyándose en los codos) Fue… muy difícil. Verla así… decirle esas cosas.
Lansky: (Su sonrisa se ensancha, pero sus ojos son serios) Lo sé, cielito. Eres muy valiente. Más valiente de lo que crees. Y lo hiciste por nosotros. Por nuestro futuro. (Se inclina, acercando su rostro al de ella). Cada sacrificio que haces por lo nuestro… me hace amarte más. Eres increíble.
Stefanny: (Un rubor leve tiñe sus mejillas. Sus palabras, en su estado vulnerable, son como un bálsamo. Cierra los ojos por un momento, saboreándolas). A veces siento que… sin ti, no podría con nada. Que me derrumbaría.
Lansky: (Su voz es un susurro cargado de promesa y posesión) Nunca tendrás que averiguarlo. Porque yo siempre estaré aquí. Para sostenerte. Para guiarte. Para amarte. (Toma su mano y la aprieta con fuerza, pero no hasta doler). Eres mi razón, Stefanny. Mi luz en todo este mundo complicado. Antes de ti, todo era… negocios, estrategia, frialdad. Tú me trajiste el calor. La verdad.
Son palabras de amor profundo, pero en el contexto de su obsesión y de lo que acaba de forzarla a hacer, suenan a una programación más que a un sentimiento espontáneo. Sin embargo, para Stefanny, agotada, dolida y aislada, son exactamente lo que necesita oír.
Stefanny: (Abre los ojos y lo mira, sus propios ojos se llenan de lágrimas, pero esta vez son de un alivio abrumador y una dependencia que se profundiza) Te amo, Lansky. Con todo lo que soy. Aunque a veces me asuste lo fuerte que es esto… no quiero estar en ningún otro lugar que no sea a tu lado.
Lansky: (Se inclina y la besa suavemente en la frente, un beso que sella un pacto). Ese es el único lugar donde perteneces, mi amor. Donde estarás a salvo. Donde serás amada como mereces. (Se separa y la mira a los ojos). Para siempre.
Stefanny asiente, una sonrisa pequeña y frágil asomando en sus labios. El dolor de la ruptura con Marilú, aunque aún presente, empieza a verse empañado por esta narrativa de amor sacrificial y devoción eterna que Lansky está construyendo a su alrededor. Él
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