Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 2 - 2 La mansion tantaleán
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: La mansion tantaleán 2: La mansion tantaleán (El escenario perfecto para una reina que lo tiene todo…

menos control sobre su corazón) Nuestra mansión no era un hogar .

Era un monumento al poder.

Blanca como el mármol de Carrara, con cúpulas azules que parecían robadas del cielo de Versalles, y jardines tan perfectos que hasta las rosas dudaban en marchitarse.

– La entrada principal : Puertas doradas con mi inicial grabada (una S que brillaba como una advertencia).

– El estanque circular : Donde cisnes importados de Suecia nadaban en agua permanentemente temperada .

– Los faroles : Fundidos a mano en Italia, iluminando cada noche como si el sol se negara a abandonarnos.

Todo diseñado para recordar al mundo:Los Tantaleán éramos intocables.

El sol apenas rozaba los vitrales de la mansión cuando el ejército de sirvientes comenzó su ballet perfecto: – Los chefs batían huevos de gallinas alimentadas con oro líquido (exageración Tantaleán ).

– Los jardineros podaban rosas que nunca se atrevían a crecer torcidas.

El dormitorio era tan perfecto que hasta el silencio se arrodillaba al entrar.

– El techo : Un mandala de estuco dorado donde cada relieve contaba la historia de un ancestro Tantaleán (todos igual de arrogantes, todos igual de solos).

– Las cortinas : Terciopelo azul marino tan pesado que ni la luz del amanecer se atrevía a filtrarse sin permiso .

– La cama : Un altar barroco tallado para una virgen moderna — con sábanas de hilo egipcio tan suaves que hasta los pecados resbalaban de ellas.

– Y María , mi doncella personal, abrió las cortinas de terciopelo como si desvelara un tesoro: — Buenos días, señorita Stefanny.

El sol espera su permiso para calentar.

Me estiré bajo las sábanas de seda (teñidas con el azul exacto del Mediterráneo al atardecer) y sonreí: — Puntual como siempre, María.

Aunque hoy el sol está…

especialmente insolente.

Porque había soñado con él .

De nuevo.

El hombre de la nieve.

El fantasma del templo.

El esquiador que robó mi medalla.

Y ahora, en mi sueño , se atrevió a sentarse en el borde de mi cama (¡ en los Tantaleán, eso era peor que un crimen de guerra!

) y murmuró: — Hasta en tus sueños tienes sirvientes…

¿nunca te cansas de ser servida?

Stefanny se levantó de la cama con un suspiro dramático, sus pies descalzos hundiéndose en la alfombra como si el suelo mismo se compadeciera de su tormento.

— ¡Ahhhh, María!

—exclamó, arrojándose sobre el sillón de terciopelo cercano—.

¿Por qué ese hombre aparece en mis sueños?

¡Ni siquiera lo conozco!

¡Me irrita solo pensarlo!

María, experta en crisis existenciales de millonarias, desplegó el nuevo atuendo de Chanel con la precisión de una diplomática evitando una guerra: — Señorita, no se altere… arruinará su hermoso rostro.—dijo, colocando estratégicamente el abrigo rosa claro frente a ella—.

No le haga caso, es algo pasajero.

Stefanny miró el conjunto con ojos entre exasperados y nostálgicos: — Eso espero, María…—susurró, pasando los dedos por el cuero brillante—.

Nunca me había sentido así.

María, maestra en el arte de distraer a su señorita con moda cara, sonrió: — No se preocupe.

Disfrute de su vida.

—le tendió la caja—.

Mire, le llegó esto.

Chanel lo hizo especial para usted .

Stefanny abrió la caja, y por un segundo, el mundo volvió a tener sentido.

– Abrigo rosa claro de cuero ( hasta los tobillos, como una capa de superheroína fashionista ).

– Shorts de cuero a tono ( lo suficientemente cortos para ser atrevidos, lo suficientemente caros para ser elegantes ).

– Blusa de seda blanca ( para recordarle al mundo que, bajo tanto cuero, seguía siendo una dama ).

– Botas altas rosas (porque hasta los accesorios debían gritar “Soy intocable” ).

Stefanny se detuvo frente al espejo, estudiando su imagen con la frialdad de una emperatriz revisando sus territorios conquistados.

El rosa pálido del cuero brillaba bajo la luz de los apliques dorados, haciendo que su piel pareciera aún más perfecta .

— ¿Cómo me queda, María?

—preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

María, sosteniendo la nota de Chanel entre sus dedos enguantados, sonrió con complicidad: —”Espero te guste el atuendo, lo mandé hacer especial para ti.

Con cariño, Chanel” —leyó en voz alta —.

Y le queda divino .

Parece una diosa .

Stefanny giró sobre sus botas rosas, arqueando una ceja: — Por supuesto que sí.

Soy una belleza , María — declaró, ajustando un cierre dorado en el cuello del abrigo—.

Y no le daré una respuesta.

No merece mi tiempo.

Basta con que use su ropa, ¿no crees?

María asintió, escondiendo una sonrisa: — Por supuesto, señorita.

Usted es una mujer de gran belleza e inteligencia .

La puerta se abrió con la elegancia de un acto protocolario, y allí estaba Christian Tantaleán , el hombre cuyo nombre sonaba a decreto real.

– Cabello plateado (como si el tiempo mismo le rindiera pleitesía).

– Ojos azules (fríos como los diamantes que su familia extraía de sus minas privadas).

– Y un traje negro que costaba más que el sueldo anual de sus sirvientes.

— Hija, buenos días — dijo, con una voz que hacía que hasta el aire se alineara en formación.

Stefanny, olvidando por un instante sus fantasmas de espejo, corrió hacia él como la niña que nunca dejó de ser en privado.

— ¡Papá!

—lo abrazó, hundiendo el rostro en su chaqueta (olor a bergamota y poder)—.

Mira mi nuevo atuendo.

¡Me lo mandó Chanel!

¿Te gusta?

Christian la observó con ese ojo crítico que había arruinado a CEOs y artistas , pero esta vez, una sonrisa casi imperceptible asomó: — Por supuesto.

Todo te queda perfecto — le acarició la mejilla —.

Al fin y al cabo, sacaste mis genes .

María, en un rincón, contuvo la respiración.

Era el único cumplido que Christian Tantaleán regalaba.

— Vamos a desayunar — ordenó él, extendiendo el brazo para que Stefanny lo tomara.

El comedor de los Tantaleán no era un lugar para comer.

Era un manifiesto tallado en mármol y oro.

– El techo abovedado se arqueaba como la bóveda celeste de Versalles, con estucos que narraban visualmente la genealogía de la familia: desde algún duque sanguinario del siglo XVI hasta Christian, el actual emperador sin corona .

– La araña de cristal (una pequeña pieza de dos metros de altura) llovía luz sobre la mesa, cada gota de cristal colocada por artesanos que juraron secreto bajo pena de muerte elegante .

– Las columnas blancas no sostenían el techo: eran recordatorios de que los invitados debían enderezarse al sentarse.

– Las cortinas púrpuras ( tejidas con hilos de oro de 18 quilates , por supuesto ) caían como cascadas de terciopelo, tan pesadas que ni el sol más insolente se atrevía a colarse sin permiso.

– La mesa de ébanobrillaba como un espejo negro, pulida con cera de abejas criadas en los jardines privados de la familia .

Sobre ella, los cubiertos de plata marcados con el escudo de los Tantaleán esperaban en fila perfecta, como soldados antes de una batalla.

– Las sillas , tapizadas en seda blanca (¿alguna vez se mancharon ?

Jamás), tenían tallados de serpientes devorando rosas — el símbolo familiar: “Dulces hasta que nos provoques” .

El mármol negro del piso, vetado como la piel de una pantera, llevaba un mosaico perimetral con un mensaje en latín: “Audentes fortuna iuvat” ( La fortuna favorece a los audaces ) .

Ironía pura , considerando que el único audaz en la mansión era el fantasma de turno que se aparecía en los espejos.

Los camarones llegaron a la mesa de Christian Tantaleán como una obra maestra efímera : – Crujientes , dorados a la perfección (como si el chef hubiera usado un soplete de oro en vez de aceite).

– Apilados con precisión militar , las colas en abanico simulando las plumas de un pavo real subversivo .

– El limón cortado tan fino que era casi transparente, y el cilantro fresco como si lo hubieran arrancado del jardín segundos antes .

El chef, con una reverencia que rozaba lo teatral, anunció: — “Camarones empanizados al estilo Tantaleán, señor.

Con salsa tártara infusionada en champán ” .

Christian ni siquiera m…….

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo