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DULCE VENENO - Capítulo 200

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Capítulo 200: Serpiente

Él sonríe de vuelta, pero en sus ojos hay la satisfacción del arquitecto que ve los cimientos de su obra maestra asentándose firmemente. La ha alejado de todos, y ahora la está atando a sí mismo con las cuerdas más fuertes que existen: la gratitud, la dependencia emocional y la creencia de que su amor, por intenso y absorbente que sea, es su único refugio en el mundo.

El momento íntimo se rompe de golpe. El teléfono de Stefanny, olvidado en la mesita de noche, empieza a vibrar y a sonar con una tonada insistente y familiar: es la canción que tenía asignada a Marilú. La pantalla se ilumina, mostrando una y otra vez el nombre y la foto de su (ex) mejor amiga.

Stefanny se congela. Sus ojos se abren con una mezcla de esperanza, dolor y miedo. Su mano se contrae, como con un impulso instintivo de responder. Es el vínculo que acaba de cortar, llamándola, recordándole su existencia.

Lansky no se mueve al principio. Solo observa la reacción de Stefanny. Su expresión suave se endurece casi imperceptiblemente. Luego, con una calma deliberada, extiende la mano y toma el teléfono antes de que ella pueda hacerlo. No lo apaga. Lo deja sonar, sosteniéndolo entre ellos como un objeto contaminado.

Lansky: (Su voz pierde la dulzura, se vuelve suave pero cargada de decepción) ¿Ves? No te deja en paz. Incluso después de que le dijiste claramente que todo había terminado.

Stefanny: (Traga saliva, su mirada fija en el teléfono que vibra) Es que… quizás solo quiere explicarse… o despedirse mejor…

Lansky: (Niega lentamente, con tristeza). No, mi amor. Lo que quiere es engancharte de nuevo. Arrastrarte de vuelta al caos, a las lágrimas, a la confusión. (Hace una pausa, dejando que el teléfono suene otra vez, el sonido llenando la tensa habitación). ¿Recuerdas cómo te hizo sentir hoy? ¿Gritándote, insultándote, haciéndote llorar hasta desmayarte? ¿Es eso amor de amiga?

Stefanny: (Baja la mirada, sus palabras son un suspiro) No… pero…

Lansky: (Interrumpe, su tono se vuelve más íntimo, más hiriente) ¿Pero qué, Stefanny? ¿Pero extrañas ese dolor? ¿Extrañas tener a alguien que prioriza su orgullo sobre tu bienestar? (Se inclina hacia ella, su voz es un susurro cargado de chantaje emocional). Porque yo… yo solo priorizo tu paz. Tu felicidad. Aunque eso signifique ser el “malo” que te aleja de las personas que te hacen daño.

El teléfono deja de sonar por un momento, solo para empezar de nuevo inmediatamente. Es un asedio digital.

Lansky: (Mira el teléfono con desprecio, luego a Stefanny, sus ojos brillan con una emoción calculada) Cada vez que suena… es ella, eligiendo ignorar tu decisión. Eligió herirte. Y ahora elige no respetarte. (Su voz tiembla ligeramente, fingiendo dolor). Y ver cómo te tira de la cuerda… cómo partió tu corazón y ahora exige tu atención… me duele a mí, Stefanny. Me duele ver que la persona que más amo está siendo torturada por alguien que dice quererla.

Stefanny lo mira, y sus ojos se llenan de lágrimas nuevamente, pero ahora son de confusión y culpa. Lansky ha cambiado el marco: ya no se trata de su dolor por perder a Marilú, sino del dolor que ella le está causando a Lansky al permitir que Marilú la “torture”.

Stefanny: (Con voz quebrada) No quiero hacerte daño… Nunca quise eso.

Lansky: (Aprieta su mano, su expresión es de “amor sufrido”) Lo sé, cariño. Por eso tienes que ser fuerte. Por nosotros. (Mira el teléfono que vuelve a sonar). ¿De verdad quieres que nuestro futuro, esta paz que estamos construyendo juntos, se llene de este… ruido? De este recuerdo constante de alguien que no te valora?

Stefanny mira el teléfono, luego a Lansky. La batalla en su interior es visible. Finalmente, cierra los ojos y niega con la cabeza.

Stefanny: (Un susurro de rendición) No… no quiero eso.

Lansky: (Sonríe, una sonrisa de alivio y triunfo) Entonces déjame ayudarte. (Con un movimiento rápido, apaga el teléfono sin contestar. El silencio repentino es ensordecedor). Bloquea su número. Solo por un tiempo. Para que puedas respirar. Para que nosotros podamos respirar. Cuando estés más fuerte, más segura de lo nuestro… entonces veremos. ¿De acuerdo?

Stefanny asiente lentamente, exhausta. Lansky ha ganado. No solo la alejó de Marilú, sino que ha convertido cada intento de contacto de su amiga en una prueba de lealtad hacia él, y en una fuente de culpa para ella. Toma el teléfono apagado de su mano y lo coloca lejos, en un cajón, como desterrando un fantasma. La habitación vuelve a estar en silencio, pero ahora es un silencio comprado con manipulación y el corte definitivo de su último lazo independiente.

Días después. Parque cerca de la mansión. Stefanny, sintiéndose asfixiada, ha salido a caminar sola, desobedeciendo tácitamente el deseo de Lansky de que no salga sin escolta. Su teléfono, ahora sin bloquear pero con el volumen bajo, vibra. Es un mensaje de Marilú, desesperado: “Stefa, por favor. Estoy en el parque de los Castaños. Necesito verte. Sólo hablar. Te lo suplico.”

Contra todo sentido común y el miedo a defraudar a Lansky, Stefanny va.

Se encuentran en un banco apartado. Marilú parece un fantasma de sí misma: ojos hundidos, pálida, pero con una determinación desesperada en la mirada. Stefanny está tensa, mirando alrededor como si esperara ser descubierta.

Marilú: (Agarra sus manos, sus propias manos están frías y temblorosas) Stefa, por favor. Esto no puede ser así. No podemos terminar así. Lloré, grité, me emborraché… pero todo lo que sé es que te necesito en mi vida. Lo siento por lo que dije. Fue el dolor hablando. (Las lágrimas corren por sus mejillas). ¿Podemos… podemos intentar ser amigas de nuevo? Más lentamente, lo que sea. Pero no me borres.

Stefanny la mira, su corazón se parte en dos. Quiere decir que sí. Quiere abrazarla. Pero siente el peso de la promesa a Lansky, el miedo a su decepción, el eco de sus palabras sobre “priorizar su paz”.

Stefanny: (Su voz tiembla) Mari, yo… no sé. Fue tan doloroso para los dos. Y ahora con Lansky… las cosas son… diferentes.

En ese momento, como si la hubiera sentido mencionarlo, una figura emerge de detrás de unos arbustos cercanos. Lansky. No parece enfadado; parece preocupado, herido. Se acerca con paso calmado.

Lansky: (Con una voz suave, llena de tristeza) Stefanny, cariño… te estaba buscando. Me preocupé cuando no estabas en casa. (Mira a Marilú, y su expresión es de decepción comprensiva). Hola, Marilú.

Marilú lo mira con odio puro, pero se contiene por Stefanny.

Lansky se sienta al otro lado de Stefanny, tomando su mano. Se inclina y le susurra al oído, tan bajo que Marilú no puede oír, pero Stefanny siente cada palabra como un escalofrío:

Lansky: (Susurrando, voz melosa y venenosa) Mi amor… mira cómo te manipula con lágrimas. Justo después de destrozarte. Ahora quiere que vuelvas a ser su pañuelo. ¿No ves el patrón? Gritar, llorar, suplicar… es un ciclo para mantenerte atada. Tú querías paz. Yo te di esa paz. ¿Vas a intercambiarla por más drama?

Stefanny se tensa. Las palabras calan. Ve a Marilú llorando y, a través de la lente distorsionada que Lansky le pone, no ve a una amiga sufriendo, ve a una manipuladora.

Marilú: (Viendo el cambio en la expresión de Stefanny, la desesperación crece) Stefa, ¿qué te dice? No le creas lo que sea que te esté susurrando. ¡Mírame a mí! ¡Soy tu amiga!

Stefanny: (Su voz se endurece, influenciada por el veneno en su oído) Tú… tú me insultaste. Me hiciste llorar. Dijiste que me merecía estar con él. ¿Y ahora quieres que todo vuelva a ser como antes?

Marilú: (Frustrada, su mirada se clava en Lansky) ¡Porque él te está envenenando! ¡No puedes verlo! ¡Stefanny, despierta!

Lansky: (Alza la vista, con una expresión de profundo dolor e inocencia herida. Su voz sale quebrada, perfectamente modulada) Marilú, por favor… no empecemos con esto otra vez. Solo quiero lo mejor para Stefanny. Si crees

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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