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DULCE VENENO - Capítulo 201

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Capítulo 201: Ingenua

Si crees que soy tan malo… ¿por qué no la dejas en paz para que sea feliz, incluso si es conmigo? ¿O es que tu “amistad” es tan posesiva que no puedes soportar verla feliz con alguien que no seas tú?

Es un golpe maestro. Se presenta como el mártir, el que solo quiere la felicidad de Stefanny, mientras pinta a Marilú como la posesiva y celosa.

Marilú estalla. Ya no puede contenerlo. Se levanta, señalándolo con un dedo tembloroso.

Marilú: (Gritando, su voz llena de rabia pura) ¡CÁLLATE, SERPIENTE! ¡HIPÓCRITA DE MIERDA! ¡TÚ la tienes atada con cadenas emocionales! ¡TÚ le lavaste el cerebro! ¡Eres un MONSTRUO CONTROLADOR y ella es demasiado INGENUA para verlo!

Lansky hace algo brillante: no se defiende. Baja la cabeza, como si las palabras lo golpearan físicamente. Sujeta la mano de Stefanny con más fuerza, un gesto de “buscar consuelo”. Un suspiro tembloroso sale de sus labios.

Lansky: (A Stefanny, con voz herida) ¿Ves? Esto es a lo que te expones. Odio, insultos… ¿Es esto lo que quieres de vuelta en tu vida? Yo… yo solo te quería proteger de esto.

Stefanny mira a Marilú gritando, insultando, y luego a Lansky, aparentemente destrozado por los insultos “inmerecidos”. La narrativa está completa: Marilú es la inestable, violenta y posesiva. Lansky es la víctima amorosa que solo quiere protegerla.

Stefanny: (Se levanta, su decisión tomada. Le habla a Marilú con frialdad) Ya basta, Marilú. Esto es exactamente de lo que quería alejarme. No me llames más. Por favor.

Toma la mano de Lansky y se aleja del banco, dejando a Marilú sola, con el corazón roto por segunda vez, gritando insultos entre lágrimas que ahora solo confirman, ante los ojos de Stefanny, que Lansky tenía razón. La manipulación es completa. Lansky, caminando junto a Stefanny, lanza una última mirada por encima del hombro hacia Marilú. No es de triunfo; es de desprecio absoluto. Ha usado la desesperación legítima de Marilú para hundirla más y atar a Stefanny más fuerte a sí mismo. La víctima se hace pasar por verdugo, y el verdugo logra parecer el salvador.

(La luz del atardecer baña el balcón en tonos dorados y morados. Milagros está de pie, apoyada en la balaustrada, contemplando los jardines de la mansión que se pierden en la distancia. Su silueta se recorta contra el cielo crepuscular, una imagen de serenidad y belleza que hace que el corazón de Cristhian, ese órgano frío y calculador, dé un vuelco brusco y posesivo.)

Se acerca en silencio, sus pasos no hacen ruido sobre la piedra pulida. Cuando está a su espalda, extiende los brazos y la envuelve en un abrazo que es a la vez un refugio y una jaula. Su cuerpo ancho y cálido se aplasta contra su espalda, sus manos se entrelazan sobre su bajo vientre, reclamándola. Luego, inclina la cabeza y sus labios encuentran la piel sensible de su cuello, justo debajo de la línea del cabello. El beso no es una caricia suave; es un sello de propiedad, un recordatorio húmedo y caliente de su presencia.

Cristhian: (Susurrando contra su piel, su voz es un zumbido grave que ella siente en la columna) ¿En qué estás pensando, tan lejos de mí?

Milagros: (Se deja llevar por el abrazo, un suspiro escapándose de sus labios. No se resiste; se hunde contra él) En lo quieto que está todo. En lo… tranquilo.

Cristhian: (Su beso se convierte en un roce de labios, luego en un pequeño mordisco suave, una marca efímera) La tranquilidad es una ilusión, mi amor. (Su mano derecha se desliza desde su vientre hasta su costado, acariciando la curva a través de la tela fina). Solo hay una calma verdadera. La que encuentro aquí. Contigo. (Su otra mano se eleva para tomar su mentón, girando suavemente su cabeza hacia un lado para poder mirarla a los ojos, sin soltarla). Pero cuando piensas tan lejos… me pregunto si estoy ahí. Dentro de esos pensamientos.

Milagros: (Sus ojos se encuentran con los suyos, oscuros y llenos de esa intensidad que nunca deja de conmoverla y alarmarla un poco) Siempre estás ahí, Cristhian. Incluso en el silencio.

Cristhian: (Una chispa de satisfacción, oscura y profunda, brilla en su mirada. Aprieta el abrazo). Eso es lo que quiero oír. (Vuelve a besar su cuello, esta vez con más insistencia, su aliento caliente). Porque yo… no puedo pensar en nada que no seas tú. Eres el principio y el final de cada uno de mis días. Mi obsesión más hermosa y mi única debilidad. (Su voz se vuelve un susurro áspero, cargado de una lujuria que nunca duerme). Y ahora, esta tranquilidad… me hace querer perturbarla. Hacerte olvidar todo lo que no sea el peso de mis brazos y el sabor de mis besos.

Es una declaración, no una petición. La paz del atardecer ha terminado. Ha sido reclamada por él, como todo lo demás.

(La biblioteca de la mansión, de noche. La única luz proviene del fuego crepitante en la chimenea. Cristhian está sentado en un sillón de cuero oscuro, un libro abierto pero ignorado sobre sus rodillas. Milagros entra, vestida con un camisón de seda que la hace parecer un fantasma pálido y hermoso.)

Cristhian: (Sin levantar la vista del fuego, su voz un zumbido grave en el silencio) Te estaba esperando. Sabía que vendrías. El silencio de la casa se vuelve demasiado pesado cuando no estás cerca.

Milagros: (Se acerca, descalza, hasta quedar al borde del círculo de luz. Su voz es un susurro) No podía dormir. Tus pensamientos… son muy ruidosos. Me llegan incluso a través de las paredes.

Cristhian: (Por fin la mira. El fuego brilla en sus ojos oscuros, convirtiéndolos en brasas). Mis pensamientos siempre son sobre ti, mi amor. Son un bucle infinito de posesión y deseo. (Extiende una mano). Ven aquí.

(Milagros no obedece de inmediato. Da un paso atrás, hacia las sombras.)

Milagros: A veces me pregunto… si lo que sientes por mí es amor… o solo la necesidad de poseer algo hermoso y frágil.

Cristhian: (Se levanta de un golpe, el libro cayendo al suelo con un ruido sordo. Avanza hacia ella, su silueta alta y dominante tragándola en la penumbra). ¿Crees que hay diferencia? (Su mano surge de la oscuridad para agarrar su muñeca, no con brutalidad, pero con una firmeza que no permite escape). El amor más puro es posesión. Es decir: “Eres tan mía, que si te pierdo, dejo de existir”. (La atrae hacia la luz del fuego). ¿Eso no es lo que sientes tú? ¿Esta agonía dulce de ser completamente de alguien?

Milagros: (Permanece quieta, su pulso acelerado latiendo bajo sus dedos. Sus ojos buscan los suyos). A veces me asusta. Esta intensidad… no tiene salida.

Cristhian: (Una sonrisa lenta, peligrosamente suave, se dibuja en sus labios). ¿Salida? Mi querida Milagros… (Con su otra mano, acaricia su mejilla). No se trata de encontrar una salida. Se trata de hundirse más profundamente. Hasta que el miedo se convierta en éxtasis. (Su voz se vuelve un susurro sedoso y letal). Yo soy tu laberinto. Y tu prisión. Y el único cielo que alguna vez conocerás. Aceptarlo es tu única paz.

(La acerca más, hasta que su aliento se mezcla. El mundo fuera de la luz del fuego deja de existir.)

Milagros: (Cierra los ojos, un gesto de rendición que enciende algo feroz dentro de él). Entonces arréame contigo. Hasta el fondo.

Cristhian: (Captura sus labios en un beso que no es un beso, sino un juramento sellado con fuego). Eso ya está hecho, mi vida. Hace mucho tiempo que ambos nos perdimos en la oscuridad. Y aquí… (rompe el beso para mirarla, su expresión es de una devoción absoluta y terrible)… es donde brillamos.

Gran Salón de la Mansión Tantalean, transformado para la ocasión. Es la noche del cumpleaños de Stefanny, y Cristhian, en un despliegue de poder y opulencia que borra cualquier preocupación anterior, ha creado un espectáculo digno de una emperatriz.

El

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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