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DULCE VENENO - Capítulo 204

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Capítulo 204: Instrumento

Se vuelven exploradoras, afirmativas. Una se desliza por el muslo desnudo que la abertura de la falda revela, sintiendo la piel a través del medias, subiendo con una lentitud deliberada que hace que el aire se electrice. La otra se posa en su costado, luego sube, rozando el corsé ajustado, acariciando la curva de su pecho sobre la tela roja, un gesto de propiedad brutal y sensual.

Luego, con una fuerza suave pero irresistible, la gira. Milagros se deja llevar, su cuerpo arqueándose contra el de él, su espalda contra su pecho, su cabeza reclinada en su hombro. Desde allí, lanza una mirada coqueta y desafiante hacia la audiencia, sus ojos rojos brillando como carbones bajo los focos. Siguen bailando así, entrelazados, sus movimientos un lenguaje de deseo y poder compartido.

En la sala, el silencio es absoluto. La música lo llena todo, pero los invitados ni siquiera parpadean. Las copas quedan olvidadas. Las conversaciones murmuradas han cesado. Contienen la respiración. No es aprobación ni desaprobación; es asombro puro, intimidación, y la vergüenza ajena de ser testigos de algo tan íntimo y tan ferozmente público. Algunos desvían la mirada por pudor, pero la mayoría no puede. Es un espectáculo magnético y aterrador.

Los periodistas han dejado de tomar fotos por un momento. Están paralizados, comprendiendo que esto trasciende el reportaje social. Es un momento histórico de puro poder performático. Algunos, con más instinto, recuperan la compostura y empiezan a disparar sus cámaras de nuevo, sabiendo que estas imágenes, si se publican, serán legendarias.

Lansky y Stefanny han quedado completamente eclipsados. Son ahora figurantes en el drama principal. Cristhian y Milagros no están bailando; están reclamando el universo de la noche, redefiniendo los límites del poder, la pasión y el espectáculo, y dejando claro que su unión es la fuerza central, imparable y peligrosamente magnética, alrededor de la cual todo lo demás gira.

El último acorde del tango sensual se desvanece en un silencio electrizante. Cristhian y Milagros permanecen en el centro de la pista por un segundo más, la energía carnal aún palpitable en el aire. Luego, con la elegancia de quien acaba de dar una lección y ahora cambia de tema, Milagros se separa de él.

Su mirada, que momentos antes ardía con fuego desafiante, ahora se vuelve fría, calculadora, y se dirige directamente a Stefanny. Un silbido casi imperceptible, más un chasquido de dedos seco, corta el murmullo que empezaba a renacer.

Desde una puerta lateral, entran tres hombres impecablemente vestidos, llevando con cuidado una caja larga y estrecha de madera lacada en negro, con herrajes dorados. Avanzan con solemnidad y colocan la caja frente a Stefanny, sobre una mesa auxiliar que un sirviente ha acercado al instante.

Todos los ojos están otra vez puestos en ellos. La transición del baile salvaje a este ritual inesperado es desconcertante.

Milagros se acerca a la caja y posa una mano sobre la tapa. Mira a Stefanny con una sonrisa que no es cálida, sino posesiva y expectante.

Milagros: Stefanny, cariño. Abre tu regalo.

Su tono no deja lugar a dudas; es una orden disfrazada de invitación. Stefanny, aún aturdida por el baile y ahora bajo el foco de atención de nuevo, se acerca con nerviosismo. Con manos ligeramente temblorosas (¿por la emoción o la presión?), desliza los seguros dorados y levanta la pesada tapa.

Lo que hay dentro hace que su respiración se detenga.

Sobre un terciopelo azul noche, descansa el instrumento. Es una pipa china, pero transformada en un objeto de arte digno de un emperador. La forma de pera del cuerpo está lacada de un negro profundo y decorada con intrincadas flores azules que parecen pintadas con pinceladas de aire. Detalles dorados brillan a lo largo del mástil largo, y los trastes parecen ser de nácar o marfil tallado. Una cinta de seda azul y dorada se enrosca alrededor del instrumento, y el cabezal está rematado con gemas rojas y verdes que destellan bajo las luces. El acompañamiento ilustrado en la imagen mental—el fénix, la media luna, las corrientes doradas—parece emanar del propio objeto, dándole un aura mágica y ceremonial.

Milagros: (Observando la reacción de asombro de Stefanny, su sonrisa se ensancha un milímetro) Sé que te gusta tocarlo. Lo escuché practicar hace meses, en tus lecciones privadas. (Su voz se vuelve íntima, pero con ese filo de control). Así que pensé… ¿por qué no tocas para nosotros? Para que todos escuchemos. En tu noche.

Es otro movimiento maestro. Primero, demuestra un conocimiento íntimo y vigilante de los gustos privados de Stefanny (espiando sus lecciones). Segundo, la pone en el centro, pero bajo sus términos: como un entretenimiento, un talento que ella, Milagros, puede exhibir. No es un regalo por amor; es una herramienta para una performance orquestada por ella. Le está dando el escenario, pero también las cadenas. Stefanny puede brillar, pero solo como parte del espectáculo que Milagros y Cristhian dirigen. La mirada de Milagros dice claramente: “Toca. Compláceme. Complácelos a todos. Y recuerda quién te dio este instrumento y este momento.”

Stefanny, bajo el peso de las miradas expectantes y la sonrisa imperturbable de Milagros, asiente lentamente. Toma el pipa de su estuche con una reverencia instintiva hacia el instrumento, sintiendo el peso perfecto de la madera lacada y la frescura de las cuerdas. Se sienta en un elegante taburete que un sirviente coloca al instante en el centro del espacio despejado, bajo el gran candelabro.**

Un silencio absoluto cae sobre el salón, más profundo incluso que el del baile. El contraste es violento: de la pasión carnal del tango a la expectación por una ejecución solitaria y delicada.

Ella cierra los ojos por un breve momento, buscando concentración, apartando el fantasma de las miradas, de Milagros, de Lansky, de todo. Sus dedos, enguantados en fucsia, encuentran su posición en el mástil y sobre las cuerdas.

Y entonces, comienza a tocar.

La melodía que surge no es una pieza occidental conocida. Es una canción tradicional china, melancólica y profundamente melodiosa. Las notas del pipa son claras, resonantes y con un dejo de tristeza bellísima. Cada pulsación de las cuerdas (normalmente cuatro, pero en este instrumento de lujo, quizás más) produce un sonido que parece gotas de agua cayendo en un estanque de jade, o el susurro del viento a través de bosques de bambú antiguos.

Sus dedos se mueven con una técnica sorprendentemente diestra: hay pizzicatos rápidos que imitan la lluvia, glissandos suaves que evocan el vuelo de un ave, y trinos delicados que hablan de una flor que se abre. A pesar de la tensión del momento, o quizás por ella, su interpretación es pura, emotiva y técnicamente impecable.

La música llena el salón futurista, creando una disonancia poética. La bóveda de luz y los espejos parecen adaptarse, los colores de las fibras ópticas suavizándose a tonos azules y plateados que reflejan la melancolía de la pieza. Los invitados, atrapados entre el hechizo del baile anterior y este nuevo hechizo, escuchan con una atención religiosa. Algunos cierran los ojos, transportados. Otros observan fascinados las manos ágiles de Stefanny.

Milagros observa con una expresión de satisfacción profunda y posesiva. Su regalo no era solo un objeto; era un escenario y una prueba. Y Stefanny está pasando la prueba con creces, brillando bajo su dirección. Cristhian, a su lado, asiente levemente, aprobando el buen gusto y el control que este momento refleja sobre su familia.

Lansky, desde donde observa, tiene una sonrisa diferente. No es de satisfacción por su éxito, sino de reconocimiento. Ve en Stefanny un talento genuino, una profundidad que él mismo quizás subestimó. Y ve cómo Milagros la está usando, moldeando ese talento para su propio espectáculo. Es otro dato que archiva, otro hilo en la compleja red de poder que observa.

Stefanny, inmersa en la música, parece por un momento liberarse. Su rostro se relaja, la tensión desaparece. Por unos minutos, no es la hijastra atrapada, la novia posesionada, o la amiga traicionada. Es simplemente la música, fluyendo a

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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