Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 208

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 208 - Capítulo 208: Aterradora
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 208: Aterradora

Dolor, se clavan en la pantalla y luego en Milagros. El mundo que creía entender se desmorona.

Lansky, al verla descomponerse, reacciona rápido. La atrae contra su pecho, envolviéndola en un abrazo protector, intentando ocultarla de las miradas. Pero su acción, en este contexto, parece una confirmación más.

Lansky: (Susurra con urgencia en el oído de Stefanny, su propia voz tensa) No le hagas caso, Stefanny. Es mentira. Es un montaje. No mires.

Pero es demasiado tarde. Todos han visto. La evidencia es demasiado cruda, demasiado específica. Cristhian se ha quedado inmóvil. No mira la pantalla. Mira a Milagros. Su rostro es una máscara de piedra, pero en sus ojos hay un torbellino de emociones: incredulidad, furia, un dolor tan profundo que amenaza con hacerlo estallar, y por encima de todo, una traición que corta más profundo que cualquier cuchillo.

El aire se carga con la electricidad de un desastre inminente. Isaura ha jugado su carta maestra, y ha destrozado no una, sino varias vidas con una sola jugada. La fiesta ha terminado. Ahora comienza el juicio.

(El salón está paralizado, la mirada de todos clavada en el drama que se desarrolla. Milagros, aprovechando la conmoción y el foco en la pantalla, ejecuta su movimiento con la precisión de una ajedrecista desesperada.)

Con lágrimas reales—de pánico, de rabia—asomándose a sus ojos, se acerca a Cristhian. Toma sus manos con las suyas, y de manera deliberada, le presiona su muñeca “lastimada” y amoratada contra la palma de él, para que sienta la “prueba” tangible de su sufrimiento físico.

Milagros: (Su voz es un hilo quebrado, un torrente de angustia dirigida solo a él, aunque todo el salón escucha) Cristhian, por favor… mira lo que me hizo hacer. Mira mi mano. (Aprieta su muñeca contra su mano, fingiendo un espasmo de dolor). Es Isaura… solo quiere separarnos. Quiere destruir lo nuestro con sus mentiras. No le hagas caso… te lo suplico. No dejes que esto nos rompa.

Sus lágrimas corren libremente, mezclándose con el maquillaje, creando una imagen de víctima frágil y traicionada. Desvía la atención de las fotos hacia su propio “dolor” y hacia la narrativa de la conspiradora envidiosa.

Al mismo tiempo, Lansky, recuperando algo de compostura pero manteniendo a Stefanny abrazada, levanta la voz. Su tono es firme, defendiéndose a sí mismo y, por extensión, a Milagros.

Lansky: ¡Es verdad! (Grita, dirigiéndose al salón, pero mirando a Cristhian). No hay nada extraño entre la señora Milagros y yo. ¡Somos hermanos! (Hace una pausa, buscando cualquier atisbo de lógica cultural que pueda ayudarlos). ¡Y además, en muchos países, un beso en los labios entre familiares es un saludo común! ¡Un saludo de cariño! ¡Esto es un montaje malintencionado!

La justificación es débil, casi desesperada. Un beso como el de la foto, cargado de pasión y secreto, no se parece en nada a un saludo familiar formal. Pero combinada con la muestra de dolor y las lágrimas de Milagros, crea un campo de duda, una niebla de confusión donde la verdad objetiva de las fotos se enfrenta a una narrativa emocional poderosa: la de la esposa leal lastimada y el hermano protector calumniado.

Todo se reduce ahora a Cristhian. Él tiene la mano lastimada de Milagros en la suya, siente sus lágrimas cayendo sobre su piel. Oye las explicaciones titubeantes de Lansky. Y al frente, las fotos que gritan una verdad muy diferente. Su mundo, construido sobre el control y la posesión absoluta de Milagros, se resquebraja ante sus ojos. La decisión que tome en los próximos segundos determinará el futuro de todos en la sala.

(El ambiente, ya cargado de tensión, estalla. Isaura, viendo la duda en algunos rostros y la desesperación en las explicaciones, no puede resistir la tentación de clavar el puño más hondo.)

Isaura: (Con una sonrisa de víbora satisfecha) ¿Un saludo? ¿En la boca? ¡Y tan… apasionado! ¡Por favor, no insulten nuestra inteligencia! ¡Son amantes y todos lo saben! ¡Miren las fotos, no mienten!

Esa última frase, “no mienten”, es la gota que colma el vaso para Milagros. Sus lágrimas de víctima se secan al instante. El dolor fingido en su rostro se congela y luego se transforma en algo mucho más peligroso: una furia glacial y absoluta. Su mirada se clava en Isaura, y ya no hay rastro de la esposa frágil. Es la mirada de alguien capaz de todo, la misma que Cristhian reconoce en lo más oscuro de su propio ser.

Sin previo aviso, Milagros se abalanza. No es un movimiento elegante; es un golpe salvaje. Su mano, la misma que supuestamente estaba lastimada, se alza y descarga otra cachetada brutal contra la otra mejilla de Isaura, con un sonido aún más seco y cruel que el primero.

¡CRACK!

Isaura cae al suelo esta vez, aturdida, la boca sangrando.

Todo el salón contienen el aliento. Pero la verdadera revelación no es la violencia. Es lo que sucede después.

Cristhian observa a Milagros. Y la ve. Realmente la ve. La máscara se ha desprendido por completo. Ya no está la actriz que apretaba su muñeca para fingir dolor. Ahí está la mujer de hierro, la que es capaz de una furia tan oscura y directa como la suya.

Milagros se endereza, respirando con fuerza. No mira a nadie más que a Isaura, tirada en el suelo. Su voz, cuando habla, ya no es un susurro quebrado. Es clara, fría, y cargada de un desprecio mortal.

Milagros: (Escupe las palabras hacia Isaura) ¿Quieres la verdad, bruja? ¡Toma tu verdad! ¡SÍ! ¡Te abrí esa sonrisa de payaso en la cara! ¡Y SÍ! (Avanza un paso, y todos retroceden, incluidos algunos invitados). ¡Si hubiera tenido un maldito cuchillo en ese momento, te lo habría clavado en las manos y en cualquier otra parte para que cerraras esa boca venenosa para siempre!

La confesión cae como una bomba. No hay negación. No hay justificación cultural. Hay una admisión brutal, visceral, de la violencia que Isaura había denunciado y que Milagros había fingido que era un accidente.

El salón está en shock absoluto. Stefanny mira a Milagros con horror renovado. Lansky se tensa, sabiendo que cualquier defensa ahora es imposible.

Y Cristhian… Cristhian la mira fijamente. No con ira hacia ella por la confesión. Con algo más complejo: un reconocimiento profundo, casi admirativo, y una pregunta aterradora que ahora flota entre ellos, más grande que cualquier foto comprometedora: ¿Quién es realmente la mujer con la que se ha casado?

(La transformación es completa y aterradora. La sonrisa que se dibuja en los labios de Milagros no es de triunfo, ni de rabia contenida. Es una sonrisa sádica, desprovista de calor humano, que llega hasta sus ojos, vaciándolos de cualquier rastro de la timidez o la obediencia que alguna vez pudieron habitar allí. Es la sonrisa de alguien que ha roto una cadena interior y disfruta del sonido del metal quebrandose.)

Milagros: (Su voz ya no es fría; es melodiosa, pero en un tono que eriza la piel. Habla para todos, pero su mirada se pasea por los rostros horrorizados como si los catalogara) ¿Sorprendidos? (Una risa baja, burbujeante, le escapa). Todos ustedes… tan cómodos en sus pequeños mundos de mentiras educadas. (Da un paso, y el vestido que antes fluía con elegancia ahora parece la piel de una depredadora). Cristhian me enseñó que el poder no se pide. Se toma. Y la verdad… (señala a Isaura, que se arrastra hacia atrás en el suelo) es un juguete aburrido. Se retuerce y se rompe demasiado fácil.

Se gira hacia Cristhian. Su sonrisa se ensancha, un desafío directo y lunático.

Milagros: ¿Ves, amor? No necesito que me defiendas de sus mentiras. (Abre los brazos, como presentándose). Yo soy la mentira más grande de todas. La que tú mismo creaste. La esposa perfecta, la joya frágil… (Su risa se corta de golpe, y su expresión se vuelve de una claridad aterradora). Pero las joyas no abren sonrisas en la cara de sus enemigos. Las joyas no disfrutan del sonido

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo