DULCE VENENO - Capítulo 211
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Capítulo 211: Guarida
Contiene el fin de todo lo que conocían.
(La mansión de los Luchesse es un monumento a un gusto opulento y ligeramente pasado de moda. En el salón principal, bajo la luz de una araña de cristal pesada, Lansky y Milagros están sentados en un sofá de terciopelo burdeos. La elegancia forzada del lugar contrasta con la tensión palpable entre ellos. Las heridas de la noche anterior son visibles: el rostro de Lansky está magullado e hinchado por el puñetazo de Cristhian, y hay una nueva cautela en los ojos de Milagros, aunque su postura sigue siendo desafiante.)
Lansky: (Apoyando con cuidado una bolsa de hielo contra su mandíbula, su voz es un poco pastosa) Isaura… por más venenosa que fuera, no tenía los recursos. Ni la paciencia. Esa jugada con las fotos en la pantalla, la sincronización… era muy elaborada para ella.
Milagros: (Recostada en el sofá, observando las sombras que juegan en el techo alto. Su voz es fría, analítica) Demasiado elaborada. Isaura era un martillo. Esto fue un bisturí. Diseñado para cortar en el lugar exacto para causar el máximo daño. Para exponer… todo.
Hace una pausa, y sus ojos se encuentran con los de Lansky. Hay una comprensión amarga en su mirada.
Milagros: Luzmila. (Pronuncia el nombre no como una pregunta, sino como una conclusión inevitable). Ella tenía el acceso. A los sistemas de la mansión. A las rutinas. A nosotros. (Un destello de ira, no dirigida a Luzmila, sino a su propia ingenuidad, cruza su rostro). Nos usó. Le dimos las municiones con nuestra… estupidez.
Lansky: (Deja la bolsa de hielo a un lado con un gesto de frustración) Pero ¿por qué? ¿Qué gana con exponernos así? Con destrozar a Stefanny y… (traga, el nombre de Cristhian queda implícito en el aire) todo.
Milagros: (Se incorpora, su mirada se vuelve más aguda) No nos expuso a nosotros, Lansky. (Su voz baja a un susurro conspirativo). Nos expuso a Cristhian. El beso, la “confesión”… era para él. Para golpearlo donde más le duele: su control, su posesión. Isaura era solo… el disparador. La carnada. Luzmila sabía que Isaura atacaría, y simplemente… aseguró que el veneno fuera el correcto. Y luego… (hace un gesto con la mano, imitando un disparo) limpió el desorden.
Lansky la mira, asimilando la profundidad de la manipulación. Luzmila no era una aliada que llegaba tarde a ayudar. Era la arquitecta de todo el desastre.
Lansky: Entonces… ¿todo fue un montaje suyo? ¿Las fotos?**
Milagros: (Sacude la cabeza lentamente) Las fotos eran reales. Ese fue nuestro error. Le dimos el arma. Ella solo eligió el momento y el lugar para dispararla. Y nos puso a todos en la línea de fuego. (Se levanta y camina hacia la ventana, mirando la oscuridad fuera). La pregunta ahora no es por qué lo hizo. La pregunta es… ¿qué quiere realmente? Porque esto no se siente como el final. Se siente como… el primer movimiento.
Quedan en silencio, la magnitud de haber sido peones en el juego de alguien más, alguien aparentemente más frío y calculador que ellos mismos, los envuelve. Luzmila no está con ellos. Pero su sombra, y las consecuencias de su plan, llenan la habitación.
(El salón de los Luchesse parece más sombrío que antes, como si las paredes absorbieran la conspiración que se está gestando. Milagros abandona la ventana y se vuelve hacia Lansky, sus ojos ya no son de análisis frío, sino de una determinación oscura y letal.)
Milagros: (Su voz es un filo de acero en la quietud) Ella jugó con nosotros. Nos usó como títeres en su teatro sangriento. Destrozó a Stefanny. Puso a Cristhian al borde… y luego desapareció en la noche con su vestido de hada malvada. (Da un paso adelante). Esto no termina aquí.
Lansky: (Se levanta con esfuerzo, haciendo a un lado el dolor de su mandíbula. Su expresión es sombría, pero hay un acuerdo absoluto en sus ojos). No. No termina. Pero tenemos que ser más inteligentes. Más fríos que ella. (Frunce el cejo, pensativo). Lo de anoche… fue un mensaje. Nos demostró que puede llegar a cualquier parte, manipular cualquier cosa. Incluso a nosotros.
Milagros: (Asiente, una sonrisa sin humor torciendo sus labios) Exacto. Así que no vamos a correr como animales heridos. Vamos a tender una trampa. La clase de trampa que solo alguien que conoce la oscuridad… puede diseñar. (Se acerca más, bajando la voz). Pero Stefanny y Cristhian no se enteran. No hasta que esté hecho.
Lansky: (La mira fijamente, comprendiendo). Stefanny ya ha sufrido demasiado. Y Cristhian… (hace una pausa, el nombre pesa en el aire) su ira es un huracán que arrasaría con todo, incluida nuestra oportunidad de hacerla pagar de la manera correcta. Sería demasiado… rápido. Luzmila no merece un final rápido.
Milagros: (Sus ojos brillan con una luz siniestra) Merece algo a la medida. Algo que refleje su propia traición. (Cruza los brazos). Tenemos ventajas. La conocemos. Sabemos cómo piensa. Y ahora sabemos que es nuestra enemiga. Ella cree que nos tiene asustados, dispersos. Ese será su error.
Lansky: (Asiente lentamente, un plan comienza a tomar forma en su mente). Necesitamos información. Todo lo que podamos encontrar sobre ella. Cosas que ni siquiera nosotros sabemos. Debilidades. Deudas reales. No las que ella inventa. (Mira a Milagros). Tú eras su “amiga”. ¿Hay algo? ¿Algún hilo suelto?
Milagros: (Un destello de recuerdo, tal vez de una confidencia borracha o un descuido pasado, ilumina sus ojos). Tal vez… Hay un nombre. Alguien del que siempre evitaba hablar. Alguien de antes de todo esto. De antes de que supiera vestir a Ivan Yong. Podría ser nada… o podría ser la llave.
Lansky: (Una mueca que pretende ser una sonrisa le duele en el rostro magullado). Entonces esa es nuestra primera pieza. Trabajamos en las sombras. Reunimos cada fragmento. Y cuando tengamos el cuadro completo… (su voz se vuelve un susurro peligroso) le devolvemos su “servicio de mantenimiento”. Con intereses.
Milagros: (Extiende una mano. No es un gesto de cariño, es un sellado de pacto). Solo nosotros. Sin Stefanny. Sin Cristhian. Esto es nuestro. Nuestra venganza.
Lansky toma su mano, un apretón firme y lleno de promesas oscuras. En ese momento, en el salón decadente de los Luchesse, nace una nueva alianza. No de amor, ni de lealtad familiar, sino de un rencor frío y calculado. Han decidido convertirse en los cazadores, y su presa es la mujer que creyó que los controlaba a todos.
Una suite segura y anónima, lejos de las propiedades de los Luchesse. Mapas, pantallas de computadora y documentos esparcidos sobre una mesa grande. Milagros y Lansky han cambiado sus ropas de gala por atuendos oscuros y funcionales. El ambiente es de guerra de inteligencia.
Milagros: (Señalando un diagrama en una pantalla) Luzmila nunca se mueve sin sus dos sombras. Dante y Rocco. Ex militares, leales hasta la médula. Atacarla de frente es un suicidio.
Lansky: (Estudiando un patrón de movimientos en un mapa digital) Correcto. No la atacamos. La aislamos. Creamos una situación donde ella elija separarse de ellos. Algo que parezca tan urgente, tan personal, que su protocolo de seguridad sea una segunda prioridad.
Milagros: (Una sonrisa fría se dibuja en sus labios) Su talón de Aquiles no es el dinero ni el poder. Es su orgullo. Su necesidad de ser la más inteligente en la habitación, la que tira de los hilos. (Se acerca a la pantalla, señalando un punto). Y su pasado. Ese nombre que mencioné, “Elías Vronsky”. Nuestras pesquisas indican que no es un amante despechado. Es un eslabón perdido. Alguien de quien ella se desprendió, pero que podría tener… material comprometedor de sus primeros años. Material que ni siquiera su dinero actual puede borrar completamente.
Lansky: (Asiente, siguiendo el hilo) Entonces, no secuestramos a Elías. Eso sería obvio. Fingimos que Elías ha reaparecido. Y que está a punto de vender lo que tiene. A… digamos, un coleccionista rival de Cristhian, alguien cuyo nombre haría que Luzmila viera su imperio
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