DULCE VENENO - Capítulo 213
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Capítulo 213: La Ratonera
Tipo de ascenso social, pueda tener esos documentos (reales o no) es insoportable. No puede arriesgarse a que se filtren, incluso como burda falsificación, porque pondrían en duda todo lo que ella es ahora.
7:00 PM. La suite segura.
Lansky: (Observando múltiples pantallas) Sus canales de comunicación están en ebullición. Está movilizando recursos para vigilancia del puerto. Ha cancelado sus compromisos para esta noche. Está picando. Profundamente.
Milagros: (Observando una foto de seguridad donde se ve a Luzmila saliendo de su edificio con Dante y Rocco) Perfecto. Ahora, el toque final. (Toma un teléfono seguro). Activen el protocolo “Sombras”. Es hora de darle un poco más de… urgencia.
8:15 PM. El auto de Luzmila.
(Mientras su caravana se dirige a una cena de caridad que ya había cancelado en secreto, recibe una llamada anónima en una línea segura. Una voz distorsionada dice sólo: “Volkov no esperará. El almacén 7. 23:30. Ven sola si quieres negociar. Trae los medios para comprar tu silencio. Cualquier guardia, y los archivos se suben a la red en tiempo real.” La llamada se corta.)
Luzmila: (En el asiento trasero del auto blindado, su respiración es la única traición de su calma exterior. Mira a Dante, al volante, y a Rocco a su lado). Cambio de planes. No vamos a la cena. Daremos vueltas. Y ustedes dos me dejarán en el puerto a las 23:00. Me cubrirán a distancia. Pero la entrada al almacén 7… la haré sola.
Dante: Señora, es exactamente lo que quieren.
Luzmila: (Su mirada es de acero) Lo sé. Pero también es la única manera de enfrentarme a quien sea que esté detrás de esto y asegurar que esos archivos, reales o falsos, desaparezcan para siempre. (Una chispa de su orgullo y su lado psicópata brilla en sus ojos). Y cuando lo tenga frente a mí… descubriré quién se atreve a jugar con mi pasado.
Ella cree que está tomando una decisión audaz, contrariando a sus guardaespaldas por necesidad. No sabe que esa “decisión audaz” es el paso exacto que Milagros y Lansky han coreografiado para ella. El anzuelo no solo ha sido mordido; la han enganchado y ahora la están arrastrando, paso a paso, hacia el fondo de su propia trampa.
23:07. Puerto Viejo, Almacén 7.
(El ambiente es de abandono y salitre. La luz de la luna se filtra por ventanas rotas, iluminando el polvo que flota en el aire. Luzmila llega en un sedán negro discreto. Dante y Rocco salen primero, escaneando la periferia con profesionalismo frío.)
Luzmila: (Sale del auto, envuelta en un abrigo oscuro sobre su atuendo elegante. Sus ojos, adaptados a la oscuridad, examinan la puerta semiabierta del almacén). Manténganse en las sombras. Cobertura a 50 metros. Radio silencio a menos que haya fuego. Entro sola.
(Dante asiente, reacio pero obediente. Él y Rocco se desvanecen entre las sombras de contenedores apilados, sus siluetas convirtiéndose en parte del paisaje nocturno.)
Luzmila empuja la pesada puerta de metal. Chirría de manera ominosa. Dentro, la oscuridad es más profunda, rota solo por un único haz de luz desde un piso superior que ilumina un claro en el centro del espacio vacío. No hay signos de Volkov. No hay signos de nadie.
Un instinto primitivo le grita que huya. Da media vuelta hacia la puerta.
En ese momento, desde las profundidades de la oscuridad a ambos lados de la entrada, emergen silenciosamente cuatro hombres. No son matones cualquiera; son grandes, anónimos, visten ropa oscura y funcional, y se mueven con la eficiencia de profesionales. Bloquean completamente la salida, formando un muro humano impasible.
Luzmila: (Retrocede un paso, su corazón acelera, pero su voz es un silbido de furia) ¿Quién demonios son ustedes? ¿Dónde está Volkov?
De las sombras del centro del almacén, dos figuras se adelantan hacia el círculo de luz. Lansky, su rostro aún marcado por moretones pero con una determinación feroz en los ojos. Y a su lado, Milagros, vestida con ropa oscura y práctica, su mirada es de frialdad absoluta.
Milagros: (Su voz eco en el vacío del almacén) No hay ningún Volkov, Luzmila. Solo nosotros.
Afuera, simultáneamente, se desata el caos. De entre los contenedores, otros hombres—contratados por Lansky—caen sobre Dante y Rocco. No es una pelea de disparos; es un combate cuerpo a cuerpo brutal y silencioso, diseñado para incapacitar rápidamente, con puños, llaves y jeringas de tranquilizante. Los guardaespaldas de Luzmila luchan con ferocidad, pero la sorpresa y la superioridad numérica son abrumadoras.
Dentro, Luzmila comprende la magnitud de la trampa. Ha caminado directamente a ella. Sus ojos se clavan en Milagros, y por primera vez, hay un destello de algo que podría ser… respeto retorcido, mezclado con ira.
Luzmila: (Una sonrisa fría y forzada aparece en sus labios) Mis felicitaciones. Subestimé tu… capacidad de resentimiento, Milagros. Y la tuya, Lansky, por superar tu lealtad canina.
Lansky: (Da un paso al frente) La lealtad se gana. No se exige a punta de manipulación y de poner a la gente que… importa, en la línea de fuego.
Milagros: (Avanza lentamente, el sonido de sus pasos es el único en el silencio repentino, ya que los ruidos de la pelea exterior han cesado). Te gusta jugar con la vida de las personas, Luzmila. Diseñar sus tragedias. (Se detiene a unos metros de ella). Bueno. Ahora es tu turno. Bienvenida a nuestro diseño.
(El aire en el almacén está cargado de salitre, polvo y la electricidad del odio contenido. La luz tenue crea sombras alargadas que bailan sobre los rostros de Milagros y Luzmila. Los hombres que bloquean la puerta son estatuas silenciosas. Lansky observa desde un lado, su presencia es una amenaza adicional.)
Milagros: (Su voz no alza el volumen, pero cada palabra cae como una losa de hielo en el silencio) Tenías todo. Elegancia, dinero, una fachada perfecta. Podrías haber vivido tu vida lejos de nosotros, en tu torre de mentiras y seda. (Da un paso adelante, sus ojos son pozos oscuros). Pero no. No fue suficiente. Buscabas diversión. Emoción. Te gustaba sentirte la araña en el centro de la telaraña, viendo cómo nos retorcíamos.
Luzmila: (A pesar de la situación, su postura sigue siendo arrogante. Se endereza, una sonrisa cínica en sus labios) La vida es aburrida sin un poco de teatro, querida. Y ustedes… eran tan predecibles. El lobo feroz, la esposa sumisa, el guardaespaldas leal… era un elenco demasiado tentador para no dirigir.
Milagros: (Una risa cortante, sin humor, le escapa) ¿Y ves ahora adónde te llevó tu dirección? (Extiende los brazos, abarcando el almacén decadente, los hombres silenciosos, la trampa perfecta). A este final. En un lugar que huele a podredumbre y mar, lejos de tus lujos.
Luzmila: (Su mirada se endurece, la máscara de diversión se agrieta) ¿Final? No serás tan ingenua como para pensar que esto termina aquí. La gente me extrañará. Habrá preguntas.
Milagros: (Se acerca más, hasta que están a solo un paso de distancia. Su voz se convierte en un susurro venenoso, solo para los oídos de Luzmila) Las preguntas se diluyen. Los cuerpos desaparecen. Yo aprendí del mejor. (Una pausa cargada de significado). De él. De Cristhian. Y de ti. Aprendí que para hacer que algo desaparezca, necesitas determinación, recursos… y un completo desprecio por las reglas. (Su sonrisa es un espectáculo aterrador). No saldrás de aquí con vida, Luzmila. Lo sabes, ¿verdad?
Luzmila la mira fijamente, buscando un atisbo de vacilación, de miedo, de la mujer “sumisa” que ella creía conocer. No encuentra nada. Solo encuentra un reflejo de su propia frialdad, pero sin el capricho, con el propósito enfocado de un verdugo.
Milagros: (Continúa, su tono casi conversacional, pero cada sílaba es una sentencia) Debiste haber hecho tu vida. Pero no. Te metiste con nosotros. Y lo peor… te metiste con Stefanny. La pusiste en el camino del fuego solo por diversión. (Un destello de ira genuina atraviesa la frialdad de Milagros). Por eso, no te preocupes. Tu diversión… no ha terminado. La tendrás.
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