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DULCE VENENO - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Fotógrafo
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23: Fotógrafo 23: Fotógrafo El beso sellará su destino… o desatará el caos.

[La ceremonia ha concluido.

Los invitados se relajan y comienzan a circular, brindando con champán.

De entre la multitud, emerge una figura legendaria: Henri Cartier-Bresson, con su icónica cámara Leica en mano.

Su presencia añade un aire de arte eterno a la ya surrealista boda.] HENRI CARTIER-BRESSON (con una elegancia atemporal, inclinándose levemente): —”Hacen una hermosa pareja.Quiero tomar fotos de ustedes, si me lo permiten.” CRISTHIAN (mirada fría, voz cortante): —”Claro que no.

Retírate.” [El fotógrafo parece sorprendido, pero no se inmuta.

Milagros interviene rápidamente, suavizando la tensión.] MILAGROS (tomando del brazo a Cristhian con una sonrisa dulce): —”Vamos, hagamos un álbum de fotos.

Quiero tenerlo como recuerdo.” [Cristhian la mira, y su expresión se suaviza.

Le acaricia el rostro con una mezcla de posesión y adoración.] CRISTHIAN (sonriendo, pero con un dejo de advertencia en los ojos): —”De acuerdo, amor.

Lo que mi gatita quiera.” Claro, aquí tienes una descripción de la escena con sus diálogos.

El aire en el valle es tranquilo y está bañado por la cálida luz dorada del atardecer.

Las imponentes montañas recortadas contra un cielo azul claro y despejado sirven de telón natural a una escena de pura felicidad.

Sobre el exuberante césped verde, Christian y Milagros son el centro del universo.

Él, fuerte y seguro, la sostiene en sus brazos con una sonrisa de orgullo y ternura.

Ella, vestida de blanco, se deja llevar, con el brazo extendido hacia el cielo como si quisiera tocar el sol.

En su mano, un ramo de rosas blancas parece capturar la misma luz, brillando con una pureza intensa.

A unos metros, la leyenda viviente, Henri Cartier-Bresson , observa a través de su inseparable Leica.

Su rostro es una máscara de concentración absoluta, buscando ese “instante decisivo” donde la emoción, la composición y la luz se alineen en perfecta armonía.

De repente, un susurro de cuerdas y vientos inunda el valle: la orquesta, escondida entre los árboles, comienza a tocar las primeras y emotivas notas de “Wavin’ Flag”.

(Henri Cartier-Bresson, con una voz serena pero con autoridad, baja ligeramente la cámara para dar la indicación final) HENRI: “Muy bien…

quietos.

No se muevan.

Mantengan esa mirada.

No miren a la cámara, mírense sólo el uno al otro.

Posen, y yo me encargo de que la foto sea una obra de arte.” (Christian y Milagros ajustan levemente su pose.

Él la sostiene con más firmeza, ella clava sus ojos en los de él.

Sus sonrisas se suavizan en una expresión de amor profundo y auténtico.

La música de “Wavin’ Flag” eleva el momento, llenando el aire de una emoción épica y conmovedora.

Henri levanta la cámara de nuevo, enfoca y en el clímax de la melodía, el obturador se activa con un clic suave pero definitivo.

Baja la cámara, y una rara y genuina sonrisa de satisfacción cruza su rostro.) HENRI:(Conmovido) “Perfecto.

Eso es…

Son una obra de arte que expresan amor puro y cálido.” Christian y Milagros apenas escuchan el elogio del maestro.

Están perdidos en su propio mundo.

Sus miradas están entrelazadas, hablando un lenguaje silencioso de promesas y devoción.

La alegría en sus ojos, la complicidad en sus sonrisas, es un amor tan puro y hermoso que, efectivamente, cautiva a todos los presentes, desde el fotógrafo más célebre hasta el último músico de la orquesta, cuyas notas continúan meciéndose en el viento como la bandera de la canción.

La felicidad de Milagros es tan grande que no puede contenerse.

Con una sonrisa que ilumina más que la luz del atardecer, se inclina y deposita un beso suave y lleno de gratitud en los labios de Christian.

Él, sin soltarla, responde al beso con la misma dulzura, un momento perfecto y robado al tiempo.

La voz serena pero firme de Henri Cartier-Bresson corta el hechizo suavemente.

HENRI:(Tose levemente) “Ahem, magnífico…

pero vamos a cambiar la posición.

Busquemos otra capa de su historia.” Los novios se separan sonriendo, un poco cohibidos pero emocionados.

Bajo las indicaciones del fotógrafo, se recolocan.

Christian gira, quedando de espaldas a la cámara, su figura fuerte creando un marco protector.

Él se inclina hacia Milagros, y su rostro, girado hacia la cámara, se acerca a la mejilla de ella en un gesto que parece ser el instante preciso antes de un beso tierno o justo después de él.

Milagros ahora está parcialmente de frente a la lente.

Una sonrisa tímida pero radiante, cargada de complicidad, se dibuja en sus labios.

Su mano izquierda se extiende elegantemente hacia la cámara, situándose en un primer plano nítido.

En su dedo anular, un anillo de compromiso brilla con la luz dorada, convirtiéndose en el foco absoluto de la imagen, el símbolo tangible del amor que los une.

Henri Cartier-Bresson se agacha, ajusta el enfoque para que el anillo y la expresión de Milagros estén perfectamente claros, mientras Christian se desdibuja ligeramente, pero su presencia se siente poderosa.

El obturador vuelve a sonar.

(Después del beso, Henri interrumpe con suavidad) HENRI: “¡Vamos, vamos!

Guarden algo para la luna de miel.

Los besos espontáneos son maravillosos, pero ahora probemos algo más…

construido.

Vamos a cambiar la posición.” (Les guía con gestos con las manos) HENRI:”Christian, tú gira, pon tu espalda hacia mí.

Ahora, inclínate hacia tu novia como si le fueras a contar un secreto, o a besarla en la mejilla.

Quiero ver el perfil de tu rostro.

Milagros, tú mira hacia mí, pero mira a Christian de reojo.

Sí, exacto.

Ahora…

tu mano…

la izquierda.

Extiéndela hacia mí.

Déjame ver esa promesa.

Que sea el centro de todo.” (Milagros extiende la mano con naturalidad, luciendo el anillo.

Henri observa a través del visor, completamente concentrado.) HENRI: (Susurrando casi para sí mismo) “Sí…

ahí está.

El anillo, la promesa.

Su susurro, la intimidad.

La montaña, la eternidad.

Perfecto.” Sus manos están entrelazadas, un punto de conexión firme y tierno en medio de la composición.

No miran a la cámara; están completamente absortos el uno en el otro.

(Henri baja su cámara después de la última toma en el campo.

Camina hacia ellos con una admiración evidente en los ojos.) HENRI:(Con una voz cálida y llena de convicción) “He tomado fotos a muchas personas y parejas a lo largo de mi vida…

rostros en la euforia de la liberación de París, niños jugando en las ruinas, grandes artistas y desconocidos con historias en los ojos…

pero ustedes son las mejores de todas.La química que proyectan es…

palpable.

No se actúa, se siente.

Es un honor capturarlo.

Vamos por la siguiente.” (Los guía hacia el set con el fondo negro.

Su tono se vuelve más técnico, pero sin perder la calidez.) HENRI:”Este cambio será radical.

Olviden el campo.

Olviden el sol.

Aquí sólo existen ustedes dos y el sentimiento que hay entre medio.

Christian, tú detrás, pero muy cerca.

Milagros, un paso adelante, pero gira tu cuerpo hacia él.

Tómense de las manos…

fuerte, pero con suavidad.

Ahora…

mírense.

Sólo mírense.

Como si el mundo exterior hubiera desaparecido.” (La orquesta, en un rincón del estudio, comienza a tocar una versión íntima y suave de “Wavin’ Flag”, adaptándose a la nueva atmósfera.

Henri se agacha, el clic de su cámara es el único sonido que rompe el silencio entre las notas de música.

Captura el instante en que sus pupilas se dilatan ligeramente, reflejando sólo al otro en la profundidad del fondo negro.) El fondo negro, infinito y profundo, sigue siendo el testigo mudo.

La iluminación lateral es ahora más dramática, creando claroscuros intensos que marcan los rasgos de sus rostros y la textura de su ropa.

Christian está sentado en un taburete alto de metal oscuro.

Su postura es relajada pero con una base de fortaleza.

Tiene una pierna estirada y firmemente apoyada en el suelo, y la otra flexionada, con el pie reposando en el travesaño del taburete.

Sus brazos descansan sobre su muslo elevado.

No

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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