DULCE VENENO - Capítulo 27
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27: cansancio 27: cansancio (Ambas estallan en risas, creando su propia burbuja de amistad y estilo en medio del ajetreo del aeropuerto, la perfecta retaguardia para el romance de milagros y Cristhian.) [El jet privado de los Tantalán asciende suavemente hacia el cielo, dejando atrás París.
El interior es lujoso: asientos de cuero blanco, alfombra gruesa y una barra bien surtida.
Pero la atmósfera está cargada de tensiones no dichas.] MILAGROS (mirando por la ventanilla, voz fría pero firme): —”Estamos yendo a Holanda.
Estoy muy emocionada.” (Gira hacia Cristhian).
“Y Cristhian, no se te ocurra hacer otra locura como aquella pasarela donde mataste a ese chico.” CRISTHIAN (sonrisa sádica, ojos brillantes con peligro): —”Si alguien toca lo que es mío… no respondo.”(Ajusta su corbata con calma exagerada).
“Pero mientras te portes bien, todo estará en calma.” STEFANNY (interviniendo con tono ligero, pero con una mirada de advertencia a su padre): —”Papi, vamos, estamos yendo a una pasarela.
Habrá mucha gente que quiere tomar fotos y firmas autógrafos.” (Señala a Milagros).
“Además, Milagros es tu esposa.
¡Confía en ella!” MARILÚ (jugueteando nerviosamente con su copa de jugo): —”Mañana será un gran día… y estaré nerviosa.
Nunca he estado en una pasarela.” MILAGROS (sonriéndole con genuino cariño): —”No te preocupes.
Solo disfruta y sé tú misma.” STEFANNY (bostezando estratégicamente): —”Vamos a dormir.
Mañana tenemos muchas cosas que hacer y necesitamos energía.” [Pero mientras Stefanny y Marilú se acomodan para descansar, Cristhian toma su teléfono y marca un número cifrado.] CRISTHIAN (voz baja pero implacable): —”Quiero que traigas guardias.
Necesito los mejores cinco.” SECRETARIO (al otro lado de la línea, voz obediente): —”Como ordene.
Le enviaré los mejores cinco guardias.
Estarán allá en la mañana.” El jet privado aterriza con suavidad en el Aeropuerto de Schiphol.
Al pie de la escalerilla, un Mercedes-Maybach negro con vidrios polarizados aguarda en silencio.
El viaje hasta el Waldorf Astoria Amsterdam es un susurro a través de los canales y la arquitectura histórica de la ciudad.
El automóvil se detiene frente a la imponente fachada del hotel, un lujoso palacio del siglo XVII junto al canal.
Un equipo de conserjes, impecablemente uniformados, se acerca con una eficiencia discreta.
El chófer abre la puerta.
Christian emerge primero, ofreciendo de inmediato su mano a Milagros para ayudarla a salir.
Su expresión es serena pero protectora.
Con un gesto casi imperceptible de su cabeza, indica hacia dos figuras grandes y discretas que se mantienen a una distancia respetuosa, pero alerta.
(Christian se inclina ligeramente hacia Milagros, su voz es un susurro low pero lleno de una preocupación amorosa.) CHRISTIAN: “Amor, estos son nuestros guardias.
Quiero lo mejor para ti y para la bebé.
Este viaje será perfecto, tranquilo y seguro.
No hagas ninguna locura, ¿de acuerdo?” (Su tono es suave, pero sus ojos son serios, refiriéndose a su conocido espíritu aventurero y juguetón.) (Milagros sonríe, tocando suavemente su brazo en señal de comprensión.
Su mirada va hacia su amiga.) STEFANNY: (Bostezando elegantemente pero con genuino cansancio) “De acuerdo, papá.
No te preocupes, hoy no hay locuras.
Vamos, entremos, estoy muy cansada.” (Se frota un ojo, deshaciendo un poco el perfecto delineado.) MARILÚ: (Apoyando el comentario con un suspiro de fatiga) “Sí, el viaje ha sido largo y no hemos podido dormir bien.
Lo único que quiero es una ducha caliente y una cama que no se mueva.” (Christian asiente, satisfecho.
Ofrece su brazo a Milagros y con la otra mano hace una señal casi imperceptible a los guardias, quienes asienten y comienzan a coordinar con el conserje para el equipaje.
El grupo se dirige hacia las majestuosas puertas del hotel, donde otro mundo de lujo y tranquilidad les aguarda.) La escena se traslada al lujoso interior del Waldorf Astoria Amsterdam.
La recepción, con sus techos altos, arañas de cristal y detalles clásicos, emana una calma opulenta.
Un recepcionista impecable, con una sonrisa profesional pero genuina, los espera.
RECEPCIONISTA: (Con una inclinación de cabeza y extendiendo un sobre de lino grueso) “Bienvenidos nuevamente, Mr.
Sterling.
Señora Milagros, aquí tiene las llaves de la suite.
Y, en nombre de todo el equipo del Waldorf Astoria, felicidades por su matrimonio.
Esperamos que tengan una hermosa estadía con nosotros y…
bienvenidos a Holanda.” MILAGROS: (Tomando las llaves con una sonrisa radiante de cansancio y felicidad) “Muchísimas gracias.
Estamos encantados de estar aquí.” (El grupo se dirige en el ascensor silencioso hacia los pisos superiores.
Al abrirse la puerta de la suite, se revela una habitación vasta y exquisitamente amueblada, con vistas a los canales.) (Stefanny entra primero, dejando caer su bolso de mano en un sillón con un suspiro de alivio.) STEFANNY: (Mirando alrededor con ojos wide abiertos) “Wow.
Parece que vamos a compartir la habitación.
¡Genial!
.” (Marilú se acerca a la cama principal, donde un sobre blanco y elegante descansa sobre las fundas de seda pulcramente dobladas.) MARILÚ: (Tomando la carta) “Miren, aquí hay una carta en la cama.” (Abre el sobre y lee en voz alta) “‘De parte de Suitsupply, espero hayan llegado a salvo.
Bienvenidos a Holanda.
Descansen, los esperamos a las cinco.
Espero disfruten.'” (Milagros, sin poder contenerse por más tiempo, deja escapar un grito ahogado de emoción y cansancio.) MILAGROS: “¡Vamos a descansar, estoy muy cansada!” (Corre y se lanza de manera dramática pero suave sobre la enorme cama, hundiéndose en las plumas.) “¡Tenemos hasta las cinco!” (Stefanny y Marilú se miran, se encogen de hombros con una sonrisa y, abandonando toda pretensión de elegancia, se dejan caer cada una en un extremo de la cama junto a Milagros, formando un trío de amigas agotadas pero felices, listas para rendirse a la comodidad.) Bajo la suave luz del atardecer que se filtra por las ventanas de la suite, las tres amigas yacen dormidas en la cama king-size.
Milagros en el centro, con Stefanny y Marilú a sus lados, han sido vencidas por el agotamiento del viaje.
Su respiración es profunda y regular.
La puerta de la suite se abre sin hacer ruido.
Christian entra, cerrando con igual sigilo.
Su elegante abrigo marrón claro ya está colgado.
Se queda parado un momento, observando la escena.
Su expresión es serena, pero sus ojos tienen una intensidad quieta y profunda.
Con movimientos deliberadamente lentos y silenciosos, toma una manta de cashmere que descansa sobre un diván.
Se acerca a la cama y, con una ternura casi reverencial, extiende la manta sobre las tres mujeres, asegurándose de que Milagros esté bien cubierta.
Luego, se inclina sobre su esposa.
Con los dedos, acaricia con extrema suavidad unos mechones de su cabello rojo, apartándolos de su rostro.
Se inclina un poco más y deposita un beso tan leve como el aleteo de una mariposa en su sien.
No hay rastro de sueño en sus ojos; sólo una vigilia absoluta.
Se dirige al sillón tapizado en terciopelo que está frente a la cama.
Se sienta, cruza una pierna sobre la otra y apoya el mentón en su mano.
Su postura es de aparente relajación, pero su mirada no se despega de Milagros.
La observa con una fijeza hipnótica, obsesiva, como si estuviera memorizando cada uno de sus rasgos, cada movimiento bajo los párpados cerrados.
La habitación está en un silencio sepulcral, roto sólo por la respiración de las durmientes.
(La voz de Christian surge en un susurro ronco, un monólogo dirigido a la mujer dormida que es más para sí mismo que para ella.
No hay emoción alta, sólo una convicción profunda y aterradora.) CHRISTIAN: “Duerme, amor mío…
Yo vigilo tus sueños.
Ahora…
ahora eres mi esposa.
Ese papel lo cambia todo.
Y no te dejaré ir nunca.” (Hace una pausa, sus ojos se oscurecen con una posesión absoluta.) CHRISTIAN: “Prefiero verte muerta que lejos de mí.
¿Entiendes?
Eres mía.
Sólo mía.
Para siempre.” (Su expresión se suaviza entonces, transformándose en una sonrisa cargada de una determinación perturbadora.) CHRISTIAN: “Pero no temas…
Te haré la mujer más feliz.
Ya lo verás.
Lo tendrás todo.
Todo menos…
la
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