DULCE VENENO - Capítulo 30
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30: Elegancia 30: Elegancia dejando atrás un silencio cargado de admiración antes de que estalle un aplauso contained pero ferviente entre la audiencia de conocedores.) La música cambia por completo.
Se transforma en una melodía onírica, con arpas y cuerdas leves que parecen gotas de rocío cayendo sobre pétalos.
La atmósfera se carga de una magia delicada y romántica.
Todos los ojos se clavan en el inicio de la pasarela.
Y entonces, Milagros aparece.
Es una visión.
El vestido no parece cosido, sino surgido de un sueño.
El degradado de colores fluye desde el corpiño—un rosa polvoriento que se intensía en un púrpura real alrededor del escote en V—y desciende en una cascada de verdes aguamarina y azules celestes en la falda, como si la flor de rododendro se fundiera con el cielo y el follaje.
Las mangas abullonadas de tul transparente flotan alrededor de sus brazos como alas de hada.
Cada capa de la falda de volantes está adornada con bordados de pequeñas flores y lentejuelas que brillan como gotas de rocío bajo las luces.
Es etéreo, es delicado, es absolutamente sublime.
Milagros avanza con una sonrisa serena pero radiante.
Su porte es de una elegancia innata.
Al llegar al final de la pasarela, no solo se detiene; interactúa.
Gira lentamente, permitiendo que la falda se despliegue.
Sonríe directamente a los bancos de fotógrafos, un gesto de pura felicidad y coquetería elegante.
Los flashes estallan en una tormenta de luz, iluminando cada detalle del vestido y su rostro iluminado.
Es el centro absoluto del universo en ese momento.
PIERPAOLO PICCIOLI: (Con un hilo de voz, emocionado) “Dio mio…
Es la encarnación de la belleza romántica.
Es como si un cuadro de Waterhouse hubiera cobrado vida.” SARAH BURTON: “La forma en que el color se mueve con ella…
Es pura poesía.
La artesanía de los bordajes es exquisita.” TOM FORD: (Asintiendo, impresionado) “El equilibrio entre lo coqueto y lo elegante es perfecto.
Ella lo lleva con una confianza absoluta.
Es hipnótica.” (Christian, en la primera fila, se paraliza.
La sonrisa de orgullo inicial se congela y luego se desvanece por completo.
Su mirada, antes admirativa, se oscurece y estrecha.
Ya no ve la belleza; ve la avalancha de flashes, los cientos de ojos ávidos devorando a su esposa, su sonrisa dirigida a otros, la coquetería que él cree que solo debería ser para él.
(Su mandíbula se aprieta hasta que los músculos se marcan bajo su piel.
Su postura, antes relajada, se vuelve rígida como el acero.
Los puños se cierran con tanta fuerza que los nudillos palidecen.
Una ola de posesión celosa, feroz y oscura, lo engulfle.
Para él, el vestido ya no es una obra de arte; es un disfraz que atrae miradas indeseadas hacia lo que es exclusivamente suyo.
Él no aplaude.
Solo observa, con una intensidad que promete una posesión absoluta una vez que el espectáculo termine.) La música da un giro hacia lo sublime y dramático.
Una sola nota de violín se eleva, clara y emotiva, antes de que se le unan acordes orquestales que recuerdan a la majestuosidad de la naturaleza.
El ambiente en el Vondelpark se carga de una expectación reverencial.
Stefanny emerge, y su aparición es pura poesía visual.
El vestido no es simplemente un atuendo; es la encarnación de un lirio en plena floración.
El corpiño strapless es una obra maestra de bordado: miles de lentejuelas y abalorios crean un efecto texturizado que simula la complexión natural del pétalo de una flor, brillando bajo la luz con cada movimiento.
De la cintura nace la magia.
La falda, compuesta por innumerables capas de chiffon y organza blanco puro, se expande gradualmente, creando un volumen etéreo y ligero que parece flotar.
Entrelazadas en este torbellino de tela, florecen lirios de seda blanca con tallos y hojas de un verde vibrante, que se enroscan desde el corpiño hasta el dobladillo en un diseño tridimensional hipnótico.
Desde el centro de algunas flores, delicados filamentos dorados—simulando los estambres—temblan sutilmente.
El detalle final de drama es la cola.
Se extiende varios metros detrás de ella, una estela de blancura inmaculada y flores que arrastra suavemente por la pasarela, añadiendo una elegancia regia y teatral.
PIERPAOLO PICCIOLI: (Con la mano en el corazón) “Incantevole!
Es una pureza absoluta.
La flor de lis llevada a su máxima expresión de belleza.
Es devotional.” SARAH BURTON: (Susurrando, impresionada por la artesanía) “La construcción de esas flores integradas en la falda…
es una locura de hermosa.
Parece que acaban de brotar de ella.
El movimiento es perfecto.” TOM FORD: (Con aprobación palpable) “El blanco y el verde.
Arriesgado y absolutamente exitoso.
Es fresco, virginal, pero con una potencia visual enorme.
La cola es el toque de genio.
Puro glamour.” MIUCCIA PRADA: (Analítica pero claramente conmovida) “Juega con los símbolos de la inocencia y la realeza a la vez.
La textura del corpiño contra la suavidad de la falda…
ese contraste es muy inteligente.
No es sólo bonito, es significativo.” MICHAEL RIDER: (A un colega) “Es una declaración.
No es para esconderse.
Es para una reina moderna.
La modelo lo lleva con esa actitud de seguridad total; sabe que es la pieza central.” (Stefanny avanza con una gravedad serena que la ocasión merece.
Su postura es recta, su mirada se fija en un punto lejano, como si estuviera escuchando una música que solo ella puede oír.
No sonríe; su expresión es de respeto hacia la obra de arte que viste.
Al llegar al final de la pasarela, se detiene y gira muy lentamente, permitiendo que la cola se despliegue en toda su extensión y que los fotógrafos capturen la increíble integración de las flores en la falda.
Es un momento de pura magia fashion.
Luego, inicia su camino de regreso, la cola deslizándose como un suspiro tras ella, dejando a la audiencia boquiabierta.) La música da un giro vibrante y enérgico.
Un ritmo alegre y moderno, con toques de cuerda pulsada y percusión ligera, inunda el Vondelpark.
Tras la serena elegancia del lirio, la pasarela se prepara para una explosión de color y júbilo.
Marilú emerge, y su entrada es una celebración.
El vestido es una declaración de audacia y fantasía, una rosa capturada en plena y exuberante floración.
El corpiño, construido con un material rígido texturizado que imita la base de la flor, está dominado por una rosa gigante en tonos de rojo intenso y naranja ardiente que parece brotar de su pecho.
Delicados tirantes finos de satén verde se ajustan a sus hombros, dejando su espalda al descubierto.
Pero es la falda el verdadero espectáculo.
Es corta, inesperadamente juguetona para la alta costura, y voluminosa.
Está compuesta por capas y capas de volantes de tul y organza en los mismos tonos rojos y anaranjados, cada capa cortada y dispuesta para imitar los pétalos superpuestos de una rosa.
Entre los volantes, se entrelazan hojas de seda verde y finos tallos bordados, añadiendo realismo y profundidad.
Con cada paso, la falda se mueve con un bounce alegre y dinámico, completamente diferente al fluir etéreo de los vestidos anteriores.
TOM FORD: (Una amplia sonrisa se dibuja en su rostro) “¡Bravo!
¡Alguien se divirtió diseñando esto!
Es fresco, es joven, es audaz.
La longitud es una sorpresa fantástica.
Rompe con todas las expectativas de la noche.” PIERPAOLO PICCIOLI: (Ríe, encantado) “Che coraggio!
¡Qué coraje!
Llevar una escultura tan voluminosa y colorida en una falda corta…
Es pura alegría italiana.
Es Fellini en un vestido.” SARAH BURTON: (Observando la construcción con admiración) “El volumen es perfecto.
No parece pesado, parece ligero y divertido.
¡Mira cómo se mueve!
Es como si la rosa estuviera bailando.” MIUCCIA PRADA: (Con una ceja ligeramente arqueada, una sonrisa juguetona en sus labios) “Es casi…
too much.
Y por eso funciona.
Es una pieza de joyería fashion.
No es para todos los días, es para hacer historia en una alfombra roja.” MICHAEL RIDER: (A otro editor) “La paleta de colores es eléctrica.
Rojo, naranja, verde…
podría haber sido un desastre, pero la eje
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