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DULCE VENENO - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Posesión
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34: Posesión 34: Posesión Gira, salta, y al caer, inmediatamente aísla sus caderas de nuevo, sin perder el ritmo ni un solo compás.

Es una exhibición de control absoluto, de energía pura y sin filtrar.

El velo blanco y rojo vuela alrededor de ella, añadiendo otra capa de movimiento caótico y elegante a la performance.

La multitud está en un éxtasis colectivo.

Los vítores ya no son solo de aprobación, son de admiración visceral.

La tribuna principal vibra con la energía que ella emana.

INVITADO 3: (Gritando por encima de la música) “¡¡ES UNA DIOSA!!

¡¡UNA DIOSA ENFURECIDA!!” INVITADA 4: “¡Nunca he visto algo igual!

¡Es puro fuego!” (Stefanny, entre bastidores, ya no baila; está paralizada, observando con awe la transformación de su amiga.) STEFANNY: (Para Marilú, sin poder disimular su asombro) “Dios mío…

¿Esa es Milli?

Parece…

poderosa.

Como de otro mundo.” ( Pero en la primera fila, el infierno se desata.

Christian ya no está sentado.

Se ha puesto de pie, aunque ni él mismo parece consciente de ello.

Su cuerpo está tenso como un cable de acero.

Su respiración es entrecortada.

Cada salto, cada mirada asesina lanzada a un extraño, cada rotación de sus caderas que es coreografiada por la música y no por él, es una tortura.

Su obsesión no le permite ver el arte; solo ve la entrega de su posesión más preciada a la multitud.

Su sonrisa es ahora un rictus de furia contenida.Los aplausos de los demás le suenan a insultos.

Él es el único que debería estar viendo esto.

Él es el único que debería recibir esas miradas.

Su mano se cierra alrededor del teléfono en su bolsillo, con la fuerza suficiente para hacer crujir la carcasa.

El espectáculo, para él, se ha convertido en una pesadilla de su propia creación.) La música de “Chikni Chameli” aún retumba, pero para Milagros y Christian, el mundo exterior ha dejado de existir.

El jardín, los invitados, los colores, todo se desdibuja en un vortex de tensión sexual y posesión obsesiva.

Milagros ve a Christian acercarse a través de la cortina de su propio movimiento.

Su mirada, antes repartida entre el público, se concentra solo en él.

Sus caderas redoblan la intensidad, moviéndose en círculos más lentos, más pronunciados, más sensuales, dirigidos exclusivamente a él.

Es un desafío y una invitación.

Sus ojos, antes asesinos y coquetos, ahora solo muestran una promesa oscura y compartida, clavados en los de él.

Christian no espera a que la música termine.

En un movimiento fluido y predatorio, cierra la distancia.

Su mano, fuerte y decidida, se posiciona en la cintura de Milagros, deteniendo en seco el hipnótico movimiento.

La jala hacia él con una fuerza que no admite resistencia, haciendo que las capas de gasa de su sharara se amontonen entre ellos.

Al mismo tiempo, su otra mano se entierra en su cabello rojo, aún salvaje por el baile.

No es una caricia; es una reclamación.

Jala su cabeza hacia atrás con firmeza, exponiendo la línea elegante y vulnerable de su cuello, aún brillante con un fino sudor.

Sin preámbulo, Christian clava sus dientes en la curva donde su cuello se une al hombro.

No es un mordisco suave o juguetón; es fuerte, posesivo, un sello de pertenencia que seguramente dejará una marca.

Milagros emite un jadeo ahogado, una mezcla de sorpresa y placer, y su cuerpo se arquea contra el de él.

Luego, los besos no son de ternura.

Son salvajes, urgentes, devoradores.

Son besos que no piden permiso, sino que toman lo que es suyo.

Es el estallido de toda la tensión, los celos y la obsesión contenida durante todo el desfile.

(Entre jadeos y besos) CHRISTIAN: (Su voz es un rugido ronco, un susurro áspero contra su piel, entre un beso y otro) “Tú eres mi esposa.

No lo olvides.” (Milagros no lucha.

Por el contrario, una sonrisa triunfal, cómplice y un poco sombría se dibuja en sus labios, ahora hinchados por los besos.

Su mano se aferra a su sherwani, arrugando la seda impecable.) MILAGROS: (Jadeando, con una voz cargada de desafío y sumisión) “Sí, lo sé.” (Hace una pausa, recuperando el aliento mientras su mirada se desvía hacia el escenario donde Stefanny espera.) “Vayamos a sentarnos.

Le toca a Stefanny.” (La normalidad de la última frase suena surrealista después del arrebato bestial.

Christian la suelta lentamente, pero su mano se desliza desde su cuello hasta tomar su mano con un agarre que sigue siendo firme, casi doloroso.

Su respiración aún es agitada.

Su mirada dice claramente que esto no ha terminado, que la reclamación continuará en privado.

(Milagros, con la marca del mordisco en su cuello brillando bajo la luz, arregla su sharara con una dignidad inquebrantable.

Le lanza a Christian una mirada cargada de una intensidad que iguala la suya.

Toma del brazo a su esposo y, juntos, como una pareja de depredadores que acaba de cazar, se dirigen de vuelta a la tribuna principal, dejando atrás un silencio atónito y boquiabierto entre los cercanos que fueron testigos de la escena.

La música cambia, anunciando la entrada de Stefanny, pero la energía en el aire ha cambiado para siempre.) El aire en los jardines del palacio aún carga la electricidad del arrebato posesivo de Christian y Milagros.

La música de “Chikni Chameli” se desvanece, dejando un silencio expectante y cargado.

Entonces, los primeros compases enérgicos, hipnóticos y marcados por un potente dhol de “O Saki Saki” irrumpen, tomando el control absoluto del ambiente.

Stefanny hace su entrada.

No camina; emerge como una visión de un harén de lujo infinito.

Su atuendo es una declaración de opulencia absoluta.

El crop top (choli) de verde esmeralda está tan densamente bordado con hilos dorados y adornado con un gran colgante de turquesa y cuentas rojas que parece una armadura de joyas.

Deja su abdomen al descubierto, donde un elaborado cinturón dorado con un medallón de turquesa y rubí cincha su cintura.

De él caen múltiples cadenas doradas y de cuentas que tintinean suavemente sobre sus caderas con cada movimiento.

La falda es un sueño de gasa verde menta que flota alrededor de sus piernas, con capas de verde oscuro que añaden profundidad y movimiento.

Pero son los accesorios los que roban el aliento: un velo de gasa verde menta que enmarca su rostro, sostenido por una tiara dorada; un maang tikka con una turquesa centelleando en su frente; un collar multicapa de oro y gemas que descansa sobre su pecho; aretes colgantes y pulseras que cubren sus brazos hasta los codos.

Y entonces, comienza a bailar.

Sus movimientos son pura sensualidad calculada y coquetería audaz.

Sus caderas se mueven en círculos lentos y amplios, haciendo que las cadenas de su cinturón suenen y la gasa de la falda ondee como una nube esmeralda.

Aísla y sacude su pecho con movimientos rápidos y precisos que hacen centellear todas las joyas que lleva puestas.

Su mirada es fuego.

Lanza miradas coquetas y llenas de complicidad al público por encima de su velo, jugueteando con la misteriosa y sensual imagen que proyecta.

Sonríe, un gesto seguro y provocador que invita a todos a mirarla pero a nadie a tocarla.

Gira sobre sí misma, los brazos elevados en arcos elegantes, haciendo que todos los dorados y gemas destellen bajo las luces como un tesoro en movimiento.

Cada gesto de sus manos, cada flick de su muñeca, cada ondulación de su vientre está perfectamente sincronizado con el ritmo enérgico de “O Saki Saki”.

Es una demostración de poder femenino, de lujo desenfrenado y de una sensualidad que es a la vez un arte y un arma.

La multitud, que aún se recuperaba del intenso momento anterior, es arrastrada por la energía vibrante y segura de Stefanny.

Los vítores son inmediatos y fervorosos.

INVITADO 1: (Gritando) “¡¡Otra diosa!!

¡Esta noche está increíble!” INVITADA 2: “¡La joyería!

¡Es el conjunto de joyas de la colección de Nizam!

¡Es invaluable!

¡Solo verla es un privilegio!” (Entre bastidores, Milagros, con la marca del mordisco aún

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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