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DULCE VENENO - Capítulo 35

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35: Nombre 35: Nombre Milagros, con la marca del mordisco aún visible en su cuello, observa con una sonrisa de orgullo y complicidad, agarrando del brazo a un Christian cuya tensión parece haberse transformado en una posesividad satisfecha y sombría.) MILAGROS: (Susurrando a Christian) “¿Ves?

Te dije que era su turno de brillar.” Stefanny es muy hermosa después de todo eres su papá .

(Christian no responde, pero su mirada sigue a Stefanny con una aprobación fría; ella es una extensión de Milagros, por lo tanto, también su posesión, pero de una manera menos obsesiva.) (Marilú, al lado de ellos, graba todo con su phone, completamente embelesada.) MARILÚ: “¡Stefa!

¡Eso es!

¡Destrózalos!” La energía de “O Saki Saki” sigue palpitando en el aire.

Stefanny es el centro de todo, un torbellino de verde esmeralda, oro destellante y movimientos hipnóticos.

Sus caderas dibujan ochos en el aire, sus brazos adornados con pulseras se serpentean above her head, y su sonrisa es una mezcla de triunfo y pura alegría.

El velo vuela alrededor de ella, añadiendo un aura de misterio a su sensualidad.

Pero entonces, algo cambia.

En el borde de la pista, la multitud comienza a abrirse lentamente, apartándose para dejar pasar a alguien.

No es un empujón violento, sino un movimiento de respeto, casi de reverencia, ante la presencia que avanza.

Y entonces él aparece.

Es una figura que contrasta brutalmente con la explosión de color del Holi.

Su piel es de una palidez marmórea, casi translúcida, lo que hace que sus ojos rojos brillen con una intensidad sobrenatural y penetrante.

Esos ojos no parpadean; absorben la luz.

En su mejilla, unas cicatrices finas pero visibles cuentan una historia de violencia y supervivencia.

El cabello oscuro, peinado hacia atrás con impecable precisión, y las gafas con cadena dorada que cuelgan de su cuello le dan un aire de intelectual peligroso, un erudito que conoce los rincones más oscuros del mundo.

Su atuendo es una declaración de lujo oscuro y poder.

La kurta negra de seda está ricamente bordada con un patrón de hilos dorados que forman motivos arabescos intrincados, como una telaraña de oro sobre la noche.

El chal dorado drapeado sobre su hombro brilla con un destello sutil pero opulento.

Los pantalones negros y los zapatos de cuero brillante completan la silueta elegante y mortuoria.

Stefanny lo ve.

Su sonrisa se congela en sus labios.

Su baile, un momento antes fluido y sensual, se detiene en seco.

Sus brazos caen lentamente a los lados.

La música sigue sonando, pero para ella se ha convertido en un zumbido lejano e insignificante.

Todo su focus, toda su atención, está clavada en él.

El chico avanza con una calma aterradora.

La gente sigue abriéndole paso.

Levanta la mirada, y sus ojos rojos se clavan en los de ella.

Una sonrisa lenta, casi imperceptible, se dibuja en sus labios.

No es una sonrisa cálida; es un reconocimiento, un recordatorio de una historia compartida que solo ellos conocen.

(Voz del Chico) (Su voz es suave, meliflua, pero lleva un filo de acero bajo su dulzura.

Se proyecta perfectamente por encima del ritmo de la música, llegando solo a ella como si estuvieran solos en el jardín.) EL CHICO: “Cuánto tiempo, Stefanny.” (Stefanny no responde.

No puede.

Solo puede mirarlo.

Su corazón, que latía al ritmo de la música, ahora acelera de una manera完全不同 , no por la excitación del baile, sino por una mezcla de conmoción, nostalgia y una punzada de temor.

Puede sentirlo golpeando contra sus costillas, tan fuerte que casi le duele.

La mano se le va instintivamente al elaborado cinturón dorado, como buscando apoyo.

Los destellos verdes y dorados de su atuendo parecen opacarse frente a la presencia magnética y oscura del recién llegado.) La atmósfera en el jardín se vuelve espesa, cargada de una tensión que ahoga la alegría despreocupada del Holi.

La música de “O Saki Saki” parece desvanecerse en un segundo plano lejano, como si el mundo entero contuviera la respiración.

Todos los ojos están clavados en la figura pálida y elegante y en la deslumbrante bailarina cuya energía se ha congelado por completo.

El chico cierra la distancia final.

Con una mano que es a la vez fuerte y sorprendentemente fría, toma la mano de Stefanny.

Su piel pálida contrasta violentamente con el dorado cálido de sus incontables pulseras.

No es un agarre tosco, sino deliberado, posesivo.

Luego, con una elegancia que raya en lo teatral, se inclina ante ella, como un noble ante su reina.

Su movimiento es fluido, calculado.

EL CHICO: (Su voz es un susurro sedoso que corta el aire, cargado de una intimidad escalofriante) “¿Se acuerda que le dije que cuando nos volviéramos a ver, le diría mi nombre?” (Stefanny tiembla.

No es un temblor de miedo puro, sino una vibración de emociones encontradas: reconocimiento, curiosidad mórbida y una intensa aprensión.

Su voz, cuando sale, es un hilo de sonido.) STEFANNY: “Es cierto.

Y me lo dirás.” (El chico se endereza lentamente.

Una risa suave y baja escapa de sus labios.

No es una risa de alegría; es el sonido de alguien que disfruta enormemente del suspense que ha creado, de la fragilidad que percibe en ella.) EL CHICO: “Por supuesto.

Siempre cumplo mis promesas.” (Hace una pausa dramática, sus ojos rojos escaneando su rostro, absorbiendo cada detalle de su reacción.) “Me llamo…” (Hay un silencio.

Un silencio absoluto y agonizante que se apodera de todo el jardín.

Ni siquiera se oye el susurro del viento.

Milagros, desde la tribuna, aprieta la mano de Christian con fuerza, sus nudillos se ponen blancos.

Su instinto le grita que algo anda mal.

Christian no aparta la mirada del chico.

Su expresión es de frío análisis, como un depredador evaluando a una nueva y potencial amenaza en su territorio.

Su postura está rígida, lista para actuar.) EL CHICO: (Rompe el silencio, su voz clara y proyectada, ya no un susurro) “…

Lansky.

Mucho gusto.” (Al decir su nombre, lleva la mano de Stefanny a sus labios.

Su beso no es un roce cortés.

Es lento, deliberado.

Sus labios son fríos como el mármol contra su piel.

Es un beso que sella algo, un pacto no dicho.) (Stefanny se estremece visiblemente.

Un escalofrío recorre toda su espalda.

La calidez de la joyería, el esfuerzo del baile, todo desaparece, replacedo por el frío de ese contacto.

Logra articular palabras, aunque su voz suena débil y distante.) STEFANNY: “Mucho gusto, joven Lansky.” (La formalidad de sus palabras suena absurdamente fuera de lugar, como un intento desesperado de normalizar una situación que es cualquier cosa menos normal.

Lansky endereza su postura, pero no suelta su mano del todo.

Su sonrisa se ensancha levemente, mostrando una hilera de dientes perfectos y blancos.

Los ojos rojos brillan con una satisfacción inquietante.

El hechizo se rompe, pero la tensión permanece, más espesa que nunca.) La tensión en el aire es palpable.

Lansky retira lentamente sus labios de la mano de Stefanny, pero su mirada ya se ha desviado.

Sus ojos rojos se clavan en Milagros, quien lo observa desde la tribuna con una mirada asesina, cargada de una advertencia silenciosa pero letal.

Una sonrisa intrigada, casi de complicidad, se dibuja en los labios de Lansky.

LANSKY: (A Stefanny, sin apartar la vista de Milagros) “Me gustaría hablar con usted…

pero, ¿qué te parece si te veo más tarde?” Su tono es casual, pero hay una intención subyacente que Stefanny, aún conmocionada, parece captar instintivamente.

STEFANNY: (Con una voz algo mecánica, como en trance) “Por supuesto, joven amo.” (Milagros observa cómo Lansky se aleja con esa elegancia felina que lo caracteriza.

Su instinto le grita que algo está a punto de suceder.

Se gira hacia Christian.) MILAGROS:”Christian, iré al baño un momento.” CHRISTIAN: (Su voz es inmediata, cargada de esa protección obsesiva)”Iré contigo.

No quiero dejarte sola.” MILAGROS: (Frustrada, pero disimulándolo) “No, yo puedo ir sola.

Quédate aquí.

No tardo.

Además…” (Baja la voz, señalando a Stefanny con la cabeza) “…

debes mirar a tu hija.

Stefan

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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