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DULCE VENENO - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 Orgullo
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37: Orgullo 37: Orgullo Milagros, aturdida y con dolor, intenta apartarse al principio, pero la fuerza de Christian es abrumadora.

Es un forcejeo desigual, un intento de rechazar una posesión que se impone por la fuerza bruta.

La escena ya no tiene nada de romántico; es la cruda exhibición de una dinámica tóxica y peligrosa, donde el “amor” se confunde con el control absoluto.

En el balcón ha trascendido lo tóxico para adentrarse en un territorio de posesión agresiva y sexualidad coercitiva.

La pared fría contra la espalda de Milagros es un recordatorio brutal de su atrapamiento.

El beso de Christian no se detiene.

Es una marca de fuego y furia.

Cuando desliza su mano desde la cintura de Milagros hasta su muslo , el movimiento no es de exploración sensual, sino de reclamación territorial.

La tela del sari, antes símbolo de elegancia, ahora es una barrera irrelevante bajo su agarre.

Con una fuerza que no admite resistencia, levanta su pierna , enganchándola alrededor de su cadera.

El acto es intrusivo, un gesto que ignora por completo cualquier posible negativa.

Su mano, ahora libre, se desliza con fuerza por su muslo , subiendo con una intención clara y dominante.

No hay suavidad, solo la presión firme de alguien que toma lo que cree que le pertenece.

Sus labios abandonan los de ella, dejándola jadear por aire, y deslizan sus besos por su cuello.

Pero no son besos de ternura.

Son mordiscos suaves seguidos de lametadas posesivas, como un animal marcando a su pareja.

Cada contacto en su piel es una reafirmación de su control, un intento de borrar cualquier rastro imaginario del otro hombre.

Milagros está paralizada entre la conmoción, el dolor por la fuerza que él ejerce y un miedo creciente.

Sus manos, que antes intentaban empujarlo, ahora se aferran a sus hombros por pura necesidad de estabilidad, en un gesto que él podría malinterpretar como rendición.

Su respiración entrecortada se mezcla con la de él, creando un sonido cargado de tensión y peligro.

CHRISTIAN:(Susurra contra su piel, su voz ronca por la pasión distorsionada y los celos) “Eres mía…

Solo mía.

Cada parte…

cada suspiro.” Sus palabras no son una declaración de amor, sino un hechizo de posesión.

La mano en su muslo aprieta aún más, acercándola de manera forzada contra él.

La luna, testigo silenciosa desde el cielo, baña una escena que nada tiene de romántica y todo de una obsesión que raya en la violencia.

Christian no está haciendo el amor; está ejecutando un castigo y reafirmando su propiedad sobre el cuerpo y el alma de Milagros, real o imaginada la ofensa.

Un umbral irreversible, sumergiéndose en una oscuridad donde la posesión oblitera cualquier rastro de consentimiento o intimidad.

Ya no es un acto de pasión, sino una afirmación violenta de dominio.

Con un movimiento brusco y decidido, Christian levanta ambas piernas de Milagros , enlazándolas alrededor de su cintura y apresándola completamente contra la pared fría.

Ella queda suspendida, dependiente por completo de su fuerza.

La acción es rápida, impersonal, centrada en el objetivo.

Sin ceremonias, baja su ropa interior y se baja los pantalones lo justo para liberarse.

La entrada no es un encuentro, es una invasión.

Un acto de toma forzada, impulsado por la furia celosa y la necesidad patológica de reafirmar su propiedad.

Comienza a moverse , sus caderas golpeando con una fuerza rítmica y punitiva que hace temblar la espalda de Milagros contra la piedra.

No hay delicadeza, solo el movimiento mecánico de alguien reclamando lo que cree suyo.

Milagros, atrapada y superada, reacciona por instinto.

Sus brazos se enroscan con fuerza alrededor de su cuello , no en un abrazo de deseo, sino como un anclaje desesperado en medio de la violencia del acto.

Sus jadeos no son solo de excitación, sino de falta de aire, de conmoción, de la abrumadora intensidad de la situación.

Es una respuesta física ambigua, donde el placer puede estar irremediablemente mezclado con el shock y la sumisión forzada.

Christian, mientras tanto, agarra sus caderas con las dos manos, controlando cada uno de sus movimientos, dictando el ritmo.

Sus dedos se hunden en su carne a través de la tela del sari.

Besa su cuello con la misma intensidad devoradora de antes, pero ahora el acto sexual añade una capa más de violencia al gesto.

Sus labios y dientes against su piel son otra marca de propiedad, sincronizados con cada embestida.

CHRISTIAN: (Jadea contra su oído, su voz es áspera, fragmentada) “Dilo…

Dilo…

que eres mía.” La orden es un susurro ronco que se mezcla con el sonido de sus cuerpos.

No es una pregunta; es una exigencia de sumisión verbal para complementar la física.

El balcón, una vez un lugar de contemplación, es ahora el escenario de una reclamación posesiva y turbia, donde el amor y la obsesión se han enredado hasta volverse indistinguibles y peligrosos.

La luna sigue brillando, testigo impasible de una dinámica que ha escalado a un punto de no retorno.

La atmósfera en la sección de comida es un remanso de relativa calma compared al torbellino emocional del balcón.

Los colores vibrantes de los dulces tradicionales del Holi contrastan con la confusión que nubla la mente de Stefanny .

Está absorta en sus pensamientos, picando mecánicamente un pedazo de gulab jamun sin probarlo realmente, cuando siente una suave corriente de aire en su oreja.

Es Lansky .

Se ha acercado con la sigilosa elegancia de un felino, soplando suavemente su oreja en un gesto que roza lo íntimo y lo provocador.

STEFANNY: (Se sobresalta visiblemente, dando un pequeño salto.

Al darse la vuelta y verlo, su corazón da un vuelco.

Logra mantener una compostura frágil.) “Joven Lansky.

Ya terminó sus asuntos.” Su tono es formal, un intento de establecer una barrera que ella misma siente que se está derritiendo.

LANSKY: (Una sonrisa juguetona y un poco burlona se dibuja en sus labios.

Sus ojos rojos brillan con diversión ante su incomodidad.) “Sí, ya terminé mis asuntos.

¿Qué le parece si vamos de paseo?” La propuesta es directa, cargada de una audacia que la desconcierta.

STEFANNY: (Cruza los brazos, una defensa instintiva.

Su voz suena más firme de lo que se siente.) “¿Por qué debería ir con usted?

No lo conozco.” Es una pregunta válida, razonable.

Pero con Lansky, la razón parece ser lo de menos.

LANSKY: (Emite una risa suave y baja, “jajaja” , que parece resonar justo en su espina dorsal.

No insiste.

No ruega.

Su estrategia es la contraria.) “Entonces, me paso a retirar.

Buenas noches, señorita Stefanny.” Hace una leve inclinación de cabeza, demasiado cortés para ser genuina, y se da la vuelta.

Comienza a alejarse, su figura alta y elegante perdiéndose entre la multitud sin prisas, como si su oferta hubiera sido lo más trivial del mundo.

Stefanny lo ve irse.Y es entonces cuando la compostura se le quiebra.

Sus ojos lo siguen, incapaces de apartarse.

Sus dedos se aferran al borde de la mesa.

Y, en un gesto de pura frustración y una curiosidad que la mortifica, se muerde el labio inferior con fuerza .

No es un gesto coqueto.

Es un acto de contención, de rabia contra sí misma por sentir esa atracción magnética e irracional hacia alguien tan claramente peligroso y desconocido.

Quiere gritarle que espere, que vuelva, pero el orgullo y la prudencia se lo impiden.

Se queda allí, paralizada, mordiéndose el labio mientras la silueta de Lansky desaparece, dejando un vacío mucho más grande que el que ocupaba su presencia física .

La escena en el balcón ha alcanzado un clímax de intensidad cruda y posesiva.

La pared sigue siendo el mudo testigo del acto de dominio de Christian.

Sus caderas se mueven con una profundidad y fuerza incrementadas , cada empuje es una afirmación física de su control.

Sus dientes se hunden en el cuello de Milagros en un mordisco que ya no es solo una marca, sino una expresión de una pasión distorsionada por los celos.

Milagros , atrapada en la vorágine, agarra su ropa con fuerza, las manos aferradas a

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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