DULCE VENENO - Capítulo 39
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39: Perú 39: Perú Su tono es ligero, pero hay una curiosidad real en sus ojos al notar el aspecto ligeramente desaliñado y la energía diferente que emana la pareja.
MARILÚ: (Interviene, práctica y ajustándose las gafas) “Perdón por interrumpir, pero tenemos un jet que tomar.
Espero no lo hayan olvidado, pero mañana hay una subasta en Lima.” STEFANNY: (Palmándose la frente como si lo hubiera recordado de pronto) “¡Es cierto!
Me había olvidado de eso.
Papá, debemos irnos.
Nunca faltamos a ese evento.” La mención de la subasta y el término “papá” dirigido a Christian actúan como un interruptor.
La obsesión sexual y los celos retroceden, replacedos por la fría eficiencia del hombre de negocios y el padre protector.
CHRISTIAN: (Asiente, su expresión se vuelve impasible y decidida) “De acuerdo.
Vamos al jet.” (Se gira hacia el recepcionista con autoridad) “Recepcionista, diles que envíen las maletas al aeropuerto.
Nosotros vamos yendo.” RECEPCIONISTA: (Haciendo una inclinación) “Por supuesto, señor Cristhian.
No se preocupe, yo me encargaré de que lleguen al aeropuerto.” En el aeropuerto, las maletas son cargadas en el jet privado.
El grupo sube a bordo.
Stefanny y Marilú se acomodan, comentando entre ellas sobre la fiesta y la subasta.
Milagros se sienta junto a la ventana, mirando las luces de la India que se desvanecen, su rostro es un espejo de emociones contradictorias: el recuerdo de la intensidad en el balcón, la advertencia de su ***** y la rutina que inexorablemente los arrastra hacia el siguiente evento.
Christian se sienta a su lado, tomando su mano.
Su agarre es firme, posesivo, pero ahora es un gesto familiar.
El jet despega, rumbo a Perú.
La noche de pasión, celos y peligro en la India queda atrás, pero la tensión subyacente, como el ronroneo de los motores, permanece, lista para estallar de nuevo en cualquier momento.
Marilú, siempre curiosa y metódica, navega en su tablet con conexión satelital.
De repente, sus ojos se abren con interés.
MARILÚ: (Alza la vista hacia el grupo, mostrando la tablet) “Miren, estoy revisando los detalles de la subasta de mañana.
Es mi primera vez que voy.
Y aquí dice…” (Lee en voz alta, con un tono de fascinación) “Una ‘subasta de cenas con millonarios para la caridad’ es un evento benéfico donde una persona adinerada o famosa subasta una cena o encuentro para recaudar fondos destinados a una causa benéfica.” STEFANNY: (Desde su asiento, donde se retoca el maquillaje con un espejo compacto, suelta una risita cómplice sin apartar la vista de su reflejo) “Es cierto.
Yo fui muchas veces.” (Cierra el espejo con un clic y mira a Marilú con una sonrisa amplia y juguetona) “Y hay chicos guapos y millonarios.
Es la combinación perfecta.
La última vez, un magnate petrolero de Noruega pagó una fortuna por una cena con una modelo brasileña.
Fue el escándalo de la temporada.” (Milagros, que miraba por la ventanilla, gira la cabeza lentamente.
Una ceja se levanta ligeramente, mostrando un interés cauteloso.
Christian, que revisaba documentos en su iPad, baja lentamente el dispositivo.
Su expresión es inescrutable, pero sus dedos aprietan ligeramente el borde de la pantalla.) MARILÚ: (Ignorando—o disfrutando—la tensión que la explicación de Stefanny podría generar, continúa leyendo con entusiasmo académico) “Un ejemplo destacado fue la subasta de un almuerzo con Warren Buffett, que recaudó millones para la caridad.
¡Qué interesante!
La de mañana es para Aldeas Infantiles SOS Perú.
Asistirán embajadores y líderes empresariales.” CHRISTIAN: (Finalmente habla, su voz es calmada pero con una autoridad subyacente que corta el aire) “Sí, es un evento importante.
La fundación Sterling ha sido un patrocinador clave durante años.
Nuestra asistencia es…
no negociable.” (Su mirada se desliza hacia Milagros, cargada de un significado que solo ellos dos entienden.
No es solo una noche de caridad; es otro escenario donde su posesión será exhibida y puesta a prueba.) STEFANNY: (Frotándose las manos con picardía) “Bueno, ¡entonces será una noche interesante!
¿No creen, Milli?” (Le guiña un ojo a Milagros, completamente ajena a los fuegos cruzados que su comentario ha avivado.) El jet continúa su viaje, pero el destino ya no es solo Lima.
Es el escenario de una nueva actuación donde los roles de esposa, padre, amiga y amante se entrelazarán una vez más bajo la mirada pública y la sombra privada de la obsesión..
La caravana de vehículos de lujo se desliza hasta la entrada alfombrada del exclusivo hotel en Lima, donde se celebra la subasta.
El aire está cargado de opulencia y poder.
Rolls Royces, Bentleys y Maybachs se turnan para descargar a sus distinguidos pasajeros: príncipes con sherwanis impecables, duquesas con tiaras centelleantes, y magnates empresariales con trajes a medida.
Es un ballet de riqueza global.
El Bentley Continental de Christian se detiene.
La puerta se abre y Stefanny emerge con la confianza de una reina.
Su vestido es una declaración de fuego y arte.
La creación de Ivan Yong Couture en rojo carmesí es una obra maestra de opulencia.
El corpiño strapless, con su escote corazón, está cubierto de bordados intrincados que forman un laberinto de motivos barrojos, culminando en un lazo texturizado con una joya central que brilla como un corazón de carbón.
Las mangas abullonadas de tafetán liso añaden un volumen dramático y teatral, contrastando con el cuerpo totalmente bordado.
La silueta es entallada, abriéndose en una falda que continúa el tapiz de lentejuelas y una sobrefalda satinada que se despliega como una estela de sangre líquida.
Su cabello negro ondulado cae sobre sus hombros desnudos, completando un look de poderosa y audaz elegancia.
Tras ella, Marilú baja con un estilo completamente diferente pero igualmente impactante.
Su vestido es un naranja brillante y reluciente, el color de un pez koi en un estanque de lujo.
El diseño sirena se ajusta a su figura hasta la rodilla antes de explotar en un flare elegante.
El escote halter deja su espalda y hombros al descubierto, atándose en el cuello, mientras una sutil abertura frontal añade un toque de modernidad audaz.
Un cinturón delgado acentúa su cintura.
La pieza más etérea es la capa de tul transparente unida a sus hombros, que flota detrás de ella como una aura naranja.
Sus aretes Dior centellean, y lleva con orgullo su bolso Charles & Keith y zapatos Steve Madden, demostrando su habilidad para mezclar alta costura con accesorios de diseñador contemporáneos.
Juntas, Stefanny en su rojo dramático y Marilú en su naranja eléctrico, forman un contraste vibrante e imposible de ignorar en la alfombra de entrada, atrayendo de inmediato los flashes de los fotógrafos y las miradas de admiración y curiosidad de la élite reunida.
La puerta del Bentley se abre y Christian emerge con la serena autoridad de quien está acostumbrado a ser el centro de toda sala.
Se ajusta el abrigo trench beige con un gesto preciso, revelando por un instante el traje negro impecable que lleva debajo.
El conjunto es una lección de elegancia masculina moderna: la chaqueta de corte ceñido, la camisa blanca inmaculada, la corbata negra delgada y los zapatos Oxford que brillan bajo las luces.
Pero es en los detalles donde reside su poder.
El collar de oro con un medallón pesado descansa sobre su pecho, un símbolo de linaje o de un poder adquirido.
En su mano, el anillo de bodas es acompañado por un llamativo anillo de oro con una esmeralda grande, que encuentra su eco en el reloj de oro con la misma gema en su muñeca.
No son solo accesorios; son declaraciones de riqueza, de una identidad que mezcla la tradición con un toque de ostentación calculada.
Con la misma mano que lleva esas pesadas joyas, extiende la suya con caballerosidad forzada hacia el interior del automóvil.
Su mirada, sin embargo, es intensa, fija en la figura que emerge.
Milagros coloca su mano en la de él y baja, y es como si una noche estrellada hubiera cobrado vida.
Su vestido es un espectáculo de luz y sombra.
Las lentejuelas en tonos morados y plateados capturan cada destello, creando la
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