DULCE VENENO - Capítulo 43
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43: Pasiones y promesas 43: Pasiones y promesas “Y si piensas siquiera en marcharte, / recuerda que sin mí, no eres nada…”(Aniquilación de la identidad).
Milagros lo escucha.
Su expresión es una contradicción viviente.
Sus ojos tienen una mirada asesina, un destello de furia y advertencia ante la jaula que sus palabras construyen.
Pero bajo esa furia, hay una rendición profunda y enfermiza.
Está enamorada del mismo hombre que le promete oscuridad.
Cuando habla, su voz es un susurro cargado de la misma pasión distorsionada: “Yo también te amo…
aunque no logré demostrarlo siempre.”(Una disculpa por una falta imaginaria).
“Pero sabes…
cada pensamiento mío, cada mirada, cada suspiro…
no necesitamos palabras para decirte cuánto te deseo.” Es la aceptación.
Le está diciendo que su conexión es tan primaria, tan visceral, que trasciende lo racional, incluso lo saludable.
Ella también vive en esa simbiosis tóxica.
Christian, lejos de sentirse reprendido por su mirada asesina, se enciende con su respuesta.
Agarra su mano con más fuerza, como si fuera a fusionarla con la suya.
Su poesía da un giro, reconociendo la fiera que hay en ella, porque es su igual: “Eres fuego indómito, un torbellino de pasión que incendia mi alma.
Como un gato salvaje, llegaste a mi vida, arañando mi corazón con garras de deseo.” Y entonces, la línea más reveladora: “Quiero correr a tu lado, en la noche, sin cadenas.” Es un deseo de complicidad en la locura.
No quiere domarla por completo; quiere ser su compañero de manada en la oscuridad, liberarse con ella, no de ella.
Pero en su boca, “sin cadenas” suena a otra forma de prisión: una donde solo son ellos dos, contra el mundo, atados el uno al otro por un amor que consume todo a su paso.
Es un baile de depredadores que se aman, una noche que sella su pacto en el lujoso escenario del Maido, ante las miradas inadvertidas de los demás comensales, que no pueden ver el peligroso abismo que se abre entre la vela y las copas de vino.
STEFANNY (mirando a Lansky con curiosidad intensa): —”Nunca te vi antes, y sin embargo… siento como si te conociera de mucho más atrás.” LANSKY (sonrisa tranquila, ojos que parecen leer su alma): —”Así se sienten las almas gemelas.” STEFANNY (sorprendida, acercándose ): —”¿Tú conoces de las almas gemelas?” LANSKY (voz suave pero segura, como si citara una verdad ancestral): —”Un alma gemela es una persona con la que se tiene una conexión profunda y única.
Puede ser tanto romántica como platónica.
Se caracteriza por un vínculo de amor, confianza y respeto.” (Pausa, mirándola fijamente).
“No es solo una pareja predestinada… es un reflejo de nuestra propia esencia.
Alguien que nos desafía a crecer, nos apoya en los momentos difíciles y se siente como un ‘hogar’ en la mirada del otro.” STEFANNY (entornando los ojos, voz cargada de emoción contenida): —”Puede que sea verdad… pero yo creo que el alma gemela es algo más complicado.” (Agarra su copa ).
“Es con solo mirarse ya saber lo que sienten.
La pasión que los corre por dentro.” (Mira fijamente hacia él).
“No hay necesidad de palabras.
Solo sus ojos y sus latidos son más que suficiente.” [Ejemplifica con un caso cercano, pero peligroso:] STEFANNY (con un dejo de amargura dulce): —”Por ejemplo, mi papá y mi amiga Milagros.
Mi papá es un hombre mayor, y mi amiga es joven, pero se casaron y son esposos.
Sin importar la diferencia de edad, se aman con pasión.
No necesitan palabras para saber que su amor es mutuo.” (Suspira).
“Así veo yo el amor.
Las almas gemelas son más complicadas.” LANSKY (sonriendo, con una chispa de admiración en los ojos): —”Es verdad.
Usted me sorprende.
No sabe mucho del amor, pero habla como si se hubiera enamorado.” STEFANNY (sonrojándose profundamente, desviando la mirada ): —”Gracias… pero nunca tuve la oportunidad de enamorarme o tener sentimientos.” LANSKY (con una sonrisa cautivadora, inclinándose ligeramente hacia ella): —”Vamos, hay que conocernos.
¿Qué te parece si hacemos una pregunta cada uno?” STEFANNY (asintiendo, con picardía en la mirada): —”De acuerdo.
Entonces comenzaré yo.” (Toma un sorbo de vino).
“¿Cuál es tu flor favorita?” LANSKY (riendo suavemente, jugueteando con su copa): —”Jajaja… las margaritas.” (Sus ojos brillan).
“¿Y cuál es tu flor favorita?” STEFANNY (sonrojándose levemente): —”Me gustan los tulipanes… y las margaritas son hermosas.” LANSKY (cambiando de tema, voz suave): —”Ahora es mi turno.
¿Qué te gusta hacer?” STEFANNY (mirando su copa, sonrisa tímipda): —”Me gusta la naturaleza, el aire fresco…” LANSKY (interrumpiendo con una sonrisa soñadora): —”Puede que algún día te lleve de viaje a una isla.” STEFANNY (abriendo los ojos, sorprendida y sonrojada): —”No digas cosas que no puedes cumplir.” LANSKY (mirada firme y sincera): —”Confía en mí.
Siempre cumplo mis promesas.” (Pausa).
“¿Qué animales te gustan?” STEFANNY (animándose): —”Me gustan los perros y los gatos.
¿Y a ti?” LANSKY (encogiéndose de hombros con honestidad): —”La verdad, nunca he tenido un animal.
Mi hermana no le gustaban mucho los animales.” STEFANNY (con curiosidad genuina): —”¿Que tienes una hermana?” LANSKY (asintiendo, con un dejo de nostalgia): —”Sí, tengo una hermana.
Es muy hermosa y astuta, y la quiero mucho, aunque no la veo mucho.” STEFANNY (sonriendo con calidez): —”Debes quererla mucho.*Yo no tengo hermanas, pero tengo dos amigas que son como mis hermanas.”(Ríe suavemente).
“Jajaja, aunque Milagros ahora es mi madre.” La atmósfera en la mesa de Christian y Milagros ha transitado de la intensidad gótica a una escena de intimidad doméstica, pero teñida por la sombra siempre presente del control de él.
Ya no están frente a frente como adversarios o amantes poéticos,sino sentados uno al lado del otro, muy cerca, sus cuerpos orientados en un ángulo que habla de una relación íntima y consolidada.
Sobre la mesa, las copas de vino han sido reemplazadas por tazas de café humeantes.
Sus manos se encuentran entrelazadas sobre el mantel blanco, un punto de contacto constante.
Ambos tienen las cabezas ligeramente inclinadas una hacia la otra, con los ojos cerrados, compartiendo un momento de quietud y conexión silenciosa que parece, por un instante, pacífica.
CHRISTIAN: (Rompe el silencio, su voz es baja pero no pierde su tono de autoridad.
Libera su mano para acercar suavemente la taza de café hacia ella) “Amor, toma tu café.
Para que te relajes.
Has tomado vino…
tómalo, despacio no dañes tu estómago amor .” La preocupación es genuina, pero está enmarcada en un control minucioso: él monitorea lo que bebe, lo que come, cómo le afecta.
MILAGROS: (Abre los ojos y sonríe, una sonrisa genuinamente afectuosa.
Toma la taza entre sus manos) “De acuerdo, amor.
Sabes…
me encanta cuando eres tierno.” (Toma un sorbo) “Está delicioso el café…
Amor, quiero un postre.” Es un momento de dulzura, donde ella reconoce y aprecia su lado protector, por distorsionado que sea.
CHRISTIAN: (La sonrisa se congela en sus labios.
No responde a su halago.
En su lugar, levanta la mano con un chasquido seco, sin siquiera voltear a buscar al mesero.
Su voz se vuelve fría y cargada de una amenaza velada) “Mesero.
Trae un postre de fresas para mi esposa.” (Hace una pausa, y su tono se oscurece) “Y no te demores…
o haré que cierren el restaurante.” La transición es brutal.
Del momento tierno a la orden punitiva en un segundo.
La amenaza no es una exageración; es una demostración de poder puro, un recordatorio para Milagros y para el mundo de lo que él es capaz.
MESERO: (Se acerca rápidamente, pálido, reconociendo el peligro en la voz de Christian.
Inclina la cabeza) “Sí, señor.
Iré de inmediato a traer su postre.” El hombre se retira a toda prisa.
Milagros no parece alterarse por la explosión.
Quizás está tan acostumbrada a estos cambios de humor, a esta mezcla de ternura y tiranía, que lo acepta como parte del hombre al que ama.
Bebe otro sorbo de café,
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