Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 46 - 46 Miedo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

46: Miedo 46: Miedo Su respiración se corta, y la intensidad en sus ojos se transforma de posesión feroz a un deseo concentrado y sensual.

Obedece al instante, reduciendo la velocidad de sus movimientos hasta lo exquisitamente lento.

Se retira casi por completo, creando una agonizante sensación de vacío, antes de volver a deslizarse dentro de ella con una lentitud deliberada que hace que cada milímetro de penetración sea una experiencia consciente y ardiente.

Sus manos, grandes y firmes, se convierten en instrumentos de adoración posesiva.

Comienzan a explorar su cuerpo con una devoción tangible, acariciando cada curva y contorno.

Traza la hinchazón de sus senos con la palma de la mano antes de que sus pulgares rocen sus pezones endurecidos en círculos lentos.

Su toque es a la vez suave y reclamador, como si estuviera memorizando y posesionándose de cada centímetro de su piel al mismo tiempo.

Se inclina, y su boca reemplaza a sus dedos, capturando un pezón en la cálida humedad de su boca, chupando y lamiendo con ternura devoradora.

Mientras lo hace, su mano se desliza entre sus cuerpos sudorosos, buscando y encontrando el sensible manojo de nervios en el vértice de sus muslos.

CHRISTIAN: (Murmura contra su piel, su voz un zumbido grave y sensual) “Siénteme…

Siente lo perfectamente que encajamos.” Pero entonces, Milagros traza un límite.

Su voz, cargada de placer pero firme, surge: MILAGROS: “Sí, te siento…

Mi cuerpo se estremece con tu toque…

pero no me toques ahí.

Toca mi cuerpo, pero ahí no.” La reacción de Christian es notable.

Sus ojos brillan con comprensión, sin atisbo de frustración, sino con un toque de picardía respetuosa.

Sin cuestionar, retira su mano de inmediato de su clítoris.

En un movimiento fluido, reemplaza ese contacto con su muslo, que presiona contra ella con más firmeza, proporcionando una fricción diferente y una sensación de solidez.

Sus manos continúan su exploración sensual, deslizándose por sus costados para agarrar sus caderas con firmeza.

Con un movimiento suave pero poderoso, la levanta ligeramente, cambiando el ángulo de sus embestidas lentas.

El nuevo ángulo le permite golpear un punto profundo en su interior que hace que Milagros jadee, una oleada de placer diferente recorriendo su espina dorsal.

Él arrastra besos suaves a lo largo de su clavícula hasta llegar a su oreja.

CHRISTIAN: (Murmura, su aliento caliente en su piel es una caricia en sí misma) “¿Así?…

¿Te gusta sentirme dentro de ti?” Sus dedos se clavan en la suave carne de sus caderas, no con dolor, sino con una intensidad que enfatiza su conexión.

Poco a poco, el ritmo lento y sensual comienza a acelerarse, impulsado por el placer mutuo.

Sus embestidas se vuelven más profundas, más urgentes.

El sonido húmedo y rítmico de piel contra piel llena la habitación, una banda sonora primal interrumpida por los suaves gemidos de Milagros y los guturales gemidos de Christian, que se hunden en el cuello de ella.

Es una danza de fuego controlado que, lentamente, comienza a consumirlos por completo.

La súplica de Milagros, cargada de un abandono total, es el detonante final.

“Ahhhh amor…

más fuerte y profundo, por favor.” Los ojos de Christian se oscurecen como la noche, y una sonrisa salvaje, despojada de toda civilización, se extiende por su rostro.

Es la sonrisa de un hombre que ve a su pareja sumergirse en la misma vorágine de deseo que lo consume.

Suelta una de sus manos y agarra la cabecera de la cama con fuerza, usando el sólido madera como palanca para darle un nuevo y devastador poder a sus embestidas.

Comienza a empujarla con un abandono total, entregándose por completo al impulso primal.

El mundo se reduce a los sonidos y sensaciones de la habitación.

La cama tiembla y se sacude violentamente debajo de ellos, y la cabecera golpea la pared con un ritmo constante y ruidoso, marcando el compás de su unión frenética.

Su aliento llega en jadeos irregulares y ásperos, mezclándose sin distinción con los gritos de placer de Milagros, que ya no intenta contener.

CHRISTIAN: (Gruñe, su voz distorsionada por el esfuerzo y un deseo que lo devora) “¿Es esto lo que quieres?

¿Quieres que te folle más fuerte?” Ajusta su cuerpo con una precisión instintiva, cambiando ligeramente el ángulo, y cada poderoso empuje golpea ahora ese punto dulce en lo más profundo de ella, enviando ondas de placer casi insoportables a través de su cuerpo.

Una de sus manos se enreda en su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás para exponer la línea larga y vulnerable de su cuello.

Allí, hunde sus dientes en la tierna carne, no con violencia, sino con una marca de posesión bestial y absoluta.

CHRISTIAN: (Gruñe contra su piel, la boca aún en su cuello) “Eres mía…

Dilo.” La respuesta de Milagros es física y verbal, una rendición total.

Los dedos de sus pies se encorvan en las sábanas, su cuerpo arqueado en un espasmo de éxtasis.

Jadea, sacando la lengua en un gesto de placer extremo, y su voz surge, quebrada y entregada: MILAGROS: “Ahhh…

soy tuya, amor…

toda tuya.” Esas palabras son la llave que libera el final.

El control de Christian se rompe por completo.

Un rugido primitivo, gutural y triunfal, sale de su garganta.

Se estrell contra ella una última vez, un empuje final y definitivo, enterrando hasta la empuñadura en el momento exacto en que su propia liberación lo alcanza.

Su cuerpo se estremece violentamente contra el de ella, y sus dedos se clavan en sus caderas con una fuerza que seguramente dejará moretes, marcándola incluso en su clímax.

Luego, la tensión se rompe.

Se derrumba sobre ella, completamente agotado, con la cara enterrada en el hueco de su cuello.

Su respiración es jadeante y caótica mientras lucha por recuperar el aliento.

Su corazón late a toda velocidad contra su pecho, y Milagros puede sentir sus latidos sincronizándose con los de ella, un ritmo compartido en la quietud posterior.

CHRISTIAN: (Murmura, su voz áspera por el esfuerzo pero profundamente satisfecha) “Eres mía…

para siempre.” Con un movimiento que es a la vez protector y posesivo, rueda sobre su costado, tirando de ella con él para que quede recostada sobre su pecho, su cabeza anidada bajo su barbilla.

Sus brazos la envuelven con fuerza, abrazándola como si temiera que pudiera desvanecerse.

CHRISTIAN: (Ordena suavemente, su voz ahora un susurro cansado y dominante, mientras presiona un beso en la parte superior de su cabeza) “Duerme ahora.” Hace una pausa, y sus últimas palabras, cargadas de promesa y de la misma posesión oscura que define su amor, flotan en la oscuridad antes de que el sueño los reclame a ambos: CHRISTIAN: “Mañana, te mostraré lo que significa ser mi esposa.” [ En el restaurante ambos con un ambiente de emoción y picardía ] STEFANNY (con una sonrisa pícara, mirando a Lansky): —”¿Qué te parece si vamos a la discoteca?

La noche es joven… ¿O tienes que regresar?

¿Puede que alguien te espere?” LANSKY (riendo, dejándose llevar por su energía): —”Jajaja, ¿acaso estás celosa?

Es verdad, la noche es joven.

Muy bien, vamos a la discoteca.” STEFANNY (sonriendo, tomándolo de la mano): —”¡Muy bien!

Entonces vamos a divertirnos.” [Stefanny y Lansky llegan a una discoteca .

El lugar es un remolino de luces neón, cuerpos en movimiento y una base que hace vibrar el suelo.

El ambiente es eléctrico, y Stefanny parece encajar perfectamente en él.

Stefanny golpea juguetonamente la espalda de Lansky.] STEFANNY (señalando hacia el interior): —”Vamos a buscar una mesa.” [Se sientan en un área VIP con vista a la pista de baile.

El mesero trae sus bebidas, pero Stefanny no puede quedarse quieta.] LANSKY (con una sonrisa burlona): —”¿Entonces vas a bailar, o hemos venido a ver a la gente bailar?” [De repente, suena el dembow .

Stefanny no lo piensa dos veces.

Se levanta y se adentra en el centro de la pista, moviendo sus caderas con una naturalidad hipnótica.

Sus brazos se elevan, su cuerpo se mueve al ritmo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo