Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

DULCE VENENO - Capítulo 52

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. DULCE VENENO
  4. Capítulo 52 - 52 Venecia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

52: Venecia 52: Venecia Los atrajo a su boca, saboreando el sabor, su mirada sin romper el contacto con su cuerpo sonrojado y jadeante.

“Amor, siempre tienes un delicioso sabor ”, murmuró, con una voz grave y llena de satisfacción.

“Me da vida, amor”.

Milagros yacía despatarrada en la cama, con la respiración entrecortada y los músculos crispados por las réplicas.

Antes de que pudiera procesar del todo sus palabras, Cristhian se movió.

La empujó suave pero firmemente, hundiendo su cuerpo en el lujoso colchón.

Con un movimiento rápido, rasgó la delicada tela de su vestido; la seda se rasgó con un sonido como de papel rasgado.

Se quitó la ropa en un frenesí, dejando los pantalones y la camisa tirados descuidadamente en el suelo, revelando las firmes facciones de su cuerpo.

La empujó a cuatro patas, con las manos apoyadas contra el colchón, y su trasero se elevó provocativamente.

Su pene, grueso y congestionado, palpitaba en su entrada.

Guió la cabeza hacia su resbaladiza abertura, una suave caricia mientras comenzaba a frotar, provocando los labios congestionados de su coño.

“Amor, estoy sensible”, suplicó Milagros, con la voz entrecortada, aún impregnada de los ecos persistentes de su orgasmo.

“Me acabo de correr.

Dame un momento”.

Una sonrisa oscura, depredadora e inflexible, curvó los labios de Cristhian.

Él ignoró su súplica, con un brillo en los ojos.

Con una poderosa embestida, se hundió en ella, enterrándose hasta la empuñadura.

Milagros jadeó, un sonido agudo y ahogado, su lengua saliendo involuntariamente.

Sus ojos, abiertos y brillantes, se llenaron de lágrimas contenidas, una mezcla de sorpresa e intensa sensación.

Él la agarró por las caderas, sus dedos clavándose en su carne, y comenzó a moverse, un ritmo implacable, penetrando profundamente.

Los resortes de la cama crujieron en una protesta frenética bajo su peso combinado.

Cada embestida enviaba una nueva oleada de sensaciones a través de ella, un estiramiento ardiente mientras él estiraba su entrada.

Sus bolas golpearon contra su clítoris, un golpe húmedo y rítmico.

Empezó a gruñir, con la respiración entrecortada, y cada exhalación era un testimonio de su creciente placer.

Los gemidos de Milagros se hicieron más fuertes, una desesperada sinfonía de placer y dolor mientras él seguía embistiéndola.

El rítmico roce de la piel resonó por la habitación, una percusión primitiva contra el suave zumbido del aire acondicionado.

La mano de Cristhian, callosa por años de trabajo, encontró la nuca de Milagros, clavándose los dedos lo justo para afirmar su dominio.

Presionó hacia abajo, guiando su cabeza hacia abajo, más profundamente en la embestida.

Su otra mano la aferró a la cintura, como un tornillo de banco, sujetándola firmemente mientras sus caderas se movían como pistones, clavándose en ella con una fuerza implacable.

Cada embestida era una declaración, una reivindicación.

Movió las caderas, empujando más, buscando lo más profundo de su centro.

“Eso es, esposa”, un rugido gutural escapó de su pecho, su aliento caliente contra su oído.

“Qué vagina tan deliciosa.

Mira cómo me aprieta el pene.

Le encanta tanto, sabe dónde está”.

Milagros jadeó, un sonido crudo e indomable.

Su lengua colgaba de su boca, una cinta rosa resbaladiza, y sus ojos se pusieron en blanco, brillando en la tenue luz de la habitación, perdidos en la corriente de placer.

Su cuerpo, empapado en sudor, se convulsionó a su alrededor, un abrazo delicioso.

“Sí, cariño”, logró decir, su voz un susurro sin aliento.

“Tu pene es tan largo y grueso.

Me encanta cómo me abre”.

Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Cristhian, la sonrisa de un depredador.

Apretó su agarre en su cuello, una presión suave pero firme, luego empujó sus caderas aún más profundo, un ritmo implacable.

Los muelles de la cama crujieron bajo su peso combinado, una protesta rápidamente ahogada por los sonidos húmedos y vibrantes de sus cuerpos entrelazados.

Su polla, gruesa y rígida, se hundió en ella, encontrando el punto justo, estirándola, llenándola por completo.

De repente, la puerta del dormitorio se abrió con un crujido, un rayo de luz inundó la habitación.

Un jadeo, agudo y claro, atravesó la neblina de su pasión.

“¡Papá!

¡Por Dios, cierra la puerta con llave!” La voz de Stefanny, aguda por la sorpresa, resonó en el umbral.

Cristhian no titubeó, no se detuvo.

Sus movimientos siguieron siendo enérgicos, bruscos, con la mirada fija en el rostro de Milagros, contorsionado por el placer.

Las profundas y húmedas bofetadas continuaron, con una cadencia ininterrumpida.

La puerta se cerró con un clic y, momentos después, se abrió de nuevo.

“Papá”, suspiró Stefanny, con la voz cargada de exasperación.

“Cuidado con la cadera.

Recuerda, ya no eres joven.

¡Eres un hombre de 49 años, por Dios!” La puerta se cerró de nuevo, esta vez con un clic definitivo.

Las caderas de Cristhian seguían latiendo, con un ritmo implacable.

Se inclinó, hundiendo la cara en el hombro de Milagros, y luego la mordió , un mordisco agudo y posesivo que la hizo chillar y arquearse contra él.

“Amor”, gruñó, con la voz ronca por el esfuerzo, “¿crees que soy viejo?

Si no,¿De qué otra manera podría tener un pene que pueda darte tanto placer?” Las uñas de Milagros arañaron las sábanas, dejando arañazos en la sabana .”Claro que no, mi amor.

Tu pene es delicioso.

Y además, sabes que me gustan los hombres mayores.

Saben cómo tratar a una mujer como yo.” Sus caderas se sacudieron contra las de él, una silenciosa invitación a más.

La habitación se llenó de nuevo con los sonidos de su éxtasis compartido, la cama protestando, los cuerpos entrelazándose y el ritmo implacable y arrebatador de la pasión.

[La mansión está en silencio, solo roto por el tenue crujir de la madera bajo los pies de Stefanny.

Baja a la sala y encuentra a Marilú sentada en un sofá, con una taza de té entre las manos y una maleta discreta a sus pies.

La luz de la luna se filtra por las ventanas, iluminando sus rostros serios.] STEFANNY (acercándose con pasos sigilosos, voz baja pero urgente): —”Marilú, perdón por llegar tarde.

Estaba en la habitación de Milagros y vi algo que mis ojos dudo puedan olvidar.” (Respira hondo).

“Ya está todo listo para irnos a Venecia.

Esta noche.” MARILÚ (asintiendo con determinación, dejando su taza): —”Estoy feliz de que podamos irnos.

Nos vamos a relajar un poco.

Ya quiero estar allá.” (Señala hacia la puerta).

“Mis maletas están listas.” [El jet privado surca los cielos nocturnos, dejando atrás Francia .

El interior es un santuario de lujo: asientos de cuero blanco, mantas de cachemira y una penumbra acogedora.

Pero la atmósfera está cargada de secretos y tensiones no resueltas.] CRISTHIAN (acercándose a Milagros, voz suave pero posesiva): —”Amor, ¿estás bien?

Descansa un poco después de nuestra diversión.” STEFANNY (con fastidio, tapándose los oídos simbólicamente): —”¡Papá, por favor cállate!

No quiero recordar lo que vi en esa habitación.” MARILÚ (interviniendo con calma, colocando una manta sobre Stefanny): —”Vamos, cálmate.

Duerme un poco, el viaje será largo.” MILAGROS (apoyando la cabeza contra la ventanilla, voz agotada): —”Sí, estoy bien.

Solo un poco cansada.

Quiero dormir un poco.” CRISTHIAN (acariciando el cabello de Milagros, sonrisa tranquila pero con sombras): —”Descansa, amor.

Yo te cuidaré.” STEFANNY (con sarcasmo, volviéndose hacia su asiento): —”Papá, se va a dormir, no a la guerra.” El viaje en el lujoso automóvil a través de los canales venecianos,que los llevaba a su destino, transcurría con una calma tensa.

La furia del día anterior había dado paso a un control vigilante y gélido por parte de Christian.

Fue Stefanny quien, tratando de romper el hielo y con genuina curiosidad, preguntó: STEFANNY: “Papá, ¿a dónde vamos?” Christian, sin apartar la mirada de la ventana, de los palacios que se deslizaban como un sueño acuático, respondió con una voz que no dejaba lugar a dudas sobre quién estaba a cargo de cada detalle.

CHRISTIAN: “Iremos al Hotel San Clemente Palace Kempinski Venice.” Fue entonces cuando Marilú, siempre la eci

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo